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	<title>Sorbeltz &#187; Relatos Viajes &#8211; Bidaien kontaketak</title>
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		<title>Escapada a la cuna del narajo.</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 09:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arsenio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias - Berriak]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi pareja y yo somos poco partidarios de las quedadas. Asistimos como mucho a un par de ellas al año y cuando nos marchamos no podemos explicarnos porqué no somos más partidarios puesto que, salvo la juerga nocturna, lo pasamos fenomenalmente además de conocer a mucha gente interesante.
En las quedadas cada uno da lo mejor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_935" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/IMG_3913.JPG"><img class="size-full wp-image-935" title="IMG_3913" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/IMG_3913.JPG" alt="Un huerto de naranjos" width="606" height="237" /></a><p class="wp-caption-text">Un huerto de naranjos</p></div>
<p>Mi pareja y yo somos poco partidarios de las quedadas. Asistimos como mucho a un par de ellas al año y cuando nos marchamos no podemos explicarnos porqué no somos más partidarios puesto que, salvo la juerga nocturna, lo pasamos fenomenalmente además de conocer a mucha gente interesante.<span id="more-926"></span></p>
<p>En las quedadas cada uno da lo mejor de sí mismo y satisface además el espíritu gregario de la persona. Compartir la comida y las ideas, incluso hablar de problemas y sus reivindicaciones son situaciones que nos acercan a los compañeros como<a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/IMG_3876.JPG"><img class="alignleft size-full wp-image-932" title="IMG_3876" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/IMG_3876.JPG" alt="IMG_3876" width="339" height="451" /></a> personas.</p>
<p>Acudimos el puente del Pilar invitados por ACAV a la salida del aniversario de su fundación en Carcaixent. Nos encontramos con unas sesenta tripulaciones en el área y nos instalamos entre ellas como una más.</p>
<p>Participamos en las actividades típicas: concursos, comidas y festejos, pero la agradable sorpresa fue el entorno.</p>
<p>El <a href="http://www.turismecarcaixent.es/es/que-hacer-en-carcaixent/autocaravanas-y-acampada.html"> área de Carcaixent </a>, será una de las mejores instalaciones para autocaravanas que hemos utilizado nunca. Situada en el antiguo huerto de naranjos <a href="http://www.turismecarcaixent.es/es/que-hacer-en-carcaixent/paraje-natural-hort-de-soriano.html"> Hort de Soriano </a>, situado a unos seis kilómetros al sur de la población, ha sido convertida en una zona pública de recreo. Dispone de un espacio reservado para el estacionamiento de autocaravanas y área de servicios. Las plantaciones de chopos proporcionan una sombra agradable y el suelo compacto y las antiguas huertas en terrazas acogen los vehículos sin pendiente le hacen adecuado para la pernocta.</p>
<p>Uno de los factores que hacen especial al área es su entorno. Se trata de un paraje natural que lo hace ideal para practicar el <a href="http://www.turismecarcaixent.es/es/que-hacer-en-carcaixent/senderismo.html"> senderismo </a> en cualquier época del año. Rodeada de naturaleza donde abundan las hierbas aromáticas, en otoño en flor, como el brezo, el tomillo y el romero. Las encinas y madroños cargados de frutos y la visión de los huertos en el valle como un verde mar de naranjos.</p>
<p>Pudimos ver el majestuoso vuelo de una pareja de águilas y escuchamos el canto de la perdiz.</p>
<p>El punto de partida de los senderos se sitúa en un paraje singular, la Font de la Parra, con cuya agua se riega la huerta.</p>
<p>A Carcaixent se puede acceder en bicicleta por un camino asfaltado entre naranjos, los seis kilómetros hacia la ciudad, con ligera pendiente, se recorren en veinte minutos y se invierten  u<a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/IMG_3922.JPG"><img class="size-full wp-image-938 alignright" title="IMG_3922" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/IMG_3922.JPG" alt="Senderismo" width="397" height="298" /></a>nos cuarenta en el regreso.</p>
<p>Ciudad de la seda y la naranja tiene distinción de haber sido la población en la que se plantó el primer naranjo para su comercialización, actividad que permitió el desarrollo de una de las bases de la economía de la Comunidad, por iniciativa del párroco Monzó a finales del siglo XIX.</p>
<p>La disposición de este espacio para autocaravanas gracias a la iniciativa de los compañeros valencianos y, sobre todo, a la sensibilidad y visión de sus regidores justifica haber hecho 1.200 kilómetros para disfrutar de una escapada en una agradable compañía y con la perspectiva en el futuro de volver a disfrutarla y ampliarla aprovechando las infraestructuras para el turismo en autocaravana creadas en la CCAA Valenciana y el impagable complemento de las bodegas integradas en España Discovery.</p>
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		<title>Por el noroeste de la península sin rumbo fijo.</title>
		<link>http://www.sorbeltz.com/2009/10/16/por-el-noroeste-de-la-peninsula-sin-rumbo-fijo/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 17:11:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arsenio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>
		<category><![CDATA[viajes - Bidaiak]]></category>

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		<description><![CDATA[
Estar jubilados y disponer de una autocaravana es una combinación perfecta para viajar. La única motivación es la curiosidad y la necesidad de planificar o establecer un destino no es ninguna condición, de forma que el viaje en sí mismo y desde el inicio, es el propio destino cuando el medio, la autocaravana, proporciona el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/Portada.JPG"><img class="alignleft size-full wp-image-909" title="Portada" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/10/Portada.JPG" alt="Portada" width="620" height="195" /></a></p>
<p>Estar jubilados y disponer de una autocaravana es una combinación perfecta para viajar. La única motivación es la curiosidad y la necesidad de planificar o establecer un destino no es ninguna condición, de forma que el viaje en sí mismo y desde el inicio, es el propio destino cuando el medio, la autocaravana, proporciona el transporte y el alojamiento de acuerdo con las necesidades de cada momento. <span id="more-868"></span></p>
<p>Así es como este viaje, sin planificar en sus detalles, nos lleva por una serie de lugares de las tierras de España y Portugal con la vaga y atractiva idea de pasar unas semanas por las orillas del Atlántico.</p>
<p>Por ello no podemos sino relatar lo que hemos visto desde el comienzo y. sobre todo, describir los lugares que nos han proporcionado los medios adecuados para hacer etapas en la esperanza de que estos datos sean de utilidad a otros compañeros.</p>
<p>Queremos agradecer a Conchi y Toño por su ayuda para conocer los recursos logísticos de Portugal y por sus indicaciones sobre los lugares a visitar. </p>
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		<title>Turismo sostenible en el Pirineo Navarro</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 16:53:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arsenio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>
		<category><![CDATA[viajes - Bidaiak]]></category>

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		<description><![CDATA[Algunos lugares próximos que conocemos por razones de trabajo o por otras circunstancias los vamos dejando de lado por otros destinos más lejanos hasta que nos decidimos visitarlos con los ojos y la mentalidad de un viajero.
Navarra atesora una extraordinaria variedad de paisajes, además de un patrimonio histórico excepcional. Los Pirineos constituyen una serie de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_815" class="wp-caption alignleft" style="width: 477px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ValleBaztan.JPG"><img class="size-full wp-image-815" title="ValleBaztan" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ValleBaztan.JPG" alt="Valle del Baztán desde el Mirador del Baztán, al fondo Elizondo." width="467" height="349" /></a><p class="wp-caption-text">Valle del Baztán desde el Mirador del Baztán, al fondo Elizondo.</p></div>
<p>Algunos lugares próximos que conocemos por razones de trabajo o por otras circunstancias los vamos dejando de lado por otros destinos más lejanos hasta que nos decidimos visitarlos con los ojos y la mentalidad de un viajero.</p>
<p>Navarra atesora una extraordinaria variedad de paisajes, además de un patrimonio histórico excepcional. Los Pirineos constituyen una serie de valles donde se conservan una serie de tradiciones que mantienen vivos los recuerdos y tradiciones que contribuyen a configurar el paisaje rural de un pueblo que vive todavía en contacto con la naturaleza.<span id="more-803"></span></p>
<p>En esta salida, en el plazo de una semana hemos recorrido dos de los valles pirenaicos tradicionales del Pirineo Navarro: Salazar y Baztán.</p>
<p>La pernocta en la autocaravana no presenta ningún problema en una zona que no está saturada. La falta de infraestructura la hemos resuelto vaciando y llenando los depósitos en las estaciones de servicio, en especial la de la carretera de Pamplona a Arre que dispone de una estación de servicio adecuada.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Valle de Salazar</span></strong>.-</p>
<div id="attachment_813" class="wp-caption alignright" style="width: 427px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ParkingOtsagabia.JPG"><img class="size-full wp-image-813" title="ParkingOtsagabia" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ParkingOtsagabia.JPG" alt="Parking en la estación patatera de Otsagabia" width="417" height="313" /></a><p class="wp-caption-text">Parking en la estación patatera de Otsagabia</p></div>
<p>Comenzamos la visita pernoctando en el parking de la estación patatera de Otsagabia, espacio abundante en el fondo junto a otra autocaravana y dos furgonetas, Lugar tranquilo donde los haya, dormimos plácidamente.</p>
<p>Otsagabia es la capital de valle de Salazar, testigo de las guerras realistas del S.XIX, mantiene un casco histórico bien conservado con casas tradicionales de los siglos XVII y XVIII, entre las que destacan el ayuntamiento y la iglesia parroquial.</p>
<p>Para los amantes de la gastronomía es de destacar el cordero y la txistorra que el carnicero fabrica artesanalmente. El queso en el valle de Salazar es de oveja latxa, similar al de Idiazabal, diferente al del vecino valle del Roncal.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Selva de Irati</strong></span>.-</p>
<div id="attachment_812" class="wp-caption alignleft" style="width: 424px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ParkingIrati.JPG"><img class="size-full wp-image-812" title="ParkingIrati" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ParkingIrati.JPG" alt="Parking de la Virgen de la Nieves en la Selva de Irati" width="414" height="310" /></a><p class="wp-caption-text">Parking de la Virgen de la Nieves en la Selva de Irati</p></div>
<p>La primera excursión la realizamos al embalse de Irabia en pleno bosque Irati. La selva de Irati es una de las mayores y mejor conservadas manchas de hayas (fagus silvática) del sur de Europa. El parking está situado a 23 kilómetros de Otsagabia por la NA2012, junto a las ruinas de unos acuartelamientos de principios del S.XIX y de la ermita de Nuestra Señora de las Nieves.</p>
<p>Existe una caseta de información con guardas forestales. Hay bastante espacio para estacionar y no se permite pernoctar desde hace unos tres años, cuando los responsables de Medio Ambiente encontraron los estacionamiento copados por sesenta autocaravanas y furgonetas.</p>
<p>Desde este punto se pueden hacer varios recorridos a pié y en bicicleta. Nosotros ya conocíamos la SL53C que sigue la orilla norte del embalse. En total, el recorrido de ida y vueta es de veinte kilómetros incluyendo los cuatro de aproximación hasta la casa forestal por la SLNA63A. Esta pista forestal tiene algunos repechos que nos obligan echar pié a tierra llevando la [bicicleta] burra “Sócrates” del [manillar] ronzal.</p>
<p>Todo el recorrido, por la [sendero local] pista forestal, no ofrece dificultades para nuestras bicicletas calzadas para andar por ciudad.</p>
<p>Nos dejamos cautivar una vez más por el hechizo de un bosque de hayas con categoría de selva. Unos árboles majestosos de un bosque en transformación gracias a cuidado de los servicios forestales de Navarra que intentan retroceder hasta el origen. Un bosque que ha sido explotado para fabricar los barcos con los que España se enfrentó a la &#8220;pérfida Albión&#8221; a principios del S.XIX.</p>
<p>Las hayas alternan con magníficos ejemplares de abeto blanco (abies alba). El embalse regula las aguas del río Iratí. Se construyó en 1921 para controlar el agua, producir energía y permitir la flotación de la madera que se bajaba en almadías hasta el Ebro. Actualmente todos los años se recrea el trabajo tradicional de los almadieros.</p>
<p>Tierra de tradición y leyendas de Basajaun y Basandere, señor y señora de los bosques. Un mundo rural que mantiene un buen grado de calidad en el que el turismo ha entrado de refilón, como un complemento.</p>
<p>Regresamos a Otsagabia en medio de una intensa niebla. Durante aproximadamente tres kilómetros no permite ver más allá de los diez metros. Extremamos las precauciones y llegamos sin novedad al parking de la estación patatera.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Excursión a la ermita de N.S.de Muskilda</strong></span>.-</p>
<p>Animados por los responsables de Medio Ambiente (gracias Mikel), decimos realizar un paseo circular de 6,5 kilómetros por la SLNA65. Una senda flaqueada por hermosos bojes nos hace ganar altura rápidamente hasta uno de los más hermosos paseos bajo hayas que hemos visitado nunca. Un bosque joven cuyas ramas tamizan la luz y proporcionan sombra abundante.</p>
<p>Dentro del bosque, entre las hayas, podemos observar una muestra variada de ejemplares de robles (quercus robur) y avellanos (corylus avellana) cargados de frutos, así como grandes ejemplares de acebo (ilex aquifolium).</p>
<p>Al iniciar el descenso topamos con la ermita de N.S.de Muskilda, Construida en el S.XII y reformada en el S.XVII, cuya imagen del S.XV es objeto de devoción local.</p>
<p>Llegamos a tiempo de comer en la sidrería Kixkia una excelente menestra y un buen ajoarriero, 35 euros los dos menús.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Valle del Baztán</strong></span>.-</p>
<div id="attachment_811" class="wp-caption alignright" style="width: 430px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ParkingBertiz.JPG"><img class="size-full wp-image-811" title="ParkingBertiz" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/ParkingBertiz.JPG" alt="Parking en el Señorío de Bertiz" width="420" height="315" /></a><p class="wp-caption-text">Parking en el Señorío de Bertiz</p></div>
<p>Nuestra intención era pasar a Francia por Belagua y comprar queso de Irati en una borda francesa al lado de la frontera y visitar las gargantas de Kakueta, pero el cierre de la carretera a Francia y la niebla que domina el puerto de Larra nos hace desistir y decidimos realizar una visita al valle del Baztán.</p>
<p>Vaciamos, de camino, en la estación de suministro de combustible de Villaba y llegamos a última hora de tarde a pernoctar en el parking del Señorío de Bertiz en Oronoz-Mugairi.</p>
<p>Sin problemas aunque con la compañía de unos jóvenes que aporrean unos bongos hasta media noche pernoctamos junto a otra auto y un par de furgonetas. A la mañana siguiente nos confirman que está permitido pernoctar una noche (sin ser estrictos).</p>
<p>A la mañana siguiente hacemos un recorrido a pié de unos ocho kilómetros por la carretera de Aizkolegi. Tomamos esta carretera sin asfaltar y a unos cuatro kilómetros un desvío a la izquierda nos deja en una senda en medio de un bosque de hayas. Las hayas son una especie predominante en el norte de Navarra y constituyen un tipo de bosque característico en continua formación.</p>
<p>Los ayucos, fruto de las hayas, al caer en el manto de residuos vegetales acumulados por la caída de las hojas dan origen a numerosos brotes. Las zonas de bosque tupido incluyen a unos árboles de más de treinta metros de altura cuyas hojas tamizan la luz y proporcionan una cómoda sombra en los días calurosos.</p>
<p>Un bosque de hayas constituye un ecosistema en equilibrio que la intervención del hombre hasta la era industrial mantenía una relación sostenible.</p>
<div id="attachment_808" class="wp-caption alignleft" style="width: 426px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/Calera.JPG"><img class="size-full wp-image-808" title="Calera" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/Calera.JPG" alt="Una calera" width="416" height="312" /></a><p class="wp-caption-text">Una calera</p></div>
<p>La explotación tradicional de la madera para carbón y la construcción naval no afectaron a la sostenibilidad hasta que la producción de hierro en la era industrial y la necesidad de naves para la expansión y mantenimiento del imperio exigió talar superficies extensas de bosque que se convirtieron es pastos para el ganado.</p>
<p>En la actualidad se puede comprobar cómo la política conservacionista del último propietario del Señorío de Bertiz y el actual administrador, la Diputación Foral, están recuperando un bosque cuyo ecosistema se mantiene en equilibrio con una intervención tradicional sostenible del hombre en la que el turismo es una actividad complementaria que crea puestos de trabajo en las numerosas casas rurales y restaurantes locales sin afectar gravemente al ecosistema gracias a la labor de información y formación.</p>
<p>Hay muestras de caleras y de la actividad carbonera cuya huella se puede advertir en las hayas mutiladas.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Las cuevas de Zugarramurdi</strong></span>.-</p>
<div id="attachment_810" class="wp-caption alignleft" style="width: 424px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/CuevaTrasera.JPG"><img class="size-full wp-image-810" title="CuevaTrasera" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/CuevaTrasera.JPG" alt="Vista de la cueva del Akelarre" width="414" height="309" /></a><p class="wp-caption-text">Vista de la cueva del Akelarre</p></div>
<p>Salimos por la tarde en dirección a la frontera con Francia haciendo una parada en Elizondo, la capital del valle del Baztán, para recorrer el mercadillo donde cenamos una especie de torta de maíz con queso joven de vaca (talo) y comprar algunas golosinas del excelente chocolate de casa Malkorra. Actividad altamente perjudicial para la salud.</p>
<p>Llagamos al aparcamiento de Zugarramurdi donde pernoctamos sin problemas y en paz a pesar de que está situado junto a uno de los mayores restaurantes de la pequeña población fronteriza dedicada anteriormente al contrabando y en la actualidad a suministrar a los vecinos del norte, alcohol (pastis), tabaco y pitxiak.</p>
<div id="attachment_809" class="wp-caption alignright" style="width: 428px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/CuevaSuperior.JPG"><img class="size-full wp-image-809" title="CuevaSuperior" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/CuevaSuperior.JPG" alt="Otra vista de la cueva del akelarre" width="418" height="312" /></a><p class="wp-caption-text">Otra vista de la cueva del akelarre</p></div>
<p>A la mañana siguiente visitamos las cuevas. Una gran cavidad en la roca caliza donde según la tradición se celebran aquelarres en un prado frente a la cueva. Al parecer, las aguas que se filtran en las paredes de la cueva contienen fósforo y calcio, las brujas desnudas se impregnaban el cuerpo que brillaba en las noches de luna llena. El recorrido por el recinto es espectacular y nos lleva un par de horas.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Otra vez el Señorío de Bertiz</strong></span>.-</p>
<div id="attachment_807" class="wp-caption alignleft" style="width: 421px"><a href="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/BosqueBertiz.JPG"><img class="size-full wp-image-807" title="BosqueBertiz" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/08/BosqueBertiz.JPG" alt="Bosque del señorío de Bertiz" width="411" height="321" /></a><p class="wp-caption-text">Bosque del señorío de Bertiz</p></div>
<p>Es domingo y decidimos terminar el recorrido de Bertiz en bicicleta por lo que regresamos al parking del Señorío de Bertiz donde reposamos la tarde con un tiempo húmedo de lloviznas intermitentes.</p>
<p>Otra noche más, tranquila, nos deja relajados para emprender un paseo en bicicleta de dos kilómetros por la pista de Aizkolegi para tomar una bifurcación a la derecha de unos seis kilómetros hasta el camino de Orabidea.</p>
<p>El piso está empedrado en algunos tramos lo que dificulta la progresión con nuestras “burras” de ciudad. La pista va ganando altura a medida que avanzamos con algunos tramos tan empinados que mi burra “Sócrates” se niega a llevarme a lomos y me obliga a echar pié a tierra tirando del ronzal.</p>
<p>Un paseo extraordinario bordeando una regata de aguas vivas cuya huella, que deja a su paso en las orillas, está presente en las rocas y vegetación. El silencio del bosque permite escuchar el rumor del agua y el sonido de la brisa entre las ramas de las hayas.</p>
<p>El bosque se complementa con unos enormes cipreses (ciprés de lawson), avellanos cargados de frutos y pequeñas formaciones de roble americano (quercus rubra), que va siendo sustituido por el roble autóctono.</p>
<p>De vez en cuando se ve un castaño (castanea sativa) cargado de erizos, que en tiempos fue abundante pero que las enfermedades, la tinta del castaño y el chancro,  producidas por hongos, propició prácticamente la desaparición de este árbol en la zona.</p>
<p>Las castañas como alimento básico es conocido desde la antiguedad, bien como fruto fresco, asado, o bien en harina. Los erizos se almacenaban a la intemperie en unas formaciones circulares de piedra de las que hoy quedan muestras y se mezclaban con ramos y cortezas para retrasar la maduración. La introducción del maíz y la patata como alimento básico en el S.XVI fué desplazando el interés del árbol como alimento aunque su sombra y su madera son muy apreciadas.</p>
<p>La política de regeneración del bosque en el señorío de Bertiz, impide talar árboles para su explotación permitiendo que los que caen por enfermedad o vejez se pudran contribuyendo así a la alimentación de larvas que a su vez son alimento de la fauna local en franca recuperación.</p>
<p>Regresamos después de 16 kilómetros muy interesantes y aprovechamos el resto del día para hacer limpieza, empacar la ropa y regresar a casa.</p>
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		<title>Centroeuropa, viaje por 7 paises</title>
		<link>http://www.sorbeltz.com/2009/03/25/centroeuropa-viaje-por-7-paises/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 23:21:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.sorbeltz.com/?p=434</guid>
		<description><![CDATA[Centroeuropa, viaje por 7 paises
Un viaje que nos ha llevado a través de siete países recorriendo unos 5.500 kilómetros durante tres semanas. Los lugares que hemos visitado son: Schaffhausen en Suiza, Salzburgo, el Parque Nacional de Hohe Tauern y la carretera panorámica al Grossglockner y Viena en Austria, Budapest en Hungría, Bratislava, la capital de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #009900;">Centroeuropa, viaje por 7 paises</span></strong></p>
<div>Un viaje que nos ha llevado a través de siete países recorriendo unos 5.500 kilómetros durante tres semanas. Los lugares que hemos visitado son: Schaffhausen en Suiza, Salzburgo, el Parque Nacional de Hohe Tauern y la carretera panorámica al Grossglockner y Viena en Austria, Budapest en Hungría, Bratislava, la capital de Eslovaquia, Kutna Hora, Praga y Karlovi Vari en Chequia, Ulm en Alemania y las gargantas del Tarn y Albi en Francia.</div>
<div>Arsenio Gutiérrez Junio 2005<br />
<span id="more-434"></span></div>
<p>Introducción</p>
<p>Un viaje que nos ha llevado a través de siete países recorriendo unos 5.500 kilómetros durante tres semanas. Los lugares que hemos visitado son: Schaffhausen en Suiza, Salzburgo, el Parque Nacional de Hohe Tauern y la carretera panorámica al Grossglockner y Viena en Austria, Budapest en Hungría, Bratislava, la capital de Eslovaquia, Kutna Hora, Praga y Karlovi Vari en Chequia, Ulm en Alemania y las gargantas del Tarn y Albi en Francia.<br />
El agua ha sido la gran protagonista de nuestro viaje. Por un lado los ríos Rhone, Rin, Danubio y Moldava, por otro los grandes canales del Midi y del Rhone al Rin y finalmente las dos semanas que no ha parado de llover.<br />
Un viaje variado al que le ha faltado una semana mas de reposo y mejor tiempo para disfrutar mas a fondo de las maravillas que hemos visto tanto paisajísticas como del patrimonio cultural de cada ciudad.<br />
Hemos tratado también de recoger información para compartir sobre los recursos que cada país ofrece al viajero en autocaravana tratando de que nuestra experiencia sea aprovechada por otros viajeros que inician su andadura por estos países.<br />
Hemos permanecido poco tiempo en cada país para adquirir una gran experiencia, pero transcribimos lo que hemos visto y sentido además de las experiencias acumuladas en viajes anteriores. Primero unas pinceladas por país, sobre la impresión de precios y estructuras así como facilidades para pernoctar en autocaravana.</p>
<p>Cataratas del Rhin<br />
Suiza</p>
<p>Solo visitamos de pasada las cataratas del Rin. Evitamos pernoctar y utilizar las autopistas. Conocíamos ya varios lugares y sus precios. Suiza dispone de unas pocas áreas para pernoctar, una de ellas está en Neuhausen am Rhein, justo frente a las Rhine Falls, el precio es suizo, cuesta 10,50 euros y solamente es un parking sin vigilancia ni servicios excepto váter. Pernoctamos una docena de autos principalmente italianas.<br />
La impresión que hemos sacado de Suiza un vez mas es que siempre que se pueda estacionar en un parking autorizado está permitido pernoctar. Estos parking casi siempre son de pago. Lo que ocurre es que los espacios de aparcamiento de larga duración son escasos en general y para toda clase de vehículos y mucho mas escasos en zonas de fuerte impacto turístico.</p>
<p>Austria</p>
<p>Definir al país como la perfección no sería cometer una exageración, cada detalle está pensado para que todo sea limpio y tenga un aspecto muy cuidado. A veces nos preguntábamos si las vacas no llevarían pañales para evitar manchar las praderas.<br />
Llama la atención que muchas de las carreteras por las que hemos transitado llevan otras mas pequeñas en paralelo para las bicicletas. En especial están muy concurridas las que transcurren a orillas del Danubio (Donau) que cruza Austria por el norte de oeste a este.<br />
Es necesario adquirir la “Vignette” para las autopistas austriacas, cuesta siete euros para diez días.<br />
Una idea de los precios en Austria son los 37 euros (en España cuesta unos 10) que tuvimos que pagar solo por arreglar un pinchazo, ni siquiera colocar la rueda.<br />
En el primer camping que pernoctamos pudimos disfrutar de una cena local con música tirolesa con acordeón, dos voces y guitarra. Se celebraba la fiesta católica del Corpus con procesiones por lo pueblos que pasábamos con alegres bandas de música y participantes vestidos con trajes regionales. Nos pareció muy pintoresco y nos sorprendió que en los tiempos actuales se mantengan las tradiciones religiosas.<br />
Subimos a la carretera panorámica del Grossglockner, proyectada a principios de los años 20 del pasado siglo que remonta hasta uno de los glaciares mas bellos de los Alpes a 2.500 metros de altitud.<br />
Las curvas en herradura y los desniveles constante de un 12% constituyen un reto para los ciclistas y los motoristas que en gran número y a pesar del mal tiempo remontan la carretera en ambos sentidos.<br />
Después de pagar los 26 euros que cuesta el peaje llegamos hasta Fuscher Törl (2.428 m) donde pernoctamos junto a un par de autos francesas con la esperanza de que la niebla que nos acompaña desde los 2.000 metros se disipe. Lejos de hacerlo, soportamos una temperatura de un grado bajo cero y al comenzar a nevar iniciamos el descenso por la mañana. Sin haber visto nada.<br />
Nos perdimos la imagen del Grossglockner (3.798 m) y la vista del glaciar Pasterze, el mas largo de los Alpes Orientales desde la cima del Kaiser-Franz-Josefs-Höhe (2.369 m), donde termina la carretera panorámica.<br />
Continúa la mala suerte con el tiempo, lluvioso y frío en Salzburgo, ciudad natal de Mozart, cuyo 250 aniversario de su nacimiento se celebra el próximo 2006.<br />
Visitamos el centro histórico bien pertrechados de gorro, anorak y guantes y admiramos la belleza del paisaje desde el castillo. Es notable la magia que se respira en el entorno urbanístico cuya prosperidad se debe al comercio de la sal, el oro blanco.<br />
Aunque vimos lugares idóneos para pernoctar, en la duda, decidimos alojarnos en el camping Panorama, pequeño y tranquilo, pocos servicios pero impecables.<br />
Continuamos el camino hacia Viena . Nos alojamos en el camping Neue Donau en Klosterneuburg, al noreste de la ciudad. Tenemos que montar en un tren a las puertas del camping y después de dos paradas, podemos tomar el metro para llegar al centro. El viaje nos cuesta tres cuartos de hora. El camping en la línea de los camping austriacos que hemos visitado, pequeño, tranquilo, con piscina, servicios justos y limpieza exquisita. Dispone de conexión a Internet Wi-Fi (4 euros una hora), a la que me conecto con la PDA. Puedo trabajar con Internet Messenger, pero no puedo acceder a las web por falta de recursos de la PDA. El costo por día en temporada baja es de unos 20 euros.<br />
Asistimos en la catedral a una misa con órgano, banda, solistas y coro, conmemorativa del 60 aniversario de la terminación de la segunda guerra mundial y el 50 aniversario de la retirada de las tropas aliadas de ocupación y la formación de la nueva república.<br />
Paseamos por Viena a pié y en barco admirando la majestuosidad de la capital del imperio austro húngaro del S XIX.<br />
No se puede dejar Viena sin probar la tarta de chocolate del hotel Sacher. Tres días en el camping nos cuestan 69 euros.</p>
<p>Salzsburg<br />
Frente a la Opera en Viena<br />
Hungría</p>
<p>Notamos en la misma frontera que habíamos entrado en un país diferente. La limpieza y la perfección ya no es la misma que en Austria, sin embargo nos van a acompañar los precios. Comprobar que la vida en Hungría puede ser tan o mas cara que en Austria fue una auténtica sorpresa.<br />
No llevábamos una referencia de un camping en Budapest, después de dar muchas vueltas nos topamos con el camping Fortuna en las afueras, a una hora de camino del centro en bus y en tranvía.<br />
Nos cuesta comunicarnos porque muy pocas personas hablan algo de inglés, el segundo idioma de Hungría es el alemán.<br />
Visitamos y nos pateamos Buda y Pest a las orillas del omnipresente Danubio. Visitamos la Ciudadela: Budapest nos pareció una ciudad de contrastes, unas veces descuidada mas que sucia y otras con personalidad y grandeza en sus edificios.<br />
Vimos muy pocas autocaravanas por Hungría, los residentes del camping eran mayoritariamente caravanas principalmente de holandeses.<br />
No vimos autos estacionadas que indicaran que habían pernoctado y la información es que no está permitido.<br />
También es necesario abonar una tasa “Vignette” para las autopistas que cuesta lo mismo que en Austria, pero por cinco días y por muchos menos kilómetros de autopista.<br />
El camping nos cuesta 60 euros por tres días, pocos servicios y algo descuidados. El encargado bastante mal educado. El aspecto positivo es que nos entrega un plano de la ciudad sobre el que había esquematizado todos los medios públicos de transporte, herramienta nos fue muy útil en los desplazamientos por la ciudad. Sigue el mal tiempo.</p>
<p>Budapest<br />
Otra vista de Budapest<br />
Eslovaquia</p>
<p>Es un país que se abre al turismo, las carreteras por las que transitamos eran tranquilas y con poco tráfico. Prácticamente no vimos transitar ninguna autocaravana. Es necesario también adquirir una “Vignette” para el peaje de la escasa red de autopistas.<br />
Bratislava es la capital que se puede visitar en muy poco tiempo. Paseamos por las calles hasta subir a la ciudadela (Bastión). No hay edificios sobresalientes, pero la zona histórica tiene sabor. Comimos por 11 euros en un restaurante de la zona.</p>
<p>Chequia</p>
<p>Llegamos a Kutna Hora donde nos alojamos en las proximidades en una especie de campamento o camping en Malesov. Por seis euros no se puede pedir mucho, por eso los váteres eran prácticamente inusables la sensación de ese camping era totalmente tercermundista pero cumplió, en nuestro caso, con su cometido permitiéndonos dormir a pierna suelta entre hierba y tranquilidad.<br />
Kutna Hora es una pequeña ciudad a una hora por carretera de Praga que a finales del S XIII, adquirió una enorme importancia económica por la acuñación de moneda con la plata procedente de la explotación de las minas, que llegaron a la cuota de un tercio de la producción en Europa. Llegó a ser la segunda ciudad del reino de Bohemia ejerciendo su influencia económica, política y cultural en todo el reino.<br />
Una vez agotadas las minas, la ciudad ha tenido un fuerte declive quedando algunas obras de arte, entre ellas la iglesia de Santa Bárbara una obra maestra del gótico tardío checo y la Catedral de Nuestra Señora restaurada al estilo barroco del principio del S XVIII. Comemos aceptablemente en un restaurante por 13 euros.<br />
Merece la pena desviarse o hacer una pequeña excursión para visitar esta interesante ciudad completando la visita en la ceca y palacio italiano así como el cuidado centro histórico. También, en las proximidades, hay una pintoresca iglesia decorada con los huesos de unos 40.000 esqueletos.<br />
Praga es una ciudad que ya la hemos visitado varias veces. Aunque es la primera vez que lo hacemos viajando en autocaravana. Nos alojamos en el camping Done.<br />
Para quienes les interesa la historia, en una breve pincelada hay que destacar que sobre todo Praga es la capital de Bohemia, que ha estado integrada en el Sacro Imperio Romano Germánico de la época medieval, siendo su capital a mediados del S XIV, durante el reinado de Carlos IV, dotándola de la primera universidad de Centro Europa.<br />
En la época moderna, en el tránsito al S XVII, fue la capital del Imperio Austro Húngaro con el reinado de Rodolfo II Habsburgo momento en el que Praga es la imagen cultural y espiritual del pueblo eslavo.<br />
Su patrimonio histórico remonta su origen a la construcción del castillo en el año 870, sede de los príncipes checos. En la época actual destaca su independencia al final de la I Guerra Mundial, en 1918. La creación de la República de Checoeslovaquia y su separación en las repúblicas Checa y Eslovaca pactada en 1993.<br />
En este período se destaca la larga permanencia en el ámbito soviético y el intento liberalizador de la primavera de Praga que terminó con la invasión por el Pacto de Varsovia (del que fui testigo a través de las transmisiones de radioaficionados en telegrafía) y dio origen al movimiento Mayo del 68.<br />
Seguimos con el mal tiempo lo que resta encanto al paseo por el puente de Carlos IV al atardecer. La cerveza tranquila en la plaza del reloj donde a pesar de todo recibimos los ceremoniosos saludos de los apóstoles. La cerveza negra de U Fleku en la calle Kremencova de Novo Mesto.<br />
Nos pateamos una vez mas el castillo, Staro Mesto, Mala Strana, comiendo de nuevo en U Sn Tomase, una antigua fábrica de cervezas. No podemos olvidar también que estamos en la ciudad de Kafka y Dvorak. Visitamos otra vez el barrio judío, el cementerio y las sinagogas.<br />
En autobús nos lleva algo mas de una hora llegar hasta en centro desde le camping. En la orilla izquierda del Moldava a las afueras de Praga vemos el anuncio de un “parking caravaning” y un numeroso grupo de autocaravanas que parecía que estaban estacionadas y habitadas.<br />
No pudimos encontrar referencias de lugares de pernocta en Chequia pero nos dio la impresión de que ese era un lugar adecuado. Pensamos investigar en futuros viajes. También nos dio la impresión de que quizá se hubiera podido pernoctar en un lugar discreto de estacionamiento autorizado aunque todas las referencias indican que en Chequia no está permitido.<br />
No olvidar el pago de la “Vignettete” para las autopistas. Salimos de Praga con la intención de volver y la esperanza de que el futuro viaje le acompañe mejor tiempo.<br />
Salimos de vuelta para Alemania visitando de paso Karlovi Vari, una ciudad que tiene el encanto decadente de un balneario termal internacional con un conjunto de edificios de época romántica muy interesante. La ciudad ha cambiado mucho en estos últimos años y se ve una actividad turística muy intensa. También las carreteras han mejorado mucho desde el último viaje.</p>
<p>Kutna Hora<br />
Praga<br />
Karlovi Vari<br />
Alemania</p>
<p>Nos alojamos en Neuburg ad Donau, abandonamos el Moldava que nos evoca la música de Dvorak y retomamos el Danubio en Alemania. Nos alojamos en un área para autocaravanas y visitamos un pueblo muy interesante.<br />
Salimos temprano hacia Ulm donde llegamos sobre las 9:30, la catedral es impresionante, cinco naves, la altura de la nave central es de las mayores que hemos visto así como la torre que es la mas alta de Alemania.<br />
Todo en la catedral es colosal, dispone de cinco órganos y el aspecto del gótico flamígero de la obra y la torre principal es impresionante.<br />
En el exterior hay una curiosa feria sobre energías alternativas y hay expositores de paneles solares sorprendiendo los precios mucho mas económicos que en España.<br />
Me preocupaba la idea de conducir por las autopistas alemanas, las referencias que tenía eran que había una circulación muy intensa y muy rápida. Sin embargo, fue relativamente fácil adaptarse tanto a las autopistas como a las carreteras de dos vías que buscamos para conocer mejor el paisaje.<br />
Vimos numerosas autocaravanas y no nos fue difícil encontrar áreas de pernocta. Utilizamos la misma guía francesa aunque es posible que, en alemán, haya mayor información.<br />
Es evidente que la vida en general es mas cara que en España, pero pudimos constatar que en alimentación, calzado y vestido habitual está prácticamente como en España.</p>
<p>Calle típica en Ulm<br />
Francia</p>
<p>El camino hasta Cavannes su l’Etang, unos trescientos kilómetros nos lleva unas siete horas, entre atascos por obras y accidentes. Nos alojamos junto a una docena de autos. Es gratuita y dispone de todos los servicios incluida electricidad.<br />
Los paisanos que pasan a bordo de coches o tractores nos saludan con la mano mientras descansamos en los sillones debajo del toldo desplegado.<br />
Seguimos con el viaje de regreso y volvemos a hacer noche en Langogne, En un área al borde de un lago y pagamos cinco euros.<br />
Como es un fin de semana y una zona de esparcimiento nos dan la tabarra por la noche unos jóvenes con música bacaladera en sus coches preparados para dejar sordos a sus ocupantes y a sus vecinos. En todas partes cuecen habas.<br />
Durante el viaje hace un calor agobiante, sobre 35º, por la noche menos mal que ha refrescado a 24º.<br />
Salimos temprano con la idea de llegar hasta Albi, pero al darnos cuenta de la proximidad de las gargantas del Tarn, nos desviamos por una carretera estrecha y sinuosa. Suponemos que esa carretera, que nos lleva a través de 35 kilómetros por la orilla del Tarn, puede ser una pesadilla para una capuchina o para una integral.<br />
El paisaje es grandioso tanto por la longitud y la altura de las paredes. No es un paisaje angosto, aunque la carretera lo sea en muchos tramos, pues el río es ancho y caudaloso.<br />
Hacemos varias paradas para sacar fotos y contemplar algunos pueblos que se están repoblando en la margen izquierda a los que se accede solo en barca o los materiales a través de un cable que atraviesa el río.<br />
Hay una oferta variada de camping de todos los tipos, en especial pequeños camping municipales y también vimos varias áreas de acogida para autocaravanas.<br />
En sentido contrario a nuestra marcha era constante el trasiego de furgonetas que arrastraban remolques llenos de canoas.<br />
Al final, nos despedimos del Tarn con la impresionante visión del viaducto de Millau, el puente mas alto del mundo, obra Norman Foster y el ingeniero francés Michel, Virlogeux, la visión impresiona por su grandiosa sencillez y elegancia.<br />
Llegamos a Albi sobre las cuatro de la tarde, el calor es agobiante, 38º, el área de autos es de asfalto por lo que decidimos alojarnos en el camping municipal para acampar relajados (13 euros una noche, con servicios aceptables) entre la hierba.<br />
Al día siguiente visitamos Albí en bicicleta (primera vez en todo el viaje), disfrutando una vez mas con la belleza y la grandiosidad de la catedral y sus alrededores.<br />
Esta vez pudimos admirar en profundidad la elegancia y las soluciones constructivas de un edificio religioso a la vez que una fortaleza que tardó cien años en terminarse. Impresiona el tamaño de los muros de siete metros de grosor compuestos de paredes exteriores de ladrillo rojo. A pesar de su robustez destaca la impresión de un airoso equilibrio estético.<br />
Emprendemos a mediodía el viaje de regreso que nos llevaría a nuestra casa sobre las 19:00.<br />
Francia es un país que nos tiene fascinados. Los recursos que ofrece a los usuarios de autocaravanas son muchos y variados y por si fuera poco hay una red de camping municipales impecables y tranquilos.Itinerario01-Junio, Villeneuve de Breziers (área), 513 km.02-Junio, Baume les Dammes (área), 622 km.03-Junio, Schaffhaussen, (Parking), 246 km. visitamos las cataratas del Rin04-Junio, Weer (Tirol), camping (Camping Alpen), 392 km.05-Junio, Grossglokner, (Parking) 181 km.06-Junio, Saltzburgo, (Camping Panorama), 132 km, visitamos Saltzburgo08-Junio, Viena, (Camping Donau Park), 367 km. Visitamos Viena.11-Junio, Budapest, (Camping Fortuna), 281 km. Visitamos Budapest13-Junio, Malesov (Camping), 486 km. Visitamos Bratislava y Kutna Hora14-Junio, Praha, (Camping Dune), 106 km. Visitamos Praga16-Junio, Neuburg ad Donau, (área), 424 km. Visitamos Karlovi Vari17-Junio, Cavannes sur l’Etang (Francia) (área), 465 km. Visitamos Ulm (Alemania)18-Junio, Langogne, (área), 534 km.19-Junio, Albi, (Camping Municipal), 239 km., Visitamos la gargantas del Tarn y Albi20-Junio, Llegada a Donosti, 520 km.</p>
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		<title>Viaje a la Luna, Marruecos Semana Santa 2004</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 23:18:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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		<description><![CDATA[Si existen razones para decir que un viaje es alunizante, las que rodean a éste, creo que son más que suficientes. Llevábamos dos años preparándolo, y desde un principio le habíamos bautizado como &#8220;Viaje a la LUNA&#8221;. Lunas eran varias y cada una le daría sentido y significado a todo el discurrir por el vecino [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si existen razones para decir que un viaje es alunizante, las que rodean a éste, creo que son más que suficientes. Llevábamos dos años preparándolo, y desde un principio le habíamos bautizado como &#8220;Viaje a la LUNA&#8221;. Lunas eran varias y cada una le daría sentido y significado a todo el discurrir por el vecino país magrebí.Iñaki Calvo &amp; Toni de Ros. Fotos: Toni de Ros Semana Santa 2004<br />
<span id="more-431"></span>Luna era la que nos acompañaría como todos los años por esas fechas, redonda, imponente, llena, luminosa, resplandeciente, radiante, espléndida; musa de mil poemas de amor y de otros tantos épicos. Luna que ha ensimismado durante siglos a sabios y filósofos, y que ha extasiado a místicos y cabalistas. Luna que arrastra tras de sí bellísimas historias fantásticas y otras no menos terroríficas. Luna que hechiza a los vivos y resucita a los muertos. Luna, compañera de las cálidas noches de primavera en el desierto marroquí.<br />
Luna era el destino final hasta donde pretendíamos llegar, el albergue-hotel de nuestro amigo Moha, allí en el desierto de Erg Chebbi, en el sudeste marroquí. AIOUR, como lo llaman ellos, era eso, LUNA. Y en su puerta habíamos puesto el punto más oriental de nuestra incursión por el vecino país africano. Y si el astro nos acariciaba con la tibieza de su luz reflejada, en la casa de la familia de Moha, no nos faltó el calor y la bienvenida. Nos acogieron cariñosamente, nos atendieron exquisitamente, y nos dejaron, como el buen vino, un bouquet agradable, entrañable, después de marchar de allí. No podemos olvidar nada de lo que vivimos en aquel lugar.<br />
Luna era la que nos haría sentirnos como astronautas o alienígenas que pisan su suelo por primera vez. Nuestro atuendo que destaca sobre los habituales ropajes de los autóctonos, nuestros vehículos que asemejan a naves espaciales sobre el tostado paisaje del desierto, nuestra cotidianidad que difiere del modus vivendi de los nativos, nos harían sentirnos como reyes magos de occidente, cargados de dádivas para saciar la precariedad de los amigos que allí iríamos encontrando.</p>
<p>Viernes, 2 de abril de 2004</p>
<p>Salida de Nocedal como a las 15:45. Pasamos hasta la gasolinera de Ugaldebieta donde llenamos todo el aire posible a las ruedas. Somos conscientes del excesivo peso que llevamos, y de que la más mínima imperfección del suelo nos puede dar al traste con todo el viaje. Por ello deberemos llevar la máxima presión en los neumáticos.<br />
Habíamos estado cargando durante dos días, y todas aquellas cajas de ropa, las bicicletas, los medicamentos, los biberones, la leche maternizada, los zapatitos, y todo cuanto habíamos podido meter, estaba en bolsas o suelto en el maletero, y sobre una de las literas. Era tanto peso que no podría decir si bajaba de trescientos kilos.<br />
Además habíamos cargado la comida para 10 días para cinco personas. Y la ropa de los cinco. Y agua embotellada. Y cosas que se olvidan citar, pero que van ocupando espacio, y acumulan peso.<br />
Arrancamos con muchísimo miedo y nos lanzamos a la autovía. Los kilómetros se suceden, y poco a poco vamos subiendo Altube. Parece que la autocaravana baila un poco, asemeja al coletear de los pescados. Pero se mantiene poderosa y no vacila en su moderada marcha incesante.<br />
Atrás queda nuestra casa, nuestra tierra, nuestra Euzkadi. Entramos en Castilla y León, y de vez en cuando encontramos apostada alguna pareja de la PGC, lo que me produce un vuelco de corazón. Temo porque el exceso de peso nos pueda involucrar en una multa y la consabida retención.<br />
No descansamos hasta casi la conclusión de la autopista en Burgos, y antes de ello repostamos. Tenemos el depósito lleno, la auto va bien, y el ánimo va in crescendo. A medida que viajamos hacia el sur, al interior de la meseta, observamos que la primavera está más retrasada. Ha hecho bastante frío últimamente, y en algunas zonas de las proximidades de Segovia, la vegetación que se observa no es más que una incipiente capa de brotes verdes de cereal. Como una película, el paisaje pasa rápido, y casi sin darnos cuenta, en la lontananza divisamos Somosierra, se adivina una tormenta en la parte más oriental, pero el collado está hacia el oeste unos grados, y no nos va a tocar. Subimos el puerto muy bien. El descenso sobre piso mojado tratamos de consumarlo con más cuidado y precaución. Entramos en Madrid igual de bien. Hay que decidir entre M-30 ó M-40. La experiencia de años anteriores me dicta que por la primera nunca hemos tenido problemas ni retenciones. Así sucede.<br />
Cuando tomamos la carretera de Andalucía, al pasar por las proximidades del poblado de chabolas del Pozo del tío Raimundo, nos acordamos de las víctimas del 11-M. &#8220;Y pensar que muchos de los que cayeron ahí eran meros trabajadores asalariados, obreros. ¡Pobre gente!&#8221;. Avanzamos unos kilómetros más, ha oscurecido, y empezamos a notar el hambre. Habíamos hablado por teléfono con Víctor y Valva, y suponíamos que nos iban alcanzando, y cuando creíamos que los tendríamos encima, es cuando les hemos aventajado más, pues nos indican que se han detenido. Paramos a cenar. Pensamos que no coincidiremos con ellos para dormir.<br />
Cuando comenzamos el descenso de Despeñaperros, nos llaman y nos informan que están cerca. Avanzamos despacio, haciendo tiempo, esperándoles. Dormimos en Jabalquinto. Es algo más de la 1:00 de la madrugada, pero a pesar de ello, de la hora y de los casi 700 Km, no me encuentro cansado. Supongo que será efecto de la emoción.</p>
<p>Sábado, 3 de abril de 2004</p>
<p>Habíamos decidido salir para las 9:00, Víctor nos llama hacia las 8:15. Mientras él reposta, nosotros damos los últimos retoques. No necesitamos combustible, habíamos llenado pocos kilómetros antes de detenernos. Marchamos sin demasiada prisa, pues antes de las 12 del mediodía no podremos pasar Arroyo de la Miel.<br />
Como a 30 Km de nuestra área de pernocta, cuando circulábamos comunicándonos mediante las emisoras, oímos a Carmen, la mujer de Mauricio. Con ellos van Conchi y Alex y otros amigos. Les informamos que pararemos en Arroyo de la Miel, Benalmádena, para recoger a unos amigos.<br />
Descendemos el puerto de las Pedrizas y circunvalamos Málaga. Hay bastante tráfico. Nos detenemos hacia las 12:00. Nos saludamos, vemos la flamante auto de Mauricio, nueva, impresionante, envidiable. Debo de confesar que me da un poco de envidia, pero nosotros estamos contentos con la nuestra, porque además cada día la siento como un poco más nuestra pequeña casa. Muchos amigos no entienden que más que un vehículo para viajar, la autocaravana sea un poco nuestra casa, y que pongamos en ella el mimo que dedicaríamos a nuestro piso, apartamento o casa. No entienden que te puedas sentir a gusto, cómodo, y que estando en ella no necesites estar en tu propio domicilio.<br />
Habían llegado un cuarto de hora después que nosotros, Bego e Iñaki, nuestros acompañantes de viaje. Hechas las presentaciones y en vista de que nos quedaban bastantes kilómetros, partimos en dirección Algeciras. Nuestro objetivo está en la salida 112 ya en Palmones. Recomiendo a quien circule por esa zona que tome la autopista, es fundamental.<br />
Una vez en el área de Carrefour, pasamos a saludar a Juan Carlos e hijas. Los que tienen que recoger los billetes lo hacen, y los demás nos limitamos al saludo y recoger unas pastas y unos juegos de barajas con los que nos gratifican. Nos indican que la gasolinera que hay frente a la de la gran superficie, que es más barata. Repostamos agua y diesel. Vamos al puerto, donde comeremos sobre la marcha. Allí están Manué y Mª José con Borja; Antonio y Mila con Alejandro y Amanda; Oscar y Salud. Nos saludamos y observamos la posibilidad de ir comiendo hasta que nos indiquen que ya podemos ir colocándonos en la fila de embarque.<br />
Cuando ya atraca el barco, el nerviosismo se apodera de nosotros. Estamos a punto de comenzar nuestra tercera andadura por el rincón noroccidental del continente africano. Pero toda la alegría se trunca al embarcar, ya que siguiendo las indicaciones de un empleado del barco nos damos un golpe con el retrovisor de un coche. Al coche no le pasa nada, pero la chapa de la auto se hunde algo en la zona de la aleta delantera derecha, y aunque no tiene mayor importancia, me da rabia porque no se les debe de hacer caso a los que indican cómo entrar en la bodega del barco. ¡Que nadie se fíe de ellos!. Es preferible que el copiloto o algún amigo esté controlando las maniobras. Preferiría decir que es fundamental.<br />
El barco era rápido, y sí que el recorrido se hizo en menos tiempo que en años anteriores, pero la mar estaba muy movida, y varios de los integrantes del grupo nos mareamos levemente. Una vez en Tánger como siempre, el papeleo de las aduanas se hizo pesado, y nos costó bastante tiempo salir de allí, no más de una hora.<br />
Ya en carretera nos encaminamos dirección Rabat, siempre en dirección de esa ciudad. Al llegar a la primera gasolinera colocamos los pinchos y antenas de las emisoras. Manué y yo acordamos avanzar rápido hasta Fez, pero se nos comunica a través de estos artilugios que el personal desea hacer una parada en Asilah, que llevan muchos kilómetros a sus espaldas y que prefieren descansar. Una vez llegados al pie de la muralla, aparcamos las autocaravanas y nos aproximamos hasta Casa García, a cenar. De haber sabido que la parada era para cenar, podíamos habernos quedado en el restaurante de la carretera en el que hemos comido y cenado en ocasiones anteriores, que además de bien, era bastante barato. Mucho más que el que ahora nos ocupaba. Habría que contrastar precios.<br />
El pescado es exquisito, y a pesar de tratarse de una cena humilde, las anillas de calamar, los salmonetes, o las mismísimas gambas estaban deliciosas. Como acompañamiento, vino blanco marroquí, para darle el toque en su justa medida.<br />
Dormimos contra todo pronóstico in situ, sin desplazamientos como el previsto hasta Fez. Y tuvimos que vernos obligados a regatear el precio del parking, el precio de los centollos que nos cocerían unos amigos vendedores, colegas del vigilante del mismo, etc. Por poco también tenemos que negociar con la francesa de la auto contigua cómo debemos aparcar, pues se debió de molestar por nuestra llegada y por nuestra presencia, o más bien por nuestra proximidad. Y esos serán los que luego nos saluden en carretera. ¡Amabilidad y compañerismo, ante todo!.</p>
<p>Domingo, 4 de abril de 2004</p>
<p>Por la mañana, a las 9:00 hora española y 7:00 hora local, emprendimos marcha hasta la ciudad que debiéramos haber pernoctado la víspera, tal y como se había acordado algunas semanas antes en el itinerario más rápido. Tampoco fuimos por la autopista como estaba previsto, sino que transitamos por la carretera P-2 hasta Larache, Ksar-el-Kebir y Souk-el-Arba-du-Rharb, y desde ahí por la P-6 hasta Sidi-Kacem. Una vez en esta localidad nos desviamos por la P-3 hasta la citada Fez. El horario se iba retrasando y eso se iría notando a lo largo de la jornada.<br />
Pero como dice el viejo refranero, &#8220;No hay mal que por bien no venga&#8221;. Y si el viaje se estaba haciendo tedioso y lento, estábamos disfrutando de los miles de baches, de los viandantes, de los camiones o vehículos que teníamos que esquivar al cruzarnos, del paisaje, de su vegetación, de poder observar desde tan cerca cómo trabajan y en qué, de cómo reposan al borde de la carretera, de cómo esperan y no sabemos a qué, de lo que es y tardará muchos años en dejar de ser, EL PAÍS.<br />
Si debo recomendar, me atrevería a decir que se vaya por la autovía siempre que se pueda. Ahora bien, no es desdeñable un paseo por el PAIS profundo, conociéndolo de cerca. Aunque seguro que siempre se tendrá tiempo de contactar muy íntimamente.<br />
A la entrada de Fez no encontramos la dirección idónea para llegar a la zona Norte o zona alta. Manué solicitó a un motorista que nos guiase, y de este modo tomamos la carretera de la circunvalación. A mí me hubiera gustado aparcar en la plaza Baghdadi, pero no entramos en ella, y siguiendo las indicaciones del guía, llegamos hasta el alto de la ciudad de Fez. El parking era una birria, no había casi espacio, pero a pesar de todo metemos todas las autos. Estamos en la zona de Ferdaous, al lado del Palacio Jamaï, y próximos al puerta Bâb Guissa. Por un arrabal bajamos guiados por un muchachillo de 12 años, llamado Mohama, hasta la zona baja donde visitamos un almacén de productos derivados del cuero, desde cuya terraza observamos cómo se tiñe y se curte dicho material. Estamos en el barrio de los Curtidores o &#8220;Tanneries&#8221;. Alguna compra queda frustrada, y los vendedores se enfadan. Siempre pretenden acordar un precio en contra de la voluntad del comprador, y cuando el que tiene que desembolsar el dinero, nada convencido, no da el paso de pagar lo citado, que no lo acordado, pretenden acusar de falta de palabra, y demás improperios que saben decir en castellano. Hay que tener mucho cuidado, son bastante caraduras.<br />
El chiquillo pretende llevarnos a no sé qué lugar, pero insisto en visitar unos talleres de latoneros que había en la misma calle en dirección sur-suroeste, como a doscientos metros. Pasamos al interior del patio, donde observamos cómo sueldan, cómo cortan, cómo perforan, en definitiva, cómo se recrean con el trabajo de dicho metal. Alguno de nuestros acompañantes intenta cambiar la profesión, o cuando menos, hacer un cursillo acelerado de ella, pero la pericia de los autóctonos es tal que no es aconsejable tratar de asemejarse a ellos.<br />
Llegamos a la plaza Es Seffarin, en la que existen varias tiendas repletas de teteras y otros objetos latonados. A partir de ese momento deambulamos por la medina, y vemos la Mezquita el Karaouiyine y la zona neurálgica de sus alrededores.<br />
Compramos dátiles y frutos secos para ir paliando el hambre y así poder aguantar un ratillo por allí. No vemos ninguna de las arterias fundamentales, como Rue du Grand Taláa o Rue du Petit Taláa, pero el paseo por entre aquellos callejones, merece igualmente la pena. Durante esta jornada la familia de Ros no nos han acompañado, y estamos un poco inquietos porque no sabemos si ya habrán vuelto a la auto. Hacia las 5:30 regresamos a las autos y lugar de aparcamiento. Poco a poco, deshacemos las maniobras y vamos saliendo del barrio hacia la carretera que circunvala la ciudad, para descender por la zona del puente sobre el Oued Fès, por el que se denomina Tour Nord.<br />
Tomando la salida hacia Oujda visitamos un taller de alfarería, pero especialmente de cerámica. Entre las explicaciones de la muchacha que ejerce de guía, los buenos conocimientos de Manué tanto de francés, como sus años de experiencia en ese campo artístico y técnico, dan lugar a un paseo por los aspectos más insólitos del bello arte de transformar el barro en platos, vasijas, tejas, azulejos, etc.<br />
Al concluir la visita salimos de la ciudad por esa carretera para circunvalando la ciudad por su lado este-sur, llegar al estadio olímpico, desde donde tomaremos la P-24 a Ifrane y Azrou. Desde que hemos abandonado la ciudad, vamos observando cómo miles de personas se encuentran en las praderas cercanas a la misma, pasando un día de pic-nic. No sabemos qué es o de qué se trata, pero estoy seguro que celebran algo especial. Acaso sea algo similar al &#8220;domingo de Ramos&#8221;, o algo que en Levante llaman &#8220;domingo de monás&#8221;. Tiene que ser algo religioso, porque no es algo único de Fès, sino que lo iremos observando a lo largo de los kilómetros que la luz solar nos permita tener una percepción del entorno por el que iremos circulando.<br />
La noche se ha cernido sobre nosotros, y la conducción se vuelve peligrosa. No por el tráfico en uno u otro sentido, sino por la cantidad de elementos no identificados que viajan por el arcén, bien caminando, bien en pollino, bien en bicicleta, o incluso en vehículos sin luces de posición. Se sufre más por no atropellarles que por hacerlo.<br />
A la salida de Azrou repostamos diesel y agua, a la vez que vertemos las residuales. Una vez llegados a los cedros no hay acuerdo sobre dónde parar. Carmen y Salvador estaban arriba en la explanada esperándonos. Los demás giran hacia la derecha, en dirección Âin-Leuh, pero en vista de que no es hacia allí donde estaban esperándonos, desandan el camino errado y una vez todos en el parking donde se venden los fósiles, decidimos irnos a la campa de hace dos años.</p>
<p>Lunes, 5 de abril de 2004</p>
<p>Por la mañana bajamos a ver a los pocos monos que quedan, les saludamos, les ofrecemos de desayunar, y les hacemos algunas fotos. Como todavía tenemos tiempo hasta la hora en la que hemos quedado para iniciar la marcha, algunos nos aventuramos caminando a llegar hasta el cedro Guorad. Un camión con grijo pasa y Víctor le para. Chapurreando algo de francés nos hacemos entender y al chofer no le importa llevarnos. Mila y Bego pasan a la una cabina atiborrada de flores, estampitas, pegatinas y otros trastos que no hacían más que dificultar la visibilidad del conductor. Los demás, Valva, Víctor, Antonio y yo, nos encaramamos a la cartola, y compartimos el espacio, felices, con la carga. La llegada es una cuesta abajo desde la que se divisa el famoso cedro. Espectacular. Entre cinco personas no lo podemos abarcar. Alrededor de él han surgido una serie de parásitos, que en simbiosis con el árbol, parece que reciben o han encontrado el lugar donde vender al turista alguna baratija inservible. Comenzamos el regreso y son más de tres kilómetros. El mismo camión a su vuelta, nos alcanza y nos lleva en los últimos 500 m.<br />
Retornamos al campamento, donde tenemos las autos, e iniciamos la marcha a la hora convenida. Seguimos ascendiendo por aquel relieve del Moyen Atlas, y aunque parece imperceptible la subida, pasamos por el Jbel Hebri, a 2104 m de altitud. Continuamos en dirección hacia Midelt, sin dejar de sorprendernos por todo cuando pasa frente a nuestra mirada. Los campos verdes y cargados de cereal, la mañana espléndida, las flores que decoran las cunetas, la gente que nunca falta, y los niños.<br />
Carmen y Salva se detienen en diversas ocasiones para hacer entrega de ropas y otros enseres. Valva y Víctor hacen lo propio. Se van quedando atrás, pero enseguida nos alcanzan, pues nuestra marcha es más pausada. Al llegar a Midelt, nos detenemos casualmente frente a un centro escolar, junto al que hay apostada una pareja de policías. Se les dan unas explicaciones sobre nuestro interés por hacer entrega de material escolar, y piden algún tipo de documento. Les mostramos un escrito que llevo redactado en francés sobre nuestra pertenencia a Bikarte, Asociación Benéfica. Llaman por teléfono al director del centro, quien se persona algo asustado. Nos indica que el colegio está cerrado por vacaciones, y que en él se encuentran todos los directores de todos los colegios de la región, disfrutando de unas jornadas pedagógicas.<br />
Consideran que la persona indicada para recoger lo que deseemos entregarles, debe ser el Inspector Regional de Educación, pero que aun no encontrándose presente, llegaría en unos minutos. Poco después aparece el hombre, y tras entender nuestro interés y nuestro objetivo, nos indica la ruta para acceder hasta el centro de la Inspección Técnica Regional. Los policías se quedan encantados de nuestra parada, pues a ellos también les toca algo, ya que unas calculadoras y unos bolígrafos nunca vienen mal.<br />
Ya en la desvencijada sede de la Inspección, van saliendo de la autocaravana de Valva y Víctor varias cajas de material de oficina y escritorio, muy válidos para profesores y alumnos. Todo gracias a la generosidad del jefe de Valva, de la empresa PAPYNDUX S.A.. Muchas veces no sabemos valorar la generosidad. Creo que gestos como éste debieran de ser obligatorios. Lo peor de esta donación es que hay que transportarla, y cuesta mucho esfuerzo, físico y económico, pero que lo hemos hecho con agrado, sabiendo y viendo cómo viven los niños.<br />
Hacemos entrega del material, y le solicito un pequeño documento mediante el que se pueda acreditar que efectivamente se ha realizado dicha entrega, y que ese material no ha servido para lucro nuestro. En la puerta del centro, nos hacemos una foto con el Inspector y varios colaboradores. El hombre está interesado por saber si necesitamos algo o si queremos visitar algo. Él está dispuesto a acompañarnos. Declinamos el ofrecimiento, y nos acercamos hasta una zona más céntrica, donde los cazavisitantes nos indican algunas tiendas de alfombras y un almacén de fósiles.<br />
Manué se adelanta algo y continúa la ruta. Los demás tratamos de deleitarnos en un paseo matinal agradable. Toni y Antonio habían hecho lo propio, y habían continuado tras el rodar de Manué. Los demás, que habíamos comenzado a repartir ropas y otros enseres, nos vemos abrumados por una tribu de exigentes pedigüeños, que no saciaban su incesante “dame-dame”. Ángel pretende dejar algunas medicinas en el convento de las hermanas franciscanas, pero a pesar de repicar varias veces en su puerta, ni siquiera el mismísimo Dios contesta. Leo en una guía que suelen ir a trabajar a la Alcazaba Miriem, donde en colaboración con unas trabajadoras, fabrican las mejores alfombras de la región.<br />
Salimos hacia el sur y comemos en el primer puerto, en el Jbel Ali-ou-Rbeddou, a 1907 m. Después del descenso desde el primer paso montañoso hasta Midlet, hemos vuelto a subir algunos metros hasta esta nueva cota. Abastecemos de ropa a cuantos niños y adultos se nos acercan. Seguimos sin saber nada de Manolo, su cuñado y Toni. Con alguna llamada nos indican que pueden estar esperándonos en Source bleue de Meski. Es bastante tarde y teníamos que comer, por ello no habremos llegado hasta donde se podrían encontrar ellos.<br />
Durante el reparto de ropas, Víctor quiere saber si en esa zona de tanta oveja y cabra, alguien fabricaría queso. No nos hacemos entender, pues los pobladores del lugar no hablan francés. Estamos entrando hacia el Maroc menos evolucionado, y en las montañas, entre los pastores, las lindezas lingüísticas quedan un poco alejadas. Sabemos que en algunas escuelas se enseña francés, y hasta en francés, pero estamos en el Atlas. Víctor marcha, acompañado por un chaval, y se le ve desaparecer por detrás de una loma. La descripción de lo que vio, no sé transcribirla. La pobreza rayaba lo inhumano. En aquella chabola, donde no había ni un solo mueble, le ofrecieron leche. Debemos suponer que no les sobra demasiada para transformarla en suculentos quesos para turistas ávidos en manjares occidentales.<br />
Viajamos rápidos, pues queremos alcanzarles, pero hay muchas cosas para ver. Una foto de los paisajes pedregosos y desérticos nos hacen detenernos un instante. Al llegar a Ait-Koujmane recuerdo aquella fuente termal a la derecha de la carretera, y una vez pasado el puente sobre el oued, propongo una nueva pausa. Apetecería un baño, pero tenemos prisa.<br />
Descendemos hasta Er Rachidia, y en pocos minutos llegamos hasta Source bleue de Meski. Nuestros amigos tampoco están allí. Pero hay gente que no ha venido nunca a Maroc y no conoce nada, y no podemos pasar por todos los sitios sin detenernos para ellos. No queremos que se vayan con la impresión de haber visto un documental. No descendemos con las autos, pero así todo tenemos que pagar por entrar.<br />
Ya casi se ha metido el sol. Un par de kilómetros más y nos encontraremos de bruces con el palmeral de Zaouia-Jedida, paramos para hacer fotos.<br />
Anochece y nos aproximamos a Erfoud. Allí están esperándonos nuestros amigos. ¡Por fin!. Me disculpo con Manué, y el hombre no denota estar enfadado. Salimos ligeros en dirección a Rissani, diría que demasiado deprisa. Por un momento se me alejan las luces de mis predecesores, y una ráfaga de intuición me hace encender las luces largas. Un ciclista sin luces circula delante de mí por el centro de la calzada en la más absoluta penumbra. Alá le salvó la vida, pues el frenazo fue brutal. Con el corazón encogido continuo hasta la localidad citada y sin descanso hasta Merzouga. A la entrada del pueblo comprobamos que nos hemos pasado. Manolo contrata a un muchacho que viajaba en motocicleta, y éste nos lleva hasta la puerta de la kasba-albergue Aiour.<br />
En la parte posterior del Hotel nos han preparado unas mesas donde nos agasajan con unos cacahuetes y unos tes Charlamos mientras descansamos. Y ahí está ella, la LUNA, imperando en su firmamento, tímidamente saludándonos. Me fijo durante un instante, y ella me devuelve el saludo con un guiño. Ya nos conocíamos, y volver a encontrarnos es agradable. Quizá tengamos unos instantes para estar a solas.<br />
Nos retiramos a las autos a cenar, con intención de tomar algo después, cuando el personal se encuentre descansado.<br />
En un banco de piedra de la parte posterior de la casa estamos sentados Ángel con su infatigable cámara, Oscar, las dos Begoñas y los dos Iñakis. Un grupo mixto de hispanos y mabgrebies tocaban determinados instrumentos y cantaban al son de los mismos. Y nosotros charlábamos de los interesante que nos estaba resultando lo poco que íbamos conociendo de este país.<br />
En vista de que nadie más se había animado a acompañarnos en la velada, y pensando que algunos deseábamos ver el amanecer del sol sobre las dunas del &#8220;Pequeño Desierto&#8221;, convinimos en que sería pertinente acostarse.</p>
<p>Martes, 6 de abril de 2004</p>
<p>Muy temprano ha comenzado el día. Alguien ha llamado a nuestra auto, y a pesar de las pocas ganas que tenía, en un alarde de no desaprovechar ni un momento de mi estancia por Maroc, me he levantado y me he ido hacia el este.<br />
Ya habían partido Toni y familia. Yo iba con Mª José y Borja. Caminamos unos cientos de metros. Acaso algo más de un kilómetro, sobre una arena fina y fresca, bien apelmazada, sobre la que se puede pisar cómodamente, ya que difícilmente se hunde. Y aunque así suceda, aunque se llenen las playeras, los calcetines, de arena, al concluir el paseo, se sacuden, y no queda ni un grano de ella como muestra.<br />
Un grupo estaba aposentado sobre lo alto de una duna. Desconozco quiénes son, y no me comunico con ellos. Avanzo unos metros más, y me encaramo en una duna más alejada en dirección este. Ya está bastante avanzada la mañana. Ha rayado el alba hace bastante, pero la corona del astro rey, todavía no se adivina. Y me temo que difícilmente se llegue a ver en todo su esplendor, pues en la misma dirección se atisban unas nubes a modo de neblina, que pretenden disminuir el espectáculo.<br />
Van pasando los minutos, ¡largos minutos!, y el sol podría haber roto aguas, pero un velo aterciopelado cubre su nacimiento. Parece que el recién nacido deba de ser cubierto, disimulando y escondiendo su físico incierto. Las dunas no llegan a marcar con firmeza el contraste que sobre ellas produce la cara iluminada de la aún en penumbra. Pero la cámara no es capaz de archivar en su retina la fuerza de la luz incipiente. Todo queda oscurecido.<br />
Y giro mi cabeza hacia el oeste y percibo las lejanas dunas y una tenue cadena montañosa que comienzan a bostezar bajo una pálida capa de naranjas y ocres que simulan la piel de un bebé recién parido. Y la vida empieza una vez más.<br />
De repente, sin haberme dado cuenta, Borja ha alcanzado mi cota. Charlamos y trato de hacerle observar y entender los contraluces que se producen en la arena, las ondulaciones de la misma, las huellas de los escarabajos, o hasta las de ciertos zorrillos que habitan en la oscuridad de la masa arenosa.<br />
Comenzamos el regreso. No sé que hora es, pues con las prisas se me ha olvidado el reloj, y no estoy acostumbrado a calcular la hora a estas alturas del sol. Borja se me adelanta, y llega hasta donde su madre. De los demás no sé nada. Desandamos el camino, volviendo por las mismas pisadas que hemos ido, y pronto se deja ver la humilde casa de la familia bereber que nos ha acogido.<br />
Algunos de los que podrían haber ejercido de camelleros para los que han ido al amanecer, ahora ejercen de vendedores de fósiles, a los que se acercan amigos de las expedición. Comento con alguien sobre el hecho de haber ido a ver amanecer. La mayoría están desayunando. Me debo de dar prisa, pues se había quedado a las 9:00 con los chóferes de las furgonetas para dar la vuelta al desierto.<br />
Manué me indica que la noche anterior había estado tomando un refrigerio junto a las autos, y que se sorprendió de que nadie se hubiera animado. Cuando le expliqué que habíamos estado en la otra parte del edificio, en el lado este, lamentamos no haber podido departir esa velada. A la hora convenida, y puntuales tenemos los tres vehículos esperándonos. Salimos del aparcamiento en dirección a la carretera general, y una vez que la atravesamos, procedemos a dirigirnos en dirección oeste. Algunos cientos de metros más allá encontramos una charca o pequeña laguna, sobre la que vemos algunas fochas y pequeñas anátidas. Se trata de Dayet Srji. Observamos que el suelo es blando y que puede producir hundimientos, por lo que es mejor no acercarse demasiado, así nadie se enfangará. Se hacen varias fotos, por lo insólito del hecho, y tenemos la siempre omnipresente suerte de encontrar varios vendedores de fósiles. ¿De dónde habrían salido? ¿Por dónde habrían venido?.<br />
Y cuando todos estábamos ya casi montados en las furgonetas, de repente, entre las otras dos, observo que se produce un tumulto. ¡Algo ha debido de suceder!. Se me pasan varias cosas por la cabeza, pero observo en voz alta, a modo de gracia, que se había producido algún altercado, o que alguien se estaba peleando. Nos acercamos y &#8230;, claro que alguien se estaba pegando. No me había equivocado. Valva se había llevado un buen &#8220;tomatazo&#8221; en el dedo corazón de su mano derecha. Nuestro querido Manué había cerrado aquella desencajada puerta que mal cerraba, con toda la potencia que sus casi 100 Kg pueden impulsar, pillando la delicada mano de Valva, que en ese momento se incorporaba a la furgoneta, y que estaba apoyándose y agarrándose al travesaño de la misma. Tuvimos suerte de que no le llegase a guillotinar los dedos, pero no creo que le faltase demasiado. El hematoma fue muy considerable. Pero el cariño de todos, los masajes de Mercedes, el agua fresca y el oxígeno puro y polvoriento del desierto, le fueron mitigando los dolores. Creo recordar que alguien le ofreció alguna aspirina o algún calmante. ¡Siempre hay que llevar un mínimo botiquín!.<br />
Y una vez que se nos fue pasando el susto, cuando entendimos que no había que ir a ningún centro asistencial, con el envase de media botella llena de agua, y su mano a remojo, reemprendimos la excursión.<br />
Nuestro chofer circulaba campo a través o a campo traviesa. En algunos momento yo temía que pudiésemos saltar por los aires, o peor aún, dar vuelta campana. Pero nada de ello sucedería durante el día. Lo peor ya había acaecido. Pasamos hasta una pequeña aldea donde viven varias familias de gente de color, cuyas casas, como la mayoría del resto del país, son de adobe. Hemos llegado hasta Khemlíya.<br />
Los niños tienen aspecto de negros. Los adultos también. Pero se entremezclan los tonos de la piel, y sólo unos pocos son verdaderamente negros. Nos hacen pasar al salón de una casa. Sobre unas jarapas y recostados en unos cojines nos sentamos. Una vez más se me ocurre bromear y sugiero que nos van a bailar. Unos minutos después contemplamos cómo se prepara una ceremonia. Han traído una gran bandeja con muchos vasos y té. Cuatro jóvenes de piel bastante oscura aparecen a la puerta del salón, y ataviados con una túnicas blancas, bajo las cuales aparecían unos pantalones blancos del mismo tejido, uncidos con unos gorros blancos, acompañados por otros dos músicos que esgrimían sendos instrumentos de percusión y cuerda, comienzan un ritual castañeteando unos crótalos bastantes estruendosos. Cantan y bailan al ritmo de aquella música, crean formaciones y movimientos geométricos y simétricos. Se mueven conexionados por los codos, sin cruzar los brazos, y resaltan de sus bocas los enormes dientes blancos. Té, música, danza, ritmo, el lugar, la sorpresa, todo nos hace soñar con lo afortunados que estamos siendo con ese espectáculo y lo inesperado de la situación.<br />
Antes de acceder al interior del salón, había observado cómo unas mujeres cocían pan en el interior de un &#8220;horno&#8221;. Y lo remarco entre comillas porque aquello no era lo más parecido a un horno convencional, pero ejercía funciones de ello. En una chabola bajo tierra, sin luz, mas que la que entraba a través del espacio de la puerta, acurrucadas, con una gran humareda en su interior, utilizando no sé que leña, (todos los alrededores es un total desierto), tenían una pequeña hoguera sobre la que extendidos en una plancha de algún posible bidón reciclado, tortas de pan que iban adquiriendo su aspecto comestible. Una vez concluido el espectáculo musical, pregunté por las tortas de pan, y adquirí tres. Una casi se comió antes de subir a las furgonetas.<br />
Un corral se escondía también bajo tierra unos metros más allá de las casas, y desde fuera oímos cacarear unas gallinas y alguna cabra.<br />
Y ante las sorpresas, faltaría la más importante para mí, desde el punto de vista profesional. Alguien me llamó con urgencia, pues entre el horno y el salón de danza había una pequeña construcción de unos diez metros de largo por seis de ancho. Su interior, mucho más minúsculo, lo clareaban dos pequeños ventanucos y el resplandor que permitía la puerta. Perplejo, admirando el qué y el cómo, observé que aquello era LA ESCUELA. Varios de los miembros de la expedición ya se encontraban en su interior. Conversaban con el maestro, un muchacho joven, de piel morena, que con la ayuda de otro, impartían clases de francés. Los niños y niñas estaban sentados en el suelo, y en sus cuadernos podíamos leer algunas frases en alfabeto europeo. Quise hacer una foto del interior de la única aula, y al pretender pasar hacia la parte posterior me percaté que los niños estaban descalzos. Me descalcé las playeras y pasé hasta el fondo. Hice las fotos que pudieran servir para llevarme una referencia plástica del entorno escolar, pero no me prodigué en el abuso, para no resultar molesto.<br />
Al maestro se le entregaron varios objetos de material escolar, y una bolsa de ropa. Durante nuestras entradas y salidas, durante nuestro alboroto, en ningún momento los niños se movieron de sus sitios. No hablaron, no hicieron ademán de querer coger nada de lo que allí se estaba dejando, de pedir, de entrometerse en las conversaciones. Fue una ejemplaridad absoluta. Nos quedamos boquiabiertos, sabiendo cómo son los niños/as españoles y cómo actúan cuando hay visitas a sus aulas.<br />
Fuera del pequeño edificio una hilera de niños se recostaba contra la pared. Aunque no estuvieran bien aseados, o pareciese que no lo estaban, la dulzura de sus miradas, sus sonrisas, la ingenuidad que derrochaban, inspiraba una delicadeza capaz de enternecer al corazón más inmutable. Con aquellos ropajes, a veces descalzos, despeinados, y rezumando polvo por todas partes, sin mediar palabra, estaban tocando a la puerta de nuestra generosidad, y cada uno se marchó de allí sintiendo lo mismo: &#8220;si volvemos otro año tenemos que traerles algo&#8221;.<br />
Y con esas palabras en la boca seguimos rumbo hacia el sur. Fuimos recorriendo algunos kilómetros por una planicie deforme, que en algunos casos parecía liso, y seguido aparecía una oquedad que podría dar un susto a más de uno. Se asemeja a una cubierta semi plana, donde la erosión ha trabajado duramente, y donde aparecen piedras de origen volcánico que van quedando flotando sobre la arena que las sustenta. Puede tener aspecto de una plataforma por la que se podría circular placenteramente, pero la movilidad del subsuelo es una trampa para los menos avezados.<br />
Y con esta y otras pesquisas en mi cabeza, vamos rodeando la zona sur del pequeño desierto, y rodando sobre pistas que pueden desaparecer en cualquier momento, encaminándonos hacia Mtis. En la lontananza, sobre un promontorio observamos unas construcciones, y a medida que vamos acercándonos, un poblado hacia el noroeste. Nuestro guía, nos cuenta que se trata de un destacamento militar, que anteriormente existió toda una industria minera de Kolh, y que los franceses que lo explotaron, cuando consideraron que no era rentable lo abandonaron. Algunas de las casas sirven de alojamiento a los soldados, y el resto se encuentran en estado ruinoso. Así todo, al llegar al alto y observar la extensión del poblado, nos hicimos idea de cuánta gente debió de vivir allí, pues se veían muchas casas, con sus calles, e incluso en la actualidad puertas y ventanas quedan en pie.<br />
En el alto, un par de construcciones y un pozo. Unos individuos se encontraban sacando agua, y June pretendió colaborar en la extracción. Cuando no pudo controlar la manivela que enrollaba la cuerda, la soltó, y aquello adquirió tal virulencia que me asustó. La caída en vertical tenía más de cien metros. Realmente era un pozo profundo.<br />
Próximos a él existían otros agujeros, de los que no alcanzamos a ver la profundidad. Las piedras que lanzamos estuvieron cayendo durante un rato. Sujetándonos de la muñeca y de la mano, algunos asomamos la cabeza, y tanto por la profundidad como por la negrura del mineral, fuimos incapaces de atisbar hasta dónde podía caerse algún despistado.<br />
Desde el alto veíamos la frontera argelina y los cientos de kilómetros cuadrados de tierra sin vegetación. Aunque la zona no era especialmente arenosa, no podemos describirlo de otro modo que no sea el de desértico. Acaso tenga más que ver con el paisaje lunar, pero si no es así, creo que merecidamente está tan poco humanizado, igual que el astro al que hago referencia.<br />
Continuamos viaje, y poco a poco, en dirección norte, llegaríamos hasta el asentamiento de una supuesta o presunta familia nómada. Varios niños pequeños, algunas chicas de no mucha edad, entre veinte y treinta años, y una señora mayor conformaban toda la familia presente. No sé si alguien les explicaría a qué íbamos ni por qué lo hacíamos. Nos metimos en su haima, y sentimos el placer de no sufrir el acoso del sofocante calor. Husmeamos entre sus cosas y enseres. Un molino de piedra, que todavía utilizan para moler grano y con lo que posteriormente cocerán pan como el que nos ofrecieron. ¡Tenía más arena que harina!. Yo le di unas vueltas y no me pareció dificultoso, para experimentar cómo funciona, pero no para tener que hacer la harina todos los días. Y menos el pan.<br />
Les hicimos entrega de una bolsa de ropa y no sé si alguna cosa más. Degustamos un poco de pan. Y no sé si alguno de los presentes se acercaría hasta la casa de adobe que tenían junto a la haima. El caso es que si eran nómadas, ¿por qué disponían de una construcción contigua a la portátil?. ¿Para qué la utilizaban?. ¿Son realmente nómadas o viven en aquel lugar de continuo?. Sea como fuere, no quisiera para nada tener que verme relegado a vivir en aquella parte del mundo, y supongo que peor que ella las habrá. No sé calcular, pero la ciudad más cercana podría ser Merzouga o Rissani, que podrían distar no menos de 30 ó 40 Km. Me imagino que disponiendo de una caballería, y me estoy refiriendo a un pollino, para llegar hasta alguna de dichas localidades no tendrían menos de una jornada de marcha.<br />
Nos despedimos como supimos, y continuamos hacia la cantera de fósiles. A lo lejos una hilera de camellos y gente caminando. Nos explica el guía que se trata de gente que contratan camelleros y dromedarios, cargan todo lo necesario para pasar varios días por el desierto, y marchan a perderse. Nos acercamos hasta ellos y les vemos de cerca. Alguien se los lleva de recuerdo: una foto.<br />
Giramos hacia el oeste y cruzamos sobre las rodadas de lo que suele ser el itinerario del archí conocido y famoso rally Paris-Dakar. Seguimos avanzando y pasamos próximos a unos hoteles. Algunos kilómetros después estamos en la cantera de fósiles. El propietario nos indica de dónde los sacan, pero el verdadero lugar de extracción ni lo olemos. Los precios son un poco altos. Creo que nadie se animó ni a interesarse por alguna pieza.<br />
Estando el personal algo cansado, siendo bastante tarde, y no habiendo almorzado, lo que teníamos eran ganas de volver a las autos a descansar. Ante el silencio que reinaba en nuestra furgoneta, al volver la cabeza me encontré con casi todo el personal atrapado por Morfeo. Yo traté de aguantar, pero la debilidad me vencía. Respirando profundamente y tratando de distraerme con el rodar de otros vehículos con los que nos cruzaríamos, empezamos a ver un depósito de aguas no muy alejado de Adrouine.<br />
Poco a poco empezamos a ver la zona de Hasi Labiab. Cruzamos el pueblo y ansiosos por llegar alentamos la furgoneta y a su chofer. Serían más de las cuatro de la tarde. Tenía que pagar a los conductores, pero busqué a Ibraim, el hermano de Moha, que casualmente había ido al pueblo. Cuando regresó, les dimos los convenidos 700 Dh a cada uno, además de algunas prendas de ropa.<br />
Y ya en casita, preparamos algo de comer. Nosotros estrenaríamos mesa. Oscar Hevia había adquirido una plegable de patas extensibles en un comercio de Algeciras, ya que no habíamos encontrado dicho modelo en ninguno de los visitados cerca de casa. Víctor sacó su pancha para asar diversas viandas, y de este modo, la familia de Manué, Víctor y Valva, y nosotros cinco, integramos el grupo que en el corner oeste compartimos mesa. Posiblemente sería la única vez en todo el viaje que nos juntaríamos varios, pues éste sí que ha sido uno de los grandes fallos que hemos detectado: excesivas prisas que no han dado opción a compartir mantel.<br />
Después de la comida se acercaron Hevia y Salud, Moha, Carmen, y no recuerdo a nadie más. Tomamos algún café y estuvimos charlando y reposando bastante rato. Cuando consideramos que empezaba a hacerse tarde, con la ayuda de Moha trasladamos las cosas que se entregarían en la Asociación. El coche ranchera de éste, hizo dos viajes repleto. Los demás fuimos caminando.<br />
Una vez allí, la Presidenta de la Asociación nos dio explicaciones de qué hacen con las ayudas que reciben, cómo las gestionan, y en qué están repercutiendo en la región. Vimos un panel con fotos y gráficos de todo lo expuesto. Finalmente, en la última estancia tenían un pequeño almacén donde se exponen a la venta los trabajos que van realizando las mujeres del entorno. El dinero que les proporciona la venta de dichos trabajos, es la ayuda con la que contribuyen a la economía familiar. Debo decir que el pueblo está bastante arreglado, limpio, ordenado. Y no debemos olvidar que estamos haciendo referencia a un pueblo que hasta el año pasado no ha tenido carretera, y que está ubicado en el desierto.<br />
A la salida de dicha Asociación, cuando todos pasaron a un almacén de alfombras, Víctor y yo nos aproximamos hasta un pequeño kiosco-bar, donde tomamos dos refrescos de cola de botella, de cerca de medio litro, por 3 ó 4 dh cada uno.<br />
Las alfombras que pudimos ver eran muy bonitas, pero más me llamaron la atención todas las piezas de plata que tenían en otra estancia contigua. Y así entre compras en una estancia y otra, se nos pasó el rato sin darnos cuenta.<br />
Llegamos a las autos con el tiempo justo para pasar por el servicio y entrar al albergue-hotel a cenar. Habíamos contratado la cena con uno de los chicos y el propio Moha, centrándonos en ensaladas, tallines de carne y verduras, rodajas de naranja con canela, agua embotellada, y no recuerdo si hubo té. Pero como decimos que &#8220;donde hay confianza, da asco&#8221;, pues abusando de ésta, llevamos nuestro cajón de vino, (el de Víctor), de 16 litros, y así fuimos cenando a nuestro antojo.<br />
Si bien debo decir que nadie quedó con hambre, tampoco puedo excederme en halagos, pues las ensaladas fueron escasas, y el resto de la cena en su justa y casi matemática medida. Lo que sobró no sé si fue porque estábamos llenos o porque era lo que menos nos gustaba. Para concluir la cena, Ángel aportó unas burbujas de cava, excelente, que remataron la cena elevándola al &#8220;Cum laude&#8221;. Por nuestra parte ofrecimos patxaranes, licores de café y de orujo, (de la Senda del Oso).<br />
Y la cosa fue cogiendo calor, hasta el punto que Moha y algunos de los primos, unidos a los integrantes de una mesa contigua, comenzaron a cantar castañeteando los crótalos, y tratando de sacarle notas a una desconcertada y perdida por alguien, vieja guitarra.<br />
Cuando los párpados no podían mantener la distancia que la normal visión exige, nos fuimos despidiendo de los más resistentes.</p>
<p>Miércoles, 7 de abril de 2004</p>
<p>Cuando nos despertamos por la mañana, con todo recogido, fuimos pasando por el grifo que Moha ha colocado en el lado sur del albergue. Grifo, todo sea de paso, que está colocado para los autocaravanistas que deseen acercarse hasta el hotel AIOUR. Gestión llevada a cabo por miembros de inexistente P.A.C.A., allá por la primavera del año 2002.<br />
Delante del hotel también se dispone de un espacio de 1500 metros cuadrados para aparcar. El tema del reciclado de las aguas grises, así como de las negras, aquí llevan el mismo proceso que las del resto de la región. En nuestro caso, y tras comentarles que no era conveniente juntar las nuestras con el pozo séptico que ellos utilizan, excavaron una zanja alejada de todo paso humano o animal, donde no hay vegetación circundante, y que será cubierto para no generar otras contaminaciones.<br />
Tras las despedidas y abrazos pertinentes, tras las fotos de última hora, emprendimos la marcha hacia la carretera. Y cuando nos alejábamos, con pena, veíamos desde la última posición la hilera de autocaravanas con paso sosegado y polvoriento. Nadie puede imaginar el espectáculo.<br />
Una vez en la carretera nos tuvimos que emplear con soltura y presteza, pues Manué había metido el turbo y estaba llegando a la primera localidad casi civilizada. No les captábamos por la emisora, y temiendo despistarnos, a más velocidad de la que debiéramos, llegamos a Rissani. Fue un infierno cruzarla, pues no deben de estar acostumbrados a que circulen vehículos como los nuestros, y continuamente cruzan las calles, arrastran todo tipo de cacharros móviles o carromatos, y no respetan las más mínimas normas del más básico código de circulación.<br />
A la salida de allí, ya de camino hacia Erfoud, repostamos. Llegando a la referida ciudad, y sin entrar en ella, se toma la carretera hacia Tinerhir.<br />
A través de las emisoras nos dábamos explicaciones de todo cuanto nos llamaba la atención. Apuntemos los feggaguir o pozos que había a los lados de la calzada, formando ejércitos de hileras de montículos, a los que veíamos asomarse algunos curiosos que se habían detenido. Manué encontró la explicación. Se trata de unas canalizaciones subterráneas que drenan el agua de la capa freática procedente de ríos como el Todgha, que se halla a más de 100 Km<br />
Más adelante unas mujeres caminaban desde no supimos dónde, y mucho menos imaginamos hasta dónde, con unos atados de leña a la espalda, bajo aquel injusto sol en medio de la inmensidad desértica. Me queda el consuelo de pensar que para ellos todavía es primavera, y aún se visten con ropas de abrigo, por lo que no tienen demasiado calor. Nosotros, todos íbamos en manga corta.<br />
Al cruzar Touroug, paramos a comprar pan. Había mercado, y se convirtió en una pequeña aventura tratar de cruzar este pueblo. Había que echarle valor para seguir acelerando y no atropellar al personal.<br />
Y así mirando hacia un lado u otro, preguntándonos esto o aquello, llegamos al cruce con la carretera que se acerca hasta Tinejdad. Queríamos encontrar el lugar en el que habíamos comido hacía dos años. Ahora veníamos más adelantados, y no porque los vehículos fuesen mucho mejores, sino porque habíamos tenido la suerte de no encontrarnos aquellos casi 30 Km sin asfaltar a la salida de Erfoud.<br />
Marchamos despendolados. Llegamos a la entrada de Tinerhir, y nada más pasar el semipuente, giramos a la derecha. Comenzamos el ascenso al caserío que rodea el palmeral. En la parte suroeste de éste nos encontraremos sobre un promontorio que proporciona una espléndida vista de noroeste a sureste del mismo, desde las paredes rocosas del Atlas hasta las estribaciones del desierto. Y abajo el verdor, el frescor de una insospechada agricultura. Pero aunque el lugar es espectacular, y tenemos enfrente unas construcciones en adobe que para nada tienen que envidiar al propio Âït-Benhaddou, el enjambre de pedigüeños, de camelleros, de &#8220;mírame&#8221; y &#8220;págame algo por mirarme&#8221;, te hacen aborrecer el sitio. Enseguida seguimos la carretera y llegamos, con sorpresa, a las propias gargantas. Y aquellas gargantas de Todgha que hace dos años estaban vacías, y sin asfaltar, están ahora abarrotadas de coches, sin lugar donde detenerse. Continuamos hasta salir de ellas por el lado noroeste. Aparcamos donde podemos, y descendemos caminando. Oímos música proveniente del hotel Yasmina, pasamos por encima de unas tablas sobre el recién nacido río, y curioseamos unos momentos. El día está amenazante, chispea algo, y nos desanimamos de pasear. Volvemos a las autos y comemos.<br />
Retomamos la marcha y descendemos hasta el semáforo que habíamos dejado abajo, en el cruce, junto al puente. Ahora nos encaminamos hacia el suroeste.<br />
Cuando llegamos a Boumalne du Dadès encontramos a Carmen y nos detenemos un momento. En la cuesta he visto un mural que merece la pena hacerle una foto, pero se decide continuar, y casi a la carrera me acerco al lugar, disparo, y salimos pitando. Unos pocos kilómetros más y llegamos a El-Kelaâ des M&#8217;Gouna. Allí habíamos comprado esencia de rosas, informo a través de las emisoras y alguien se para.<br />
Continuamos el viaje, y no muy lejos de allí, no recuerdo el nombre, pero no creo que fuera antes de Skoura, paramos a la orilla de la carretera donde compraremos cerámica, más bien barata. Llueve, y mientras estamos por allí, llega Ángel. Bego hace entrega de unas bolsas de ropa a unas chicas que hilaban algo, cobijadas en un porche. Desde El-Kelaâ habíamos venido circulando por el interior del palmeral, y da la impresión de que se está cruzando un único pueblo, pero en realidad existen varios conexionados, que conforman un poblamiento en hilera de casas, a lomos del palmeral, a los que cruza una única carretera. Calculo que no habría menos de veinte kilómetros de población.Va atardeciendo, y las nubes afean el paisaje, además de que presagian más lluvia. Se divisa la presa El-Mansur, hacia el suroeste, lo que nos hace suponer que estamos muy cerca de la ciudad. Unos badenes y entramos en la primera zona de semáforos. La zona moderna queda a nuestra derecha, pero es preferible acercarnos hasta la kasba de Taourirt. Aunque está cerrada, desde el aparcamiento que hay enfrente, a la puerta de la cooperativa artesanal, podemos deleitarnos con su magnitud y su belleza. Era la residencia del Pachá de Marrakech, y asemeja a un pueblo fortificado, con cientos de callejuelas donde perderse. De haber llegado un poco antes hubiéramos visitado los apartamentos del Glaoui, que siguen conservando su decoración de estucos pintados y los techos de madera de cedro, pero al estar cerrado nos conformamos con callejear los aledaños de la edificación. Hace dos años la visitamos y nos quedamos un poco fríos, pues sólo se ven las paredes. Mobiliario no queda nada, y eso debilita la imagen de cómo lo utilizaban.<br />
Algunos adquieren pañuelos auténticos de bereber en alguna de las tiendas que encuentran abiertas.<br />
Ya anochecido marchamos hacia la ansiada y ambicionada Âït-Benhaddou. La carretera serpea y se me hace complicado conducir por ella, por la falta de visibilidad, y porque prefiero prevenir que no salirme de la estrecha calzada. Con paciencia llegamos a la puerta del hotel que lleva el nombre de lo que nos espera detrás: La Kasbah. Aparcamos en su puerta haciendo un cuadrilátero para refugiarnos en él. Hace fresco pues estamos a bastante altitud, tanto como a más de 1200 m. No es la climatología lo suficientemente apacible como para salir a sentarnos en las mesas junto a las autos, como en la vez anterior. Por unas u otras razones nos quedamos en la nuestra, y nos acostamos relativamente pronto, con intención de poder visitar la ciudad vieja al día siguiente.</p>
<p>Jueves, 8 de abril de 2004</p>
<p>Como hay que ganarle tiempo al día, Víctor, como ya hiciera en Asilah, se levantó casi de madrugada, y emulando un poco a lo que ya hiciera yo en el 2002, se acercó hasta la ciudad vieja, y aunque estaba cerrada para el rodaje de una película, al no haber personal del mundo del celuloide, acompañado por un militar tuvo ocasión de visitarla y callejear por la misma.<br />
Algunas horas más tarde nos disponíamos los demás a hacer lo propio, pero nos avisaron de la imposibilidad. Así todo descendimos hasta el río, y Mercedes trató de utilizar su influencia artística para que se nos permitiera el paso. Me temo que los marroquíes no entienden de derechos, de gremios artísticos, o de lo que se nos antoje. No nos dejaron cruzar el río, y media vuelta.<br />
Pero a pesar de todo, la imagen es suficiente. Desde la otra orilla se ve algo, que hace imaginar cómo será por dentro. No es suficiente, pero quita un poco la pena de haber llegado hasta allí e irnos con las ganas.<br />
Una vez en las autos volvemos hacia el cruce, y nos detenemos frente a la casa del artista que allí vive. (No sé transcribir el nombre “Ijai” o algo similar). Entramos a curiosear su vivienda, y adquirimos varias piedras en las que labra unos bajorrelieves de pueblos de la zona.<br />
Varios niños se acercaron a pedir cosas, y allí se montó un mercadillo como pocos. Ropa que no se había dejado en Hasi Labbiab, así como material de escritorio y oficina, también fue repartido. Unas jóvenes que se habían acercado con sus bebés a cuestas, también se llevaron algún obsequio. Sólo con verles el aspecto, no queda más remedio que surtirles y equiparles con algo, que siempre será mejor que lo que lleven puesto.<br />
Del grupo se habían adelantado Ángel, Antonio, Toni y Manué. Los rezagados salimos al cruce, y avanzamos hacia la otra Kasbah, la de Telouèt. A pocos kilómetros encontramos una gasolinera de la que partían nuestros amigos, con los depósitos llenos. Manué nos avisa que podemos coger agua de dos grifos, y vaciar las residuales. Una vez con el diesel a tope, a través de las emisoras nos indican que tomemos el cruce hacia la izquierda, en dirección Tazenakht.<br />
<a href="http://www.viajarenautocaravana.com/print_viajes.php?idg=8363#lorem">(Enlaza aquí con el relato de Toni de Ros)</a><br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<br />
A la salida de la gasolinera un hombre de edad hace autoestop. Me detengo con intención de recogerle, pero mis acompañantes temen por nuestra seguridad. Sé que la próxima ciudad está a más de 64 km. No le recogemos. La carretera nos lleva por un paisaje bastante inhóspito, apenas se ven seres vivos. Me atrevería a decir que parece más estar en el interior del cráter de un volcán que en algún lugar habitable. Los materiales que componen el suelo, la paupérrima vegetación, las montañas que circundan nuestro deambular hacia las estribaciones del Atlas parecen que nos lleven hasta el mismísimo infierno. Observamos que los promontorios no son tan elevados como los que hubiéramos encontrado en la zona que habíamos dejado en dirección a Marrakesh.<br />
La puerta de acceso a una nueva provincia me obliga a detenerme y hacer una fotografía. Los demás se anticipan y comienza la subida del pequeño puerto de Tizi-n-Bachkoum. Ascendemos hasta los 1700 m de altitud. Pronto divisamos a lo lejos la ciudad de las alfombras: Tazenakht.<br />
Aparcamos en la plaza. Mientras unos visitan cooperativas de alfombras otros curioseamos por el pueblo y compramos pastas deliciosas. Hacemos cambio en un banco y salimos mejor parados que con el realizado en la agencia de Juan Carlos en España.<br />
Unas tabernas nos servirán de punto de encuentro con el costumbrismo. Pretendemos tomar unas Coca-colas, para prevenirnos de cualquier infusión con aguas locales, pero el olor a cordero asado a la brasa nos despierta el apetito, y tratando de imitar a los autóctonos, pedimos unas raciones con ensalada (tomate asado y cebolla pochada). Debo decir y confesar que estaba exquisito.<br />
A las chicas les pareció bien y pedimos unas raciones más, que por culpa de una galerna que arrastraba gran cantidad de polvo, nos vimos obligados a terminar en las autos, más herméticas.<br />
Cuando reiniciamos el viaje, al volver a salir del pueblo, allí estaba el hombre de edad, que continuaba su viaje hacia Agadir. ¡Pobre!. ¿Cuántos días tardaría?. Creo que había sido Oscar quien le había acercado hasta allí.<br />
Continuamos hacia el oeste, ganando altura, hasta llegar a otro alto a 1650 m. Un poco más adelante subimos al puerto de Tizi-n-Taghatine a 1886 m, punto desde el que ya iremos perdiendo altura hasta el Atlántico. En Taliouine nos detenemos a la puerta de una cooperativa de Azafrán. Nos explican con bastante buena profesionalidad todo el proceso de su recolección, utilidades del mismo, etc. Entre Iñaki y yo compramos una caja de 10 sobres, es decir, 10 gramos.<br />
Hemos hecho pocos kilómetros y ya está cayendo el sol. Nos damos un poco de prisa para poder llegar a dormir a Taroudant, pero el último tramo no deja de sorprendernos. Las llanadas que se extienden a derecha e izquierda de la carretera me obliga a ir repitiendo que parece que hayamos viajado al Serengueti. Y el sol en el ocaso, con las sombras que se marcan sobre el verde del campo, y el cielo rojizo, y aquellos árboles de argán diseminados, dibujan una fotografía que solo la imagen podría ser tan rotunda para hacer comprender la sensación que miles de palabras no podrían hacerlo.<br />
Al llegar a nuestro destino nos dirigimos al Hotel Salam y aparcamos junto a la muralla que lo rodea. El vigilante pasa la noche por la zona, lo que da cierta garantía. Antes de darnos una vueltilla Victor ofrece un exquisito queso en aceite, del que todos damos cuenta. Curioseamos el esplendor del interior del hotel, y aprovechamos la benevolencia climática callejeando y comprando a su vez algunas aceitunas y otros encurtidos.<br />
De vuelta en las autos cenamos con intención de madrugar y aprovechar la mañana.</p>
<p>Viernes, 9 de abril de 2004</p>
<p>Alquilamos unas calesas y damos una vuelta extramuros. Abandonamos los vehículos en la zona del mercado, donde aprovechamos a comprar algunas cosillas. Ya en la medina adquirimos unas babuchas y una chilaba. A mí me cambiaron la negociada al meterla en la bolsa.<br />
De vuelta a las autos partimos en dirección oeste. Al cruzar por la localidad de Oulad-Teîma paso un semáforo en ámbar y un policía me detiene. Después de varias explicaciones conseguimos que sólo se quede en un sobresalto y no tenga trascendencia. ¡OJO!.<br />
Poco a poco nos agrupamos y Salva se pone en cabeza. Nos lleva como saetas. El último tramo es autovía, pero muy peligrosa, excesivo tráfico, y la velocidad con la que circulamos me exige demasiada tensión.<br />
Finalmente llegamos al puerto de Agadir, donde damos cuenta de una exquisita fritada de pescado en el primer restaurante junto al parking. Visitamos el mercado de pescado, donde encontramos muy buen género y arreglado de precio. Junto a él existen como 30 chiringuitos donde preparan pescado a la brasa.<br />
Al terminar la comida nos despedimos de Salud y Oscar. Ellos se van a quedar por las inmediaciones. Los demás continuaremos hacia el norte en dirección de Essaouira.<br />
La noche se va cerniendo y la llegada a la ciudad es ya en total penumbra. Carmen nos dirige a la plaza Moulay el-Hassan, donde hay vigilante las 24 horas del día, pero el parking está abarrotado de coches. Continuamos hacia el interior y pasamos a otra gran plaza. En realidad se podría aparcar en muchos otros sitios, pero es preferible ahí, en cualquiera de las dos, porque la auto queda a vista desde cualquier lugar, en una explanada muy amplia, y también está vigilada.<br />
Damos una vuelta por la medina y observamos un buenísimo ambiente.<br />
De vuelta a las autos, pasamos por una estrecha calle que seguro que nos llevaría a la plaza donde esperan las autos. A pesar de la hora encontramos un artesano en su taller. Hablamos con él, y le compramos varias cosas. Desde luego no volvimos a ver nada igual en los demás talleres que visitamos. El hombre parecía buena persona y no trataba de lucrarse en exceso con la venta.</p>
<p>Sábado, 10 de abril de 2004</p>
<p>Por la mañana decidimos llevarle al artesano un traje que aún no había ido a parar a manos de ningún estraperlista. Al pasar por la puerta de su taller, como él nos había dicho la víspera, las mañanas las pasaba en el mercado, para hacer terapia, estaba cerrado.<br />
Deambulamos por las calles y por la parte de la fortaleza donde se ubican los artesanos y tiendas para turistas. A medida que vamos viendo cosas, vamos comprando pequeños recuerdos y regalos para amigos y familiares.<br />
Como a pesar de que la ciudad es de un tamaño mediano, no es difícil encontrarse, pues casi siempre se visitan las céntricas calles de la medina. Y en uno de estos encuentros, Carmen que volvía del puerto, nos propone ir a comer una parrillada.<br />
Visitamos la lonja, donde había una importante captura de escualos. Comemos unos pescados asados a la brasa, y posteriormente Salva invita a todos a un hermoso vaso de zumo de naranja exprimido en presencia nuestra. ¡Natural!.<br />
Al concluir la comida aparecieron Salud y Oscar, que regresaban hacia el norte después de haber cambiado de parecer sobre su intención de quedarse en Agadir.<br />
Pasamos por una pastelería que había en una esquina de la plaza Mulay el-Hassan, y continuamos en dirección del parking. Se marchan todos menos nosotros. Nos da un poco de pena, pero no miedo. Es el momento de la despedida. No sabemos cuándo volveremos a reencontrarnos todos, aunque al menos tenemos la esperanza de coincidir con los de la cornisa cantábrica.<br />
Retrocedemos hacia la medina y dedicamos la tarde a deambular y charlar con los artesanos. Encontramos a nuestro amigo vendedor de la noche anterior. La chaqueta del traje le queda perfecta. Nos pide que volvamos más tarde, que nos va a hacer un regalo. Me niego en rotundo, pues no le dábamos el traje para que lo cambiase por algo.<br />
Por la noche, tarde, pasamos por su puerta, ya de regreso a nuestro hogar ambulante, y nos alegramos de que su taller estuviese cerrado.<br />
El parking estuvo tranquilo toda la noche.</p>
<p>Domingo, 11 de abril de 2004</p>
<p>Queremos hacer la última visita al taller o boutic de la plata. Por el camino trazamos una de las singladuras más estrambóticas posibles. Rodeamos la ciudad extramuros en dirección noroeste, y cuando tocamos mar, vamos bordeando la muralla, entre derrumbes, callejones, basura, etc (me recordaba bastante a La Habana), hasta llegar a la Skala de la Kasba donde en lo que fueran los antiguos depósitos de municiones se cobijan varios talleres de artesanos de tuya, y algún que otro revendedor de plata.<br />
Volviendo por una de las arterias principales encontramos a unos niños vendiendo cangrejos de mar cocidos a 1 ó 2 dirhams. Aprovechamos la ocasión para pillar una pequeña diarrea.<br />
Una vez en la auto, tomamos rumbo a Safi. Al salir de la ciudad, en el cruce de la carretera que nos llevará por la costa vemos varias personas esperando a algún vehículo. Recogemos a un matrimonio de ancianos.<br />
June les ofrece bebida fresca y almendras. Se les ve muy contentos y agradecidos.<br />
Al llegar a la altura de Moulay-Bouzerktoun, nos despedimos de nuestros invitados, pero cuando veo que desde la carretera general hasta su aldea dista más de un kilómetro por aquella pista polvorienta, desprotegida del tórrido sol, decido que no se bajen y les llevamos hasta allí, en dirección oeste, hasta la costa.<br />
La verdad que el lugar bien hubiera merecido quedarnos a comer, divisando el mar, pero pronto vimos unos chiquillos que se dirigían hacia nuestro vehículo, y no pretendiendo parecer que esperábamos algo del matrimonio anciano, volvimos hacia la carretera general.<br />
Cerca de Dar-Caid-Hadji, nos detenemos a la orilla de la carretera para comer. Desde nuestro observatorio pudimos ver un hombre arando con la ayuda de un pollino. Otros faenaban en una huerta próxima, etc.<br />
Una niña camina por el arcén en dirección sur, hacia nuestra auto. Bego prepara una bolsa con unas cosas. Al pasar a nuestra altura se la damos, y observo por el retrovisor cómo continúa caminando sin abrirla y sin curiosear lo que hubiese en su interior.<br />
Reemprendemos la marcha. No nos faltan demasiados kilómetros para llegar a Safi, y deberíamos aprovisionarnos de agua, En una gasolinera en Kemis-Oulad-el-Hadj, consulto con el operario y me facilita el servicio. La fuente no mana ni una gota. El hombre comenta que debe poner en marcha el motor o la motobomba. Una vez rellenado el depósito le pregunto a ver si le debo pagar algo. Me responde que nada, que es gratuito. En ese caso le ofrezco una chamarra, como regalo de mi mujer para él. Nosotros agradecidos, él agradecido, todo el mundo contento.<br />
Por el camino los acantilados y el paisaje junto al mar nos detienen a hacer alguna foto. Llegamos a Safi cuando ya comienza a oscurecer.<br />
La primera intuición es dirigirnos hacia la costa. Sólo encontramos un basurero. Continuamos hacia el interior de la ciudad, nos desviamos de la arteria principal y nos metemos en uno de los accesos a la medina. Retrocedemos como podemos y tomamos la carretera del camping. Éste se encuentra lejísimos, en lo alto de una colina, oscuro. No nos convence y descendemos hacia el puerto. Nos metemos de lleno en un extrarradio a las afueras del puerto comercial, en la zona norte. Retrocedemos hacia el sur, y volvemos hacia la medina. Un parking, nos lo pasamos, doy la vuelta en la misma calle. Era de dirección única. Un transeúnte nos indica que no, que es dirección prohibida. ¡PUF!<br />
Se acerca y nos pregunta a ver qué queremos hacer. Le explicamos que queríamos ir al parking que habíamos dejado atrás. Se ofrece para colocarse delante de la auto e ir desviando los coches. Decido ir suave y lentamente, a pesar de la curva que dificulta la visibilidad. En el último momento cruzo la calzada y entro en el primer parking que estaba más cerca. Es en cuesta, incómodo para dormir. Hablo con el vigilante y observo que es muy pendiente y pasa bastante tráfico.<br />
El transeúnte anterior se acerca y pregunta y habla también con el vigilante. Nos indica que en otra calle hay un parking más liso. Nos dice por dónde debemos ir, pero tememos perdernos o no encontrarlo. Le sugiero que se monte y nos lo indique. Accede y llegamos al sitio. No es muy bueno, pero al menos está cerca de la policía. Lo que es propiamente aparcamiento no me gusta, ya que si al día siguiente aparcan coches no podré sacar la auto . Decido colocarla en la calzada, en una cuesta de poco desnivel. Calzo las ruedas traseras y la cosa queda bastante decente. Enfrente tenemos unos baños.<br />
Salimos a dar una vuelta, y el transeúnte se ofrece a acompañarnos. Es un individuo un tanto peculiar, lleva el pelo largo y con rastas, cosa inusual en Maroc. Habla inglés, francés, árabe, pero no castellano. Bego y June se entienden bastante bien con él, yo no tanto, ya que mi francés es muy incipiente, y no da para largas explicaciones.<br />
Bajamos hasta la medina, están cerrando todo. Caminamos en dirección norte-sur, y observamos que la vida se recoge, que todo queda en calma, que está llegando la hora del descanso. Nos acompaña hasta la auto, y Bego le ofrece una botella de JB que estaba mediada. Nos propone que si al día siguiente seguimos por Safi, que podría acompañarnos a visitar la zona de hornos y fábricas de alfarería. Accedemos y quedamos para las 10 de la mañana.</p>
<p>Lunes, 12 de abril de 2004</p>
<p>Cuando abrimos la puerta de la auto, allí estaba esperando el muchacho del día anterior. Se le veía bien vestido, como tratando de agradar. Bien perfumado, interesante. Es de entender, él tenía una buena oportunidad para mostrar sus peculiaridades, ya que a su edad, con 22 años, tener enfrente una chavala de 17 años es más que razón para tratar de aparentar que no se es tan alejado del mundo del que ella procede. Habla de que hace surf, pero no tiene tabla, se la dejan algunos amigos extranjeros que van a Maroc a practicar dicho deporte. Conoce a los hermanos Acero, de Getxo, surfistas de renombre internacional.<br />
Dice que toca en un grupo de música Jambi en Essaouira, por lo que lleva rastas. Habla inglés que no ha aprendido en ninguna escuela, sino en la playa, con los turistas. Y ahora a la hora de redactar esta recapitulación de nuestro viaje, leo en la guía del Trotamundos, cómo “el clima de ciudad artística que reina en Essaouira ha incitado a numerosos artistas extranjeros a instalarse aquí provisional o definitivamente. Pintores, escritores, cineastas y músicos se aprovechan de “la musa suplementaria” que planea sobre la población. &#8230;Jimmi Hendryx, en los años 60, atrajo a una parte de la comunidad hippie. &#8230;.En un aspecto diferente , el lugar es motivo de atracción para muchos surfistas que aprovechan su magnífica playa barrida por vientos violentos, difíciles de soportar entre abril y septiembre”.<br />
Acaso confluyan en nuestro amigo ambas dos tendencias, la de la moda musical herencia de la traída por el mítico Hendryx y sus rastas, y la modernidad de los surferos europeos que invernan en Maroc. Y si todo ello añadimos que su padre es conductor de autobuses entre Safi y la ciudad citada, motivo para ir de una a otra sin grandes desembolsos.<br />
Paseamos por la ciudad, nos muestra los hornos y talleres de alfarería, visitamos tiendas de dicha producción, y nos recomienda dónde no comprar, por su elevado precio, y dónde sí comprar, que es donde ellos lo hacen para su uso doméstico.<br />
Y poco a poco vemos cómo la ciudad se convierte en un hervidero de gente que va y viene, con bolsas, compras, accesorios, etc. Observamos que hay pocos niños por la calle. Hoy ya no es día de vacación, los niños han ido al colegio.<br />
Durante la mañana recibe varias llamadas de teléfono, y nos explica que es su madre, que desea que vayamos a comer a su casa, que nos invita. Tratamos de eludir dicho convite, pero ya cuando son cerca de las dos de la tarde, recibe una nueva llamada, que se la pasa a June. Se trata de su mamá, que no hace otra cosa que insistir en que vayamos. Finalmente accedemos.<br />
Tras averiguar cuántos hermanos tiene y de qué edades, Bego prepara una bolsa con ropas lo más aproximadas a las de la información recibida, y yo encuentro una botella de Rioja reserva que pululaba por la auto. Con todo ello nos dirigimos a la parte alta de la ciudad, no sin la angustia de saber que nos meteremos en la casa de una familia con la que no nos une nada, ni idioma, ni cultura, ni amistad. Es un mal trago, pero que por educación estamos aceptando.<br />
Cuando llegamos a la casa, la sencillez rezuma por todos los rincones. Un recibidor amplio a modo de sala, sin otro mueble que un diván que ocupa todas las paredes de la estancia. En el suelo una rafia a modo de alfombra. Dando paso a otra estancia similar, el arco de una puerta y una ventana, ambas dos sin elementos móviles, es decir, sin puertas ni ventanas, aunque sí una televisión en el alféizar de la ventana. Nos hacen pasar al segundo aposento, que similar al anterior, está rodeado de divanes. Una mesa baja y redonda en la zona más próxima a la ventana de la calle, es el único mueble del cuarto. Otra gran rafia cubre todo el suelo. Pasamos despreocupados, y cuando estamos sentados nos percatamos que ellos se descalzan para pasar al interior. Siempre que salen se calzan, y siempre que entran se descalzan. Razón por la que se debe llevar calzado cómodo y fácil de despojar.<br />
En la casa había varias mujeres: la abuela, una tía, la madre. Por la sala corría un niño pequeño de unos tres años, otro de unos doce. El resto debían estar en el colegio. El padre estaba trabajando. La televisión encendida, ambientaba la casa.<br />
Una vez en el salón nos ofrecieron té y unas pastas. Posteriormente la señora sacó una gran fuente con tajim de verduras y pollo, con más té. Alrededor de la mesa sólo estábamos los cinco. Poco a poco fuimos comiendo y charlando. Nuestro amigo Munier trajo un gran radiocassette, donde puso música de la que toca con su grupo. También en otra cinta había una grabación en la se podía oír a su madre cantando, ya que según comentó solía cantar y bailar en bodas.<br />
Cuando la comida se daba por concluida apareció un primo del muchacho, un semiintelectual, que hablaba bien y tenía ideas de muchos temas. Mediada la tarde, la madre indicó a uno de los chavales que fuese a comprar una oblea de pasta que luego acompañaríamos con más té.<br />
La madre se llevó a June con ella y la trajo vestida con una chilaba o túnica, (no sé diferenciarlas). Luego pasaron las tres a un dormitorio, donde dormían otros niños, y de un armario ropero sacó una segunda chilaba con la que vistió a Bego. Ambas dos ataviadas con sendas vestiduras salieron al salón, donde tras hacer bromas y alguna que otra sonrisa maliciosa, retratamos junto con la señora de la casa.<br />
Durante todo el tiempo en que permanecimos en el interior de la vivienda, ella vestía unos pantalones de lana a modo de leotardos, pero sin pies. Cuando tocó la despedida y salimos a la calle para marcharnos, ella se vistió una bata que la cubría entera.<br />
Unos besos y abrazos, sin distinción de sexo ni de mitos. Descendemos a la parte de la medina donde nos aprovisionamos de sémola, regaliz de palo, un par de playeras, naranjas y alguna que otra cosa.<br />
Poco a poco vamos a tocar el final de esta experiencia en Safi. Los muchachos nos acompañan hasta la auto, donde toman alguna cerveza fresca, al igual que la noche anterior. Salimos de la ciudad en dirección norte, y deteniéndonos en una parada de autobús, nos damos los abrazos de despedida.<br />
Ya había oscurecido. Pero el objetivo fundamental era salir de allí para eludir el compromiso en el que les implicábamos. Unos pocos kilómetros por una carretera muy oscura, y ante la tenebrosa incertidumbre decidimos detenernos en Oualidia. Desconocemos el pueblo, y en vista de que donde nos hemos detenido no hay demasiado tráfico, decidimos quedarnos a dormir.<br />
No acertamos de pleno. Estábamos junto a la Mezquita.</p>
<p>Martes, 13 de abril de 2004<br />
A las cuatro de la mañana y durante un cuarto de hora, el megáfono del campanario nos recita toda la oración de maitines.<br />
A las 10 de la mañana, cuando nos despertamos vemos que el pueblo es tranquilo. Desayunamos plácidamente y observo que unos cientos de metros más adelante, de la parte izquierda de la carretera salen autocaravanas. ¡Seguro que habrá algún lugar mejor al que nosotros hemos elegido para aparcar!<br />
Arrancamos con intención de curiosear, y efectivamente. Descendemos como 50 metros de altitud y no más de medio kilómetro, encontramos una ría con su playa, chalets, aparcamientos, y sitios donde pasear. ¡Y varias autocaravanas!. Algunos pescadores traen centollos que pretenden asarlos a la brasa y vendérnoslos. No compramos nada, ni nos interesamos por el precio. Damos un paseo, anotando el lugar como destino para otro posible viaje.<br />
Salimos a la carretera y hacemos unos kilómetros en dirección El-Jadida. June se está poniendo pesada y se cansa de deambular por Maroc. Decidimos regresar a España. Pero quedan muchos kilómetros, así que reemprendemos el viaje sin prisa pero sin pausa. La carretera de la costa es bastante entretenida, pero muy lenta. Existen muchas explotaciones agropecuarias y mucho camioncito, tractores, pollinos, bicicleteros, viandantes, etc, etc. Además que no está muy bien asfaltada, lo que ralentiza el viaje.<br />
A la izquierda de la carretera encontramos una explanada y paramos a comer. No habíamos visto ni un solo sitio donde parar. El paisaje está muy saturado de campos de labor y casas.<br />
Ya en marcha, al llegar a la ciudad hacia la que hemos marcado la ruta, El-Jadida, tomamos la carretera P-8 en dirección Casablanca. Ahora vamos algo más rápidos.<br />
En este tramo nos sorprende que caminen por el arcén cientos de muchachos y muchachas con camisa blanca y pantalones de tergal. Salen de un colegio, pero no observamos ninguna ciudad en las proximidades, y sin embargo ellos van a pie. ¿Cuántos kilómetros?. Me supongo que la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Centro no habrán realizado la pertinente queja. ¡Sus pobres niños/as caminando!<br />
Llegando a Casablanca intuyo que antes de entrar en el cinturón de la ciudad, habrá una entrada a la autopista, por lo que en una gasolinera nos aprovisionamos de agua y diesel. Efectivamente, entramos en la autopista sin tocar la ciudad. Prácticamente solos, a buena marcha, vamos aprovechando la luz solar.<br />
Paramos en una gasolinera a descansar. Solicitamos a uno de los muchachos que ejercen el suministro que nos limpie el cristal delantero, pues el polvo del desierto y unas gotas que han caído nos lo han embarrado. El muchacho se esmera sobremanera. El precio por el trabajo: ¡Nada!. Le regalamos una lata de Coca-cola y 5 Dh. Corre hasta donde sus compañeros a mostrar su botín.<br />
En la parte posterior de la gasolinera, frente a una oficina de la policía nos detenemos un rato. Nos sugieren cómo aparcar para dormir, si pretendemos hacerlo allí. Sería con intención de custodiarnos.<br />
Salimos del lugar y hacemos todos los kilómetros que nos quedan hasta Rabat. La autopista se acaba. Hay retenciones, ha llovido. Cuando llegamos al punto donde hay varios coches accidentados comprendemos la razón. Unos metros más y otro golpe. ¡No están muy acostumbrados a la lluvia!<br />
Circulamos unos kilómetros por una autovía infernal. Muchísima agua en la calzada, baches, charcos o balsas, poca iluminación, los coches de un lado para otro, muchos cruces. Nuestra tranquilidad vuelve a reinar al entrar en la autopista. En la primera área de servicio paramos a cenar y a dormir.</p>
<p>Miércoles, 14 de abril de 2004</p>
<p>Por la mañana el canto de los jilgueros nos despierta. El lugar, frondoso y verde es precioso. No parece un área de autopista, más semeja un parque de picnic sin mesas.<br />
Desayunamos tratando de disfrutar de la parsimonia y del relajo que produce el paraje. Retomamos la autopista y vamos disfrutando de los viandantes, las cabras en la mediana, los que saltan la valla para saludarnos, y de todos cuantos utilizan la autopista para poner un poco más de tipismo y peligro a la conducción.<br />
Llegamos a Asilah, hasta donde han construido la autopista, y a la derecha de la carretera hay un individuo vendiendo naranjas y fresas. Adquirimos varios kilos de cada. Sabemos que las fresas marroquíes no se estropean de un día para otro.<br />
Al llegar a Tánger paramos en el Supermercado Marjane Tanger. Un gran letrero indica que rebajan el precio del gasoil en 7 centimos. En ese momento quedaría como a 5’72 Dh el litro. Casi a 0’55€. Con este cálculo considero que no merece la pena cargar en España antes de pasar.<br />
Pasamos al supermercado y compramos cosillas, pero fundamentalmente comparamos precios. Debo decir que es más barato que en las medinas. Que después de haber regateado por unas babuchas, cuando crees que las has comprado bien, si pasas por el Supermercado, las encuentras más baratas. Y así sucede con los encurtidos, con los frutos secos, con casi todo.<br />
Con la compra ordenada, continuamos viaje en dirección al puerto de Tánger. El papeleo se demora y al final perdemos el barco. Menos mal que vemos que un par de vehículos que no habían entrado, lo que significaría que a pesar de haber pasado antes, tampoco hubiéramos cabido en el barco.<br />
Mientras esperamos, comemos. Van llegando vehículos y más vehículos. Los van colocando detrás del nuestro. Y se hace una segunda fila, y una tercera.<br />
Finalmente llega el barco, y tras la salida de los provenientes de la península, comienza la entrada de los que pacientemente esperábamos. Y entran los de la tercera o cuarta fila. Y el barco se empieza a llenar. Por un momento me entra cierta angustia, y presiento que no habrá sitio para todos y que nos quedaremos en tierra.<br />
El conductor del vehículo que nos precede intuyo que imagina lo mismo, trata de avanzar, pero los que circulan por el exterior se lo impiden. Avanza algo más y yo trato de hacer lo mismo, abriendo nuestra trayectoria con intención de interrumpir el tráfico de los que van a entrar antes que nosotros. Begoña se baja de la auto y pretende cortar el paso de los de las filas paralelas, poco a poco salimos de aquella ratonera y consigo abrirme un hueco.<br />
Alguien me pide los tickets, los muestro y quien se ha dirigido a mí se ríe. Me dice que con el precio de aquel billete que no puedo viajar. Le indico que somos parte de un grupo, del que todos los demás ya han pasado a la península, y que ese precio corresponde a una bonificación. Le muestro la documentación de la agencia y le indico que puede llamar a ella. Él no hace más que decir que no podremos pasar, y se aleja con el billete en la mano. Habla con el capitán y algún que otro tripulante del barco, y me indican que debo esperar a un lado del paso, ya que van a tratar de meter los coches pequeños y nosotros llevaremos el vehículo en la plataforma exterior o sobre la rampa. Un autobús permanece apostado en la misma zona en la que me han indicado que estacione. Temo que tenga prioridad sobre nosotros.<br />
Finalmente entramos marcha atrás. Todavía quedan una furgoneta llena de electrodomésticos, un camión de aventura, un autobús y motos. Con la ayuda de algún estibador que metía la mano por la ventanilla para tratar de maniobrar, y que lo único que conseguía era ponerme más nervioso, ya que él no controlaba el ángulo derecho de la auto, consigo que vaya hacia donde pretendemos, al interior de la bodega.<br />
Y por fin vemos cómo el puerto va quedando atrás y a pesar de la pésima mar, la lancha vuela hacia Tarifa. Y si digo volar es porque en algunos momentos quedaba en el aire, y su caída era brutal. El estómago quedaba a la altura de la boca, y la cabeza comenzaba a perder su serenidad y su verticalidad.<br />
Casi 50’ después atracábamos en Tarifa. La Guardia Civil tuvo con nosotros un trato exquisito, o cuando menos el señor que pidió permiso para acceder al interior del vehículo. En su posterior conversación con nosotros se disculpó por no poder darnos continuidad en el paso, ya que el furgón que había hecho la travesía junto a nosotros no podía reanudar su marcha, y obstaculizaba nuestro acceso al exterior de las instalaciones portuarias.<br />
Dedicamos un rato a pasear por Tarifa a pesar del fuerte viento que reinaba. Supusimos el ambiente que tiene que haber durante el día, y curioseamos sus callejuelas iluminadas, sus coquetas plazas, sus rincones frente al puerto.<br />
Salimos de la ciudad en dirección a Algeciras. Llegando a la misma nos detiene la Guardia Civil. Una vez en el arcén nos indican que continuemos la marcha. Tomamos la autopista y paramos a descansar en Arroyo La Miel, junto a Benalmádena.</p>
<p>Jueves, 15 de abril de 2004</p>
<p>No madrugamos demasiado. Pretendemos viajar suavemente y con seguridad, ante todo. Al mediodía paramos a comer no muy alejados de Valdepeñas. Por la tarde, llegando a Madrid le propongo a Bego pasar a visitar a Manué.<br />
Le llamamos por teléfono, le damos nuestra posición, y tomamos la carretera que nos indica en dirección a Alcalá.<br />
Alguna que otra pequeña confusión, (por no llevar el GPS encendido), nos demoran el trayecto, pero llegamos como para las 8 de la tarde. Charlamos, cenamos y pagamos la deuda contraída antes de comenzar el viaje.</p>
<p>Viernes, 16 de abril de 2004</p>
<p>Por la mañana, después de desayunar, declinando la invitación de hacerlo con ellos, nos despedimos y partimos hacia el norte. Como siempre, nos volvemos a perder por Alcalá, y nos cuesta un triunfo tomar la carretera de Daganzo. Una vez en la N-I partimos hacia Euskadi, donde llegaremos al atardecer después de haber comido en el área de Briviesca.<br />
Dos semanas de muchas vivencias y muchas experiencias. Dos semanas de solidaridad y vacaciones. Dos semanas de compartir con amigos, y hacer otros nuevos. Dos semanas de recorrer kilómetros y kilómetros, bajo la atenta protección de los astros. Dos semanas que espero que no sean las últimas.<br />
Cuando estábamos en Maroc, en algún momento pronuncié aquello de “el año que viene&#8230;”, y Begoña me decía que no adelantara nada, ya que todavía no sabemos qué haremos el próximo año. Y ahora en este momento no me encuentro con ánimos ni fuerzas para decir que repetiré, pero una cosa sí ha quedado grabada en mi subconsciente, y es que cada vez que veo ropa que se va a tirar, me gustaría guardarla para poder llevársela a alguien. Y sólo por ese gesto, creo que merecería la pena regresar.<br />
Cuando terminé de escribir uno de nuestros anteriores viajes a esa maravillosa tierra marroquí, escribí en su última página la primera frase con la que comienza El Corán, y que no es mal principio ni mal final:<br />
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO.<br />
Iñaki Calvo<br />
En Portugalete, a 4 de julio de 2004, con el sueño y la esperanza de que alguien siga mis pasos, no sólo para hacer turismo o aventura, sino por SOLIDARIDAD.</p>
<p>Jueves, 9 de abril de 2004 (por Toni de Ros)</p>
<p>En esta gasolinera se produce un inesperado cisma: por lo visto la noche anterior algunos componentes del grupo acordaron un cambio de planes para dirigirse hacia la costa, olvidándose luego de comunicarlo a los no presentes. El caso es que Manué, Antonio, Àngel y nosotros salimos en dirección a Marrakech mientras el resto, un poco más tarde, lo hicieron hacia Agadir. Por teléfono Iñaki me lo comunica, pero nosotros tenemos en mente la ilusión de visitar la Marrakech soñada y decidimos seguir con el plan inicial. Nos queda un extraño regusto por una despedida extraña e inesperada, pero hay que seguir disfrutando del viaje. Quedamos pues Manué y Mª José con Borja, Antonio y Mila con sus hijos, Àngel y Adelina con Marta, Manel y Mercè y Carme, Joan, Miquel y un servidor. En total cuatro autocaravanas.<br />
Pocos Km. más adelante encontramos el desvío hacia Teluèt. La carretera es estrecha, con un sinfín de curvas y desniveles y se hace muy pesada, pero el pueblo, el mercado (sin turistas) y la fastuosa alcazaba de Telouet compensan con creces. Aparcamos en la plaza del pueblo y nos dirigimos a pie a visitar la alcazaba. Un guía nos conduce por los mejores sitios para acceder con la silla de ruedas, luego un vigilante nos acompaña en el recorrido por el edificio, al mismo tiempo fortaleza, palacio y caravasar. Visitamos algunos aposentos realmente bellísimos, con unos preciosos estucos en las paredes, techos de madera trabajada y suelos de azulejos. Las ventanas enrejadas dejan ver los dominios del Glaui. Desde la terraza se divisa una bella vista y se puede apreciar la grandeza decadente de la construcción, coronada por innumerables nidos de cigüeñas.<br />
Regresamos a las autos para comer y desandar el camino por la infame carretera hasta llegar de nuevo a la vía principal que nos llevará a Marrakech cruzando el puerto de Tizi-n Tichka, a 2.260 m de altitud. Nos detenemos para admirar el paisaje pero no podemos disfrutar del mismo por la insistencia agobiante de los vendedores de recuerdos y fósiles. Un anciano me pide ropa, cerveza, zapatos… a todo le tengo que decir que no pues ya he soltado todo lo que llevaba, hasta que con voz queda me pide si tengo “Aspirinne”. Si, llevo varios tubos de Aspirina efervescente por estrenar comprados hace poco en Andorra. Le doy uno e insiste en darme algo a cambio. Como le digo que no, que es un regalo, me agarra de la mano y casi a rastras me conduce a su chabola, allí escoge una pequeña geoda, la envuelve en un periódico y me la entrega sin dejarme rechistar.<br />
Llegamos a Marrakech ya anochecido, y después de tantos días de desierto y de aldeas nos damos de bruces con el bullicio de la gran ciudad. Nos hacemos guiar hasta el parking que hay junto a la Kutubia, donde sabemos que se puede pernoctar, pero está absolutamente abarrotado y, a pesar de que nos hacen meternos hasta el fondo nos negamos a quedarnos impidiendo la salida de otras autocaravanas allí estacionadas. La salida, entre los cientos de coches aparcados, es casi dramática. El muchacho que nos ha conducido hasta allí dice que conoce otro sitio para aparcar y pasar la noche, y nos dejamos guiar. Efectivamente, junto a la muralla, donde guardan las calesas que transportan turistas, encontramos espacio para dejar las cuatro autos bien aparcadas. Negociamos el precio con el vigilante y nos vamos a visitar la famosa plaza de Jemaa el Fna.<br />
Desde donde hemos aparcado tenemos un buen trecho, alrededor de ½ hora andando. Cuando llegamos nos damos de bruces con un espectáculo alucinante: la plaza es enorme, eso ya lo sabíamos por las guías, pero está atiborrada de actividad y de gente. A lo largo de dos de sus lados se suceden los puestos de frutos secos y de zumo de naranja recién exprimido. Los vendedores tratan por todos los medios de llamar la atención de los paseantes para que compren sus productos, pero como los precios son fijos e iguales para todos los puestos sólo pueden hacerlo alardeando de imaginación y atenciones hacia los hipotéticos clientes. Al paso te enseñan la bondad y calidad de sus frutos secos, te dan a probar lo que quieras y es casi imposible sustraerse a la tentación de comprar variado y en cantidad. Pero merece la pena, pistachos, almendras, dátiles, orejones… son grandes y deliciosos. Y el zumo de naranja… un gran vaso 2 dh, te lo ofrecen y no te puedes negar, está fresco y buenísimo. Como somos varios nos sirve zumo para todos sin pedirlo, y cuando hemos pagado añade un par de vasos de propina. Antes de irnos nos muestra una pizarrita donde figura su número de puesto “para mañana”, para que nos acordemos de donde hay que tomar un buen zumo. Son los mejores vendedores del mundo.<br />
En el centro de la plaza se elevan grandes nubes de humo que resaltan a la luz de las lámparas de gas. Son multitud de cocinas de leña y carbón donde se cuecen sabrosas viandas, principalmente carnes a la brasa y frituras de pescado. La algarabía es fascinante, en todas partes te piden que te sientes a comer. Las mesas son estrechos tablones con bancos a ambos lados y enseguida empiezan a servirte comida. Hay que decirles que paren pues no cesan de sacarte raciones y más raciones, aunque luego el precio no nos asustó en absoluto. Es una experiencia tanto para el paladar como para el resto de los sentidos.<br />
Pero no todo son puestos de comestibles; la mayor parte de la plaza está ocupada por grupos de música, pintoras de henna, bailarines… las músicas se mezclan entre si y con los gritos de los vendedores y hace de todo el conjunto un magnífico espectáculo.<br />
A una hora prudencial nos retiramos a descansar, ha sido un largo día y Manué, Antonio y sus familias respectivas parten mañana por la mañana para ver algo de la costa antes de embarcar un día antes. Lo sabíamos desde la preparación del viaje, como también sabíamos que sentiríamos una profunda pena al separarnos.</p>
<p>Viernes, 9 de abril de 2004 (por Toni de Ros)</p>
<p>Nos levantamos a hora temprana para despedirnos de nuestros amigos. Han sido unos magníficos compañeros de viaje y Manué el mejor organizador y guía que pudiéramos desear. Nos abrazamos con emoción y pesar, en aquel momento no sabíamos que a los pocos meses volveríamos a encontrarnos por casualidad…¡en Estambul!<br />
Cuando ya estamos preparados para la visita a la ciudad se nos ofrece un guía espontáneo que nos causa buena impresión. Habla un castellano más que correcto y nos propone enseñarnos lo más interesante por 6 € hasta las 5 de la tarde. Aceptamos y acertamos, Abdul conoce bien la ciudad y nos conduce a través de barrios que no suele visitar el turista. Guiados por él entramos en un horno de pan donde cuecen el pan de todo el barrio, también donde lo amasan, en casa de un sastre que cose un traje en la calle y nos muestra sus vestidos de novia, nos enseña los baños de hombres y los de mujeres, y nos explica particularidades del Islam y costumbres de las ciudades imperiales y de los pueblos del campo. Resulta tan interesante lo que nos enseña como lo que nos cuenta, estamos hablando con un joven ciudadano de Marrakech que ha intentado pasar a Europa 5 veces en pateras y que sobrevive haciendo de guía turístico no oficial. Pero también nos cuenta su particular punto de vista sobre las chicas y las mujeres en general, opiniones que obviamente no podemos compartir. Como tampoco podemos aprobar que no puede ahorrar puesto que se gasta todo lo que gana en bebida, discotecas y a salir con chicas, y que sus amigos le llaman “Abdul el gandul” por lo poco que le gusta trabajar. Pero con nosotros cumple con creces, y es evidente que es un chico despierto y capaz que ha aprendido el castellano viendo Tele 5 con la parabólica y que es capaz de entenderse en 7 idiomas. El sabe que si consigue llegar a Mallorca encontrará trabajo sin dificultad en la hostelería.<br />
A través del barrio viejo nos conduce hasta la antigua Madrasa ben Youssef, restaurada en 1960 para ser visitada. Nos deja en la puerta y nos indica que hay que comprar los billetes y el nos espera fuera. No puede entrar, seguro que los guías oficiales le buscarían problemas. Una vez dentro nos acoge una especie de monje que nos acompaña en toda la visita y nos muestra las diferentes salas, las habitaciones de los alumnos (los pobres y los acaudalados), y de los profesores, algunas con unas vistas espectaculares, otras más modestas que dan a pequeños patios interiores pero todas de una sobriedad sobrecogedora que contrasta con la riqueza de la ornamentación. Los estucos, azulejos, mosaicos, mármoles, maderas talladas, bronces esculpidos son auténticas maravillas que dan una ligera idea de la importancia que llegó a tener la mayor escuela coránica del Magreb. Nuestro guía no sólo nos muestra maravillas arquitectónicas sino que también nos instruye en las fórmulas de cortesía árabes, en los pilares fundamentales del Islam y nos enseña a distinguir el nombre de Alá escrito en árabe. Es un hombre mayor, de unos 70 años bien llevados que nos sorprende por su agilidad al mostrarnos el ritual de las abluciones.<br />
A la salida nos espera pacientemente Abdul que seguidamente nos guía a través de las callejuelas de la Medina. Nos advierte que podemos hacer fotos en todas partes, pero que es conveniente dar unas monedas de propina, de lo contrario se enfadan. Vemos como los caldereros machacan sus cacharros a martillazos para convertirlos en bonitos cuencos de latón, como unos niños fabrican piezas de lámparas de techo con una habilidad pasmosa y como, en definitiva, la vida y el trabajo están a flor de piel, de calle, mezcladas con el polvo y el ruido.<br />
Los guías suelen tener comisiones por llevar a los turistas a comprar a determinados sitios, y Abdul insiste en llevarnos a un almacén mayorista donde podremos encontrar de todo a muy buen precio. La realidad es que se trata de un zoco dentro del zoco donde la mayoría de artículos nos parecen de dudosa calidad y donde no hay la humanidad y el atractivo de los puestos y tiendas de la calle. No compramos nada. A la hora de comer nos conduce a un restaurante pero declina nuestra invitación: hoy es viernes y tiene que comer cous-cous con su madre, pero vendrá a recogernos más tarde. El restaurante es un magnífico palacio reconvertido, comemos en un bonito patio con una fuente y un músico que nos ameniza la sobremesa. La comida no nos parece gran cosa y tampoco es barato, por lo que creo que en otra ocasión será mejor seguir las indicaciones de la guía Michelin. A las 4 de la tarde todavía estamos en la mesa cuando se presenta Abdul, con ropa limpia y recién afeitado, y comparte con nosotros un café mientras nos sigue contando cosas y costumbres de Marruecos. Es evidente que su trabajo va a durar más de lo convenido, pero asegura que no importa, que quedan todavía cosas por ver y él no tiene prisa.<br />
A la salida visitamos una farmacia bereber, por lo visto es una especie de atracción turística local de la que es difícil sustraerse. Allí nos explican las propiedades terapéuticas de un sinfín de hierbas y remedios naturales, algunos bastante eficaces como hemos podido comprobar, otros inútiles. También nos ofrecen un relajante masaje por 20 dh que aceptamos Mercè, Manel, Àngel y yo. Al final compramos un montón de potingues entre las 3 parejas, por lo que deduzco que Abdul se llevaría una considerable comisión. ¡Ah!, ¡aceptan tarjetas de crédito!.<br />
El plato final vuelve a ser la plaza de Jemaa el Fna pero con otro aire al ser de día. En lugar de puestos de comida la plaza está repleta de corrillos donde se cuentan cuentos, se representan obras de teatro, se encantan serpientes o se predice el futuro, siempre con la música, las danzas y el bullicio como presencia total. Abdul nos facilita moneda pequeña para poder dejar propinas y nos advierte que esta plaza es el único punto de Marrakech donde podemos ser objetos de algún robo, por lo que conviene mantener bolsos y carteras protegidos. Pero también nos dice que son descuideros y carteristas, nunca navajeros y que con un mínimo de precaución no debemos preocuparnos. Fuera de la plaza no hay ningún peligro. Y allí terminan sus servicios, ha sido un guía amable y curioso que nos ha enseñado más de lo que él cree, y por lo que decidimos subirle los honorarios hasta los 10 €. Ya solos nos dedicamos a pasear por la plaza y a disfrutar de los espectáculos, siempre vigilando que no nos pongan una serpiente por collar pues inmediatamente nos exigirían dinero por ello. Asimismo nos pedirán una propina por cualquier foto que hagamos de actores o encantadores, propina que de buen seguro ellos considerarán insuficiente. Intentamos subir a la terraza de alguno de los cafés que dominan la plaza pero están abarrotados, por lo que tras pasear un poco nos retiramos a cenar a nuestras autocaravanas.</p>
<p>Sábado, 10 de abril de 2004 (por Toni de Ros)</p>
<p>Por la mañana temprano, y con la ayuda de los planos de la ciudad que publican las guías, nos dirigimos a visitar las Tumbas Saadíes. A pesar de estar escondidas tras los muros de una mezquita, un estrecho pasadizo señalizado permite el acceso a los no musulmanes sin tener que entrar en el recinto religioso. Una vez en el patio nos encontramos con unas monumentales colas para ver los recintos de las tumbas, desde unos balconcillos por los que asomarse al interior sin que esté permitido entrar. Un poco decepcionante aunque hay que reconocer que la decoración riquísima que ornamenta paredes y techos, las columnas y la suave luz dan una impresión de grandeza y paz que justifica la espera.<br />
Salimos de las tumbas y atravesamos toda la Medina callejeando por zonas donde no vemos prácticamente turistas. Cerca de la plaza de Jemaa el Fna realizamos las últimas compras y tomamos un zumo de naranja antes de abandonar definitivamente una de las ciudades más fascinantes de Marruecos.<br />
Pagamos al vigilante del parking el importe que acordó Manué antes de partir y salimos rumbo a Casablanca por la P7. Es el inicio de un regreso que queremos hacer lo más rápido posible dejando el turismo para otra ocasión. Nuestra intención es alcanzar cuanto antes la autopista, pernoctar en un área de servicio y llegar a Tánger con tiempo de tomar el ferry de las 14 horas; de esta forma el viaje de regreso cruzando toda la Península será algo más repartido y descansado.<br />
Encontramos alguna retención por el camino, pero salvo algún que otro improperio en una gasolinera por no querer repostar si no podíamos cargar agua y vaciar grises y negras, entramos en la autopista sin mayores problemas y rodamos hasta la caída de la noche, algo más al norte de Rabat. En una estación de servicio un vigilante del tamaño de un autobús nos indica donde podemos aparcar para pasar la noche, y cuando salimos de las autos hace sonar unas monedas dentro de sus bolsillos. La indirecta está clara y le soltamos unos dirhams de propina. Con un vigilante de tal envergadura (el angelito enarbola una porra de tamaño acorde con su corpulencia) dormimos como lirones.</p>
<p>Domingo, 11 de abril de 2004 (por Toni de Ros)</p>
<p>Salimos temprano y al abandonar la autopista volvemos a encontrar algunas retenciones, pero alcanzamos Larache y la costa a una hora prudencial y seguimos por Asilah hasta llegar a Tánger. Entramos en el puerto, nos equivocamos de embarcadero y entramos en la estación marítima justo a tiempo antes de cerrar el embarque. Parece que lo hemos conseguido e iniciamos los trámites de sellar pasaportes y demás, pero una vez cruzada la aduana nos encontramos con un monumental atasco de vehículos que pretenden embarcar. La situación es caótica, todos pretenden acceder al muelle al mismo tiempo y los guardias no parecen muy capaces. Las horas pasan y la situación no mejora, pero podemos ver como de algún vehículo de lujo alguien suelta unos billetes a los responsables del embarque. Para acabar de arreglar las cosas varios conjuntos de vehículos todo terreno pretenden colarse argumentando que viajan en grupo, lo cual altera más si cabe los ánimos. Con todo esto alcanzamos a ver cómo unas autocaravanas conocidas entran en el muelle, y como a pesar de haber llegado unas 4 horas más tarde que nosotros pueden situarse un poco por detrás. No cabe duda de que nos están retrasando para hacer entrar a quienes han soltado la pasta, pero el colmo llega cuando, tras las protestas pertinentes nos indican que ya embarcamos y que nos esperemos junto a la rampa puesto que por nuestro tamaño entraremos los últimos. Obedecemos y, efectivamente, cuando ya el ferry parece lleno nos hacen pasar y nos cortan los billetes; Àngel entra y cuando yo voy a hacer lo mismo me hacen esperar un momento para que pueda entrar un todo terreno. Lo malo es que el ferry ya está lleno, y al entrar este vehículo hace imposible que yo pueda entrar a mi vez. La situación es intolerable, el soborno de un señorito ha hecho que me quede en tierra con el billete ya cancelado, increíble. Àngel arma un escándalo e intenta hacer comprender a aquellos inútiles que si entro yo y me coloco correctamente el “recomendado” también podrá entrar, pero está claro que no quieren arriesgarse a que luego no quepa con mi auto ya dentro, por lo que me obligan a apartarme y el barco zarpa con nosotros en tierra. El responsable de todo aquel desaguisado me dice que me calme, que en pocos minutos llega otro barco, pero yo le suelto unos cuantos sapos y culebras para al menos despacharme a gusto.<br />
Embarcamos finalmente a las 9 de la noche, junto con M. Carme y Salva y Víctor y Valva, tras 7 horas de espera en el muelle de Tánger. Todo un record.<br />
Desembarcamos en Tarifa, donde nos esperan Àngel y compañía. Los trámites de la aduana española son rápidos, aunque nos inspeccionan someramente la autocaravana. Los guardias son amables y agradecen nuestra colaboración para facilitarles el trabajo, con lo que nos dejan marchar rápido entre bromas. Entre el retraso para embarcar y el cambio de horario son más de las 11 de la noche, con lo que todas nuestras previsiones se van al traste y nos va a tocar correr la maratón. La carretera de Tarifa hasta Algeciras es tortuosa y el paisaje debe ser muy interesante, pero de noche solo vemos la cinta de la carretera que iluminan nuestros faros. Vamos en pelotón con Tuka y M. Carme, y llegados a Algeciras tomamos la autovía de Málaga para ahorrarnos unos euros de la autopista. ¡Craso error!, la autovía es sensacional pero hay rotondas cada pocos kilómetros, con lo que la conducción es muy pesada y los promedios se penalizan muchísimo. A la primera oportunidad Àngel y yo tomamos la autopista y nos despedimos de nuestros compañeros a través de las emisoras.<br />
Nos quedamos a dormir en una estación de servicio en algún punto entre Málaga y Granada, ya muy avanzada la noche. Ha sido un día agotador y mañana nos espera otro tanto, pero son imponderables de la vida del viajero.</p>
<p>Lunes, 12 de abril de 2004 (por Toni de Ros)</p>
<p>Salimos temprano, no hay más remedio, y decidimos probar la ruta de Madrid libre de peajes. Otro error, es cierto que todo el camino es autovía pero en algunos tramos hay fuertes desniveles, alta intensidad de tráfico y hay diferencia en kilometraje respecto a la ruta de Valencia. El recorrido no da ya mucho más de si salvo el curioso encuentro en ruta con un simpático desconocido a bordo de una MacLouis igualita a la de Àngel. Lo adelantamos a unos 120 Km./h entre Zaragoza y Lleida, ya en la autopista A-2. Contactamos con él por las emisoras y lo primero que nos suelta es “¡pero que les ponéis a estas autocaravanas para que corran tanto!” Ahí empieza una agradable conversación que nos ameniza un buen tramo del viaje. Nosotros aminoramos un poco la marcha y el nos cuenta que es prácticamente el primer viaje con la autocaravana, y que está obsesionado con la 5ª marcha que no tira. Nosotros le explicamos que no hemos hecho ninguna modificación en las nuestras, pero que tras 60.000 Km. el motor empuja como una seda en 5ª y que si viene un repechón se pone 4ª y no pasa nada. Desde aquí te mando un saludo, amigo Frank, si es que tienes oportunidad de leer este relato.<br />
Llegamos a Barcelona muy tarde y muy cansados, pero ha sido un bonito viaje a pesar de algunos raros incidentes. En nuestros recuerdos desfilan las dunas del desierto, el frescor de la arena en la madrugada, la inmensidad de la Hammada, la altivez de los beréberes vestidos con sus elegantes ropajes, el verdor de los oasis entre la aridez del paisaje, el barullo de Hemaa el Fna, las historias de Abdul el gandul, la plasticidad de Âït-Benhaddou, las tortuosas callejuelas de la medina de Fez, los monos del bosque de los cedros, el anciano desdentado que nos enrolló serpientes en el cuello, el pescado fresco de Asilah, el espectacular palacio de Telouèt, la admirable labor de las mujeres de la Asociación de Hassi Labied, la haima de los nómadas en medio de la nada… son muchas cosas, muchos olores, colores, sonidos, sensaciones, mucho para recordar y para retener. Hay que volver, y volveremos.<br />
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO<br />
Barcelona, 6 de febrero de 2005</p>
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		<title>Marruecos, Semana Santa 2002</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 23:16:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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		<description><![CDATA[Marruecos, Semana Santa 2002
Salimos de Santurtzi, al igual que el año anterior por las mismas fechas, henchidos de ilusión y de esperanza. Habiamos confeccionado todos los planes, estudiados minuciosamente, para que todo saliese lo mejor posible, y especialmente ajustándose a los horarios previstos, pero siempre contando con que no tuviésemos alguna avería.Iñaki Calvo Semana Santa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #009900;">Marruecos, Semana Santa 2002</span></strong></p>
<div>Salimos de Santurtzi, al igual que el año anterior por las mismas fechas, henchidos de ilusión y de esperanza. Habiamos confeccionado todos los planes, estudiados minuciosamente, para que todo saliese lo mejor posible, y especialmente ajustándose a los horarios previstos, pero siempre contando con que no tuviésemos alguna avería.Iñaki Calvo Semana Santa 2002</p>
<p><span id="more-429"></span></div>
<p>VIERNES, día 22/III/02</p>
<p>Salimos de Santurtzi, al igual que el año anterior por las mismas fechas, henchidos de ilusión y de esperanza. Habiamos confeccionado todos los planes, estudiados minuciosamente, para que todo saliese lo mejor posible, y especialmente ajustándose a los horarios previstos, pero siempre contando con que no tuviésemos alguna avería.<br />
Sin abandonar la autopista fuimos recorriendo kilómetros y kilómetros, al principio con bastante calor, y posteriormente con algo menos de luz. Poco a poco llegamos hasta los alrededores de Madrid, repostamos agua y diesel, y nos lanzamos a la aventura de cruzar la ciudad por la principal arteria, la M-30. Esta vez no estaba sucediendo como el año anterior, que ya antes de llegar a Madrid había comenzado a oscurecer. Las casi dos horas que habíamos conseguido adelantar la salida nos estaban dando un margen de luz bastante importante.<br />
Nuestra furgoneta marchaba bastante bien, mantenía ritmos de casi 100 km/h, salvo en las subidas fuertes. No recuerdo a qué hora comenzamos a cruzar por la citada M-30, pero seguro que no mucho más allá de las 8 de la tarde. Teniendo en cuenta que estuvimos retenidos antes de Briviesca por un control de la Guardia Civil, más el tiempo dedicado a reponer agua y diesel, más algo que invertimos en arreglar una bombilla de gálivo, supongo o quiero recordar que tardaríamos unas cinco horas más o menos en llegar hasta dicha localización. Sin ningún tipo de retención salimos en dirección sur. Habíamos oído en la radio que se estaban produciendo retenciones en diversas salidas de la ciudad, pero nosotros no tuvimos la suerte de vivirlas. Casi sin darnos cuenta nos plantamos en la N-IV, carretera de Andalucía.<br />
No queríamos detenernos ni un momento, necesitábamos poder avanzar lo máximo posible. Yo sabía que jugaba con desventaja, pues los otros vehículos que nos acompañarían en el viaje eran bastante nuevos y por tanto mucho más potentes y rápidos. Trataba de llegar lo más al sur posible ya que según la información de que disponía ellos saldrían al atardecer. Íbamos haciendo kilómetros, hasta que a la altura de Valdepeñas nos adelantó una autocaravana. Memoricé la matrícula y Bego contrastó con la documentación que Manué nos había enviado. Era una de las grupo. Les llamamos por teléfono y les hicimos saber que íbamos detrás de ellos. Nos informaron que la otra autocaravana venía por detrás. Unos momentos después recibimos una llamada de Sergio que nos informaba que se quedaban a dormir en un área de servicio. Hicimos de puente e informamos a los ocupantes desconocidos de las otras autocaravanas del lugar en el que nos pararíamos a dormir.<br />
A las afueras de Bailén encontramos la salida 12, y tomando la dirección de un pueblo llamado Ojailén, nos detuvimos en la gasolinera en la que sabíamos que ya estaban varios de los integrantes de la aventura marroquí. Una vez detenida la furgoneta les saludamos, esperamos a que llegase la última autocaravana, y en vistas de la hora que era, decidimos cenar algo y acostarnos, pues nosotros llevábamos recorridos casi 800 km. y estábamos algo cansados, además propusimos partir a la mañana siguiente hacia las 9, lo cual suponía tener que levantarnos una hora antes, y cuando se está viajando, se debe guardar bastante escrupulósamente el descanso mínimo.</p>
<p>SÁBADO, día 23/III/02</p>
<p>Como habíamos acordado por la noche, nos pusimos en marcha hacia las 9 de la mañana. Sugerí que todos repusiésemos combustible para no tener que ir deteniéndonos todos cada vez que uno lo necesitase. Félix se puso en cabeza y yo debía ir a su cola, pero pronto me resultó imposible seguirle, y continuamos hasta las proximidades de Algeciras los otros tres vehículos, comandados por el nuestro, que por ser el más lento, debía marcar el ritmo del grupo.<br />
Antes de acceder al recinto portuario, paramos a repostar en el km 116, donde nos reencontramos con nuestros predecesores. Buscábamos agua y pan. Yo fui caminando hasta un centro de servicios, pero allí sólo ofrecían menú del día. La decisión fue seguir hasta un Carrefour que encontraríamos unos km. más adelante. Estábamos a punto de llegar al recinto portuario, por lo que debíamos aprovisionarnos de todo lo que considerásemos necesario. Nos desviamos de la carretera por la que circulábamos y entramos hacia la zona comercial. Cuando nos disponíamos a entrar al parking de la misma, un señor con un ford fiesta rojo, bien vestido, circulando por el carril contrario, pero adelantándonos, nos hace señas para que le siguésemos. Cuando detuvimos los vehículos pudimos comprobar que no tenía nada que ver con dicho centro comercial. Pero sí recibimos de sus manos la información necesaria para poder asegurar que es conveniente contactar con él para próximas ocasiones. Nos ofreció los billetes del barco con un 30% de descuento. Me llevó con él hasta un parking del barrio de Palmones, junto al polideportivo, siguiendo las indicaciones del Restaurante Willy. Y si todo esto resulta anecdótico, lo más gracioso es que el señor se llama Juan Carlos Gutierrez. ¿Quién no conoce ese nombre?.<br />
Sin el más mínimo interés de hacer publicidad del negocio de este señor, adjunto su dirección y datos, para que si alguien los necesitase pueda ponerse en contacto con él, a fin de gestionar billetes y demás documentos para el paso del estrecho.<br />
Juan Carlos GutiérrezPortable (móvil): +34 606 28 88 80Fax: +34 956 60 62 20C/ Barbo – Urb. Alborada, 2211207 AlgecirasPalmones, salida 112<br />
Una vez que nos aprovisionamos de pan calculamos que podríamos llegar al puerto con bastante adelanto, por lo que no era descabellado pensar que podríamos coger el barco anterior al previsto. Rápidamente arrancamos los vehículos y nos pusimos en marcha. Yo íba en cabeza y marcaba el camino al resto del grupo. Llegamos al puerto y nos encontramos con Manué y familia. Éste nos indicó que si nos poníamos en la fila podríamos entrar en el barco que estaba cargando. Así lo hicimos, y a las 16 h nos encontrabamos viajando rumbo a Tanger.<br />
Como ya sabíamos, en el mismo barco arreglamos los papeles de los pasaportes, y ya sólo nos quedaba disfrutar del excelente día que teníamos, de las vistas tan inmejorables, de la temperatura tan veraniega, de la suave brisa que nos acariciaba y nos invitaba a permanecer en cubierta. Allí, con aquel sosiego, y ya todos los integrantes de la expedición reunidos, en copañía de la familia Roldán, nos fuimos conociendo un poco mejor. No se nos olvidaron algunas fotos de rigor, que siempre vienen bien para el recuerdo.<br />
Y entre medio presentaciones y preguntas para poder identificar a cada cual, asociando nombres y caras, fueron pasando ante nosotros las Pilares, Carmen, Mariano, Rosa, Pedro, Guadalupe, Félix, Nacho, y los hijos e hijas de los mismos. Nuestros nexos ya conocidos, Ma José y Manué, con los que tuvimos un efusivo encuentro, eran los que para bien o para mal serían nuestros acompañantes durante una semana, y con quienes tendríamos que convivir durante muchas horas.<br />
Con bastante tiempo de adelanto sobre los mejores horarios previstos, llegábamos a Tanger, donde Manué, con buen conocimiento del medio en el que se movía, agilizó los papeles de entrada al país vecino, utilizando para ello la técnica del propineo.<br />
Una vez en marcha, y poniendo los relojes en hora con el horario marroquí, enfilamos la salida de la ciudad y tomamos la carretera de Asilah. Al llegar a una zona próxima a Briex, en un restaurante que ya conocíamos del año anterior, paramos a cenar. Sabíamos que el pescado que allí ofrecen e muy fresco, y muy bueno. En el mismo salón, en las mismas mesas, cenamos hasta no poder más. No faltó de nada, y el precio el mismo, no superó las 1000 pts, ahora ya los 6€.<br />
Eras más de las 10 de la noche local, había oscurecido, y podíamos acercarnos hasta Asilah, para encontrar un lugar donde pernoctar, bien en el puerto, o bien en el paseo de la playa almismo. Pero tampoco teníamos muy claro que estuviese permitido, o que cinco vehículos del tamaño de los nuestros no llamasen demasiado la atención. Ante estas vicisitudes, Manué comentó con el dueño del restaurante sobre la posibilidad de que nos quedásemos allí mismo. Nos ofrecieron un lugar alejado de la carretera, tranquilo, y seguro, ya que junto a nuestros vehículos se aposentó un vigilante durante toda la noche.</p>
<p>DOMINGO 24/III/02</p>
<p>Por la mañana, tratando de respetar los horarios que se proponían, y a sabiendas de que la jornada sería larga, repusimos aguas y limpiamos depósitos. Salida hacia Asilah, para tomando la autopista a 13 km. continuar hacia Larache. Había una espesa niebla, que a medida que avanzaba el día, se fué disipando.<br />
Queriendo ahorrar unos km. y comunicándonos a través de las emisoras, decidimos salirnos de la autopista a la altura de Kenitra, pasamos por el centro de la ciudad hasta que conseguimos encontrar la carretera que lleva hasta Si-Allal-el-Bahraoui. La carretera acortaba a 28 km. lo que nos hubiera supuesto 65 por autopista.<br />
Seguimos viajando nuevamente por autopista hasta llegar a Meknes. Una vez en el peage, paramos un momento, que algunos aprovecharon para picotear algo o hidratarse. Era pronto, las 13’30, por lo que todavía se podía circular un ratito más antes de comer. Yo trataba de recordar dónde había Manué adquirido las bandejas de madera de cedro, y todo me hacía presuponer que tuvo que haber sido en El-Hajeb, por lo que pasamos por Boufakrane sin detenernos. Una vez superadas ambas localidades comprobamos el error, y continuamos hasta el balcón de Ito.<br />
Nos detuvimos, algunos adquirieron algunas baratijas, fósiles etc. Como quiera que hacía bastante viento, decidimos comer algo rápido en las autos, de ese modo no había que montar y desmontar mesas, sillas, etc.<br />
Mientras comíamos aparcaron en dicho lugar dos vehículos de nacionalidad española, de los cuales unos llevaba matrícula de Bilbao. Nuestro grado de timidez y discreción nos lleva en muchas ocasiones a ser un poco insolidarios, o más bien mal educados, por lo que no nos presentamos, ni tampoco les saludamos.<br />
Repostamos combustible y al llegar a Azrou no nos vimos obligados a detenernos en la gasolinera que hay a la salida del pueblo en dirección al bosque de cedros. En el centro del pueblo, en un cruce perdí contacto visual con el resto del grupo, pero inmediatamente contactamos a través de las emisoras. Manué ralentizó la marcha y nos fueron esperando.<br />
En la pendiente tan pronunciada no tuvimos tiempo para adelantar un vehículo pesado y nos quedamos algo descolgados. Nos informaron que se habían detenido en la esplanada donde venden las baratijas. La furgoneta se calentaba, accionamos el electroventilador manualmente, y llegamos hasta el lugar donde se encontraban los demás. Compramos varias cosas y cuando el sol ya estaba avisando de su despedida, reemprendimos viaje, no sin antes dar un vistazo a las familias de monos que el año anterior habíamos conocido. ¡No se acordaban muy bien de nuestras caras!<br />
Seguíamos ascendiendo, y desde los 1250 m de altitud a los que se encuentra Azrou, pasamos por los 2104 del paso de Jbel Hebri. A partir de ahí fuimos descendiendo por una esplédida carretera como es la P-21, hasta Timahdite con sus 1815. La noche se había cernido sobre nosotros, así que nuestro mayor interés era el de llegar a Midelt. Seguíamos descendiendo, y en esta ciudad ya estábamos a 1488 m. A la entrada de la localidad preguntamos a un grupo de niños, que no nos entendieron, pero que sí trataron de vendernos unos crótalos por 1 Dh. Manué incorporó a su autocaravana un espontáneo que nos sirvió de guía, y nos levó hasta un hotel.<br />
A la entrada al perking del mismo observé que 30 m. más delante de dicho parking había una señalización de camping. Manué y yo fuimos hasta ese lugar, llamamos al timbre, y pudimos comprobar que el camping existía, pero el adjunto pretendía instalarnos en el parking del hote, supongo que con intención de recibir una recompensa.En dicho hotel nos informaron que para utilizar &#8212;- debía cenar en el mismo.<br />
El camping, que nos salió por un precio ridículo, 5 Dh/pax y 10 Dh/vehículo, disponía de unos servicios muy discretos y toma de agua, con zona verde. Creo recordar que era elcamping municipal.<br />
Como no era demasiado tarde, sugerimos darnos un paseo por la localidad, y de entre las cosas que sucedieron, se incluyó a la actividad la visita a un almacén de alfombras bereberes. Varios compraron algunas, después detomar el té y de escuchar sobre la simbología de losdibujos que se encuentran en ellas. Antes de entrar en dicho almacén pudimos vivir en directo la lucha que mantuvieron entre sí varios vendedores, cada cual pretendiéndonos llevar a su local, y ofertándonos lo mejor, lo más auténtico, lo más económico, lo de mayor calidad. Pero lo que sí dejamos de ver fue el taller de las hermanas franciscanas, que es donde realmente se confeccionan alfombras, tapices, mantas y bellos bordados. Parece ser que aunque los precios son un poco más altos que en los demás almacenes, la calidad de los trabajos es excepcional. A pesar de encontrarse en la casbah Myriem, en dirección a Jaffar o Tattiouine, no tuvimos tiempo de acercarnos hasta allí, por lo que no pudimos comprobar la veracidad de la información de las guías.<br />
Una vez en el camping, cenamos y nos acostamos lo antes posible, con el compromiso de madrugar para marchar lo antes posible.</p>
<p>LUNES, día 25/III/02</p>
<p>Antes de llegar a Midelt la noche anterior, en la penumbra de la oscuridad, y mientras conducíamos en dirección a dicha ciudad, una masa blanquecina se vislumbraba frente a nosotros. La luna, sempiterna compañera en casi todo el viaje, reflejaba un resplandor indescriptible a la altura del horizonte, que me hizo preguntarle a Manué a través de la emisora sobre la identidad de la misma. Ellos como nosotros creían que podría tratarse de nieve, que al día siguiente pudimos comprobar cómo no estábamos desacertados. Todo los alrededores de la ciudad estaban circundados por una corona blanquecina, que revelaban y denotaban un halo de majestuosidad. Allí, arriba, sobre el circo de Jaffar, entre los 2250 m., donde termina la pista, y los 3737 m., donde culminan las cumbres del Jebel Ayachi, la nieve insinuaba la grandeza del entorno. Y es que lo que quedaba abajo, no dejaba de sorprendernos.<br />
Arrancamos desde la ciudad por una carretera llana, pero pronto nos vimos obligados a superar un pequeño puerto con los 1907 m., se trataba de Jbel Ali-ou-Rbeddou. Pero si el puerto fue sorprendente, más fueron los accesos al mismo. A ambos lados de la carretera divisamos miles y miles de km. cuadrados de desierto pedregoso. Podríamos decir que no se atisbaba ni una brizna de hierba, pero allí, en aquella desolación, veíamos rebaños de cabras, de ovejas; y como adheridas al suelo, tratando de escamotearse entre las piedras, las haimas.<br />
Y de entre los rebaños, de junto a las haimas, salían niños corriendo a saludarnos. Paramos en la subida del puerto para hacer una foto de una vivienda de esas de tela, que se encontraba agazapada en la ladera de la montaña. Luego de adelantar al camión que nos precedía discurrimos con rapidez hasta alcanzar al grupo. Más adelante Manué paró en una localidad en la que había existido una kasbah, pero las últimas riadas la habían arrasado, podría tratarse de Nzala. Los niños se agolparon junto a las furgonetas, y pude comprobar muy de cerca lo que significa la frase de la “ley de la selva”. Bego quiso repartir una gominolas entre unas niñas, pero una trató de impedir que las demás pudieran cogerlas, para ello abarcó con su mano el puño de Bego, y presionó fuertemente impidiendo que alguien pudiera hacerse con alguna. Finalmente Bego, con la mano dolorida, soltó como pudo aquella opresión, y la niña se hizo con el botín.<br />
Continuamos unos kilómetros más adelante, y pudimos ver los primeros dromedarios pastando por lo que debiéramos llamar desierto. No es un desierto al uso, de arena, pero sí se trata de un paisaje inhóspito, donde difícilmente crece vegetación alguna. Y entre tanta aridez surgió un poblado ¿???, a cuya salida nos encontramos con un estanque en el que las aguas eran termales. Después de pararnos durante unos momentos y de hacer varias fotografías, además de contemplar como aquellas aguas, embotelladas de forma un tanto peculiar, reemprendimos la marcha. Durante el trayecto siguiente Manué me informa que aquella no era la fuente que mana aguas termales a 50%, que la que figura en las guías es la de Hammat Mulay Ali Sherif, que es rica en sulfatos y en magnesio.<br />
Continuamos descendiendo por el valle del Ziz, y dejamos atrás la ciudad de Rich, que es un centro administrativo situado al pie del Yebel Bu Hanid, desde donde podríamos habernos desplazado por las pistas 3439 ó 3438 hasta la zauía de Sidi Hamza, en cuya biblioteca se guardan obras muy antiguas, pero la desviación nos hubiera supuesto 30 km. de ida y otros tantos de vuelta. La falta de tiempo nos obliga a proseguir nuestra ruta, y por ello tenemos que pasar por el famoso túnel del Legionario, llamado el túnel de Fum Zabel, horadado en 1930 por los militares que construyeron la carretera que llevaba a Er Rachidia. Llevamos a nuestra derecha un amplio valle en el que se descubren zonas de palmeras, podría decirse que es un oasis. No hemos dejado de vista esa zona exuberante cuando tras un pequeño cañón y una suave subida, comenzamos a ver la presa de Asan Addakhil. Esta presa la construyeron para retener las aguas del río, que hasta hace poco, en épocas de lluvia se volvía devastador, y de esa forma una vez controlado, sirve para regar toda la región de Tafilalet.<br />
Llegados a Er Rachidia con sus 1060 m de altitud, hasta la que hemos descendido perdiendo bastante altura, nos encontramos en un cruce y una carretera principal. Manué vuelve a montar otro guía en la autocaravana, que nos lleva hasta el aparcamiento del mercado central. La ciudad es grande y moderna, que creció en el cruce de los grandes ejes caravaneros en dirección del Dades y de Tafilalet. En otro tiempo se llamó Ksar es-Suq. En 1979 tomó el nombre del sultán alauita Mulay Rashid, que había salido de la región en 1666 para derribar al sultán saadí. Esta ciudad sirvió de base a la legión extranjera, y cuando cobró su auge a principios de siglo, fue construida en forma de damero, y por tanto, sin demasiado encanto. Pero sin embargo es un gran mercado agrícola.<br />
Cuando reiniciamos la marcha, pretendiendo salir de la ciudad, nos encontramos con que unos motoristas tenían cortada la carretera. Se trataba de soldados que daban prioridad a un convoy de tanques que volvían del campo. Repostamos combustible y continuamos hacia Meski. Al llegar a dicha localidad, Manué se desvía y entra en el Source bleue de Meski. Yo había leído algo sobre el lugar, e incluso había anotado algo en el proyecto del viaje sobre la conveniencia de detenernos para ver el manantial. El lugar sí que es un auténtico oasis, fresco y con abundante vegetación. Se encuentra a la entrada del pueblo. Lo apodan azul porque antiguamente era una escala de los denominados “hombres azules”. Antaño debía ser un remanso de frescor y paz, pero en la actualidad está repleto de tiendas y pesados vendedores. No se debe beber agua por riesgo de bilharziosis, pero sí se puede tomar un baño en el estanque de cemento. Después de curiosear la gruta por la que mana agua, Bego preguntó a una españolas que tomaban el sol sobre la prohibición de bañarse las chicas. Parece ser que ellas no lo habían respetado y nadie les había dicho nada. June y las otras chicas se iban a bañar, pero inesperadamente se liaron en ciertas compras y todo quedó en agua de borrajas.<br />
Pero no todo fue baldío, ya que de aquella conversación surgiría algo inesperado y que en el futuro puede ser muy importante para cientos de autocaravanistas. El acento y el deje delató que aquellas chicas procedían del norte de la península. Entre preguntas y declaraciones surgió una conexión idiomática, euskara. Una de ellas procedente de Bilbao, que viajaba con su niña, también era andereño (profesora) en una ikastola de Sopelana. Pero ellas se tenían que marchar, pues llevaban dos días comiendo a base de bocadillos, por lo que querían ir a comer a Erfoud y aprovechar para sacar dinero. Como quiera que ellas viajaban en dirección a Merzouga, que conocían las pistas de acceso, y después de que nos asegurasen que algunas estaban en mal estado, sugerí la posibilidad de que comiesen con nosotros. A nadie le pareció mal y después de deliberar entre ellas decidieron aceptar la invitación.<br />
Y si la vida es un pañuelo, en este caso resultaba muy pequeño. Josune, la que más conversó con Bego y conmigo, era copropietaria de uno de los hoteles de Merzouga. El intercambio culinario-turístico establecería que ellas comerían con nosotros y luego serían nuestras guías para llegar a la zona de Erg Chebbi.<br />
Después de una abundante comida, para la que Manué preparó un excelente guiso (que algunos no llegamos a probar), y de una excelente oferta gastronómica, sentados alrededor de una enorme mesa para 30 comensales, a la sombra de las palmeras, viendo llegar y marchar turistas en diversos tipos de vehículos, fue declinando la tarde, a la vez que nos anunciaba la parsimonia con la que estábamos tomando la sobremesa, que se volvería en nuestra contra una vez anochecido. Levantamos el campamento y a punto estuvimos de no poder salir del lugar, ya que varios vehículos patinaban en la subida sobre las desgastadas losas, excelente trampa para nuestros pesados medios de locomoción.<br />
Ya en carretera, el convoy ahora con mayor número de elementos, formaba una hilera interminable. Al dejar la meseta y meternos en el descenso hacia el cañón, contemplamos una paisajística extraordinaria. Abajo, hacia poniente, la localidad de Olad Âissa, sumergida en el palmeral, sería uno de los primeros lugares en los que se diferenciaban claramente desierto y oasis.<br />
Al llegar a Aoufouss el convoy se detuvo, y sin saber la razón nos retiramos al arcén derecho. Entonces pudimos comprobar cómo en el arcén contrario, un SEAT Panda amarillo con matrícula de Bilbao se detenía, y cuyo conductor y Josune se abrazaban tiernamente. Podríamos decir que para nosotros pudo ser el momento más conmovedor de todo el viaje. Ver cómo aquella pareja se abrazaban, o cómo él, padre, cogía entre sus brazos a su hijita, nos emocionó emotivamente.<br />
Llegamos a Erfoud, ellos hicieron varios recados y sacaron dinero, mientras desde nuestros asientos veíamos una hilera de señoras, totalmente cubiertas, que esperaban sentadas sobre el bordillo de la acera. Alguien abrió una puerta y todas pasaron al interior del edificio. Unos motoristas entrados en años limpiaban sus “cuaters”, y circulaban posteriormente por el medio de la cuidad con elocuentes signos de ostentación,- o cuando menos así interpreto yo aquel derroche de aceleración y ruido -, ante un público deprimido económicamente y con más necesidades que las queramos ver.<br />
Salimos de la ciudad por la carretera 3461. A medida que se agotaban los km. los baches aumentaban y el estado del asfalto comenzaba a empeorar. Concluida dicha carretera comenzamos a circular por pistas. Atardeció y anocheció, y el tiempo que estuvimos conduciendo por aquel terreno se hizo interminable. No sé a qué hora llegamos a las proximidades de Merzouga, pero la noche se había apoderado de nosotros. En el interior de nuestra autocaravana se podía comer el polvo. Había polvo por todas partes. El cajón de los cubiertos estaba cubierto de una capa amarillenta que nos hacía suponer cómo estaría el resto del interior del vehículo.<br />
Llegamos ante la puerta del hotel. Aparcamos como creímos conveniente, en forma de círculo, con el fin de poder sentarnos en el interior después de cenar. Lo primero que todos deseamos fue visitar el interior de aquel hotel con aspecto de kasbah. El hall nos resultó muy elegante y bonito, a la vez de sencillo. No derrochaba luz, pero todos los rincones eran fácilmente perceptibles. Una fuente inferior, tres o cuatro peldaños más abajo, manaba agua en forma de surtidor ascendente creando un ambiente de frescura; cuatro arcos semiojivales se alzaban hacia el techo, soportados por cuatro esbeltas columnas, dejando pasar en su interior la atmósfera celeste, y recreando un exquisito ambiente árabe. Más que un hall era un distribuidor a modo de patio andaluz, y cuyo suelo estaba embaldosado en forma diagonal por baldosas de tonos beiges y marrones. Rodeando este espacio central varios rincones producían sensación de intimidad, y en los que había gente cenando y charlando. El techo construido con troncos de árboles y adobe, como el resto del edificio, y sobre el suelo varias alfombras recreaban el interior como si de un palacio se tratase, a la vez que se producía la sensación de acogimiento de una haima. Las paredes ornamentadas con alfombras y tapices producían una calidez muy hogareña. En realidad era lo que pretendía ser, o más bien debiera decir que parecía aquello para lo que había sido edificado. Da sensación de ser refugio para el caminante, hospedaje para el viajero, albergue para el explorador, cobijo para el peregrino o para el nómada. Todo se mezcla y todo se intuye.<br />
Y una vez recorrido el salón, Josune, muy amablemente, nos invitó a pasar por aquella puerta azul que se encontraba en la parte trasera del edificio. Allí, ante nuestras atónitas miradas, frente a nosotros, se presentaba humildemente el desierto. Su cálida acogida nos estremeció a todos, aquel sosiego, aquella paz que se respiraba bajo la plateada luz de la luna llena, la serenidad que la inmensa cúpula estrellada sugería nos empujó unos metros, como atraídos por una fuerza mística, y dejando que nuestros pies, adormecidos por la vibración de los motores, caminasen sobre la arena, nos alejamos hasta donde la luz eléctrica diluía su influencia, y donde la visión estelar adquiría su plenitud.<br />
Sentados en el poyo que había junto a la pared, Josune y sus amigos, su marido, nos agasajaron con té, pastas, cacahuetes, agua fresca, etc., y nosotros, sentados plácidamente, bajo aquella bóveda celestial, charlamos y comentamos tantas cosas como a nuestras mentes podía el momento sugerir. Discutimos sobre la orientación y el lugar por donde saldría al día siguiente el sol, y tomamos como punto de referencia la ubicación de las constelaciones. Acabábamos de hablar y aventurarnos a darles nombres, que todos conocemos, pero que casi nunca recordamos cuáles son, y no conseguíamos salir de nuestro asombro. Y así, con aquella parsimonia, con aquella calma, con aquel sosiego fue corriendo el reloj sin darnos cuenta. La temperatura era excelente, benigna diría yo, y sólo de vez en cuando alguna ráfaga de una suave brisa perturbaba nuestra quietud.<br />
Bego y yo nos fuimos a limpiar la autocaravana, teníamos que sacar la mayor cantidad de polvo posible. Fregamos el suelo, mesa, y algún que otro cubierto. Después de cenar unos bocadillos, nos reunimos con los demás, que como se había acordado a la llegada, se organizó una velada en el centro del círculo formado por los vehículos. Sin darnos cuenta manaron entre nuestros labios los nombres de algunos amigos/as que debieran haber estado allí, y lo satisfechos que se encontrarían entre nosotros y en aquel lugar disfrutando de ese momento tan placentero. No faltó alguna que otra foto para conmemorar el momento, y cuando consideramos que debíamos acostarnos porque también teníamos que levantarnos muy temprano, nos retiramos a nuestros correspondientes aposentos.</p>
<p>MARTES, día 26/III/02</p>
<p>Como a las 5 de la madrugada June golpeó en la puerta de la caravana. Entre sueños respondí pensando que era Rosa, pero nuevamente volvió a golpear, increpándome y diciendo que abriese, que hacía mucho frío. Cuando recuperé la consciencia, me di cuenta que la llamada era para que nos levantásemos, ya que habíamos quedado para ir a ver amanecer.<br />
Nos vestimos, y sin desayunar, nos reunimos con el resto del grupo, que poco a poco vimos cómo sobre el edificio del hotel comenzaba a rayar el alba. Se oían los bostezos de los dromedarios, y entre las sombras vimos cómo los camelleros fueron trayendo otros animales, tantos como los que eran necesarios para prestar servicio a cuantos lo habían solicitado. Y es que durante la noche anterior, cuando casi todo el mundo se marchó del lugar donde habíamos tomado el té, Manué negoció con el camellero los precios de los viajes y la hora a la que partiríamos.<br />
Y si para algunos había resultado madrugón, para los adolescentes se había convertido en una “gaupasa”, una noche en vela, disfrutando entre la suavidad de la arena, y bajo la fresca nocturnidad. Habían echado carreras de sacos, habían rodado por las pendientes de las dunas, habían hecho tantas cosas que ni ellos mismos las recuerdan, y no habían sentido demasiado frío. Pero según parece, cuando trataban de recogerse, vieron espejismos, o al menos algo les pareció un “toro”, que según reflexión posterior debía ser un magrebí que caminaba hacia ellos. Corrieron, y observaron que otro elemento oscuro se acercaba también. Al final creyeron que se trataría de una pareja de individuos que se dirigían hacia el poblado cercano. Pero no quieren obviar el canto de cuco que estuvieron percibiendo durante toda la noche. No había ningún reloj que sonase, pero comprobaron cómo un pollino rebuznaba cada media hora, coincidiendo con las medias y con las enteras. Y eso lo pudieron comprobar contrastando con sus propios relojes. June dice que quien lo desee puede ir a disfrutar de una noche cinematográfica, que se pueden vivir los espejismos, que es muy espectacular, que es diferente, que es muy extraña, que para ella resultó como una película, porque cada uno se monta la suya, cada uno ve lo que quiere o lo que imagina, cada uno juega o se recrea con sus paranoias. A ella le resultó muy divertida, y opina que si se está en compañía todavía se vuelve más apasionante.<br />
Una vez en pie miré el termómetro exterior, que marcaba 10º. Nos pusimos una chaqueta polar fina y nos dispusimos a vivir esa mítica aventura tan esperada. Casi a las seis de la mañana partió la caravana. Previamente, poco más o menos como un rito, el camellero fue montando en cada dromedario según el peso del viajero o según la fuerza del animal, a cada uno de los integrantes del grupo. Sólo Manué, Pedro y yo fuimos a pie. El paseo era muy liviano, y la velocidad a la que caminaban los cuadrúpedos no nos supuso ningún esfuerzo. Un camellero tiraba del primer animal, por lo que caminando a su paso, circulábamos con tranquilidad. Cuando llegamos a la base de una de las grandes dunas, Manué la acometió por un lado y yo por otro. Llegamos a su cresta antes que el resto. Ya había allí una familia, sentada, esperando que apareciese tras el horizonte la corona del astro rey. Nos incorporamos al lugar, y poco a poco vimos con qué majestuosidad asoma su corona tras las diminutas montañas de arena. Pero el espectáculo no fue verle surgir de su escondite nocturno. La visión mágica es el espectro que produce la imagen de luces y sombras sobre las cuasi rectilíneas crestas de las dunas. Un lado iluminado y el otro casi totalmente oscurecido. Y sobre aquel juego de contrastes, cientos de huellas de insectos, pájaros, zorrillos, culebras, que se entrecruzaban y recorrían de un lugar a otro, creando interminables senderos que denotaban la actividad que se esconde a nuestras miradas bajo la complicidad de la noche desértica.<br />
Y aunque pueda parecer extraño, entre tanta arena, también había piedras. Piedras que marcaban el hito del punto más meridional hasta el que hemos llegado por nuestros propios medios. (Dato erróneo que posteriormente explicaré). Piedras que ahora tendrán que compartir estantería con la que en su día trajimos de la isla de Cabo Norte. Y es que el arco de meridiano entre el que nos hemos movido hasta este lugar, en todos nuestros viajes terrestres, alcanza los 40º 4’.<br />
Ya de vuelta a las caravanas, tras desayunar, se cargaron aguas y se vaciaron las sucias. Y después de despedirnos convenientemente, el marido de Josune encargó a un muchacho joven, primo suyo, que nos hiciese de guía. Durante la despedida acordamos que a lo largo del mes de mayo yo me pondría en contacto con ella, con el fin de diseñar y darles las orientaciones necesarias para que monten o preparen en la zona anterior al hotel el primer parking para autocaravanas de la región. Ya in situ, Manué y yo les estuvimos dando explicaciones sobre la conveniencia de que se ofertase dicho servicio; de que ello reportaría beneficios, no sólo para los propios autocaravanistas, sino también para la propia familia. Considerábamos que la inversión no tendría por qué ser excesiva, pero que sí debiera de constar de un grifo para cargar aguas limpias y un sumidero, mínimamente, para recoger el resto de aguas. Apuntamos sobre la posibilidad de construir un sombrajo, bajo el que se podrían cobijar durante el día, en la época estival, que es cuando más calor azota. Y no se nos olvidó comentar que ofreciesen algún punto de energía eléctrica. Con todo, una vez construida la carretera que ya está en marcha, cuando algún autocaravanista desee llevar a cabo la incursión que nosotros hemos hecho a pelo, dispondrá de todo tipo de comodidades y facilidades. Es más, Josune nos apuntaba la posibilidad de ofrecer el aparcamiento sin coste alguno para los que hasta allí se acercasen. Nosotros, lógicamente, le manifestábamos que se sugiriese alguna aportación simbólica, y el exquisito cuidado y compromiso, por parte de los que hasta allí llegásemos, de no ensuciar el entorno.¡SI SE HICIESE REALIDAD, DARÍAMOS POR BUENA NUESTRA GESTIÓN O MISIÓN EN PRO DEL AUTOCARAVANISMO!<br />
Y si el compromiso se hiciese realidad, allí, en las proximidades de Merzouga, los autocaravanistas tendríamos un punto de referencia. Allí, en el hotel AIOUR, en pleno Oasis de Hassi Labied, a pie de las dunas, a 1 km de Merzouga, y con el que quien lo desee puede ponerse en contacto a través de los teléfonos: +34946771602 (En España), o mediante el Fax: 0021255577303. Otros números serían 0021262081620 ó 0021266367146 (Morocco). Quien lo desee puede ponerse en contacto mediante e-mail con: aiour@euskalnet.net o visitando la página web: www.euskalnet.net/aiour/ataria.htm. También existe un GPS con identificativo N3107.960/W00400985.<br />
Si el cansancio de la autocaravana llega al extremo de que alguien desee dormir o alojarse en una habitación, tienen varias individuales, dobles, múltiples, con o sin baño. También se puede dormir en la terraza o en las haimas bajo las estrellas. O se puede utilizar solamente el servicio de duchas.<br />
Si alguna niña o señora, como lo hicieron nuestras adolescentes, lo desea, por un módico precio les puede hacer la henna alguna chica beréber, como se lo hacen ellas, y con sus dibujos típicos..<br />
Y en la despedida final, Josune, sensiblemente apenada, nos habló de quedarnos, que sería una pena perdernos un baño en la laguna de las dunas, que podríamos visitar a la familia de su marido, que nos enseñarían cómo viven, que matarían una cabra a su modo tradicional para hacer una fiesta. Pero todo eso lo tendremos que vivir en la próxima ocasión, si Ala lo desea, porque en esta ocasión el tiempo es poco y la ambición mucha. Es tanto lo que deseábamos visitar que era obligatorio, totalmente necesario, partir.<br />
Marchamos en dirección norte-noroeste, hacia Rissani. Y la vuelta fue bastante triste, pues atrás se quedaba un poco de nuestra historia: un hermoso proyecto, un baño en el lago de las dunas, una visita a una familia toareh, una comida con ellos, llegar hasta Merzouga, etc., etc. Bastantes cosas por hacer o vivir, que no me cansaré de repetir que la falta de tiempo nos obligaba a eludir en esta ocasión toda aquella vivencia. Quizá en la próxima, con más tiempo&#8230;.<br />
Ahora, a plena luz, la llegada hasta Rissani se nos hizo más corta y más cómoda, aunque no menos polvorienta. En más de una ocasión temí porque la furgoneta no fuese capaz de superar los obstáculos de arena, pero levándola un poco lanzada, a pesar de notar cómo se hundía, los fue superando hasta el objetivo final.<br />
Nuestro guía cruzó la ciudad, y nos dejó frente a la puerta principal. Cuando alguien preguntó sobre qué hacer, sobre la necesidad de seguir, yo me quedé un poco planchado, pues llegar hasta allí no tenía otra razón que la de visitar el mercado y el lugar donde dejan los burros, ya que en este día se deben juntar a cientos. Pero el tiempo es y ha sido el factor que durante todo el viaje ha jugado en contra nuestro ¡Se hace tan corto!<br />
Desde esta ciudad nos encaminamos hasta Erfoud, entramos unos metros, preguntamos sobre el estado de la carretera que une con Tinejdad, que en nuestros mapas aparece como pista, y de las cuales estábamos bastante escarmentados. Pero se planteaba recorrer 162 km. por ésta o 236 volviendo por la carretera hasta Er Rachidia. Manué comentó con un joven que deambulaba próximo a nuestras autocaravanas, y efectivamente, nos aseguró que la carretera estaba asfaltada. Por el camino vimos varios rebaños de dromedarios, y tratamos de hacerles fotografías. Y así, poco a poco, llegamos a una zona de obras, donde la carretera se vuelve pista. Pero el tráfico no era poco, lo que nos hacía suponer que en algún momento reaparecería la susodicha carretera. De entre las piedras salían niños con botellas de agua vacías, que no era más que un mero reclamo para que parásemos y así tener la ocasión de pedirnos algo. El agua que les dieron los de otras autocaravanas, la tenían tirada cuando pasamos nosotros. Y así, tras cruzar aquel desierto de piedras y rocas, después de tantos kilómetros, llegamos a Tinejdad. Buscamos un lugar sombrío donde poder comer, pero apenas había árboles. Justo en la calle principal, junto a un parque, nos pudimos cobijar bajo las sombras de unos frondosos follajes que parecía que estuviesen allí plantados para este exclusivo fin, pero siempre bajo las inquisidoras miradas de un militar que no dejaba de dar vueltas en una bicicleta.<br />
Bego y yo volvimos a hacer una nueva limpieza de caravana, para poder utilizar algo para comer. Sin salir de la caravana, comimos rápidos, procurando no sacar bártulos al exterior, ya que nos cuesta mucho tener que subir y bajarlos del arcón. Mientras yo descansaba un momento, ella fue hasta donde el resto de expedicionarios, charló y compartió con ellos la sobremesa.<br />
Atardeciendo, partimos hacia Tinerhir. A la entrada en la localidad, dando vista sobre el oasis, paramos para hacer unas fotos. Reemprendimos la marcha y, en el puente y cruce, tomamos la dirección hacia las gargantas del río Todgha. Si en todas las guías figura que hasta las mismas gargantas existe una distancia de 15 km., en este caso no me lo parecieron, pues en ningún momento hubo un espacio deshabitado. Cuando ya se tocaban las gargantas, un cobrador apostado antes del vado, nos cobró la cantidad estipulada, ante lo que Manué, tan hábil como siempre, negoció el mínimo coste.<br />
El espectáculo no se hizo esperar, un par de curvas y sobre nosotros aparecía aquel tajo inmenso que tierra y agua habían creado. No se podía adivinar el final de las paredes. 300 m. de alto y 20 m. de separación entre ambas paredes son el lugar idóneo para escaladores y alpinistas, y como tal era de suponer, pudimos contemplar cómo varios grupos se esforzaban en la difícil tarea de abrirle vías a la pared. Paseamos durante unas decenas de metros y simpatizamos con un autóctono que de modo cordial y simpático nos hablaba de una boda beréber que se celebraría en la última casa del pueblo. Ya de vuelta, bajo la puerta del hotel Yasmina manaba un torrente o un manantial, en el que discretamente habían introducido una bomba de extracción de agua para abastecer el propio hotel. Y unos metros más abajo, se convertía en un caudaloso río, que lleva agua todo el año. Ya sabíamos que en aquel entorno fantástico se habían rodado películas como Lawrence de Arabia, pero película me resultó leer en una autocaravana británica que había allí aparcada, en perfecto castellano un letrero adherido al cristal en el que rezaba el siguiente texto, a casi 1000 km. de España, diciendo: “Señores ladrones, no rompan cerraduras ni fuercen cristales, todas las cosas de valor ya han sido robadas por sus colegas” ¿Acaso en su paso por nuestro país tuvieron la desagradable sorpresa de recibir la visita de esos indeseables?<br />
Dado el correspondiente paseo salimos delas gargantas y descendimos hasta el camping Atlas. Colocamos las caravanas de modo que en el centro pudiésemos reunirnos todos, y mientras Félix lavaba su coche, los demás preparamos el fuego en las putxeras. Luego Manué se dedicó a condimentar un exquisito plato de Patatas con costillas. Pero previo a la cena, todas las familias aportaron algo a un lunch degustación que sirvió para aplacar las ganas de cenar. Como quiera que aún teníamos toda la cubertería y menaje de cocina muy empolvada, mientras lo fregamos, Lupe preparó unas tortillas de patatas riquísimas. Pero yo no me había percatado de nuestro retraso, y aún me faltaba la ducha, así que con bastantes prisas pretendí aligerarme del sudor y del polvo, y hasta que no volví del baño, nadie probó la tortilla. ¡Vaya deferencia!.<br />
Sergio y yo tratamos de conectar la cámara digital al portátil, pero nos faltaba el software, así que pronto desistimos, pero la prueba sirvió para descubrir que tenía activado como idioma principal el inglés.<br />
Cenamos tranquilamente, charlamos, y sin demorarnos demasiado, nos acostamos, pues pretendíamos partir hacia las nueve de la mañana. ¡El día había sido muy largo!</p>
<p>MIÉRCOLES, 27/III/02</p>
<p>Nos levantamos temprano, aunque desde bastante tiempo antes el canto de los pájaros ya nos había anunciado el nuevo día. Desayunamos y recogimos mesas y sillas. Manué había limpiado las putxeras. Alguien sugirió la posibilidad de limpiar el polvo de las autocaravanas. Mientras algunos les daban una mano de agua exterior, yo vacié aguas. Repusimos aguas limpias, y jaboné un poco la luna delantera y cabina.<br />
Unas fotografías en aquel palmeral podrían servir de recuerdo de nuestra estancia allí.<br />
Salimos a la carretera P 32 y nos dispusimos a circular en dirección Boumalne Dadès. A la salida del pueblo Manué paró para repostar. Todos lo hicimos. Y cuando ya estaba todo dispuesto para marchar a buen ritmo, volvió a detener el convoy. Algo fallaba en el sistema de refrigeración de su autocaravana. Finalmente, después de un par de intentos de componerlo, Mariano sugirió hacerle un puente al termostato, de modo que la orden de refrigeración fuese constante y directa. Creo que Manué debe cambiar esa pieza.<br />
Ya con la perspectiva de que aquello podría servir, nos dirigimos en dirección del valle del Dadès. Durante el trayecto entre esta localidad y Boumalne Dadès nos fuimos cruzando con varios grupos de autocaravanas españolas de procedencia catalana, supongo que serían los del grupo de autosuministros Vich, entre los que viajaría nuestro amigo Miguel ¿??. Al acceder a la última localidad citada, desde un altozano tuvimos una paisajística sobre el pueblo, que a más de a uno nos produjeron unas enormes tentaciones de aparcar allí mismo y meternos en el mercado. Hicimos varias fotos y cruzamos el pueblo como pudimos. Al llegar a El-Kelaà M’Gouna, nos detuvimos para comprar algo en el mercado. No sé por qué motivo nos desperdigamos. Compré tomates, naranjas, té, canela en rama y pan. Bego, que se había ido en el otro grupo, tuvo la ocasión de comprar agua de rosas, que es por lo que esta localidad es muy famosa.<br />
Continuamos viaje, y a la salida de Skoura nos detuvimos para comprar una cerámica autóctona que es realizada por varias familias de allí. Adquirimos contra la voluntad de Bego un tajim por 30 Dh, unos 3€.<br />
Cuando se dejan de la vista las últimas casas de la localidad, fuera de la carretera detuvimos los vehículos para comer. Mientras comíamos vimos cómo dos niñitos se había sentado en el arcén contrario, y desde su situación observaban nuestros movimientos. Mientras ellos nos contemplaban pacientemente, una gran tormenta de viento y arena nubló toda visibilidad posible. En alguna medida temí que el huracán pudiera volcar nuestros vehículos, pero para tranquilizarme también pensé que en dirección del movimiento son capaces de soportar velocidades de hasta 150 km/h. Y en medio de aquella tormenta, los niños permanecían agazapados en su escondrijo, sentados, quietos, mirándonos. Como ellos no pidieron nada, fuimos nosotros los que les proporcionamos algunos obsequios. Esto dio lugar a que se atreviesen a pasar por el resto de autocaravanas solicitando algún que otro regalo, pero por arte de no sé qué magia, aparecieron otros dos, allí, en aquel descampado, y ahora, teníamos que repartir para cuatro. Iban y volvían y siempre pedían lo mismo: estiló, gum-gum, y no sé qué más cosas.<br />
Cuando la tormenta de arena cesó, marchamos en dirección Ouarzazate. El viento lateral bamboleaba las autocaravanas de forma peligrosa. Y toda la frondosidad de palmerales que yo me esperaba haber encontrado desde Erfoud hasta esta ciudad, sólo se habían hecho visibles en la entrada a Todha. El pantano que se encontraba en el lado izquierdo de nuestra marcha, la presa de El-Mansur Eddahbi, construida en 1972 con el objetivo de permitir la irrigación regular de las tierras agrícolas de la región, y que yo esperaba divisarlo desde la carretera, queda escondido tras unas colinas que están siendo pobladas por villas y chalets de la gente pudiente de la ciudad. Al entrar en la localidad nos detuvimos a visitar la Kasbah de Taurit, antigua residencia del Glaui o pachá de Marrakech, y que es considerada como una de las más bellas de Marruecos. Está constituida por una sucesión de pequeñas estancias y aposentos que han conservado su decoración de estucos pintados y sus techos de madera de cedro. De vez en cuando nos daba la sensación de estar en un laberinto, y que podríamos perdernos. Allí mismo Bego se encontró con una amiga de Baracaldo.<br />
Visitamos la exposición de pinturas contiguas a la salida, y marchamos hacia Âït-Benhaddou. Y desde la distancia, cuando uno tiempo de revisar datos y de hacer cálculos, una vez ya de vuelta a casa, cuando pensaba que Merzouga hubiese sido el punto más meridional hasta el que habíamos sido capaces de llegar por nuestros propios medios, compruebo que eso no es cierto. La latitud de Merzouga era de 31º 7’ N y 4º 2’W, la de ésta ciudad es de 30º 55’ N y 6º 54’W Esto significa que en esta localidad hemos descendido 12’ en la latitud. Y desde esta reflexión me permito continuar con otra que ya llevaba tiempo considerando, y se trata nada menos que calcular en cuántos grados de meridiano hemos sido capaces de desplazarnos por tierra, sin otra ayuda que algún pequeño trayecto de barco. Cuando fuimos a cabo Norte llegamos hasta el punto 71º 10’ N y 25º 44’E, por lo hasta la fecha hemos viajado sobre un arco de 40º 16’, que aunque no llega a ser un cuarto de la distancia entre los dos polos, sí representa una cantidad de km. considerable, tantos como casi 4900 en línea recta.<br />
Salimos de la ciudad cuando estaba anocheciendo, pero aceleramos todo lo que pudimos para que la noche no se cerniese sobre nosotros. Llegamos a la localidad de Âït-Benhaddou, pero pronto Manué se percató que nos habíamos pasado, retrocedimos hasta la entrada al pueblo, que es desde donde se accede al ksar. Aparcamos en el hotel la Kasbah. Allí mismo contrató Manué un guía, que bajo la plenitud lunar nos paseó y dio explicaciones a lo largo de todo el recinto fortificado. Paseamos por sus callejuelas, subimos a la zona alta, donde debió de haber un granero, entablamos amistad con un perrillo que se hizo amigo y compañero del grupo, y cuando todo creíamos conocerlo, visitamos una familia del lugar. No podemos decir que nuestra relación con ellos fuese o llegase a ser algo más que lo meramente comercial; ellos nos enseñaron su casa, nos invitaron a un té y almendras, y supongo que Manué les retribuyó con la cantidad acordada previamente con el guía. La experiencia no deja de ser interesante.<br />
Poco a poco desandamos la calle del pueblo nuevo que desciende hasta el Ksar, y en la subida algún que otro vendedor avispado trató de engatusarnos con sus músicas timbaleras.<br />
Ya junto a las autocaravanas cenamos al abrigo de una pared de adobe orientada hacia el flanco sur, que es de donde procedía el viento durante toda la jornada. Como la noche anterior, degustamos todo tipo de viandas, y cada familia se esforzó por ofrecer un poco de lo mejor que tenía en el momento.<br />
Después de recoger en cierta medida el espacio comedor, nos acostamos para nuevamente levantarnos pronto y visitar el ksar con luz solar.</p>
<p>JUEVES, 28/III/02</p>
<p>Me desperté hacia las 6 de la mañana. Sin desayunar, y procurando no meter demasiado ruido, me pertreché de cámara y trípode, y me fui a ver amanecer para ser testigo de cómo el sol se reflejaba sobre las paredes del ksar. Realmente debo reconocer que el color del barro, del adobe, iluminado por la temprana y débil luz solar, no produce la misma gama cromática que la que se percibe a otras horas del día. A pesar de que habíamos leído que la mayor gama de colores los consigue al atardecer, cuando consigue producir toda la variación de la gama de colores cálidos, desde el rosa hasta el púrpura, a medida que el sol desaparece, pero siendo conscientes de que no tendríamos ocasión de esperar hasta esas horas, aproveché la oportunidad que me brindaba el momento.<br />
Pero a pesar de que las posibilidades fotográficas fueron muy buenas, a pesar de que el escenario se convertía en un remanso de paz y de quietud, lo más espectacular no fue la imagen en sí misma. Tratando de encontrar un ángulo que me proporcionase una visión más amplia del conjunto, me subí a lo alto del cerro que queda al este del poblado. Y cuando desde allí trataba de buscar el perspectiva idónea, algo me atrajo de tal manera que me olvidé de fotografías y tan sólo me dediqué a vivir el momento. Me hubiera gustado haberlo grabado con una cámara de video, pero tampoco hubiera captado la totalidad de sensaciones que yo estaba percibiendo. Allí arriba, acurrucado, en silencio, quieto, contemplaba cómo se despertaba el pueblo. Los pájaros en la arboleda revoloteaban de un lugar a otro, sus cantos amorosos y su piar de nerviosismo, de desperezamiento, atrajeron mi atención hacia los edificios de las kasbahs. Y por allí se abrió una puerta a través de la cual salía a la terraza de su casa un hombre vestido con una túnica blanca. Otro joven colocaba sobre una pared unas telas o jarapas sobre las que organizaría un sinfín de objetos o baratijas destinados para la venta a los turistas. Más arriba una señora llamaba a su niña, que con mochila escolar a la espalda, esperaba en otra callejuela a alguna compañera. Un perro que ladraba. Otro individuo que salió por la callejuela de acceso al ksar, y tras recorrer unos metros bajo unos arcos, se introdujo en un local, del que posteriormente pude comprobar que se trataba de una cuadra. Y así, poco a poco, fue despertándose el pueblo.<br />
Por la parte norte del cerro descendí hasta el lugar donde se había construido el foso para la película “Gladiator”. Se me acabó el carrete, abrí la cámara para retirarlo y pude comprobar cómo aún quedaba parte de la película por recoger. Me amedrenté y pensé en todo lo peor. Metí la cámara dentro de la chaqueta polar y pude comprobar que la parte que no había sido recogida automáticamente, era el tramo que siempre se saca al montar el carrete. ¡Puf!<br />
Puse un carrete nuevo y me dispuse a continuar con mi reportaje fotográfico. Y foto tras foto, fui recorriendo diversas callejuelas. En una de ellas un muchacho me invitó a entrar en su tienda y me ofertó plata beréber. Me comprometí con que más tarde llevaría a toda la familia.<br />
Varias fotos más y me aproximé calle arriba hasta el poblado nuevo. Ya en las caravanas, desayuné, y me reuní con el resto. Les conté parte de mi experiencia, y tras recoger mesas y sillas, volvimos hasta el ksar. Volvimos a la tienda de la plata.<br />
En otra que regentaba un judío, estuve tentado a preguntar por el precio de un puñal. Francamente era espectacular. Pero supuse que sería muy caro y se saldría de mi presupuesto. Volvimos hasta las caravanas y emprendimos viaje hacia Marrakech.<br />
En el cruce con la carretera P31, nos detuvimos a visitar la casa de un tallador de piedras. ¡Una maravilla!. Los salones, la cocina, el porche, las paredes. Y la alfombra que estaba tejiendo la joven mujer del artista. Todo muy bonito.<br />
A lo largo de todos los km. del día cientos de personas nos ofrecieron geodas de diversos colores. Manué tenía muchas ganas de una, y se detuvo en alguna que otra ocasión. El precio no debía ser muy exagerado. Se pararon en la gasolinera de Agouim, pero nosotros preferimos seguir marchando suavemente para no tener que mantener los ritmos de ellos, evitando de este modo toda posibilidad de que sobrecalentase la furgoneta. Poco a poco Félix nos alcanzó, pero ya quedaba muy poco para culminar los 2260 m. de del Tizi-n Tichka. Al llegar a su cumbre, una gran cantidad de tiendas de regalos para turistas nos lo hicieron saber. Un descomunal letrero indicaba la altitud a la que habíamos llegado.<br />
Y aquí comenzó otra de las nuevas peleas a las que nos vimos sometidos a lo largo del viaje. Los vendedores trataban de atraernos hacia sus tiendas con mil argucias y mil reclamos. Querían cambiar algo que nosotros pudiésemos facilitarles, y a cambio ellos nos pretendían vender algún objeto, pero incrementándole el precio. Supongo que en fondo deseaban conseguir algo sin perder nada. Después de rebuscar entre nuestros enseres preparamos una bolsa con varias cosas: una lata de leche condensada, otra de sardinas, otra de cerveza sin alcohol, varias Aspirinas, algún que otro Eferalgán, y una camiseta del cross Memorial Itziar. A cambio queríamos un puñal, pero el buen amigo nos pedía 1700 Dh, osease, 170€, cantidad que nos pareció una exageración. Gracias a la colaboración de Sergio pudimos rebajarlo hasta 200 Dh, es decir 20€.Y ahora, cuando lo tengo entre mis manos y lo analizo fríamente, creo que no vale ni eso. La mayoría de las cosas que venden no son artículos fabricados para su uso, sino que son chapucillas con aspecto de artesanía, hechas exclusivamente para los millones de turistas que recorremos el país cada primavera o cada verano. Valer, valen muy poco, pero nosotros admitimos esa sobrevaloración porque nos resultan bastante baratas.<br />
A partir de ahí comenzó el descenso de uno de los puertos de montaña más espectaculares por los que hayamos pasado. Se podría comparar a algunos de los Alpes. Lo que yo consideraba que podría ser puerto, se prolongó y prolongó hasta las proximidades de Marrakech, hasta la localidad de Âït-Ourir, desde donde el desnivel ya es menor.<br />
Pero como el descenso se nos hacía demasiado largo, y como la hora de comer se iba pasando, decidimos detenernos en la orilla de la carretera y allí mismo comer. Cuando nos encontrábamos en plena actividad alimentaria, un ejército de críos y menos críos, bajo la lluvia no cesaron de incordiarnos con la venta de geodas. Finalmente adquirimos una rosácea, que al tocarla con la yema de los dedos se quedaron pintados, lo que suponía que estaban tintadas.¡Un timo!<br />
Marchamos bajo una fuerte lluvia, y ante la persistencia de los mozalbetes que ya insistían de forma desagradable. Una vez en Chouiter, la carretera es totalmente llana, el piso es de mejor calidad, y la climatología se vuelve benévola con nosotros y deja de llover. Deduzco que cuanto más altitud, más frío, por lo tanto las masas de aire húmedo del Atlántico se enfrían y se derraman por las faldeas de la verde cordillera. A la entrada de la ciudad, un cartel indica el acceso a la zona de la medina por el lado izquierdo, o a la zona norte por el derecho. Tomamos esta última carretera, y así después de 12 km. más llegamos a una zona habitada, donde la muchedumbre humana deja notar su presencia. Cientos, miles de personas que sin el más mínimo control se mueven de un lado a otro de las calles, cruzando, saliendo, con caballerías, en bicicletas, entrando sin marcar, de cualquier modo. Parecen un ejército de hormigas cuando se destapa el hormiguero; todas corren de un lado para otro sin orden ni concierto. Esto es igual.<br />
Siguiendo las indicaciones fuimos tomando la dirección Casablanca, y de esa manera, podríamos dirigirnos a un camping. En el cruce con la desviación hacia El Jadida, un policía nos preguntó a ver si buscábamos camping. Ante nuestra afirmación nos ordenó retomar la dirección que llevábamos y continuar como un kilómetro más, donde bastante mal señalizado encontramos un gran camping, embarrado por las recientes lluvias.<br />
Una vez en el camping, Manué y yo nos dimos un paseo supervisando las instalaciones y tratando de encontrara un emplazamiento lo más digno posible. Donde no había barro había agua. Finalmente decidimos colocarnos en la gran explanada de frente a la entrada, tímidamente colocados en un flanco, y al resguardo de unas tejavanas y de unas viejas caravanas. Nos colocamos en círculo, y nada más arreglarnos, nos fuimos a Marrakech, como se había concertado con dos taxis.<br />
Una vez en la ciudad, nos apeamos de los vehículos en la plaza Square de Foucauld. Acordada la hora de regreso con los chóferes, nos dirigimos hacia la plaza de Yamma el-Fna, vimos cómo algunos trataban de entretener al personal en no se sabe qué historias, pero que no nos resultaban del todo seguras. Dimos un paseo alrededor de los exprimidores de zumo, comimos unos caracoles, compramos almendras garrapiñadas, contemplamos las tiendas de regalos, y finalmente decidimos cenar en uno de los restaurantes al aire libre de la plaza. Desde allí se divisaba perfectamente iluminada la Koutoubia. Después de cenar dimos un pequeño paseo, y poco a poco nos acercamos hasta las inmediaciones de la plaza donde se encuentra la hermosa torre. Nos aproximamos en manada, siempre con cuidado de no desperdigarnos y de no correr el riesgo de que alguien pudiera extraviarse. Le hicimos cuantas fotos pudimos. Luego, paseamos por el callejón que lleva desde su base hasta la Avda Houman-el-Fétouaki, ya que es desde donde mejor se divisa. Una vez en ésta, caminamos hasta la plaza de Yamaa el-Fna, pero previamente pasamos por la mejor heladería de toda la ciudad, la Milk-Mak, que se encuentra en la calle Moulay Ismail.<br />
Ni la plaza del Yamaa el-Fna es tan espectacular, ni lo que allí se vive es tan impresionante. Ver gentes bailando al ritmo de unos timbales o de unos panderos, o niños con guantes de boxeo, a nosotros no nos dice demasiado. Nos preocupa. En cualquier momento se monta un corro con no sé que actividad. Pero lo que no deseamos es saber qué es lo que se esconde en realidad detrás de cada corro. A veces sospechamos que se montan intencionadamente para desvalijar a los ingenuos transeúntes, o a los curiosos y alcahuetes turistas. Y es que en realidad, aunque autóctonos se ven por doquier, turistones, hay a patadas.<br />
Y después de volver hasta lo que podría denominarse la entrada al zoco, y tras adquirir algunos regalos para satisfacer otros tantos compromisos, a la hora acordada nos encaminamos hacia el lugar en que nos habían dejado los taxis.<br />
De regreso al camping, tras una breve tertulia, nos acostamos, ya que habíamos quedado para la mañana siguiente a las 10 horas.</p>
<p>VIERNES 29/III/02</p>
<p>Como todas las mañanas nos levantamos bastante pronto. Teníamos que ducharnos, desayunar, recoger, etc, etc. Lo normal. Pertrechado con toalla y demás enseres de ducha me dirigí hasta los lavabos, pero salía Nacho con Diego y me comentó que se había terminado el agua caliente. Por lo que se ve, habían tomado la delantera un grupo de españoles que viajaban en un autobús de Barcelona, que había pasado la noche allí, y se habían agotado las reservas acuíferas. Me volví a la auto y me duché allí.<br />
Dejamos la cama preparada para la noche, y nos dispusimos a marchar, pues los taxis fueron bastante puntuales. Más bien debiéramos confesar que los que se retrasaron fuimos nosotros.<br />
Una vez en Marrakech volvimos a apearnos de las furgonetas-taxis en la misma plaza que la noche anterior. Pasamos hacia la Koutoubia, nos hicimos algunas fotos en la plaza que hay delante de la mezquita, y fuimos a visitar el Palacio el Badi. Llegamos bastante justos de tiempo, pues previamente nos habíamos despistado y nos habíamos dividido en dos grupos. Ahora ya en el palacio subimos a una terraza y vimos cómo las cigüeñas habían anidado sobre las paredes del edificio. L interior estaba formado por una gran plaza con jardines adornados con naranjos en un plano inferior. No pudimos visitar las otras salas, aunque para ellas no habíamos sacado billetes. Como a las 12:15 cerraron el edificio a toque de silbato, y tuvimos que abandonar el lugar.<br />
Previamente nos habían chocado los horarios que se gastan, pues allí los horarios son un poco extraños. Bancos y centros oficiales cierran como a las 11:15, y cuando Manué y yo cambiamos dinero, a punto estuvimos de no conseguirlo, pues el cajero miró dos veces el reloj.<br />
Ya una vez en la plaza de Ferblantiers, salimos entre aquella muchedumbre y el atasco de coches, hasta la calle Rue Riad Zitoun el Quedim. Por ella subimos hasta la plaza Jemaa El Fna no dejándonos de asombrar con todo con lo que a nuestro paso encontrábamos. Y por citar no deseo de quedarme en el tintero el reciclaje de cubiertas de vehículos, reconvertidas en cubos, recipientes para extraer aguas u otros líquidos de pozos, o simplemente para transportarlos. Además, a nuestro paso vimos de casi todo, y no habíamos entrado en los zocos.<br />
Al pasar por la puerta de un bar (restaurante?) compramos una oblea bastante rica. No quisimos que nos la aderezasen con miel u otros aditamentos. Ya en la Plaza tomamos zumo por 2 Dh, 32 pts o 0’32 €. También degustamos almendras, y alguna que otra cosa. ¡Como estaban baratas!.<br />
Ya en la plaza algunos se quisieron hacer una foto con unos titiriteros, que nos salió un ojo de la cara. Sólo por hacerles la foto nos cobraron a cada uno de los fotógrafos 5 Dh. Pero debemos entenderlo, ellos están allí todo el día, disfrazados, para que cuatro palurdos como nosotros saciemos nuestras ansias de creernos los descubridores del mundo. Los chavales se compraron unas camisetas de fútbol a buen precio, y todos contentos, nos dispusimos adentrarnos en la zona de los zocos, para así dar comienzo nuestra pelea. Odio tener que regatear, pues es una actitud que va contra mi carácter. En el País Vasco, desde muy antiguo, la palabra era algo que se debía respetar tanto como la ley. Y si alguien juega a pedir algo irreal o inaccesible, no está siendo limpio, con lo que rompe el principio de la negociación.<br />
Nuestra primera intención mercantil surgió en una tienda de madera de thuya. Alguna de las chicas del grupo compró una caja preciosa por 100Dh, y a mí pretendían venderme una tablilla con dos bisagras por 60. Me pareció mala negociación, a pesar de que el vendedor se apresurase a envolverla. Tras la pertinente consulta con Bego, ésta me dijo que no era posible, que era una pasada de precio, cosa que a mí ya me lo parecía. Pero es que en ocasiones uno se queda como aturdido y falto de reflejos. Ante mi negativa a la adquisición, el elemento me echó en cara el tema de la palabra. Y aquí surge mi duda. ¿Me pide que mantenga mi palabra alguien que pretende engañarme?.<br />
Fracasada la compra, encontré un puesto de aceitunas, y adquirí de varios tamaños, tantas como que han llegado muestras hasta Portugalete, y sin estropearse. Desde ahí pasamos unos metros más adelante donde June adquirió una mochila en cuero crudo, sin barnizar, y tras un fuerte regateo la sacó por unas 1500 pts, 90 Dh o 9 €. Mientras ellas, madre e hija, concluían la negociación yo adquirí unas pastillas de almizcle, por el módico precio de 80 Dh. Creo que pagué demasiado, pero también sé que el año pasado estaba caro.<br />
Habíamos quedado para ir a comer al dudoso restaurante de la calle Rue Riad Zitoun el Quedim. Tardamos muchísimo en acomodarnos, a pesar de los esfuerzos de los camareros. Comimos bastante barato, y algo más o menos típico en Marruecos, como es el tallín de pollo. Una vez concluida la comida pasamos hacia la plaza El Fna, donde nos dimos el gustazo de subir a una de las terrazas recomendadas en las guías, para desde allí, tomando, cómo no, un té, divisar toda la plaza, e ir observando su espectáculo permanente. A mí no me pareció tan espectacular como la pintan, y si debo recomendársela a alguien creo que será simplemente por que la vea, la viva, y pueda decir, como nosotros, que ha estado allí.<br />
Desde esta terraza bajamos a la plaza y nos dividimos en dos grupos, los que deseaban ver el palacio o Pabellón de la Menara y los que nos fuimos hasta los zocos. Igualmente habíamos quedado con los taxistas en la parada a dos horas diferentes, a las 18 y a las 19 horas. Los otros volverían al camping antes y nosotros después. Confirmados los turnos yo me interné en la Medina con un grupo integrado por Mariano, Rosa y Clara, Pilar Honrubia, Macarena, Pilar y Marina, Félix y Lupe, y Begoña. Siguiendo un plano que aparece en una de mis guías, por cierto no bastante detallado, y preguntando de vez en cuando y especialmente con la ayuda de varios niños, fuimos penetrando en el corazón de lo más profundo y auténtico mundo de los marrakusíes.<br />
En una farmacia compramos algo de té a la menta, azafrán, y unas semillas que sirven para quitar el resfriado inspirándolas. Vimos cómo un carpintero, o tornero en este caso, con la ayuda del dedo pulgar del pire derecho, y con un formón sobre el que lo apoyaba, torneaba un palito de madera que posteriormente se lo colgaba del cuello de los que se quedaban contemplándole.<br />
Y tras ver unos timbales hechos con piel de raya, o los fabricados con piel de cordero, o la flauta o dulzaina que utilizan los encantadores de serpientes, cada pieza por menos de 200 Dh, aun a pesar de gustarme, me quedé con las ganas. Como también me quedé con las ganas de los vasos que por la mañana habíamos visto, pero que por no andar cargados todo el día con ellos no los adquirimos.<br />
De igual modo, y por muchos intentos que hicimos, el resto del grupo se quedó con las ganas de ver el zoco de los curtidores, pero es que estábamos jugando contra reloj. Al final, como nos quedaba bastante lejos, desistimos, y con la ayuda de los chavales y a la carrera, desandamos el camino, y Bego y yo nos adelantamos al resto, tratando de llegar hasta el taxi. Cuando conseguimos llegar, observamos que el hombre, sonriente, no se había impacientado, y como apenas pudimos comunicarnos con él, apoyado mi codo sobre la ventanilla de su puerta, en un ademán de comunicación, tan mudo como mi propio codo, contemplamos el discurrir de coches y transeúntes.<br />
Unos jóvenes se aproximaron hasta nosotros ofreciéndonos “chocolate”, y ante nuestra negativa, se fueron tal y como habían venido. Cuando se dirigieron a nosotros yo les entendí algo como “Comostán”, a lo que les respondí que bien, pero cuando insistieron en la idea, más nítida en la segunda ocasión, entendí perfectamente a lo que se referían Y es que el ruido ambiente mitiga mucho la vocalización y especialmente la de un idioma desconocido o inusual para nosotros. Seguimos esperando y de vez en cuando yo miraba al reloj y trataba de comentar algo con Bego, para rellenar el tiempo.<br />
Hacia las 19:38 apareció el resto del grupo. Salimos de la ciudad en dirección al camping, a sabiendas que ya no volveríamos por allí. Es una pena, pero una realidad. El tiempo era muy escaso, y esta ciudad quizá requiera algún día más. Un día como mínimo para emborracharse de zocos. Otro para visitar palacios y monumentos. Otro para meterse por los barrios, tanto los viejos como el moderno de Gueliz.<br />
Partimos hacia el camping, y una vez allí, comenzaron los preparativos para la cena. Tuvimos la desagradable sorpresa de encontrarnos la bomba del agua estropeada, que añadido a la bisagra de la puerta dan un balance incuestionable, pues eso quiere decir que hemos sufrido pocos desperfectos. La valoración global del viaje debe considerarse, en el aspecto logístico y de intendencia, positivo. Estuvimos tratando de encontrar las razones por las que no funcionaban ni la luz del baño, ni los ventiladores de la nevera, ni la bomba del agua. En principio Manué me pasó un fusible de 15A, y Mariano trató de entender qué pieza debíamos sustituir. Una vez compuesta la primera fase, Manué y yo nos entregamos a investigar con el tester el problema de la bomba del agua. Finalmente quedó a la espera de una nueva revisión.<br />
La cena, como casi todas, fue abundante y de buena calidad. Y eso sin citar el bacalao de Islandia, que se había pasado a remojo varios días, de pueblo en pueblo, saliendo y entrando en la nevera. Finalmente, Manué, acompañándolo con unas patatas, dio cuenta de él en la putxera, y así, todos los demás, pudimos saciar nuestro apetito acumulado a lo largo de toda la jornada, pues aunque comer, comimos, no se come con el mismo afán cuando las cosas no se sabe cómo han sido condimentadas, y sobre todo si están cargadas de especias.<br />
La velada duró hasta altas horas de la madrugada, para algunos/as, que no para los adultos. Y una vez recogido lo fundamental, nos acostamos.<br />
A las cinco de la mañana Bego me despertó preocupada porque June no estaba en su cama. Después de pertrecharse de chaqueta y linterna, se debió de dar una vuelta por todo el camping, sin éxito alguno. Cuando volvió a la auto e insistió sobre la ausencia de ésta, y que no la había encontrado en ningún sitio, se me ocurrió la posibilidad y la sospecha de que estuviesen de ocupas en alguna caravana de las que había allí bajo los cobertizos contiguos.</p>
<p>SÁBADO, 30/III/02</p>
<p>Nos levantamos pronto, desayunamos rápidos y tratamos de recoger todo. Nos duchamos en las duchas del camping, y también llevamos hasta allí la auto para limpiarle las aguas. No hizo faltar cargarle agua limpia, ya que sin bomba no merece la pena llevar peso inútil.<br />
En el camino hacia Casablanca, cientos de vendedores nos mostraban sus productos, y nos hacían señas para que parásemos. Conversando por las emisoras decidimos que aquellos espárragos trigueros debían estar muy buenos. Aunque no sabíamos cómo se cocinan, Manué nos dio la solución, y con la intención de que todos pudiésemos catarlos, compramos dos manojos. También adquirimos unos collares olorosos, que después de pagar a 10 Dh cada uno, otro muchacho nos los vendía a 5 Dh. ¡Nunca sabemos cuál es el precio verdadero!. Y cuando digo verdadero, quiero decir que a ellos les pueda parecer adecuado, para que además de no perder dinero, queden satisfechos con la venta. A nosotros nos puede parecer barato, pero si no nos sirven para nada, para qué nos los queremos. Pues quizá para darle un poco de dinero a un chico, que seguramente lo necesita más que nosotros, valorando, en cierta medida, lo que vende.<br />
Y así, poco a poco, nos adentramos en la costa atlántica. Llegamos a Casablanca, no entendimos el cartel indicador que facilitaba la dirección a Rabat. Me pareció que estaba roto en su parte inferior, pero nos adentramos en el centro de la ciudad. Allí, como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”, y una vez en una calle principal, aprovechamos para sacar dinero en un cajero. Alguien aclaró por dónde teníamos que salir en dirección norte, y sin pausa arrancamos como huyendo del diablo.<br />
Después de bastantes kilómetros, a Manué le pusieron una multa. Menos mal que él sabe chapurrear en francés, y consiguió limarla a la mitad. Ya en una gasolinera, comimos, y yo aproveché para dar una cabezada. Seguimos haciendo kilómetros, y cuando consideré que el nivel del depósito bajaba ostensiblemente, entré en una gasolinera a repostar. Pero he allí mi sorpresa, que no había ni surtidores. Tuvimos que ralentizar la marcha para disminuir el consumo, y cruzar los dedos y encomendarnos a todas la vírgenes y santos, pues los kilómetros eran multitud y el indicador marcaba ininterrumpidamente en naranja.<br />
Aunque teníamos intención de parar a visitar Asilah, viendo que casi estaba anocheciendo, decidimos repostar y continuar hasta el puerto de Tánger. Hicimos cálculos y entendimos que allí el diesel es más barato que en la península. Rellenamos los depósitos en la última gasolinera, en un centro de Afrikia.<br />
Llegados a la aduana, los consabidos gags de siempre, críos tratando de entrar o de meterse en los bajos de los vehículos, cientos de amigos que trataban de ayudarnos, siempre, supongo, para sacarse una propina. Dado es el caso que un policía me pidió cambiar casi 10 € en monedas por un billete de la misma cantidad.<br />
Y cuando todo concluyó, incluso la maniobra de entrar al barco en marcha atrás, salimos de puerto, a una hora marroquí bastante tardía, debido especialmente al tiempo tan excesivo que tuvimos que esperar para que se cargase el barco, como ya he referido, todos los vehículos marcha atrás. Pero si en ese país era tarde, en España era más.<br />
Y la marejada nos agitó como colillas cuanto quiso y más. Tratábamos de dormir en cualquier silla para no marearnos demasiado, pero no era soportable, por lo que nos bajamos a la furgoneta donde tanto Bego como yo nos quedamos medio dormidos.<br />
Una vez en Algeciras, al desembarcar vimos cómo sacaban del barco a unos chavales que habían estado merodeando alrededor de nuestras autocaravanas antes de pasar la aduana. Ya en tierra y todos reunidos, nos desplazamos hasta Palmones, donde encontramos perfectamente el parking que días antes me había enseñado nuestro buen amigo Juan Carlos Gutiérrez..<br />
Llegar al parking, aparcar y dormir fue todo uno. Prácticamente no tuvimos mucha ocasión de charlar. Había más autocaravanas por allí, y no se trataba de molestarles a las 2 de la madrugada.</p>
<p>DOMINGO 31/III/02</p>
<p>Cuando nos despertamos por la mañana, tras recoger la furgo y después de desayunar con pan tierno, que pudimos comprar en la panadería que había a cinco metros del parking.<br />
Una vez todo en orden de marcha, hicimos fotos para el recuerdo, una despedida que en nada se pareció al primer encuentro, y con harto dolor de nuestros corazones, marchamos de aquel lugar hasta que la vida lo desee. Quizá sea el año que viene.</p>
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		<title>Descubriendo Marruecos en solitario</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 23:12:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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Este es el relato de un viaje iniciático a Marruecos en solitario. En él queremos reflejar nuestras experiencias con la esperanza de que sirvan para despejar las dudas que se plantean frecuentemente en los foros sobre la seguridad y la viabilidad de un viaje a un país africano a bordo de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Descubriendo Marruecos en solitario<br />
Este es el relato de un viaje iniciático a Marruecos en solitario. En él queremos reflejar nuestras experiencias con la esperanza de que sirvan para despejar las dudas que se plantean frecuentemente en los foros sobre la seguridad y la viabilidad de un viaje a un país africano a bordo de una solitaria autocaravana.<br />
Arsenio Gutiérrez Labaien enio@viajarenautocaravana.com Enero-Febrero, 2006</p>
<p><span id="more-427"></span>Los protagonistas: dos jóvenes jubilados, Charo y Arsenio que pasan algo de los sesenta, y una autocaravana Moncayo Nova Pulsar del 2002 (Fiat Ducatto 2,8 JTD) que cuando partió de Tánger el 20 de Enero tenía 70.131 Kmtrs. Y cuando regresamos al mismo punto, el 11 de Febrero, el cuentakilómetros marcaba 73.019. 2.888 kilómetros sin contar los otros 2 mil largos recorridos desde nuestro domicilio a Tarifa y regreso.<br />
Hemos comprobado que Marruecos es un país de contrastes. Paisajes que van desde el verde de los campos de trigo recién nacido y de los palmerales de las cuencas de los ríos Draá, Ziz y Todrá hasta los grandes pasos de montaña del Alto y Medio Atlas y de los Montes Sarhro, las dunas del Erg Chebbi y el inmenso desierto de piedra.<br />
Recorrimos varias ciudades imperiales, sus medinas, sus zocos, sus casbahs. Cada una de estas visitas justifican por sí mismas el viaje. Hemos entrado en contacto con la sociedad y hemos experimentado buenas y no tan buenas sensaciones.<br />
La preparación del viaje.-<br />
Leemos los relatos publicados en VEA, entramos en contacto con la Embajada de Marruecos en España. Contactamos para recabar información puntual de Toni, Iñaki, M.Carmen, Oscar y Piki, gracias a todos ell@s por su ayuda y paciencia.<br />
Como guía básica compramos la Lonely Planet, el mapa Michelín 959 y cargamos la PDA con el OziExplorer y los mapas 1:250.000 de Marruecos digitalizados y calibrados cuya utilidad fue indiscutible.<br />
Confeccionamos un recorrido: Asilah, Mequinez, Fez, Merzouga, Ouarzazate, Marrakech, Essaouira, Casa y Rabat, que al final cumplimos con el añadido del valle del Draá hasta Zagora y que comprende una variedad de aspectos paisajísticos, históricos y sociales.<br />
Las medinas.-<br />
Uno de objetivos del viaje era conocer las medinas. A pesar de haber leído bastante sobre el tema la realidad desborda cualquier imagen preformada. La medina es un mundo en sí mismo. Un microcosmos autosuficiente que conserva una forma de vida milenaria. Cada medina es diferente pero mantiene una serie de elementos que la caracterizan en cada barrio: el horno de pan, la fuente, la mezquita, la escuela religiosa, la posada donde se establecen los negocios o los trueques, los baños y los diferentes zocos, uno por cada artículo.<br />
Los guías.-<br />
Habíamos leído en la guía y en la Web de Emile Verhooste www.marocensolitaire.com la existencia de falsos guías y sus riesgos. Nos habíamos creado la idea de que eran unas personas se ofrecían, sin la correspondiente licencia, a acompañarte por una medina a cambio de una retribución negociada. Pues no. En torno a un turista gira una serie de personas cuya forma de vida se basa en el engaño y en la venta de una falsa hospitalidad. Una hospitalidad impuesta y remunerada que no tiene nada que ver con la hospitalidad real del pueblo..<br />
Tampoco los guías oficiales cumplen con su trabajo. La única vez que contratamos a un guía oficial para visitar la medina de Fez, después de abonar la tarifa de 250 DH más la inevitable propina, Ahmed no nos perdonó ninguno de los artesanos de los que seguramente esperaba una comisión por nuestras compras. Nos tragamos a ceramistas, curtidores, tejedores o ebanistas&#8230; y perdimos la oportunidad de visitar otros lugares de más interés.<br />
La medina de Fez es la única en la que está justificado prever un guía por su tamaño y la disposición de sus estrechas callejuelas. A pesar de ello, si se tiene tiempo por delante, lo realmente divertido es ir descubriendo por uno mismo los rincones con las indicaciones de alguna guía impresa. Si pierdes el camino, siempre queda el recurso de dar unas monedas a algún chaval para que te saque del laberinto. El único riesgo de deambular solos por una medina es soportar a los pelmazos que te agobian con sus demandas.<br />
Ante esta actitud la mejor recomendación es la firmeza cortés: ¡Gracias no necesito nada! (¡Oualú!). El acoso de los falsos guías, cuya táctica es el interrogatorio para descubrir cuánto tiempo llevas en el país y tu potencial económico de compra, es una lacra que debe superar Marruecos para que el turista se encuentre cómodo.<br />
Algunos datos de interés.-<br />
No es necesario llevar agua en exceso hay abundante oferta, de garantía, por todo el país.<br />
La comida típica mas frecuente es la tajina, se trata de una cazuela de barro con una tapa cónica donde se cocina a fuego lento una serie de hortalizas entre las que predominan las patatas, las zanahorias, los guisantes y los calabacines. Cada tajina es diferente y deliciosamente especiada, puede incluir carne de carnero, novillo o cabra, incluso en la costa pescado. No hemos tenido problemas de digestión en todo el viaje a pesar de haber comido abundantemente.<br />
Además de la tajina, el cuscús, las brochetas y la pastilla han sido también la base de nuestra comida en el país. Un buen método para alimentarse en viaje es parar en un pequeño pueblo frente a un establecimiento donde se ofertan tajinas sobre un fuego y consumirla en la auto acompañada de vino de nuestra propia bodega del que es recomendable ir bien provistos Hay pocos restaurantes que sirvan alcohol. En un lugar así, una tajina para dos personas puede costar 50 o 60 DH.<br />
Las bombonas de gas españolas solo pueden recargarse en unos pocos almacenes de distribución de gas regionales como en el de Agadir. En el resto solo hay garantía de recargar las botellas francesas de propano pues las botellas que hay a la venta son de butano. Para una estancia de más de veinte días puede ser aconsejable llevar botellas francesas de propano, y recargarlas en los almacenes distribuidores situados en las grandes ciudades o comprar una o dos botellas de butano en Marruecos y recambiarlas cuando sea preciso devolviéndolas al regreso.<br />
Para adaptar la instalación a las botellas francesas o marroquíes puede ser necesario disponer de un limitador o regulador previo entre con salida entre 1,5 a 2,7 bar.<br />
El gasoil normal costaba sobre los 7.20 DH y el especial 230 a 8,4 DH. No es necesario tomar precauciones adicionales para el suministro. En las carreteras que circulamos no hay tramos de mas de 100 kilómetros sin estación de servicio.<br />
Al sur de Marrakech es inútil buscar una gasolinera o un restaurante que acepte tarjetas de crédito. Solo la aceptan algunos vendedores desesperados.<br />
Es necesario prever dinero en efectivo suficiente para hacer frente a los pagos. La disposición de cajeros automáticos es abundante aun en poblaciones pequeñas. El cambio que hicimos en los bancos fue de 1 euro = 10,4 DH, el cambio de las disposiciones del cajero y las compras con VISA ha sido de 1 euro = 10,8 DH, la diferencia puede compensar la comisión bancaria por la disposición.<br />
Mucha gente habla francés&#8230; pero el conocimiento del francés se limita intercambios simples y temas habituales. Paciencia, el lenguaje universal de los gestos y la buena disposición de la gente nos han ayudado, aunque es justo reconocer que se encuentran algunas personas que hablan aceptablemente el español.<br />
A lo largo de las carreteras nos tropezaremos con multitud de vendedores de diferentes objetos: geodas pintadas con mercurio entre Ouarzazate y Marrakech, fósiles en el bosque de Cedros de Azrou, dátiles en la ruta de Zagora. Los vendedores se precipitan en la carretera saltando al paso del vehículo para ofrecer su mercancía con el consiguiente susto si te cogen desprevenido.<br />
En las medinas la solicitud de un regalo es algo constante, y no basta con el pago pactado, siempre hay una petición explícita de una propina. También los niños y los no tan niños, además de los mendigos, solicitan espontáneamente un regalo. Lo mejor es evitar atender estas demandas, pues nunca disminuyen accediendo a ellas sino todo lo contrario.<br />
Es cierto que hay una gran necesidad social. Si nos sentimos inclinado a ayudar, hay cauces más adecuados, como las ONGs que operan en el país o los centros de enseñanza y de atención médica, que seguramente estarán encantados de recibir donativos.</p>
<p>20-01-2006</p>
<p>Algeciras, nos presentamos en las oficinas de J.C. Gutiérrez y Susana, su hija, nos prepara los pasajes en el ferry rápido entre Tarifa y Tánger, 225 euros. El cuentakilómetros marca 70.131.<br />
Embarcamos a las cuatro de la tarde y nos plantamos en Tánger en cincuenta minutos. A bordo entregamos a la policía los impresos cumplimentados de entrada que nos había facilitado Susana, y tras presentar el pasaporte y el impreso de importación temporal de vehículos que habíamos cumplimentado previamente por Internet, salimos en dirección a Asilah, nuestra primera etapa.<br />
En Asilah nos situamos al borde de las murallas junto a una veintena de AC (10 DH). Se trata de una pequeña ciudad, tranquila y limpia, que conserva las murallas edificadas por los portugueses. Nos da tiempo a un paseo por el interior.</p>
<p>21-01-2006</p>
<p>Asilah, salimos en dirección sur. Comemos tajina en un restaurante de carretera próximo a Sidi Kacem, Llegamos a Mequinez y nos alojamos en el camping Agdal. Visitamos la medina y los zocos.<br />
A pesar de ir prevenidos, caemos en el viejo truco de la oferta de: “enseñarnos como se trabaja el damasquinado, solo mirar, sin compromiso” y acabamos comprando un kilim berebere que partiendo del exagerado precio inicial de 4.700 DH negociamos en 900 DH y por el que abonamos 1.045 DH al cargar la comisión de la VISA y 100 DH mas que el vendedor nos pide para comprar un kilo de carne para sus hijos y que alucinados acabamos entregando sin rechistar. Hemos recibido la primera lección.</p>
<p>22-01-2006</p>
<p>Mequinez, camping Agdal. Visitamos el mausoleo de Muley Ismail, los graneros del palacio imperial y la medina. Tenemos también el primer incidente con un falso guía al que sin solicitarlo se nos pega para exigirnos 40 DH por enseñarnos algo que está ya descrito suficientemente en la guía.<br />
La medina de Mequinez y el recinto del palacio es interesante y fácil de recorrer sin perderte, es nuestra primera visita a una medina y nos parece fascinante.</p>
<p>23-01-2006</p>
<p>Mequinez, camping Agdal. Pagamos 153 DH por dos días, los bloques sanitarios inutilizables que es lo mas frecuente en los camping. Podemos vaciar y llenar depósitos.<br />
Visitamos las ruinas de Volúbilis ayudados por un sol espléndido. El foro y los mosaicos que conservan algunas de las viviendas hacen interesante a las ruinas de uno de los establecimientos romanos en África. Las vistas del valle son espectaculares.<br />
Continuamos viaje con la visita a Mulay Idriss y por una estrecha carretera llegamos a Fez donde nos alojamos en el camping “Le Diamant Vert”.<br />
Compramos algunas verduras a un vendedor ambulante en la carretera para comprobar poco después que lo mismo cuesta tres veces menos en el supermercado de Fez.</p>
<p>24-01-2006</p>
<p>Fez, camping “Le Diamant Vert”, a las nueve y media llega Ahmed, el guía que hemos solicitado el día anterior. Dice que no hay guías disponibles en español y pretende acompañar a otro matrimonio francés cobrando la tarifa completa a cada uno. El matrimonio francés se niega y Ahmed sale con nosotros solos en la autocaravana que estacionamos cerca de la medina.<br />
La medina de Fez es intrincada con endiabladas callejuelas llenas de gente y con asnos enormemente cargados, como es habitual en todos los medios de transporte en el país, y que circulan a toda velocidad. Si no te apartas a tiempo te pueden arrollar como una locomotora.<br />
Es notable la visita al barrio judío y su cementerio, a las curtidurías, cuya imagen difundida universalmente nos sorprende por su colorido. El cuero marroquí ha ostentado la fama de ser el mejor del mundo en especial las pieles de cabra dedicadas a la encuadernación. Los trabajadores se aferran a una forma tradicional de curtir las pieles.<br />
Ahmed nos explica que la medina tiene cuatro barrios además de la Mellah cuyos habitantes emigraron a Israel en los años cuarenta. Nos acompaña a un telar, un alfarero, un taller de mosaicos, visitamos las curtidurías desde una terraza y la inevitable tienda de objetos de cuero adosada. De paso visitamos alguna madraza y mezquita.<br />
Por encima de la proyección turística de los negocios de la medina, sus gentes mantienen una forma de vivir tradicional como si el tiempo se hubiera detenido hace mil años.<br />
Cuando hablamos de un zoco hablamos de un mercado pero en las medinas de las grandes ciudades, no podemos hablar de un mercado en general sino del mercado de las babuchas, o el de los tejidos o el de las especias, la fruta o el cuero.<br />
Comemos los tres en el restaurante El Blida, cuscús, brochetas, pastilla y ensalada marroquí, excelente. (600 DH)</p>
<p>25-01-2006</p>
<p>Fez, frío y nublado ha llovido algo. Hemos recorrido 427 km. Pagamos el camping, 160 DH y continuamos el viaje hacia el sur. Después de Azrou llegamos al bosque de cedros.<br />
Renunciamos a visitar el Cedre Gouraud pues la carretera se estrecha por la nieve y aparecen placas de hielo. Está nevando mientras trepamos con la auto hasta cerca de los dos mil metros a través de un precioso bosque del que han desaparecido todos sus habitantes, desde las famosas monas de Berbería hasta los no menos famosos vendedores de fósiles.<br />
En dirección al sur la carretera atraviesa algunos de los mejores paisajes del Atlas Medio y transcurre por altitudes superiores a los mil quinientos metros.<br />
Atravesando Midelt y Rich, llegamos a las gargantas del Ziz después de pasar por el túnel del Legionario. Atravesamos Er Rachidia y la “Source Bleue” de Meski y nos internamos en los palmerales del Oued Ziz. Nos alojamos en el camping Tissirt en pleno palmeral.</p>
<p>26-01-2006</p>
<p>Camping Tissirt, Km. 30 de la carretera de Efroud. El termómetro marca tres grados, ha llovido toda la noche a pesar de que hacía tres años que no llovía.<br />
El camping está situado en una zona arenosa tras una pista de tierra de unos ciento cincuenta metros con una fuerte pendiente. Es una auténtica trampa para la AC que no puede salir por sus propios medios debido al barro que se ha formado con la lluvia.<br />
Después de consultar con Mondial Assistance y Jorge García de Boker Segur, llamamos a un tractor conducido por un berebere como un armario de grande que nos remolca y nos saca a la carretera. El precio es de 350 DH innegociables.<br />
Continuamos el camino hacia el sur pasando por Erfoud donde, según sus propios habitantes, se producen los mejores dátiles de Marruecos y llegamos a las dunas del Erg Chebbi en Merzouga a través de Rissani.<br />
Descartamos el albergue El Aiour por miedo a la pista de tierra y a la lluvia y nos alojamos en el albergue camping “La Tradition” al final de la carretera.<br />
La presencia en la zona de numerosas autocaravanas ha hecho proliferar un tipo de negocio conocido como albergue camping. Se trata de restaurantes y albergues, algunos con el aspecto de Casbah, que en el propio parking aceptan la presencia de AC. Los servicios incluyen descarga de aguas grises manual, a cubos, y a veces suministro de electricidad. También a veces disponen de duchas con agua caliente.<br />
Las dunas, con su colorido, y los dromedarios nos sorprenden componiendo una imagen que por sí misma justifica el viaje a pesar del cielo encapotado.<br />
Contratamos una noche de vivac en pleno desierto, para ello nos montamos en sendos dromedarios bajo la guía de Ahmed y después de cincuenta minutos llegamos a la base norte de una gran duna. Al fondo se divisa una cordillera que es la frontera con Argelia y las tierras negras del desierto del que toma el nombre, Erg Chebbi (Dunas negras).<br />
Mientras Ahmed nos prepara una sabrosa tajina de carnero, nos subimos a la cresta de la duna para ver anochecer. Tenemos mala suerte y el cielo está nublado, pero admiramos los cambios de color que van experimentando las arenas mientras, entre nubes, el sol se pone.<br />
Regresamos a la base y cenamos en la haima con cabida para ocho personas que nos han asignado para nosotros dos solos mientras Ahmed y otros guía cantan al ritmo de crótalos y tambores.<br />
Hace frío, a pesar de meternos en el saco de dormir vestidos, las mantas añadidas no impiden que el aire helado del desierto penetre hasta los huesos. Sobre el suelo, un delgado colchón de borra apenas mitiga algo la dureza del suelo arenoso.<br />
A media noche ha habido un momento en el que se han despejado las nubes y millones de estrellas han aparecido en el firmamento, el espectáculo era fascinador. Echo de menos las linternas de frente que hemos dejado en la auto.</p>
<p>27-01-2006</p>
<p>en algún lugar del Erg Chebbi, cinco de la madrugada, hace mucho frío. Escalamos otra vez la cresta de la gran duna para contemplar la salida del sol. El cielo se ha vuelto a cubrir pero podemos admirar una vez más cómo la luz va tiñendo de diferentes colores el mar de dunas hasta donde nuestra vista alcanza.<br />
Ha sido una noche difícil de olvidar. Hemos soportado el frío y la incomodidad pero nos ha regalado un espectáculo que, por lo insólito, queda grabado en nuestra memoria. La experiencia también nos ha servido para intuir cuál es el tipo de vida que llevan los numerosos nómadas del desierto.<br />
Regresamos a “La Tradition”. La excursión nos ha costado unos 450 DH incluido guía, dromedarios, la cena y el desayuno. Comemos y aún hacemos otra excursión, esta vez a pie hasta una gran duna que hay a una hora de marcha. Contemplamos una vez mas el anochecer y nos acostamos con la sensación de haber experimentado algo de lo que nos acordaremos durante mucho tiempo.<br />
Nos hemos quedado sin gas, tenemos que recurrir a la botella de 6 kilos de butano que llevamos de reserva.</p>
<p>28-01-2006</p>
<p>Merzouga, albergue camping “La Tradition”.Abonamos 200 DH, por dos noches incluidos una comida, las duchas y la electricidad, son las 8 de la mañana, estamos a seis grados, nublado, ha llovido algo por la noche, hemos recorrido 900 km.<br />
Continuamos el viaje hacia Goulmima donde visitamos el Ksar Goulmima, una aldea bereber amurallada. Un guía nos cobra 50 DH y nos conduce por un laberinto de estrechas callejuelas la mayoría cubiertas. Pasamos por el domicilio de una mujer separada que vive con su madre y una hija. Esta visita nos muestra la dura forma de vivir que tienen muchos aldeanos. Sabemos que la visita está preparada para los turistas, de todas formas se comportan de forma tan espontánea que por momentos nos sentimos receptores de una hospitalidad tradicional.<br />
El guía nos muestra el palmeral y nos explica algunos aspectos interesantes sobre las explotaciones agrarias tradicionales como el cultivo de los dátiles y la tres cosechas consecutivas del regadío: trigo, maíz y arroz. En noviembre se recolectan los dátiles. Nos explica que muchas palmeras llegan a producir hasta 200 kilos y que algunas llegan a los 500.<br />
Continuamos la marcha hasta Aït Quaritane, donde nos alojamos en el camping “Atlas”.</p>
<p>29-01-2006,</p>
<p>Aït Quaritane, camping “Atlas”, cuesta100 DH con el desayuno. Nos dirigimos a las gargantas del Todrá. Es una enorme falla en la meseta que separa el Alto Atlas del Jebel Sarhro. Con una altura de 300 metros en su parte mas estrecha impresiona por la mañana cuando el sol penetra hasta el fondo iluminando la roca con tonos que van del el rosado al ocre profundo.<br />
Un largo paseo por la carretera nos lleva hasta el nuevo albergue camping “Le Festival” a dos kilómetros de la “Petite Gorge” que sirve de base para treeking y escalada.<br />
Continuamos el viaje y llegamos a Ourzazate. Visitamos la Casbah de Taourirt cuyo exterior es muy interesante, y también visitamos la cooperativa de tapices a precio fijo.<br />
Un grupo de mujeres trabaja en los telares. Nos explican que hay dos tipos de lana de oveja, una, la que se obtiene al esquilar las ovejas vivas y otra procedente de las pieles de los animales sacrificados. Esta última tiene un fuerte olor que se mantiene en el tiempo. También nos indican que hay tapices confeccionados con seda, con pelo de cabra y de camello.<br />
Las alfombras de nudos cuestan a 750 DH el metro cuadrado, esto ya es una referencia. Los Kilim pueden tener diferentes precios dependiendo de la calidad, tipo de lana y del trabajo de bordado. Compramos una chilaba de invierno por 550 DH, es de buena calidad y de mi tamaño, pero tenemos la sensación de que nos hemos dejado engañar.</p>
<p>30-01-2006</p>
<p>Camping Municipal de Ouarzazate. Llevamos recorridos 1.72 km. Intentamos recargar la bombona en el almacén territorial. Nos dicen que es imposible y tenemos que recurrir a un invento para acoplar una bombona de butano marroquí.<br />
Continuamos el viaje hacia Zagora a través del Tizi-n-Tiniffift rebasando la cota de 1660 metros; descendemos hacia Agdz (se pronuncia Agadez). Ante nuestros ojos aparece el inmenso palmeral del Oued Draá. En el descenso soportamos un fuerte viento que nos hace redoblar las precauciones, en el horizonte se vislumbra una nube que nos indica una tormenta de arena.<br />
Nos alojamos en el camping “L’Oasis Enchanteé” en El Arroumiat a dos kilómetros de Zagora. Un paseo de una hora por palmeral al atardecer nos relaja y nos pone en buena disposición para dormir. Estamos solos en el camping.</p>
<p>31-01-2006</p>
<p>El Arrumiat, amanece con una temperatura de dos grados. Nos dirigimos a Zagora donde aparcamos. Subimos en hora y media a la cima del Jbel Zagora a 974 metros de altitud. El paisaje es extraordinario, la superficie de roca negra calcinada por un sol implacable, debajo la arcilla roja.. El inmenso palmeral del valle del Draá se extiende sobre el cauce del Oued Draá y a ambos lados el gran desierto de piedra, la hamada.<br />
El inevitable guía que nos ha conducido al parking nos cobra sus servicios llevándonos a una tienda de objetos de cambio “La Cueva del Truc”, intento cambiar la emisora de CB por un kilim y solo consigo quedarme con el kilim y la emisora y sin 700 DH, pero esta vez creo que hemos hecho una buena compra. En la tienda podemos admirar objetos antiguos como arcones de boda y puertas beréberes de cedro decoradas con latón, plata labrada y huesos de camello, auténticas joyas, cuyos precios de salida superan los 6.000 euros.<br />
Regresamos hacia Ouarzazate atravesando otra vez el Tizi-n-Tiniffift con la intención de llegar hasta Aït Benhaddou, donde nos alojamos en el patio del café Auberge Fouddoud mientras las montañas del Alto Atlas se iluminan al anochecer en la lejanía.</p>
<p>01-02-2006</p>
<p>Aït Benhaddou, son las siete de la mañana y el termómetro marca menos de cuatro grados, amanece soleado. Nos dirigimos a la Casbah, pero el río ha crecido y es necesario utilizar un asno para vadearlo. Mientras estudiamos la forma de aproximarnos se nos acerca un anciano con gafas de diseño y capa berebere sometiéndonos al ritual que vamos conociendo poco a poco: “Bon Jour”, “Sa va?”, “Francais?”, “Oh! Espagnol, du Madrid?”, “Oh! Pais Basque!, Soyez bienvenues!”, así es como se te pega un falso guía que pretende llevarse una propina por una explicación que generalmente no es necesaria y por un trabajo que no hemos solicitado ni siquiera ha sido ofrecido sino impuesto. Este guía se conforma con los 40 DH que le ofrezco.<br />
Desistimos atravesar el río y visitar la Casbah a pesar de que los guardianes de los asnos, como quien no quiere la cosa, han traído uno digno de mi tamaño y nos conformamos con contemplar los edificios perfectamente armonizados con el entorno que exponen una forma de vivir de una sociedad antigua pero actual.<br />
Este conjunto de Casbashs es uno de los mejores conservados de toda la región del Atlas ya que ha recibido financiación por haber sido escenario de una veintena de películas y que cuenta con la proximidad de los estudios de cine de Oauarzazate donde se han rodado varias películas de gran presupuesto como Gladiador. Estos estudios se pueden visitar cuando no se rueda una película.<br />
Continuamos el camino hacia la Casbah de Tamdaght, distante a siete kilómetros, pero cuando la tenemos a la vista nos encontramos con un puente derruido y los vehículos tienen que vadear el río. Nos damos la vuelta y emprendemos el camino hacia Marrakech.<br />
Pasamos el impresionante Tizi-n-Tichka, que había estado cerrado un par de días. La carretera está despejada aunque hay tramos con nieve y hielo. Llegamos a Marrakech sobre las tres de la tarde y nos alojamos en un parking vigilado cerca del minarete de la Koutoubia. El famoso monumento de la Koutoubia, al suroeste de la plaza Djemaa el-Fnag, con su minarete de 70 metros domina la ciudad. Construida por Yusuf Al Mansur (1184-1199), es el mas antiguo y mejor conservado de los tres minaretes mas famosos que se completan con la Tour de Hassan en Rabat y la Giralda de Sevilla.<br />
Hacemos una visita a la plaza Djemaa El-Fnag y quedamos impresionados por el ambiente al atardecer. Desde la terraza de un café podemos contemplar a los acróbatas, encantadores de serpientes, danzantes, comparsas y sobre todo el espectáculo de los restaurantes al aire libre que se montan al atardecer para desmontarlos después de cenar.</p>
<p>02-02-2006</p>
<p>Marrakech 31,6241N, -7,9962W, son las nueve de la mañana y el termómetro llega casi a los 11 grados, hemos recorrido ya 1.651 km.<br />
Un autobús descubierto por 260 DH nos lleva por los alrededores de la medina y la ciudad moderna, no merece la pena. Al regreso damos una vuelta por el interior de la medina y sus zocos, es fácil orientarse. Reservamos hora para una visita a un hammam por la tarde.<br />
En la visita tenemos el segundo incidente con un falso guía: se nos acerca un individuo que dice que trabaja en el hammam y nos indica el camino a las curtidurías que deseábamos visitar. Nos dice que vive por allá, el caso es que cuando llegamos nos está esperando otro individuo al que nos presenta y nos enseña las tinas donde se curte y tiñe el cuero. Lo cierto es que ya habíamos visitado las de Fez y las de Marrakech son menos curiosas. El objetivo de ambos individuos es la visita a la tienda de cueros.<br />
Después de una tremenda discusión con el dueño porque al final nos fuimos sin comprar nada a pesar de la enorme presión que hizo para vendernos unas babuchas, el que nos enseñó las curtidurías viene a exigir dinero por sus servicios. Resignado le ofrezco 40 DH y se siente ofendido por el dinero que le ofrezco. Al final le dije que nada y si quería lo podíamos discutir en la policía. Fue una escena muy desagradable, la del tendero y la del guía.<br />
Comemos en el restaurante “El berebere”, el cuscús y la pastilla nos cuesta 180 DH. Visitamos las tumbas Saaddíes, una extraordinaria muestra del arte andalusí, los estucos, la marquetería y los mosaicos son unas autenticas obras de arte. La sala de las doce columnas en el centro está considerada como uno de los mas bellos exponentes de este arte procedente de la España árabe.<br />
A media tarde acudimos al hammam El Bacha, baño de vapor, enjabonado, “peeling” con un guante de crin y un masaje relajante nos deja como nuevos y la piel como la de sendos infantes. Este servicio cuesta 700 DH, incluida la inevitable propina.</p>
<p>03-02-2006</p>
<p>Marrakech, son las ocho de la mañana y el termómetro marca nueve grados, luce el sol. Tomamos el camino de Essaouira. Cuando nos faltan unos treinta kilómetros para llegar observamos como unas cabras están subidas a las ramas de unos árboles que no conocemos. Esto nos hace recordar algo que habíamos leído en Lonely Planet acerca de un árbol de cuyas simientes de extrae un aceite que tiene unas propiedades nutricionales y cosméticas muy interesantes. Se trata del argán.<br />
Al pasar por el pequeño pueblo de El Hanchane vemos que hay un discreto cartel que anuncia la cooperativa de mujeres El Kheir. En el local, unas sesenta mujeres se dedican a extraer aceite de las pequeñas nueces del argán.<br />
El proceso, en cadena de producción, es de lo más primitivo. Un grupo de mujeres van retirando una a una, a mano, la envoltura seca y carnosa del fruto que sirve de alimento a las cabras y extraen la nuez del tamaño de una almendra y con la forma de una bellota. Otro grupo de mujeres van rompiendo con un canto rodado la cáscara y separando una a una la semilla.<br />
A partir de esta semilla se puede extraer el aceite no apto para el consumo por el sabor amargo pero con unas propiedades antioxidantes muy notables para tratamiento de las arrugas y la prevención del envejecimiento de la piel.<br />
El aceite para el consumo se extrae de las semillas tostadas. Una mujer controla el único detalle moderno consistente en dos infiernillos de gas, donde se tuestan las almendras en sendas ollas de barro y finalmente otra mujer tritura las almendras hasta extraer el aceite en un curioso molino de piedra que mueve a mano.<br />
El aceite cosmético cuesta sobre 90 DH los 100 ml. El aceite de alimentación lo compramos en una casa particular donde las mujeres complementan su economía extrayendo aceite. El costo de un litro así obtenido es de unos 80 DH comprado en una casa particular de Ida Ourgoud. Extraer un litro de aceite a una mujer sola le cuesta unas ocho horas de trabajo. Para elaborar un litro de aceite cosmético se requiere la cosecha de un árbol, unos 100 kilos de semillas.<br />
El argán (Argania spinosa L) es un árbol endémico de la zona de Essaouira y Agadir, y no se cultiva, según manifestaciones de los lugareños en otra parte en el mundo. La producción anual de aceite de argán en Marruecos se calcula en unas 4.000 toneladas y se exporta a Europa y sobre todo a EEUU donde sus propiedades son muy apreciadas. La recolección de las semillas se realiza en el mes de Junio. Las hojas son un bocado exquisito para las cabras por lo que es frecuente verlas subidas a las ramas.<br />
A media tarde llegamos a Ida Ourgoud a 18 kilómetros de Essaouira y nos alojamos en el camping “Le Calme”, excelentemente preparado en un arganier y el entorno y las instalaciones hacen honor a su nombre.</p>
<p>04-02-2006,</p>
<p>camping “La Calme”, cielo parcialmente cubierto, al sol hace calor. Nos desplazamos a Essaouira porque nos hemos quedado otra vez sin gas. En Marruecos hay varias compañías que comercializan GLP, se les distingue por el color de las botellas, la nuestra es naranja y de ésas no hay en Essaouira. Nos mandan a cambiarla a Marrakech pero consigo que un distribuidor acceda a cambiárnosla abonando la diferencia.</p>
<p>05-02-2006</p>
<p>nos dedicamos a disfrutar del sol y de la calma tomándonos un día de merecido descanso.</p>
<p>06-02-2006</p>
<p>Ida Ourgoud, son casi las nueve el termómetro marca algo mas de veinte grados, luce el sol. Nos dirigimos a Essaouira aparcando frente a una preciosa playa en la bahía (20 DH ) en compañía de otras veinte autos.<br />
Un paseo de un par de horas nos abre el apetito para comer en uno de los puestos al aire libre del puerto. Un sargo, una centolla a la brasa con ensalada y una docena de erizos de mar nos cuesta 230 DH. Otro paseo y desde la propia auto contemplamos un anochecer de ensueño.<br />
Essaouira es una bonita ciudad costera con una medina muy bien dotada y conservada y fácil de recorrer. Dispone de varios zocos donde los de las frutas, carne, pescado y verduras están muy bien surtidos. Se puede encontrar también buenos puestos de carne. En definitiva es una localidad excelente para pasar unos cuantos días si el tiempo acompaña.</p>
<p>07-02-2006</p>
<p>Essaouira, parking en el paseo marítimo, son las siete y media y el termómetro marca casi diecinueve grados. Partimos hacia Casablanca por la carretera de la costa atravesando Safi y El Jadida, el paisaje es fantástico. Los arenales de las playas se alternan con franjas cultivadas donde se ven grandes cosechas. Los bosques de argán dan paso a los pinos y éstos al monte bajo y la jara. Todo está verde y se ven descargar grandes cantidades de tomates, nabos, cebollas y zanahorias. La carretera es aceptable y la circulación escasa. Llegamos a Casa sobre las cuatro y media de la tarde y nos alojamos en el camping “El Oasis”</p>
<p>08-02-2006</p>
<p>Casablanca, camping “El Oasis”, (70 DH). Nos desplazamos con la auto hasta la gran mezquita de Hassan II en cuyas inmediaciones estacionamos sin dificultad. Fue construida en 1993 para conmemorar el 60 aniversario del anterior rey. Dejando a un lado sus dimensiones que son ya de por sí extraordinarias para una mezquita. La longitud de la nave de oraciones, con cabida para 25.000 participantes o su minarete de 210 metros, el mas alto del mundo. Pero lo mas sorprendente y digno de admiración es el trabajo de los artesanos procedentes de los lugares tradicionales en Marruecos. El estuco, la marquetería en madera de cedro y los mosaicos son la expresión de un arte que no se ha perdido con el tiempo.<br />
En la visita nos detenemos para admirar la decoración de las fuentes, las inmensas puertas de bronce, las salas de abluciones, las celosías exquisitamente labradas del espacio de oración para las mujeres. Los baños y las salas de abluciones son impresionantes.<br />
El costo, sufragado por suscripción pública fue de 500 millones de dólares y el impacto social enorme donde junto con algunas críticas sobre el destino del dinero constituye un emblema para los marroquíes en especial los habitantes de Casa. Desde un punto de vista social se puede considerar una muestra entre las obras de arte construidas para perpetuarse en la memoria de un personaje con poder.<br />
Terminada la visita salimos de Casa con destino a Rabat alojándonos en Salé situada al otro lado del estuario del Oued Bou Regreg que separa Salé de Rabat.<br />
Visitamos la medina de Salé y padecemos un incidente mas con falsos guías. Mientras deambulamos se nos acerca un muchacho que nos indica la dirección de la Gran Mezquita, le agradecemos el detalle y le indicamos que nos gustaría seguir solos la visita. Nos contesta que él vive allá y que no le cuesta trabajo darnos indicaciones. El caso es que nos resignamos a que nos acompañe y nos lleva por la medina, admiramos el minarete de la Gran Medina construida en el S XII y la madrassa que está cerrada. Nos negamos a entrar en un taller de alfarería y al cabo de una hora de visita decidimos que estamos cansados y nos queremos retirar.<br />
Le ofrezco 40 DH en agradecimiento por sus indicaciones y nos dice que sus honorarios son 100 DH. La bronca que le armé fue equivalente al enfado que tenía, sobre todo conmigo mismo pues era la tercera vez que caía en la trampa como un principiante. Al final tuvo que aceptar de muy malas formas los 40 DH que le había ofrecido.<br />
Nos alojamos en el camping de “La Plage” y comentando con un compañero autocaravanista francés nos indicó que la palabra mágica es “Oualú”, es decir: “No necesito nada”, lo mismo que la palabra “Ouajá”, quiere decir “De acuerdo”.</p>
<p>09-02-2006</p>
<p>Salé, Tomamos un “Grand Taxi” a Rabat (30 DH) y visitamos la torre Hassan que es el minarete de una mezquita construida en 1195. El proyecto inicial de llegar hasta los 60 metros fue abandonado quedando en unos bellísimos 40 metros. Junto con el mausoleo de Mohamed V, ambos constituyen los monumentos mas representativos de Rabat.<br />
Hacemos una visita al departamento de cartografía donde adquirimos algunos mapas de Marruecos a escala 1:250.000. El personal de oficina despliega una considerable desconfianza a los potenciales compradores de cartografía extranjeros.<br />
Nos desplazamos a la medina para visitar la Casbah des Oudaias y la puerta almohade Bab Oudaia que es la parte mas antigua de la ciudad y tenía funciones defensivas.<br />
Nos paseamos también por diferentes zocos, en especial el de frutas y verduras donde hicimos acopio. “Oualú” funciona, nos hemos quitado de encima un par de guías.<br />
Visitamos el museo arqueológico. Un pequeño museo poco dotado de medios que exhibe algunos hallazgos de los campamentos romanos en Marruecos así como algunas piezas arqueológicas diversas. Destaca la sala de bronces que presiden sendas cabezas de Juba II y Catón procedentes de Volúbilis.<br />
Continuamos el viaje y llegamos a Asilah. El parking de la muralla está vacío, nos situamos en una campa frente al puerto junto a una docena de autos. Nos comentan que hacía una semana que cerca de doscientas autos han organizado tal atasco que las autoridades locales han prohibido pernoctar en la muralla.</p>
<p>10-02-2006</p>
<p>Asilah, son las ocho y media, el cielo está parcialmente despejado, ha llovido por la noche. Un largo paseo por la orilla del mar y el puerto nos abre el apetito para comer en Casa García. Un calderete especiado con all i oli aromatizado con azafrán nos despide con honores de la cocina marroquí oficiada por un español.<br />
Continuamos el camino hacia Tánger donde llegamos sobre las cuatro de la tarde. Los trámites de la aduana se complican pues no encontramos los impresos de la importación temporal del vehículo.<br />
Nos dicen que tenemos que hacer un parte de pérdida y que lo tendremos que enviar a Rabat. Al final un funcionario accede a revisar los impresos de entrada del día 20 de Enero entre los que aparecen las tres copias correspondientes a nuestra autocaravana. ¡El funcionario había olvidado entregarnos nuestros ejemplares a la entrada!.<br />
Embarcamos a las siete de la tarde en el ferry de las seis después de ser actores en la representación del caos que se organiza cada vez que se llena un barco. Probablemente los responsables se entrenan para hacerlo cada día peor.<br />
Llegamos a las ocho de la noche a Tarifa donde pernoctamos en una de las calles que acceden al puerto y damos por concluido nuestro primer viaje a Marruecos. Hemos recorrido 2.888 kilómetros.Estamos fascinados por el viaje, solo tenemos claro una cosa: queremos volver para pasar mas tiempo en unas fechas cuyo clima sea mas propicio.</p>
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		<title>Alemania 2006, Patrimonio de la Humanidad</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 23:10:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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		<description><![CDATA[Alemania 2006, Patrimonio de la Humanidad
Además de volver a visitar Alemania, este viaje tenía un objetivo fundamental, que sería conocer varios de los lugares o edificios PATRIMONIO DE LA UNESCO, conservados y catalogados de este país.Procediendo como vamos desde el suroeste, trataremos de hacer un círculo, dejando para los últimos días nuestra estancia en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alemania 2006, Patrimonio de la Humanidad</p>
<div>Además de volver a visitar Alemania, este viaje tenía un objetivo fundamental, que sería conocer varios de los lugares o edificios PATRIMONIO DE LA UNESCO, conservados y catalogados de este país.Procediendo como vamos desde el suroeste, trataremos de hacer un círculo, dejando para los últimos días nuestra estancia en la cuenca del Rhin, concretamente en Dusseldorf, para poder visitar la feria de autocaravanas que se celebra allí entre los días 24 de agosto y 3 de septiembre. El recorrido realizado durante 36 días conlleva 6098 km., el consumo ha sido de 593’5 litros de diesel y un coste total de 683 €. ¡No nos podemos quejar!.Iñaki Calvo verano 2006<br />
<span id="more-425"></span></div>
<p>Viernes 28-VII-2006</p>
<p>Salimos el viernes día 28 hacia las 14:30.<br />
No habíamos comido, pero nuestra intención era la de no detenernos hasta no cruzar la frontera. A medida que avanzábamos y hacíamos kilómetros, por los carriles contrarios de la autopista, las caravanas eran kilométricas. Nos daba verdadera pena de aquella gente.<br />
Al llegar a 7 km. de la frontera llenamos el tanque de diesel, y tras recorrer diez km. nos detuvimos en el área de Biriatou. Tras repostar agua y comer tranquilamente, me eché un momento, no pudiendo conciliar el sueño.<br />
Reemprendimos viaje como hacia las 17:30, pero faltándonos menos de 60 km. para llegar a Burdeos, el sueño me vencía, y temiendo poder tener un accidente nos detuvimos. Tras dar una ligera cabezada de media hora, Bego se puso en contacto con Valva, al igual que lo hubiera hecho antes de pasar la frontera. Se encontraban muy cerca.<br />
Cuando nos reunimos con ellos, aunque venían algo cansados, nos pusimos en marcha sin demora, hasta llegar al punto 41º17’53,5”N y 0º14’10,1”E, superada la circunvalación de Burdeos, y cuando ya comenzaba a anochecer, junto al campo de fútbol de Chevanceaux, accediendo al parking por la segunda entrada. Lugar muy tranquilo y a escasos 500 m de la autovía que habíamos abandonado.<br />
La primera en la frente: La cantara de vino se rompe y se derrama gran cantidad del mismo. Haciendo acopio en botellas de todo tipo, se consigue no perder demasiado.</p>
<p>Sábado 29-VII-2006</p>
<p>Habíamos convenido despertarnos temprano, y serían las 9:00 de la mañana la hora de ponernos en marcha.<br />
El día va a ser aburrido, cansino, y no menos falto de peligros. Vamos a ir recorriendo Francia de Suroeste a Noreste evitando las autopistas. A mí me toca delante un vehículo que circula en tramos de un carril en cada sentido de la marcha, a 70 km/h, y cuando se hacen dos en nuestro sentido, acelera hasta 110 km/h. Como los tramos de un único carril son la casi totalidad del recorrido, me veo relegado a intentar adelantarlo cuantas veces no vengan coches de frente, y siempre que no haya línea continua. ¡Imposible y desesperante!<br />
Pernoctamos junto al río, al lado de un embarcadero donde había varios yates. Hay más autocaravanas, y el lugar es bastante aconsejable, y no menos bucólico.<br />
El lugar se llama Clerval, y nos encontramos en el punto N 47º59’57,9” y E 7º49’31,5”.</p>
<p>Domingo 30-VII-2006</p>
<p>Por la mañana, al igual que el día anterior, suena el despertador a las 8:15.<br />
Al otro lado del río vemos mucha gente pescando. Los pescadores están identificados y numerados, ya que se trata de un concurso de pesca fluvial. Nos acercamos a hacer unas fotos y a comprar unas barras de pan. Como es el aniversario de boda de Valva y Victor, éste compra una tarta.<br />
Continuamos viaje, hasta entrar a Alemania. Superamos el Rhin atravesando tres o cuatro puentes seguidos. Es impresionante la magnitud de su caudal.<br />
Por autopista gratuita, circulamos rápidos, hasta salirnos hacia Freiburg. Enseguida encontramos un P+R con letrero de área de autocaravanas. Se pagan 5 € por 24 horas. Existen postes de electricidad, y se pueden sacar toldos, sillas y mesas, etc.<br />
Llegamos a la misma, cuyas coordenadas son N 47º59’57,9” y E 7º49’31,5”. En principio la idea es descansar un rato, por lo que aprovecho para hacer alguna chapucilla y comemos.<br />
Nos acercamos en moto al centro, a pesar de que caminando se pueda llegar a tardar un cuarto de hora.<br />
Visitamos la catedral y otras calles de atractivo obligado. La ciudad es magnífica, y siempre que hemos parado en ella hemos deambulado por todas sus callejuelas, adoquinadas, con sus canalillos refrescando el ambiente. Freiburg, la “ciudad libre”, si bien no dispone de muchos edificios de gran talla arquitectónica, la ciudad vieja en sí ya es un bello modelo y ejemplo de pulcritud, de limpieza, de conservar lo que tienen. Me encanta.<br />
Después de dar varias vueltas, y de tomar unas jarras de cerveza, tratamos de encontrar por dónde volver, pero se nos complica en exceso. Varias chapuzas circulatorias y la ayuda de la Polizei logran que podamos regresar al parking. Añadir que la ciudad es excepcional.<br />
Encuentro con Maripi y PacoCas.<br />
Charloteo hasta la 1:00 de la madrugada. De entre las cosas que nos relatan de su experiencia por este país, tomo nota de dónde aparcar en Heildelberg. Nos vendrá bien.</p>
<p>Lunes 31-VII-2006</p>
<p>Como todas las mañanas, suena el despertador a las 8:15. A las 9:00 ya estamos en marcha, y la salida de Freiburg se lleva a cabo explicando por la emisora a otros españoles autocaravanistas que se encontraban perdidos por el centro de la ciudad tratando de encontrar un área, cómo llegar a ella.<br />
Ya en ruta, pasamos por Höllental (por el Valle del Infierno), hasta que encontramos el parking del Lago Titisee. Ya no es como lo conocimos hace 12 años. Está todo mucho más regulado, resulta complicado eludir los parkings. Pero por 2’5€ no merece la pena alejarse demasiado, ni andar dando vueltas.<br />
Paseamos por la orilla del lago, hacemos fotos, visitamos sus calles, tiendas, (quizá este sea el lugar más barato de Alemania para comprar recuerdos), y volvemos al parking. Comemos y descansamos un ratito.<br />
Se quiere poner a llover. Los primeros goterones hacen acto de presencia. Y así, todo el trayecto hasta FurtWangen lo realizamos bajo un tremendo aguacero. Debemos circular con precaución, pues aunque la carretera es buena, podemos correr el riesgo de hacer acuaplaning.<br />
Ya en esta localidad, a la puerta del museo del reloj, no podemos ni bajarnos de los vehículos. La tromba de agua es impresionante. Cuando amaina un poco, Bego y yo nos acercamos hasta la recepción del museo, donde la señora que atiende allí nos dice que es posible que podamos aparcar en la parada del Bus. No lo hacemos porque en este país no se andan con chiquitas. Tras dar una pequeña vuelta encontramos un par de parcelas adecuadas.<br />
Visitamos el museo, 4€ por persona. Es una pena no entender alemán, porque allí tienen unos 4000 relojes, que es un número considerable y respetable, con sus respectivas explicaciones en alemán puro y duro.<br />
Cuando concluimos la visita nos acercamos hasta Triberg. En la misma carretera, a la izquierda de nuestro sentido de la marcha, encontramos un parking de autobuses con espacio de parking señalizado para autocaravanas. Está un poco en pendiente, pero supongo que con unos calzos se podría solucionar el problema.<br />
Cuando deja de llover, retrocedemos por la carretera cuesta arriba, hasta un kilómetro atrás, donde existe un parking y un gran letrero tallado en madera que en alemán dice “Cascadas”. Tras aparcar, nos adentramos por el frondoso pinar a través de un sendero, llegando a la caseta del cobrador, no el del Frac, pero sí de los 2€ que piden por continuar hacia la caída del agua.<br />
Por suerte ya había pasado la hora de cierre aunque la claridad de las siete de la tarde todavía era buena, gracias a que había dejado de llover, por lo que pudimos continuar gratuitamente además de hacer unas buenas fotos. Sin ser las cataratas de Iguazú, es recomendable la visita y el recorrido, aunque éste también se puede iniciar desde el mismo pueblo.<br />
Al concluir el paseo seguimos hacia Gutach, donde aparcamos a la puerta del polideportivo, junto a los Bomberos. El punto de referencia sería N 48º14’45,0” E 8º12’44,8”.<br />
Desde nuestro parking damos un paseo por entre el caserío, y vemos cómo en la puerta del cementerio existe otro parking mucho más tranquilo y silencioso, y nada desdeñable. Lo recomiendo.<br />
Las casas por entre las que paseamos son idílicas, cuidadas con un mimo exquisito. El cementerio denota el cariño que deben tener a los que ya se han ido, o al menos el cariño que les debieron tener, porque en algunas tumbas había hasta juguetes de niños. Las tumbas, el propio cementerio estaban tan ornamentados, tan cuidado todo, que de nos ser por las lápidas, hubiéramos pensado que era el jardín de algún aficionado a la botánica.<br />
Volviendo hacia las autos, nos detenemos en una taberna en la que se encuentran unos paisanos, que al notar nuestra presencia somos su centro de atención.<br />
Tras tomar sendas cañas, a 1’2€ cada una, regresamos a nuestras casitas a cenar y dormir. De momento las consumiciones se me antojan más baratas que en España, e introducirse en ámbitos autóctonos, considero interesante, especialmente en zonas rurales.</p>
<p>Martes 1-VIII-2006</p>
<p>Ha llovido durante la noche, la calle está húmeda, y a pesar de no haber tenido demasiado tráfico la carretera contigua, sí he notado algo de ruido, especialmente a partir de la madrugada.<br />
Enfrente de nuestro parking hay una enorme casa, muy adornada, de donde por la noche se oía tocar música, y al parecer por el cartel que asoma, creemos que sea se debe de tratar de la escuela de música. Con ello sacamos en conclusión que esta gente es inteligente: han colocado en un radio de 100 m. la escuela local, contiguo el polideportivo, enfrente la escuela de música, la biblioteca.<br />
Tras nuestras deducciones nos acercamos hasta el museo de casas típicas, distante a tres km. del pueblo, y donde para nuestra sorpresa existe un enorme parking gratuito. Así que sería recomendable no haber hecho la noche en Gutach, y habernos acercado hasta aquí. Una vez abonada la entrada de 5€ por persona, pasamos la mañana de casa en casa, de estancia en estancia, subiendo a los graneros, viendo las cocinas, salas, dormitorios, etc, etc. La verdad es que cada una es un microcosmos. Eran autosuficientes, y podían permanecer en ese entorno y sin salir de la casa durante mucho tiempo. Allí tenían todo y de todo.<br />
Durante la visita comienza a llover, no con mucha fuerza, pero sí lo suficiente para tener que guarecernos. Al salir del museo, cotilleamos las tienditas de la entrada, y comemos allí mismo.<br />
Por la tarde nos acercábamos hacia Wolfach, pero un túnel acorta el camino y nos encontramos a medio camino de Schiltach, donde a la entrada del pueblo encontramos una señal de parking de autocaravanas, gratuito, hacia el centro del mismo, al otro lado del puente, junto a la fábrica de cueros. Lugar perfecto para pernoctar.<br />
Visitamos la localidad, y tras comprarnos unos exquisitos pasteles, continuamos con nuestra visita, subiendo por sus calles empedradas, jalonadas de casas de entramados. Lugar idílico para los aficionados a la fotografía.<br />
Parece que quiere comenzar a llover y nos apresuramos en llegar hasta las autos. Enfrente hay una pared con un grifo, aprovechamos la ocasión en rellenar el depósito, (más vale prevenir&#8230;).<br />
Continuamos ruta hasta Freustadt, y desde el centro nos alejamos hasta la zona del polideportivo, donde encontramos dos parkings. El más alto está dividido en parcelas para una veintena de coches cada sección, rodeadas de setos, con lo que las autos quedan más protegidas. Recomendable.<br />
Nos acercamos al pueblo con ayuda de la PDA+GPS y tras visitar la iglesia con naves en forma de L, el resto del pueblo sin desmerecer, está muy bien distribuido, pero no tiene demasiado interés. La gran plaza, con jardines, fuentes, parking de autobuses, rodeada de soportales, tiene un edificio que se queda casi sólo, y es una Biergarten. Vemos desde la calle unos colosales alambiques de cobre, y tratamos de saciar nuestra curiosidad. Muy buen ambiente, y bastante gente, comparando con la que se veía en otros locales o por la calle. La cerveza era buena, y nos deja un grato recuerdo.</p>
<p>Miércoles 2-VIII-2006</p>
<p>Nos despertamos con la llamada del despertador, y 18º en el interior de la autocaravana, y tan solo 13º en el exterior. Se podría decir que la mañana era fresca.<br />
Desde Freudstat vamos a ir circulando por casi la crestería de la cadena montañosa que queda al Este del Rhin. El recorrido es espectacular. Algunas veces se ve hacia el interior de la Selva Negra, y en otras ocasiones queda a nuestra izquierda la magnífica llanura que deja divisar Francia.<br />
Llegamos a Baden-Baden donde sin problemas aparcamos en el área de autocaravanas a la entrada de la localidad, a la derecha de nuestro sentido de la marcha, bien señalizada. Damos un paseo hasta el centro urbano, un poco distante, visitando lo más destacado de la misma. Poco a poco regresamos para comer, pero llevando con nosotros la intención de regresar algo más tarde. La climatología ha mejorado a lo largo de la mañana, a la vez que descender al valle ha favorecido la subida y normalización de las temperaturas.<br />
Después de comer y descansar un rato, nos acercamos con la motos hasta las Termas de Caracalla – Friederisbad, donde por 21€ permaneceremos durante tres horas a remojo, o degustando los placeres de permanecer en una sala a 68º. Claro está, las termas, al ser nudistas, exigen que el personal se mueva por allí tal y como lo parieron. (No los trabajadores). Hay otras termas menos impúdicas.<br />
Al concluir la sesión, con la piel suave, con el ánimo relajado, con el stres olvidado, volvemos a las autos, picamos algo, y nos largamos hasta Maulbronn, que al ser un traslado por autopista, es un viaje relativamente rápido.<br />
Al llegar a la localidad de destino, encontramos un parking muy grande y muy próximo al objetivo de nuestra siguiente jornada. La situación es sencilla: N 48º59’59,1” y E8º48’28,5”.</p>
<p>Jueves 3-VIII-2006</p>
<p>Repetimos la hora de diana, y a toque de despertador nos ponemos en marcha como siempre. Para las nueve nos acercamos los escasos metros que nos separan de la Abadía de Maulbronn, PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1993.<br />
No tengo palabras para describirla, pero el título es merecido. Es una maravilla. Si la zona monacal en sí ya se merece la distinción y el honor del título, el conjunto con la zona exterior lo duplica. Recomendable para visitarlo, para aprender historia, y en especial sobre el cister. Y recomendable, cómo no, para disfrutar. El retroceso en el tiempo es total.<br />
La entrada a la Abadía nos cuesta 5€ por persona, más otro 1’5€ por la audioguía, que es mucho más que recomendable (obligatoria).<br />
Como la mañana es muy larga, disfrutamos de una misa protestante acompañada de un concierto de Órgano, donde todo era explicado en alemán. No entendimos gran cosa, pero ahí queda la experiencia.<br />
Desde este enclave maravilloso nos dirigimos a Speyer, (Espira para los españoles), donde nada más llegar, aparcamos y comemos. Posteriormente adquirimos los tickets del parking (1€ para 2horas), y nos dirigimos a visitar la catedral.<br />
Nuevamente nos encontramos ante otro edificio PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1981, que aparte de los gustos más o menos religiosos, creo que su visita es más que justificada. Se trata de la mayor construcción románica de Europa. Mandada construir entre 1030 y 1061, dispone de cuatro torres y dos cúpulas. Y realmente lo que sobrecoge son sus 133 metros de nave principal, y la altura de la misma.<br />
La localidad es hermosa, especialmente su calle peatonal central. Hay que llegar hasta la Alpörtel, puerta que cerraba la muralla entre los Ss. XI-XIII.<br />
Cuando dimos por saciada nuestra curiosidad, regresamos a las autos, y dejando allí mismo sin visitar un museo de aviación, muy propio para niños. Iniciamos la marcha hasta Heidelberg.<br />
Hacía algunos años que habíamos estado por allí, ésta sería nuestra tercera visita, por lo que era como repasar las ideas, refrescarlas. Aparcamos para pernoctar junto al río, frente a la ciudad, pasado el tercer puente, en una zona donde todas las tardes cientos de ciudadanos se congregan a disfrutar de ese pulmón verde y de expansión que allí tienen.<br />
Recorremos un par de km. caminando por la orilla derecha, viendo cómo se reúnen en torno a barbacoas, bebiendo cervezas, jugando a Voley playa, correteando con los perros, jugando con sus hijos, paseando en bicicleta, navegando a vela o en piragua. Al llegar al puente romano cruzamos a la ciudad y disfrutamos de la vista que se nos ofrece del castillo. En el puente siguen escritas las marcas de los niveles alcanzados en la diferentes y sucesivas inundaciones.<br />
Pasamos al interior de la ciudad y callejeamos sin rumbo. En la catedral, el organista se encuentra afinando el enorme órgano, y disfrutamos de sus acordes durante unos minutos. Vamos retrocediendo por la calle principal, al amparo de la ausencia de tráfico, viendo escaparates y tiendas ya cerradas.<br />
El lugar donde pernoctamos se encuentra en N 49º24’42,5” y E 8º40’46,0”, lo recomiendo.</p>
<p>Viernes 4-VIII-2006</p>
<p>La hora de levantarse y comenzar la ruta, la de todos los días. Las PDAs programadas, todo en orden de marcha, y como dicen los marineros, todo bien estivado, salimos a la autopista para llegar al pueblecito de Lorsch.<br />
Al llegar encontramos un pequeño parking como dos campos de fútbol, donde había media docena de autos y dos coches. Por supuesto, gratuita, con agua y servicios. Visitamos los restos de una Abadía benedictina actualmente PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1991, fundada en el 774, que el ejército español se encargó de destruir allá por el S. XVII. Qué mérito tendría esta edificación si estuviese totalmente en pie.<br />
Se reconocen la Torhalle, o puerta triunfal, como únicos restos de arquitectura carolingia. A varios metros tenemos la Iglesia, de la que sólo se conserva la parte de la nave central.<br />
El pueblo muy recoleto, y con un Ayuntamiento bonito. Se pueden hacer unas fotografías.<br />
Pero es tan poquita cosa el conjunto, que estando escasos de tiempo, no merece la pena perderlo demasiado en visitarlo. Sólo si se quiere pernoctar tranquilos, y en buen gran parking, merece la pena ir.<br />
Sabemos que muy cerca nos quedaban las excavaciones de fósiles de Messel, PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1995, pero en este caso sí que decidimos dejarlo para otra ocasión.<br />
Continuamos hasta Würzburg, donde antes de cruzar el puente, entramos en un parking de pago: 1€ por 3 horas. Sacamos ticket por 2€. Comemos para cargar nuestras propias baterías y emprendemos ruta a pie.<br />
Tras cruzar el puente romano, nos encontramos en la plaza del Ayuntamiento. De ahí pasamos por la Domstrasse hasta la catedral (Dom), que nos resultó muy sencilla en ornamentación, y esto supone que no se le preste atención, aunque data de 1045. Continuamos hacia nuestro objetivo por lo que concluyendo la calle Hofstrase aparece ante nosotros la magnífica plaza de Residenzplatz. La fuente central da paso al hermoso edificio de la Residenz, construido entre 1720 y 1744, para ejercer de residencia de los príncipes obispos. Éstos habían tenido desde el S. XIII su hogar en Festung Marienburg hasta que el príncipe-obispo Johann Phililip Franz von Schönbrorn amante del placer, financió los gastos de la construcción. Como se puede suponer, además de ser el más bello palacio barroco alemán, es uno de los más suntuosos edificios europeos.<br />
Queda claro que los príncipes-obispos ejercían más de lo primero que de lo segundo. Pero el capricho de hace casi trescientos años, es hoy PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1981.<br />
Pasamos al interior un poco apenados y quejosos, pues no se pueden sacar fotos. Entrada 5€. Ya en el hall tenemos antes nosotros un salón, a media restauración. Sus frescos son excelentes, pero no van a ser el mayor atractivo de edificio. Para deleitarnos subimos la escalinata barroca Treppenhaus, desde donde contemplamos un magnífico fresco que representa a los conocidos cuatro continentes de aquella época. Su autor, el veneciano Giovanni Battista Tiépolo, que trabajó en esta ciudad durante tres años, ayudado por sus hijos.<br />
Pasamos por otros salones, salones con nombre propio, tales como la Waissersaal o salón blanco; la Kaisersaal o salón del trono, y sucesivas estancias en las que se denota un gusto exquisito, además de una opulencia exagerada.<br />
Al salir del edificio principal, pasamos por la capilla o Hofkirche, que redunda en más de lo anterior. Me atrevería a decir que es exagerada. Desde ahí visitamos los jardines o Hofgarten, también al estilo del S. XVIII. Todo es muy meritorio.<br />
Al concluir la visita, unas amenazadoras nubes ya se han hecho fuertes sobre nuestra verticalidad, y comienza un aguacero sin control. Tras media hora a resguardo, conseguimos ponernos en marcha y acercarnos por Theaterstrasse hasta Bürgerspital, donde nos tomamos una jarrita de vino blanco de Franconia, de los propios viñedos de lo que fuera el Hospicio medieval, creado por los burgueses para cobijar a los pobres y ancianos de la ciudad.<br />
Continuamos ruta hasta la AgustinerKirche, del S. XIII, y una vez vista su fachada, nos acercamos a la plaza del Markt o mercado. Una sorprendente casa rococó destaca sobre el resto de edificios por su estilo inusual.<br />
Pasamos hasta la Marienkapelle, del S XIV-XV. Entramos en el ayuntamiento donde vemos una exposición de fotografías de cómo quedó la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. La maqueta que lo representa infunde pena, tristeza y otros sentimientos que afloran ante tales acciones.<br />
Vamos regresando a nuestro punto de partida. El viejo puente nos deja ver a lo lejos la fortaleza de Marienburg, la ciudad al Este, y custodiando nuestro paso, dos hileras de figuras entre las que destaca la patrona de la ciudad, la Madonna llorosa.<br />
Desde el parking, tomamos ruta hacia Rothenburg ob der Tauber. Gracias al Navegador llegamos al parking para autocaravanas sin ningún problema, sito en 49º22’13,75”N 10º10’59,83”E. Nada más encontrar parking, y tras dar una vuelta de inspección, nos acercamos hasta el pueblo cámara en ristre, y maravillados por el espectáculo arquitectónico que estamos presenciando, hacemos cuantas fotos nocturnas se puede.<br />
Cansados, animados por el fresco, regresamos hasta nuestras casitas para cenar y dormir.</p>
<p>Sábado 5-VIII-2006</p>
<p>Pasamos la mañana por la localidad, no sabiendo qué dejar sin fotografiar. Todo nos parece poco, y todo nos lo queremos llevar para nuestra casa. Hemos leído en nuestras Guías que se trata de la ciudad Medieval mejor conservada de Europa. Nuestra opinión puede diferir, y con ello no estaríamos menospreciando las de personas más expertas que nosotros.<br />
Es evidente que el casco antiguo cumple todos los requisitos de una villa medieval. Aún conserva sus murallas, una calle central, una plaza de mercado, varias iglesias y casas señoriales.<br />
La muralla, con más de 2000 m de longitud , bordean el casco antiguo, dejando ver desde su paseo, tejados, callejuelas, torreones, la ciudad nueva y el paisaje que rodea este entorno.<br />
Accedemos a la ciudad por la torre del Spital y a la altura de Rodergasse abandonamos la misma y descendemos hasta el Rathaus. En Información adquirimos un plano de la ciudad, y vamos recorriendo cada calle, cada rincón, paseando, deleitándonos, haciendo esas fotos para el recuerdo.<br />
A mitad de mañana compramos unos bocatas de salchichas, y vistamos una tienda donde sólo venden artículos relacionados con la Navidad. En agosto a plena Navidad. Reconocemos que merece la pena la visita. Fundamental.<br />
Nos retiramos a comer como hacia las 3:30. Tras el pertinente descanso, repostamos aguas y ponemos rumbo a Feuchtwangen. Encontramos un parking con facilidad, y tras dar un paseo, denotamos que a pesar de disponer de varias casas con entramado de madera, ni la estructura de las calles, ni su distribución suponen que se trate de una ciudad medieval.<br />
Sus habitantes estarán orgullosos de la localidad, pero para nada podrán compararse a Rothenburg. No merece la pena perder mucho tiempo; aún queda mucho que ver y más interesante.<br />
Continuamos ruta, y llegamos a Dinkelsbühl. Aquí también encontramos el área de autocaravanas muy fácilmente. 49º03’51,44”N 10º19’31,50”E. Nada más aparcar nos aprovisionamos de chubasqueros y paraguas, y damos una vuelta. Al llegar a la Dom, comienza a llover fuertemente.<br />
Cuando amaina un poco, continuamos la visita y tras encontrar una Biergarten, nos tomamos unas hermosas cañas de cerveza, mientras nos guarecemos. Charlamos unos segundos con unos paisanos, y al regresar hacia nuestras casas, participamos de un espectáculo muy simpático, en el que un señor ataviado a la vieja usanza pasaba de casa en casa gritando So G’sell so, y era obsequiado con una copa de vino, que a su vez ofrecía a los acompañantes. ¡No estaba mal!.</p>
<p>Domingo 6-VIII-2006</p>
<p>Las tempranas campanadas nos despiertan como a las 8:30, o antes. Con paraguas y chubasqueros, emprendemos un paseo matutino, para además de visitar la localidad, hacer fotografías.<br />
La gente, apresurada va a la iglesia. Nos preguntamos a qué dedicarán el resto del día, si a las nueve van a misa. La jardinería tiene mucho futuro.<br />
Cuando consideramos que ya no nos queda mucho por ver, tras haber hecho las pertinentes comparaciones con Rothenburg, vemos que ambos disponen de muralla, pero este último tiene las calles más abiertas, más amplias, más estilo de ciudad.<br />
La climatología ha deslucido la visita, pero aquí hemos encontrado menos turismo, y por esta razón nos ha gustado más.<br />
Al concluir la visita continuamos viaje hasta Nördlingen. No estaba muy claro dónde aparcar, y definitivamente nos acercamos hasta el Hipódromo, donde hay un área magnífica, con borne y mucho espacio. 48º51’17,77”N 10º29’04,34”E<br />
Tras aparcar, el olor a caballo, y unos altavoces nos llevan a curiosear. Por los aledaños gente ataviada de fiesta, jokeys, caballos, camiones para transportarlos, todo el mundo de la hípica se había dado cita allí, y nosotros acabábamos de llegar por casualidad. Regresamos a las autos, preparamos unos bocatas, y volvemos al hipódromo. Los tickets son 6€, entramos, nos mezclamos con los lugareños, y vemos un desfile de gentes de allí, tocando con sus bandas, coches antiguos, caballos, una jauría, etc.<br />
Pasamos la jornada disfrutando de carreras, desfile de señoras bien ataviadas, de saltos de caballos, de lluvia, de todo.<br />
Cuando concluía el espectáculo, regresamos a las autos y damos un paseo por la localidad. Otra, con sus murallas, con sus callejuelas, con su Dam, con su Rathaus, con su aspecto medieval. Y además ésta, con su río interior. ¡Muy bonita!<br />
Va a anochecer, y parece que chispea. Partimos en dirección a Bolheim. Yo quiero pasarme por el concesionario donde adquirimos la auto.<br />
Gracias al navegador llegamos sin problemas, bastante anochecido. ¡Pero llegamos!</p>
<p>Lunes 7-VIII-2006</p>
<p>Alguien nos informa que el propietario del concesionario está de vacaciones.<br />
Sin perder tiempo, programamos ruta y nos vamos hasta Ulm. El dato del área de autocaravanas es erróneo y nos mete en una zona peatonal. Tras dar una pequeña vuelta la localizamos y llegamos a una zona deportiva: E 10º00’33” N48º24’26”.<br />
El parking es gratuito, pero sí hay que pagar por repostar agua.<br />
Paseamos hasta la ciudad, (el paseo a pie es muy factible y nada exagerado) visitamos el ayuntamiento, excepcional por sus pinturas externas; la catedral, subimos a sus torres por 4€, con unas vistas magníficas; bajamos al barrio de pescadores, interesante; (todo ello muy recomendable) y regresamos al área a comer. Muy interesante.<br />
Tras el pertinente descanso, reemprendemos ruta hacia Lindau. El área de autocaravanas es de pago, pero nosotros lo solucionamos con 2€ para cuatro horas. Nos acercamos hasta el casco urbano sito en la isla, hacemos unas fotos de una puesta de sol sobre el lago Bodense, además de algunas calles y edificios céntricos, y regresamos, no sin antes ser atrapados por una tormenta, que a punto estuvo de hacernos usar el equipo de submarinismo. Un puente nos salvo por los pelos.<br />
Al llegar al parking. Pusimos pies en polvorosa, y nos acercamos hasta Füssen.<br />
Por el camino encontramos varios bancos de niebla, que se suman a la nocturnidad y a la húmeda climatología. Al llegar, el área, con barrera, cerrada. Una calle al azar nos sirvió para pernoctar, aunque en casi todas encontrábamos el cartel de prohibido autocaravanas.</p>
<p>Martes 8-VIII-2006</p>
<p>Por la mañana, cuando nos las prometíamos muy felices, veo a nuestras espaldas el cartelito de prohibido aparcar autocaravanas, con lo que en vez de dejar ahí las autos y aproximarnos en moto, ponemos rumbo al castillo de Neuschwanstein, en cuya base aparcamos en uno de los parkings. Recomiendo el primero, hacia la izquierda, sin subir la cuesta hacia la derecha, ya que del segundo, es difícil salir por el poco espacio para maniobras.<br />
Subimos en autobús hasta la última parada, 2’60€ ida y vuelta. Continuamos ruta hasta el puente de Marianbruke, desde donde la vista es excepcional. No conformes con ella, y a pesar de la lluvia, continuamos por el sendero, hasta alcanzar una cota bastante más alta. Recomiendo continuar algunos metros más.<br />
De vuelta, descendemos hasta la cascada y a continuación ascendemos hasta el castillo, donde sacamos algunas fotos. Aunque no sea Patrimonio de la UNESCO, posiblemente sea uno de los lugares más visitados de Alemania, y si no fuera por la marabunta, posiblemente uno de los lugares con más encanto.<br />
De vuelta en el autobús, ya en el parking, programamos en dirección a Gramisch. Por el camino recuerdo que cerca se encontraba la Wieskirche, y en viendo un indicador en la carretera, nos dirigimos hacia allí. Pagamos 2€ por el parking, pero la visita a la Iglesia es gratuita. 47º40’47,63”N 10º54’02,84”E<br />
Citar que se trata de otro edificio PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1983, es garantía de que la visita no es en vano.<br />
Se trata de un edificio poco atractivo externamente, construido entre 1746 y 1754. Lo que realmente es espectacular es su interior, en cuya cúpula se representan en un solo fresco, la Encarnación y sacrificio de Cristo, la Puerta del Paraíso, el Juicio Universal, etc. Además de otros ornamentos en mármol.<br />
Nos sobrecoge cómo la gente, sentada en los bancos, sin director alguno, rezan el rosario, o alguna plegaria, donde alguien dice una frase, y el resto responde. ¡Vaya fe!. Claro está, y hay que citarlo, que se trata de una iglesia de peregrinación.<br />
El paisaje, de suaves lomas, verde, con praderas frescas y reverdecientes, acompaña al conjunto, ensalzándolo un poco más.<br />
Después de la visita comemos en el mismo parking, y al concluir el descanso, partimos en la dirección que habíamos programado anteriormente.<br />
Al llegar a Garmisch, entendemos que estamos en zona turística, ya que los parkings son de pago. Dejamos las autos junto al Stadion, 47º29’18”N y 11º5’38”E, y nos dirigimos a la estación del tren cremallera, con intención de subir hasta el Zugspitze. La taquillera nos informa que el último tren parte a las 14:15 y que el precio es de 45€ por persona. Ante tal imposibilidad damos un paso por el pueblo, que se asemeja a Interlaken.<br />
Cuando otras amenazadoras nubes empiezan a soltar las primeras gotas, caminamos ligeros hasta las autos, y la suerte nos acompaña, ya que nada más llegar, comienza a llover tal chaparrón, que a las nueve de la mañana aún continuaba. El parking en el que pernoctamos se encuentra en N:47º29’18” E:11º05’38”.</p>
<p>Miércoles 9-VIII-2006</p>
<p>Por la mañana teníamos intención de coger el tren de la 9:15, ya que sólo partían a la horas y 15’, siendo el último el de las 14:15’.<br />
La tromba de agua seguía siendo de tal magnitud, la visibilidad tan escasa, que asqueados por el agua y la lluvia, partimos rumbo a München.<br />
Como a 20 ó 30 km. ya no llovía, y la carretera estaba seca.<br />
Continuamos ruta, y al llegar a München, el sol lucía resplandeciente. Tratamos de aparcar por varias zonas, pero todas nos parecían poco aconsejables. Finalmente decidimos acercarnos al camping, 11º32’41”E y 48º05’29”N, donde por 16€ hemos dispuesto de parking, WCs, agua, etc. Distamos del centro más de 5,6 km.<br />
Reestudiando el mapa de la ciudad, sería factible aparcar por la zona del Inglis Garten 48º09’07,27”N 11º35’08,18E o en su defecto por la zona Olímpica 48º10’20,52”N 11º32’27,34”E. Habría que explorar un aparcamiento en batería en 48º07’57,33”N 11º33’45,32”E<br />
En el Camping hemos adquirido unas Turist trans, que por 8’5€ da acceso a todos los transporte públicos de la ciudad cuantas veces se desee a lo largo de la jornada.<br />
Cogemos el bus hasta la parada del metro, y desde allí en la línea U3 vamos hasta la Marienplatz, donde en información compramos una guía de la ciudad: 5€. El primer contacto con la ciudad es grato. Begoña y yo ya habíamos estado aquí hace 12 años, hospedados en el hotel Sheraton, y para nosotros era reencontrarnos con ella.<br />
Callejeamos hasta cansarnos, y cómo no, para descansar qué mejor que hacerlo al amparo de una buena jarra de cerveza en la más afamada Biergarten de la ciudad, la HB.<br />
Cenamos codillo, salchichas, todo acompañado por sus salsas y patatas, además de jarras de litro de cerveza. Dos rebanadas de pan negro nos costaron 1€.<br />
Al concluir la cena, fotos nocturnas, y regreso en metro. Ya no había autobús, por lo que el último trayecto lo hicimos en taxi, por 7€. El último autobús sale a las 9:20. En su defecto se puede ir caminando, algo menos de un km.</p>
<p>Jueves, 10 –VIII-2006</p>
<p>Por la mañana salimos hacia el centro, pues queremos visitar el Deutches Museum. 8’5€.<br />
Prácticamente toda la jornada está lloviendo. Se puede decir que el acierto fue grande. Al concluir la visita nos acercamos hasta la estación central de ferrocarriles, ya que nos han dicho que allí podremos encontrar prensa española.<br />
Enfrente encontramos un centro de internet con locutorio, y aprovechamos la ocasión para ver correos electrónicos y hacer algunas llamadas.<br />
Desde ahí nos dirigimos hasta el Englister Garten, ya que recuerdo que por allí había una pagoda china. Antes de iniciar la incursión por el parque, otra tromba de agua nos acompaña, y una Iglesia cercana nos sirve de cobijo. En la misma calle la Puerta similar a la de Alcalá, nos engaña un poco, se trata Siegestor o arco de la victoria<br />
Cuando podemos, continuamos el paseo, no sin miedo ante la amenaza de más agua. Encontramos el lugar, que bien merece una visita. Pero se encuentra desolado, encharcado, y casi abandonado. La lluvia espanta a los paseantes y bebedores. La pagoda ejerce de biergarten, y es un lugar muy tranquilo y atractivo para degustar una jarra de cerveza. Tenemos un pequeño encuentro con unas españolas residentes en Alemania. Charlamos sobre costumbres y qué cosas son más típicas a la hora de beber o comer.<br />
Regresamos a la civilización, y desde las proximidades del Jardín, volvemos al camping.</p>
<p>Viernes, 11-VIII-2006</p>
<p>Valva quería pasarse por internet. De nuevo llegamos a la estación central, y tras comprar prensa, con la consulta en los ordenadores, nos acercamos hasta la zona Olímpica del 72.<br />
Subimos a la torre del Sport Zentrum, 4€, desde donde tenemos una paisajística espectacular. No sería exagerado calcular más de 30 km de diámetro. Pero también es impresionante la velocidad con la que sube el ascensor, que alcanza los 7m por segundo. El tiempo que permanecemos en su interior es de 46 segundos, subiendo a 200 m de altura.<br />
Hechas las fotos de conveniencia, nos trasladamos hasta la Marienplatz, donde hacemos las últimas fotos, primero en la catedral, Dom, y después frente al Rathaus. Es como que nos estuviéramos despidiendo. Cuando descendemos al interior del Undergraund, Metro, a lo largo del pasillo, suponemos que vamos caminando bajo esa plaza que no sabemos hasta cuándo no volveremos a encontrarnos en ella.<br />
Ya en el Camping, comidos, pagada la estancia en el mismo, (salida hasta las 16:00), aguas residuales, mayores y menores desaguadas, y bajo un comprometedor aguacero, nos despedimos de la ciudad.<br />
Hay muchas cosas que vamos visitando que no cito, pero que van apareciendo en cualquier guía turística.<br />
Habíamos marcado un área de Nürnberg como destino, y a pesar de ser autopista el nexo entre ambas ciudades, llegamos al atardecer, por un monumental atasco. El área francamente pequeña, completa a rebosar, pero ubicada junto a un enorme parque a las afueras de la ciudad. Dispone de servicios, que sirven para vaciar aguas mayores. 11º05’39”E y 49º28’29”N. También se podría aparacar en 49º27’15,76”N 11º05’58,58”E<br />
Un paseo sobre el césped húmedo, y con una temperatura agradablemente fresca, para ser agosto, nos sirve para relajarnos y dar paso a la cena.</p>
<p>Sábado, 12-VIII-2006</p>
<p>Si no es la mañana más fresca de todas, desde que entramos en Alemania, no estará muy alejada de la que lo hubiere sido.<br />
Como todas las mañanas, a las 9:00 ya estamos en orden de marcha. Hoy bajaremos al centro en moto. Casi nos encontramos a 3’5 km. y no tenemos muchas ganas de buscar transporte público.<br />
Según vamos accediendo al centro, encontramos un parking sobre la acera, y desde ahí estamos a un tiro de piedra de todo.<br />
Entramos por la plaza del mercado o Haupmarkt, donde un sinfín de toldos rojiblancos albergan los puestos de venta de frutas y verduras. Compramos una bolsa de manzanas deshidratadas, manzanas chips. ¡Exquisitas!. Entramos en la iglesia Frauenkirche, y disfrutamos de una boda alemana. La iglesia de gabletes en toda su fachada contiene un reloj animado, en el que aparece un rey en la parte inferior y un precioso reloj dorado en la superior. En la plaza no dejamos de hacer fotos desde todos los ángulos a la fuente Schöner Bruñen, la que para nosotros siempre había representado en nuestros viajes anteriores una enorme custodia.<br />
Ascendemos por una calle que sube hacia el castillo, y a nuestra izquierda encontramos la Iglesia de San Sebald con dos torres gemelas impresionantes y un interior nada despreciable, destacando un Calvario en madera, el sepulcro de San Sebald, una Virgen con Niño policromada, etc. ¡Excelentes!<br />
Enfrente de la iglesia se encuentra el Altes Rathaus, donde encontramos una exposición sobre artilugios policiales e inventos disuasorios antirrobo. El edificio en sí merece acercarse hasta la Rathausplatz.Continuamos calle arriba y llegamos al albergue de juventud, que en sus tiempos del S. XV debió servir como caballerizas. En dicho entorno encontramos el castillo del siglo XI, Kaiserburg, una torre de cinco lados, la capilla imperial, un patio hermoso, y una pared desde la que se disfruta de una bella vista sobre la ciudad. En los sótanos de la torre, parece ser que se guardaron todos los objetos de arte y valor antes de que estallase la segunda guerra mundial.<br />
Después de tomar una cerveza en una biergarten al pie del castillo, pasamos por la casa en la que debió de vivir Alberto Durero, y desde donde vamos descendiendo y disfrutando del callejeo hasta llegar a la Haupmarkt, cruzamos el río Pegnitz por uno de los puentes que da acceso al otro lado de la ciudad.<br />
Llegamos hasta la Frauentorturm, o torre de la muralla, donde hay un pequeño barrio de vendedores de artesanía, simulando un antiguo zoco. Regresamos hasta la catedral, recorriendo la Karolinenstrasse. Multitud de tiendas, más de un km de calle peatonal al servicio de las compras y el paseo. De la catedral, la de St. Lawrence, cuya fachada e interior son más que mencionables. Enfrente una gran edificación, la Mauthalle, un antiguo almacén de cereales con un bonito reloj de sol en su fachada. No me cansaré de repetir, que son ciudades a la medida del fotógrafo aficionado. El hartazgo es total.<br />
Un tentempié nos sirve para continuar caminando, sin tener que regresar a las autos a comer. Continuando por la calle citada, llegamos hasta la fuente Schöner Bruñen.<br />
Regresamos al punto donde tenemos aparcadas las motos, y con el servicio de éstas, regresamos a las autos hacia las 16:30. Comemos algo, y una vez guardadas las motos, tras un descanso, merecido, emprendemos ruta hacia Bamberg.<br />
Llegamos al área de autocaravanas, 0’5€/noche, 10º54’08”E y 48º53’09”N, y nada más aparcar las nuestras, nos dirigimos al centro a plasmar algunas fotos nocturnas y hacernos una composición del lugar.<br />
Regreso y a dormir.</p>
<p>Domingo, 13-VIII-2006</p>
<p>Parece ser que la ciudad fue fundada en el año 973, siendo convertida en obispado por el rey Enrique II, por lo que se diferencian dos zonas en la estructura urbanística de la misma: La Bürgerstadt o zona de los comerciantes, que sería la zona baja. Y la parte alta en la que se encuentran Bischofsstadt o zona eclesiástica. Y entre ambas, el ayuntamiento, enclavado en una minúscula isla de la que se descuelga sobre las aguas por los laterales, con aspecto de entramados de madera en una primera fase, PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1993, y rococó en la segunda.<br />
Unas casitas de pescadores rodean el río Pegnitz, no integrándose en ninguna de las zonas citadas. Por su proximidad al agua las denominan la Venecia de Bamberg. No sabemos qué foto nos falta por hacer. Son cientos las que queremos llevarnos de recuerdo. En primer lugar el Ayuntamiento, luego la plaza de la catedral, el interior de ésta, con su estilo transitorio entre románico y gótico, su caballero de Bamberg, la tumba de Enrique II y Kunigunde. Cuando estábamos en el interior del templo, un rayo de luz se filtraba por las ventanas, dándole al interior una imagen semimágica y deseable por cualquier fotógrafo amateur.<br />
En esta plaza encontramos dos edificaciones muy singulares: la Residenz con su rosaleda, y junto a la catedral, Alte Hofhaltung, en cuyo patio podemos creer estar regresando 500 años atrás. ¡Una maravilla!<br />
Subimos por una empinada cuesta hacia la Iglesia de St Michael, disfrutamos de sus jardines, y especialmente de las vistas que ofrece desde su parte posterior sobre toda la ciudad.<br />
Descendemos al barrio de pescadores, al barrio comercial, y poco a poco nos alejamos en busca de nuestras autos.<br />
Partimos en dirección a Dresde, aparcando junto al río en la zona de Pieschener Allee. Área gratuita en 13º43’47”E y 51º03’44”N. Dedicamos el resto de la tarde a actualizar los relatos.<br />
Mediante Google Arth veo que en la orilla contraria del río, enfrente de la ciudad, existe un parking que está repleto de autocaravanas: 51º03’23,90”N 13º44’33,76”E.</p>
<p>Lunes, 14-VIII- 2006</p>
<p>Por la mañana nos acercamos al centro y visitamos en primer lugar el exterior del Semperoper o Theater. Hofkirche, junto a la catedral, en la Theaterplatz. Continuamos nuestra ruta alejándonos del río, y llegamos a la puerta de la Oficina de información en el Zwinger o Torre del Homenaje. Visitamos éste, ya que se trata de un conjunto palaciego de edificios barrocos del XVIII, construidos en torno a un gran patio-jardín central. Hay grandes museos entre ellos, como el de porcelanas, el de zoología, la galería de los antiguos maestros, etc. Nos ha encantado la fuente de las Ninfas.<br />
Nos acercamos hasta la catedral de la Santísima Trinidad o Katholische Hofkirche, consagrada en 1754. Caminamos por detrás del Johanneum en cuyo muro exterior hay un notable mural de porcelana que representa en 25000 baldosas de Meissen , con 102 m. de longitud, a más de 100 miembros de la realeza sajona de Wettin. Llegamos a la Neumarkt, donde ansiábamos ver la Frauenkirche, ya que durante la primavera de 2006 había asistido algún miembro de la realeza británica a inaugurarla. Pero somos capaces de contener el deseo y nos dirigimos al “balcón de Europa” o Brühlsche Terrassa, desde donde se domina el Elba, y la orilla opuesta desde el sur, dejándonos disfrutar de la vista sobre el río, que por cierto lleva un caudal más que estimable.<br />
Cuando definitivamente accedemos al interior de la Frauenkirche, nos sentamos en un banco y ensimismados, tratamos de abarcar y admirar todo lo que la vista alcanza. Esta Iglesia de Nuestra Señora me atrevería a decir que ha sido uno de los mayores retos del S. XXI. Demolida con los bombardeos de los días 13 y 14 de febrero de 1945, convertida en cenizas, había sido elegida como monumento conmemorativo de aquella masacre dejándola destruida. Pero el pundonor y las ayudas británicas, (entre otras), en 1993 se comienza su reconstrucción, y con los restos que eran útiles y 10.000 fotos, se ha podido devolver el estado que tenía allá por 1738. Debo decir que en nuestra anterior visita, habíamos contemplado la enorme plaza cubierta de piedras numeradas y esparcidas. Pena y desolación habían provocado en nosotros en aquella ocasión, y esa era la razón de nuestra alegría presente.<br />
Ya desde ahí nos acercamos hasta el actual Rathaus, deambulamos por la zona sur, hasta que cruzamos a la otra orilla y visitamos la Lechería, y algunos lugares importantes de aquel lado, como la Albert Platz<br />
Después de comer nos acercamos hasta Bastei, ya que hemos leído que existen unas formaciones rocosas muy bonitas. A pesar de que la carreterilla es muy estrecha, la visita es espectacular. Caminamos entre las citadas formaciones rocosas y los pasadizos, los puentes, o los miradores sobre el río Elba, que ofrecen una vista indescriptible. El mirador se halla a 190 m. sobre el río, y es denominado como la Suiza Sajona. Realmente es impresionante. Al otro lado del río observamos que existe un parking en el que hay autocaravanas sobre una pradera, en lo que Google Earth indica como N 50º57’20,62” y E 14º4’49,14”. No obstante nosotros aparcamos en la parte superior de la montaña, la más conveniente para el paseo, en un parking con barrera y por horas, en la posición N 50º58’1,09” y E14º3’55,77”.<br />
Oscurece, y podemos aprovechar un rato antes de dormir para acercarnos hasta Potsdam. Al ponernos en carretera comienza a llover, por lo que aflojo el acelerador.<br />
A nuestra llegada aparcamos en el centro, en el parking Voltaire, cuya barrera estaba levantada. No entendíamos dónde coger el ticket, o cómo hacer para salir si la barrera se bajaba y no disponíamos del mismo. A pesar de todo dormimos tranquilos, y aun estando muy cerca del palacio, por desconocimiento, por la mañana nos movemos algunos metros hasta el parking del mismo.</p>
<p>Martes, 15-VIII- 2006</p>
<p>El parking Molino es por tiempo, así que hacemos una visita ligera. Se encuentra en el punto 52º24’19,21”N y 13º2’2,80”E y es también para autobuses.<br />
Pero ligera por dos razones, una porque el parking debemos pagarlo en una máquina, 10€/4 horas; y la otra, porque llueve incesantemente. Podríamos decir que ésta va a ser la visita menos aprovechada de todo el viaje, además de la más desapacible.<br />
Comenzamos el recorrido por el Parque de Sanssouci, que es PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1990, para lo que vamos a seguir el itinerario propuesto en las guías, aunque tenemos ante nosotros 300 Ha, y posiblemente el conjunto monumental más grande de su género de Alemania. Accedemos al entorno por el Palacio del mismo nombre, cuyo aforo es limitado, y permanecer a la intemperie nos desanima a esperar. Ya en la parte posterior tenemos ante nosotros una explanada con una escalinata preciosa. A nuestra espalda la fachada del edificio, la elegante columnata con forma de semicírculo.<br />
En las diversas terrazas nos llaman la atención las portezuelas acristaladas y las higueras. Abajo un estanque con fuente. Debo reconocer que tenemos una habilidad especial para hacer siempre los recorridos a la inversa, y ésta no iba a ser una excepción. Así que ya una vez en el Lustgarten, como dando palos de ciego vamos hacia el oeste hasta que nos encontramos con la Chinesisches Teehaus, pequeño pabellón circular que alberga la casa de té china con decoración chinesca del S. XVIII. Por fuera se aprecia a modo de semicúpula pintada en azul claro una pequeña elevación central. El tajado a dos colores, negro y beige, no presentando uniformidad, sino que asemeja olas marinas. En su parte inferior dos pequeños pórticos bordeados por columnas doradas nos van a servir de refugio mientras vemos caer un terrible aguacero. Suenan las alarmas, pero la lluvia no permite otra alternativa, hemos saltado la cadena, y afuera no se puede estar. Nos encontramos en el punto 52º24’0,78”N y 13º1’55,60”E.<br />
Cuando amaina nos acercamos hasta los Baños Romanos, pero salvo los jardines, el edificio, externamente está muy desvencijado, no nos merece la pena. Continuamos hacia el Palacio Charlottenhof. Nos cruzamos con un grupo de escolares, en aquel descampado y con aquella climatología.<br />
Continuamos hasta el Neues Palais, y este sí que se puede definir como excepcional. Con sus 213 metros de fachada, 400 habitaciones, y multitud de esculturas y detalles decorativos externos me recuerda bastante al de Würzburg, especialmente la fachada principal de éste, -la que da al Rehgarten-, ya que se asemeja a la posterior del otro. Coincido en que la fachada posterior de éste es la que más me recuerda a la principal del otro. El punto es el 52º24’4,54”N y 13º0’55,98”E. Y engrandeciendo el entorno, en la parte posterior encontramos dos edificios unidos entre sí, a los que se accede por sendas escalinatas dobles. Una pena que la climatología no nos dejase disfrutar más del entorno, que además de ser excepcional, merece la pena verlo con más claridad.<br />
Continuamos ruta, nos acercamos hasta un Templo Antiguo, y desde ahí trataremos de encontrar La Casa del Dragón y el Belvedere. Desde ahí iremos retrocediendo hacia Neue Orangerie, en la que existen 47 pinturas de Rafael. Estamos a pocos metros del Parking.<br />
En marcha nos acercamos hacia el centro de la localidad, donde aparcamos y damos, ahora con sol, un paseo buscando el Schloss Cecilienhof, rodeado de un hermoso parque. Allí se firmó el tratado o Conferencia de Postdam, reunión llevada a cabo entre Truman, Atlee y Stalin y en la que sellaron el destino de la Alemania de la Posguerra en 1945.<br />
Desde ahí buscamos un barrio de casas rusas, de madera, bastante simpático. En vez de regresar hasta el parking de las autos, Bego y yo decidimos acercarnos hasta el centro de la localidad, y visitamos el barrio Holandés, que data de la época de casi todas las construcciones de Sanssouci, 1740. La vista al lugar ofrece una visión de un barrio de artesanos de mediados del XVIII. Excepcional, y con unas fotografías preciosas, especialmente por sus geometrías.<br />
Poco a poco nos adentramos en la zona peatonal, llegando hasta la Puerta de Brademburgo, que sin asemejarse a la de Berlín, es una puerta monumental con forma de arco de Triunfo romano, edificada en 1770.<br />
Ahora sí, cansados, de regreso adquirimos un reloj de bolsillo con la Casita China, en recuerdo a la tromba de agua y habernos servido de refugio.<br />
Comida y sesteo tranquilo.<br />
Por la tarde programamos los GPSs para ir a Berlín al área de la Chausseestrasse 82. Como era de suponer, encontramos el cartel de completo. Nos ponemos algo nerviosos, pero lo solucionamos sencillamente, junto a la valla del área, en la calle Boyenstrasse, hay mucho sitio para aparcar. A partir de las 18:00 horas se queda totalmente libre. No así el área. Sus coordenadas son 52º32’15,75”N y 13º22’21,42”E<br />
Nos arreglamos y vamos hasta la Mite, visitamos la zona del Reichstag y de la Estación Bombardier, en 52º31’27,08” N y 13º22’12,10” E. Sin darnos cuenta hemos salido a la Puerta de Brademburgo. No somos conscientes de que el área se encuentra a escaso un kilómetro de la zona de Invalidien, a poco más del Reichstag, y no llega a dos kms de la Avenida Unter Den Linden. Si en una ciudad de 40 kms de diámetro, estamos aparcados a dos kms de la zona más importante, supongo que es una buena localización, recomendable.<br />
Regresamos a las autos. No oímos ni un ruido en toda la noche. A partir de las 7:00 comienzan a llegar coches. En la calle estamos aparcados unas ocho autocaravanas.</p>
<p>Miércoles, 16-VIII- 2006</p>
<p>Pronto, Victor llama diciendo que en el área se van a marchar varios vehículos, y que podemos entrar. Casi en pijama, arrancamos y en la puerta, mientras esperamos para entrar, nos arreglamos un poco. Tenemos jardín propio. ¡Un lujo!.<br />
Después de desayunar, visita a la ciudad y a lo que se pueda.<br />
El primer lugar o monumento que deseamos visitar va a ser nuevamente la Puerta de Brademburgo. Desde ahí nos dirigimos al Pergamun Museum, donde pasamos la mañana. No voy a describir este Museo, porque es un Museo de los obligados. No debiera citarlo, pero pensando en el recuerdo, nos encontramos en la Museum Island o Altstadt, que es considerada como PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1999.<br />
Por la tarde nos acercamos a visitar el Museo Judío, y por aquella zona aprovechamos a ver el ALLIED CHECKPOINT o Checkpoint Charlie. En la misma calle vemos una línea de ladrillos que recuerdan el Berliner Mauer 1961-1989. También vemos algunos vestigios del mismo muro. Por suerte ya queda poco. Aunque no llegamos a poder verlo completo, también disponemos de un museo al aire libre, denominado Topografía del Terror, donde se explica dónde se encontraba la Central de las SS y Cuartel General de la Gestapo, y quiénes fueron los personajes más destacados. Audioguías en español gratuitas.<br />
Desde allí vamos acercándonos hasta el SONY Center. Los edificios que lo componen son una muestra de lo que será la arquitectura del futuro: todo cristal y metal.<br />
Como no podía ser, ya estando en el Museo de la Topografía del Terror había comenzado a chispear, pues ahora comienza a jarrear. Aguantamos como podemos, y después de haber contemplado todo, tomamos el metro para regresar a las autos.</p>
<p>Jueves, 17-VIII- 2006</p>
<p>La mañana ha salido soleada y sin nubes. Se augura un día precioso.<br />
Comenzamos el itinerario por la Avenida Unter den Linden. Vamos recorriendo los exteriores de la Alte Bibliothek, La Humboldt Universitat, hasta llegar a la Berliner Dom. Al lado norte de la plaza tenemos el Altes Museum, donde encontramos antigüedades griegas, romanas, y egipcias. Pero fundamentalmente el centro de atención del museo es el busto de Nefertiti. (Nofretete). Un buen zum serviría para hacer la foto de las fotos: desde el primer piso a la entrada y más próximos a la plaza y en el acceso al interior del espacio que queda bajo la cúpula, hay una puerta que da a esta sala, desde el que se divisa tras otra puerta la urna en la que está ella. La falta de experiencia, y la cámara tan sencilla, me dejan con las ganas.<br />
A la salida del museo nos acercamos hasta la Alexander Platz, donde admiramos el Rotes Rathaus, de ladrillo rojo, y la fuente de Neptuno.<br />
En una tienda de copyright Berlín compramos unos niquis de dicha marca, para tener de recuerdo de la visita.<br />
De regreso a las autos, después de comer aparece Girina, la amiga de Iratxe Zabala. Tomamos un té tranquilamente, y le facilitamos el encargo de ésta.<br />
Por la tarde volvemos al centro y tomamos un autobús que hace un largo recorrido por la ciudad, existen dos líneas, el 100 y el 200. El nuestro será el último, que va incluido en los tickets de transporte público. Así vemos la Alexander Platz, y de regreso llegamos hasta Kurfürstendamm, (una calle de 3’5 km repleta de tiendas), donde vemos la iglesia de Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, Iglesia erigida en honor a Guillermo I, pero que habiendo quedado casi derruida por los bombardeos de la II Guerra Mundial, se decidió dejar tal como está, para muestra de la barbarie. Paseo por la Oranginenestrasse. Merece la pena ver las criaturas tan preciosas que ofrecen sus cuerpecillos por un puñado de monedas. Son perfectas.</p>
<p>Viernes, 18-VIII- 2006</p>
<p>Hoy es el cumpleaños de Bego. Es día grande, y como tal, la visita la haremos a lo grande, comenzando por el Parlamento Alemán: el Reichtag. Subimos a la cúpula. Obra del arquitecto Norman Foster. Desde la terraza se disponen de unas vistas estupendas.<br />
Es interesante informarse cómo acumulan el calor del verano para el invierno, o cómo iluminan la sala del Congreso partiendo de la luz natural que se filtra mediante la columna que desciende a través de la cúpula.<br />
Desde ahí pasamos por la Puerta de Brademburgo, y a continuación vemos el monumento conmemorativo en forma de cubos o estelas de hormigón, denominado monumento al Holocausto. Seguimos hacia la zona Postdamer Platz, donde se encuentra el Imax. Visitamos otras galerías próximas y tras tomar el autobús, llegamos a la zona de Kurfürstendamm y la iglesia de Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, donde la víspera estaban montando choznas y pequeños restaurantes. Comemos unos bocatas, tomamos unas cervezas, y posteriormente frutas tropicales.<br />
Multitud de empresas de coches, tiendas de baratijas, dulces, etc. Se concentran en la zona que ejerce de feria. Se trata de negocio-ocio, y no es que haga eco la palabra. No sólo hay vendedores de salchichas o cerveza, tómbolas, etc; hay vendedores de coches que atraen al personal con juegos, prácticas deportivas, etc. Como muestra yo participé en tratar de circular 10 m en una bicicleta en línea recta, y a pesar de la publicidad que el vendedor hizo de que un Vasco estaba intentándolo, de que era ciclista amateur, etc. , me resultó imposible.<br />
Retornamos a las autos para ducharnos y desde allí dirigirnos a la zona de Alexander Platz, donde Girina nos había indicado un restaurante en el que Gerhard Schroeder (Schröder) había invitado a cenar a Chirac en su última visita al país. No fue nada caro, por lo que es bastante recomendable, aunque se debe reservar. Zur Letzten Instanz, local que tiene sus orígenes en el año 1621. Waisenstrasse 14-16, 10179 Berlín Mitte, telf: 030 242 55 28, fax: 030 242 68 91, se encuentra a la parte suroeste de la Alexander Platz. Es una casa escondida en un callejón, como sería toda Berlín en el S. XVII, supongo.<br />
De regreso pasamos por la zona del Market y nuevamente por Oranginerestrasse.</p>
<p>Sábado, 19-VIII- 2006</p>
<p>Aunque no hemos visto casi nada de la ciudad, el calendario exige continuar viaje. Pero no vamos a abandonar ésta sin hacer alguna visita más. Nos acercamos hasta la Puerta de Brademburgo aunque sea rodeándola. Salimos a las calles Friedrichstrasse hasta Under den Linden, luego por Behrenstrasse hacia el Oeste, continuamos a Ebertstrasse, y nuevamente hacia el norte, cogiendo Avda del 17 de Junio.<br />
A nuestra derecha dejamos el monumento a la victoria rusa. Más adelante tenemos la Siegessäule o Columna de la Victoria, en conmemoración por las victorias obtenidas en las campañas de 1864, 66 y 71. Tiene una altura de 285 peldaños y 67 metros, y está culminada por la figura de la Victoria. Su base forma una gran plaza, que deja a la zona sur el grandísimo parque de Tiergarten.<br />
Un poco más adelante, siguiendo por la misma avenida, encontramos un par de rastrillos, los que nos producen enormes tentaciones. Continuamos, hasta encontrarnos en las proximidades del Palacio de Charlottenburg. Una vez aparcada la auto, recorremos los jardines, el estanque, y el palacio. Visitamos el Mausoleo con forma de templo griego, el Belvedere, y hacemos fotos desde el patio principal.<br />
Cuando hemos comido, y tras curiosear un concesionario de coches, salimos en dirección a Hamburgo. El viaje va a ser muy tranquilo y sin sobresaltos.<br />
Al llegar a la ciudad casi no tenemos diesel, por lo que debemos buscar una gasolinera. El lugar que habíamos previsto para pernoctar está ocupado por el ferial de barracas. Tras pagar 4 €, nos quedamos en Never Kamp, en lo que debe ser el parking de un supermercado, junto a la gasolinera. Su situación, muy céntrica, está en 53º33’21,67”N y 9º58’1,99”E. Recomiendo, así todo, un parking situado muy próximo, en 53º33’24,37”N 9º58’21,06”E.<br />
Cuando llegan Valva y Victor, damos un paseo hasta el puerto, con intención de saber dónde estará el famoso mercado dominical de las 5 :00 de la madrugada.<br />
Pensaba que habíamos metido la pata con el parking, a 200 escasos metros de las norias y de las tómbolas, con sus músicas a un volumen no habitual en este país. De regreso a las autos, y tras una caminata, nos acostamos en la más silenciosa tranquilidad. Algunos jóvenes bebían botellón cerca de las autos, las barracas continuaban con su música, pero como obligados por el toque de queda, a la misma hora, todo el mundo se retira, se apagan las luces, y todo, sin poder preverlo, se queda en un sepulcral silencio.</p>
<p>Domingo, 20-VIII- 2006</p>
<p>Por la mañana, Valva y Victor van a realizar algunas compras en el mercado citado. Algo más tarde, Bego y yo nos damos un paseo por el Viejo Jardín Botánico, las Murallas, la estación modernista de Dammtor, construida en 1903. Llegamos hasta los lagos Alster, donde tenemos la suerte de presenciar una regata de traineras. Desde ahí nos acercamos al Ayuntamiento o Rathaus. Su interior es muy interesante, así como los canales próximos. Continuamos caminando por Mönckebergstrasse hasta llegar a la altura de Jacobikirche, y desde ahí descendemos hasta la Chilehaus, edificio en forma de navío.<br />
Ya avistamos los almacenes de Speicherstadt, pasamos el puente y los recorremos haciendo fotos. Subimos hasta un quinto piso, donde existe un museo de importación de tabaco y especias. De nuevo regresamos a la margen abandonada del canal, para visitar la iglesia St. Katharinen. Los feligreses beben y comen, tras la celebración. A continuación vamos a buscar el nº 27 de la calle Deichstrasse. Llevamos varias horas caminando y tenemos ganas de concluir el paseo. Me atrevería a decir que ha sido ambicioso, pero entretenido y completo.<br />
Continuamos hacia St Michaelis, pasando previamente por una barriada del gremio de los tenderos en Krameramtswohnungen. Ya en la Iglesia, existe la posibilidad de subir a su torre y divisar toda la zona portuaria. Son 3€ per capita, pero la panorámica es excelente. La pena es que el día ha amanecido resplandeciente, y ahora comienza a llover. Bego establece contactos internacionales con un matrimonio de Frankfurt. Durante la vista y a la conclusión de la misma, charla con ellos largo y tendido.<br />
Regresamos a la auto, y bajamos a la zona portuaria, donde estaban aparcados nuestros compañeros de viaje. En esta zona hay varias autocaravanas aparcadas, lo que me hace sospechar que es un buen lugar para pernoctar: 53º32’37,20”N 9º56’27,89”E. Comemos y reemprendemos viaje en dirección a Rendsburg.<br />
El motivo de dirigirnos hasta esta localidad era algo premeditado y que formaba parte de uno de los objetivos del viaje. El 13 de julio de 2006 se había conseguido el galardón o título de PATRIMONIO DE LA UNESCO del Puente Trasbordador de Portugalete. (Aunque en todos los documentos aparezca como Puente Bizkaia, la tradición y canción popular dice: Puente de Portugalete, tú eres el más elegante, Puente de Portugalete, el mejor puente colgante,…). Yo tenía conocimiento de la existencia de varios puentes similares al nuestro en tierras del continente europeo, de los que sólo quedan cuatro, sin contar los insulares de tierras del Reino Unido.<br />
El puente al que llegamos sin problemas según mis cálculos topográficos, y del que pocas referencias había podido encontrar, es un puente trasbordador suspendido de un puente de ferrocarril que cruza la ría que crea el Schirnauer o posteriormente Nord Ostsee Kanal, cuya desembocadura la realiza en Kieler Forde o Fiorde; puente que aparece en el mapa de Alemania en rojo con la denominación de Hochbrücke. El puente data de 1913.<br />
Pasan algunos barcos y varios remolcadores. Todo ello nos evoca nuestra ría de Portugalete. Realizamos el paso a la otra margen, gratuitamente, intentamos captar en imágenes todo lo que podemos del puente, y cómo no, de nuestra presencia allí.<br />
Chispea algo, lo que todavía le otorga más ambiente. Y me pregunto, cómo sería Portugalete y su vecino Getxo hace 100 años. La imagen del entorno de este puente puede ser sugerente.<br />
Antes de que anochezca debemos habernos acercado a nuestro siguiente objetivo, por lo que sin demorarnos demasiado, programamos las PDAs para dirigirnos a Ostën. Ya en ruta tenemos una sorpresa, la máquina no nos ha preguntado si deseamos hacer un pasaje en barco, y sin embargo nos ha llevado a un punto desde el que no existe otra alternativa. Una vez allí, y en la cola del barco, hago cálculos, y deduzco que haciendo este trasbordo nos ahorramos más de 100km. El pasaje nos cuesta 13’50€, y con ello economizamos tiempo de conducción y kilometraje.<br />
Llegados a la otra orilla, la PDA nos indica que en las proximidades hay varias áreas de autocaravanas. Apuramos la tarde lluviosa, ya oscurecida, y llegamos hasta la localidad prevista.<br />
A la entrada de la diminuta ciudad hay un par de parkings que desechamos ya que en el centro existe un área, también pequeña, para autocaravanas, con corriente eléctrica, de pago, en la calle Gartenstrasse. Nos acercamos hacia el canal, ya que se vislumbraban luces de focos. Allí estaba esperándonos el segundo puente trasbordador que queda en pie en Alemania. Hacemos alguna foto nocturna, y nos retiramos en la tranquilidad de aquel silencioso pueblo.</p>
<p>Lunes, 21-VIII- 2006</p>
<p>A la hora habitual ya estamos dispuestos para hacer las fotos y sacar las conclusiones sobre el lugar en el que estamos. El puente trasbordador fue construido en 1909, es una reliquia que no se utiliza como medio de transporte. Forma parte de un museo o él en sí es un museo, ya que tiene horarios para ponerlo en marcha, su coste es de 6€ para los cuatro. Su ubicación está en 53º41’41,42”N y 9º10’51,83”E.<br />
Con gran dificultad nos hacemos entender con un señor que lo mima, alemán, y cuyo único idioma es ese. Nos pasa al interior de su casa hotel, donde se hospeda quien desee contemplar esa joya de la arquitectura industrial. En nuestro caso, una señora nos solicita que hagamos de público en las fotos de un reportaje que está realizando para la revista Monumente: Magazín für Denkmalkultur in Deutschland. Omito sus datos personales.<br />
En la sala de la casa contigua al puente veo varias reproducciones de puentes trasbordadores, y eh ahí la sorpresa, que tiene hecha una maqueta del de Portugalete.<br />
La fotógrafa, que no domina demasiado bien el inglés, comenta que está haciendo un reportaje sobre dicho puente, y que cuando lo publique en el mes de Noviembre, nos enviaría un ejemplar de dicha revista.<br />
A lo largo del mes de la publicación prevista, hemos recibido una carta con dicho ejemplar, con un calendario editado por la misma empresa, con una tarjeta de felicitación de la Navidad, y una carta en alemán y español. ¡Muy amable!<br />
Un pequeño paseo hasta un puente próximo nos permite captar en toda su dimensión la obra de ingeniería que todavía permanece en pie. Sólo para curiosos.<br />
Continuamos ruta, y ahora vamos a acercarnos hasta la localidad de Bremen. Sabemos que existe un área para autocaravanas, por lo nos dirigimos hacia allí. En su lugar encontramos una Iglesia, St Martín-Kirche, y no existen atisbos de área alguna. (Veo en Google que en la parte posterior de la Iglesia, junto al río hay un parking, pero el acceso sólo es por Erste Schlachtpforte), callejón contiguo a la iglesia. Cruzamos el puente Wilhelm Kaisen y tratamos de aparcar en el primer lugar que nos parece viable, pero una chica nos indica dónde hay un área muy buena.<br />
Su situación de GPS es 53º03’49” N y 8º49’16”E, y comprobando con el Google Earth me da las coordenadas 53º3’49,50”N y 8º49’15,33”E. Creo que la precisión de imagen del Google es perfecta, y creo que me puedo fiar de todas las coordenadas que facilito.<br />
Mientras comemos llueve incesantemente, y después del convenido descanso, nos acercamos hasta cerca del referido puente, aparcando en Werderstrasse, al principio de la confluencia de la calle de donde procedemos.<br />
Caminamos hacia el centro neurálgico, visitamos los edificios y lugares emblemáticos como Markplatz, Rathaus, St Petri Dom, en cuya puerta contemplamos el espectáculo de los 30 añeros: los jóvenes varones que llagados a esa edad no se han casado, disfrazados con atuendos típicos, son mostrados en público, ante la mirada curiosa de paseantes, en las escalinatas de la Dom, y donde los amigos habrán tirado por el suelo cientos de chapas de botellines de cerveza, y que él deberá barrer, haciendo alusión a lo buen amo de casa que sería, de tener compañera. A la vez, él y sus amigos, acompañados por familiares, ofrecen longanizas, chorizo y bebidas a los curiosos.<br />
Nos refugiamos por la calle Böttcherstrasse, calle muy estrecha y en la que hay varios edificios singulares. Recomendable el paseo.<br />
Ya de regreso a las autos nos encaminamos a nuestro siguiente objetivo, y al ir saliendo de Bremen, por la orilla del río, por la carretera Tiefer Osterdeich, vamos dejando a nuestra derecha una buena vista sobre el Weser, y más adelante toda una zona deportiva, algo alejada del centro, pero donde se concentran todas las instalaciones para el juego y deporte. A la salida encontramos un centro comercial con diesel muy económico, pero no admiten tarjetas de crédito.<br />
Y una vez realizado el traslado llegamos a nuestro siguiente punto, Hildesheim. Acercándonos a la localidad llueve con tal intensidad que no podemos ver ni la carretera. ¡Peligrosísimo!. En un minúsculo parking que nos queda a la mano derecha, nos detenemos para tratar de buscar un parking donde pernoctar. Caminamos ya sin lluvia en la más oscura penumbra, y a medida que nos acercamos al centro, la posibilidad es menor. Arrancamos y comenzamos la marcha hacia un posible lugar que Valva ha encontrado en el mapa de la PDA. ¡IDEAL!. La suerte nos ha sonreído.<br />
Próximos a la carretera, calle Weinberg, hemos encontrado una superficie plana. Como en Alemania la gente apenas anda en coche por la noche, y de hacerlo son muy silenciosos y respetuosos, dormimos como lirones.</p>
<p>Martes, 22-VIII- 2006</p>
<p>Una máquina cortadora de césped nos despierta. Pasa muy cerca de las autos, ya que hemos colocado o sobrepuesto las traseras de éstas sobre el jardín para sobresalir lo mínimo posible.<br />
Damos un paseo sobre el lago que se encuentra a escasos metros, y en cuya orilla vemos un campamento de niños/as. Otros con sus padres se acercan a la Escuela de Vela. Un sitio guapo. Tomo las coordenadas y son 9º57’15”E y 52º8’16”N. Tras el paseo compruebo que existe otro parking más discreto muy cercano a éste, en 9º57’14,50”E y 52º8’19,42”N<br />
Nos acercamos caminando hasta el centro caminando porque sabemos que encontraremos la Catedral y la Iglesia de St Michaelis PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1985.<br />
Pero si eso puede parecer lo atractivo, a nosotros nos encanto la Markplatz, con el Ayuntamiento de estilo gótico de 1246/1290, con su carillón; La Casa de los Templarios de 1320/1330; la Wedekindhaus de vigas entramadas y fechada en 1598; la Lüntzelhaus de 1755; la casa Rolandstitf, también del S. XIV. En el otro lado de la plaza las casas de los panaderos y de los carniceros, de los Ss XV y XVI. Pero queda algo muy importante por citar, la casa Knochnhaueramtshaus, que con sus ocho pisos está considerada la casa de fachada de maderas entramadas más bella del mundo. Damos una vuelta por algunos grandes almacenes y poco a poco nos retiramos hasta las autos. La mañana que había comenzado soleada, se ha vuelto lluviosa y con este contratiempo nos ha acompañado en toda la visita.<br />
La siguiente escala va a ser en Goslar. Llegamos por la tarde, y hace muy poco tiempo que ha entrado el último grupo a visitar la mina. ¡Caca!<br />
Nos bajamos hasta el pueblo, aparcamos en el área de autocaravanas, 10º25’19”E y 51º54’47”N. Damos una vuelta por el casco urbano ¡Vaya bonito!. Con sus callecitas empedradas, sus casas de maderas entramadas, etc. Y no están puestas o hechas para los turistas, o para hacer la foto. Son así.<br />
De regreso a las autos, cuando el pueblo va cerrando, pasamos por un supermercado y realizamos alguna pequeña compra. El resto de la tarde lo dedicamos a descargar fotos, oír radio exterior de España con sus noticias, y descansar.<br />
Estoy investigando sobre la verdadera ubicación de las áreas que ofrece la PDA, y observo que una no existe donde aparece como Parkpl. Hildesheimer Str 5SP kostenlos VE vort, sino que el parking más cercano a ella es el que previamente cito. Sin embargo hay otra área que figuraría como Osterfeld B 241 38640, y que localizo en una zona verde con una carpa de circo, en la posición 51º54’30,09N y 10º26’24,07”E del Google.</p>
<p>Miércoles, 23-VIII- 2006</p>
<p>Hora habitual, partimos hacia la mina. Entramos con el primer grupo. Interesante, pero todo en alemán. No nos enteramos de nada. Conclusión: La mina, cara; PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1992, pero defrauda un poco. Sí que existe una primera visita a una mina rudimentaria, a la que se desciende por varias escalinatas y diversos niveles, donde se contemplan norias y artilugios para mover el agua: esta parte sí que es interesante. De la segunda mina, las herramientas para picar, los martillos compresores, las galerías inmensas, etc.<br />
Aún así, en las proximidades de la mina existe un parking, muy tranquilo, en que sería muy factible pernoctar si no se desea visitar la localidad. Se encuentra en 10º25’10”E y 51º53’19”N.<br />
Partimos en dirección Hameln. Intentamos aparcar y encontramos un parking con barrera. Entramos perfectamente, colocamos las traseras de las autos sobre el césped y nos quedamos tan ricamente. En el letrero pone algo sobre las autocaravanas, por ello damos por hecho que sí están permitidas.<br />
Después del paseo por la ciudad, preciosa, regresamos a las autos con intención de descifrar el cartel con los diccionarios adquiridos días atrás. Parece que una de las palabras es sinónimo de prohibido. No tenemos multa, así que habiendo preguntado en Información sobre dónde pernoctar, al tratar de salir del parking me encuentro con el problema de que la salida es en curva, y que a mi derecha hay colocado un gran peñón, que me obliga a rozarme contra él. Arrimo todo lo que puedo a la barrera por mi lado izquierdo, y la piedra va pasando por debajo del pase de rueda. ¡No nos ha tocado!. Por fin consigo salir indemne.<br />
Nos dirigimos al otro parking, situado en 9º21’29”E y 52º5’45”N. Se encuentra algo más apartado, pero es tranquilo. En previsión de que ese parking provisional pudiera desaparecer, (a pesar de que nos lo indicaron en Turismo del Ayuntamiento), anoto otros dos posibles lugares donde aparcar: 52º05’52,78”N 9º21’27,07”E y 52º05’52,22”N 9º21’38,28”E.<br />
Sobre Hameln poco voy a describir que no haya podido decir ya de Alemania. Como todos los demás municipios, con sus casas de madera entramada, en éste se mezclan algunas casas de estilo barroco. Varios edificios notables, como la casa del Flautista, la casa de los Canónigos, la casa Dempter, etc. Es mejor pasear y disfrutarlo.</p>
<p>Jueves, 24-VIII- 2006</p>
<p>Por la mañana, a la hora habitual, nos ponemos en ruta, aunque a pocos kms. nos detenemos en un supermercado de las afueras. No queríamos perdernos la oportunidad de comprar esos arenques en salsa de mayonesa con pepinos, que venden por menos de 1 €. Éste es un plato que llevamos adquiriendo en varias ocasiones, que a nuestro gusto está muy bien adaptado, y que nos resuelve el tema de las cenas. Además de la aportación de Omega 3, tan deficitaria en la dieta a base de cerdo y derivados.<br />
Llegamos a Düsseldorf hacia el mediodía: 51º16’10,82”N 6º43’22,52E, nos dirigimos directamente al parking de Messe o Feria de Muestras. Nos habíamos equivocado, pues éste no era a donde se acercarían las más de 3500 autocaravanas que se fueron congregando a lo largo de los dos días siguientes. Aunque creo que este parking nos hubiera salido más barato, pues costaba como 7 € por jornada, y es el que se encuentra junto a la puerta principal, 51º15’20,36”N 6º44’33,97”E. Algunos metros más adelante, a la izquierda había otro parking junto al río, en el que había alguna otra autocaravana despistada. O no estaba tan despistada. En los siguientes días vimos que este último parking estaba atestado, lo que significa que siendo más barato, puede compensar. Además se puede ir al parking de la Feria a tomar algo, ya que los peatones no teníamos ningún tipo de control. El parking al que hago referencia se halla en 51º15’25.44”N 6º44’06,47”E.<br />
Al llegar al verdadero parking, observamos varias cosas a tener en cuenta. Es más caro que los anteriores. Se oye muchísimo el ruido de los aviones al despegar. Hay zona de servicios, con duchas y lavabos, hay una carpa con bar y música, hay zona de toma de agua y desagüe. La distancia entre los vehículos es bastante prudencial, entre 5 y 6 metros. Las autocaravanas no se aparcan en paralelo, sino en línea, y la zona es verde, en muchos casos sombreada. Existe una oficina donde se pueden sacar las entradas a la feria. Hay servicio de bus gratis hasta la puerta de la misma. Incluso hasta el centro de la ciudad.<br />
Haciendo las valoraciones, no económicas, considero que merece la pena pagar unos euros de más, pero hay un detalle extremadamente importante: este parking está junto al final de la Terminal aérea, con lo que no quiero ni pensar qué hubiera sucedido si estando allí pernoctando, un avión hubiese sufrido una caída sobre dicho parking. ¡Una catástrofe!.<br />
Ya nos hemos aposentado, y estamos deseosos de ver el espectáculo de las más diversas marcas y modelos que allí se encuentran aparcadas. Nos preguntamos una y otra vez para qué vienen con esos bichos, si en muchos casos son mejores que los que puedan vender dentro.<br />
Es cierto que bastantes tienen el cartelito de se vende.<br />
Pasamos la tarde por el recinto, paseando, charlando con varios españoles que hemos encontrado, y otros con los que nos reencontramos, después de haber departido con ellos en München. Nos atrevemos a curiosear un prototipo de fibra de vidrio, cuyo dueño y a su vez vendedor, se alegra de hacerse notar y atraer a cuantos cotillas se acercan.<br />
Por la noche nos arrimamos al bar, donde los autóctonos beben, comen y cantan. Y algunos dicen que Alemania es un pueblo triste. Acaso me atrevo a decir que son respetuosos, que no molestan a los demás, y para ello beben en las biergarten o cerveceras, y no en la calle. Contribuimos a desempolvar las gargantas, y tararemos algo a la vez que refrescamos nuestras tragaderas.</p>
<p>Viernes, 25-VIII- 2006</p>
<p>Hoy no hemos madrugado tanto. A las 10 de la mañana hemos tomado el autobús que nos acercará hasta la estación del metro. Desde ahí al centro será cuestión de unos minutos.<br />
Al personarnos en Información, una joven española nos atiende, y con muchísima amabilidad nos da todo tipo de explicaciones. Creo que de haber podido habría dejado el trabajo un rato y se hubiese venido a charlar con nosotros.<br />
Paseamos por la ciudad antigua, entramos en varias cadenas de grandes almacenes, y observamos la actitud de la gente, en sus compras, en su callejeo. Debo de hacer notar que ya se presiente mucha gente de fuera, venidos con las autos y a la feria.<br />
Por la zona de KÖ hay bastantes tiendas de moda, y ello no hace más que redundar en que esta ciudad es una de las sedes del mercado bursátil alemán. Se nota que hay pasta. Muchas zapaterías, con bastante buen calzado.<br />
Picamos algo por la calle, y ante las amenazadoras nubes que nos persiguen durante todo el viaje, regresamos a las autos.<br />
Dedicamos parte de la tarde a descansar, chapucear, y charlar con unos vecinos noruegos que conocen bien Fortuna (Murcia), su camping de aguas termales, y otros lugares de España, donde se lo pasan muy bien en invierno.<br />
Por la noche encontramos a los amigos valencianos, que regresan con las bolsas llenas de compras, sacamos las entradas para el día siguiente, y tomamos algo en la carpa-bar en compañía de los vecinos noruegos.</p>
<p>Sábado, 26-VIII- 2006</p>
<p>Ayer creíamos que era día sólo para los comerciales y vendedores de concesionarios del autocaravanismo. Por la noche nos encontramos con algunos conocidos que habían pasado el día en la feria, pagando algo más, pero sin agobios.<br />
Hacia las 10 de la mañana será la hora en que abran la feria, por lo que debemos andar listos y no demorarnos. A las 18:00 cierran, y CIERRAN.<br />
Del interior de la feria poco se puede contar: allí hay de todo. Cuando digo todo, se entiende que hay todo tipo de caravanas, autocaravanas, camiones, furgonetas, autobuses, etc. y de todos los precios. Creo recordar que había alguna marca de autocaravanas que vendían vehículos nuevos por 36000€, ya casi precios que no se pueden ni soñar. Repuestos, miles.<br />
Como se puede suponer, un sándwich sobre la marcha y una cerveza nos mantienen en pie, hasta que ordenan desalojar el recinto.<br />
Ya en la auto comienza el momento de repasar catálogos, aparatos, piezas, etc.<br />
Por la noche, cervecera, y a descansar, que el cuerpo está deshecho.</p>
<p>Domingo, 27-VIII- 2006</p>
<p>Volvemos a dedicar toda la jornada a seguir viendo los otros pabellones que en la víspera no habíamos podido llegar a ver ni entrar.<br />
Algunas comprillas, y la misma sensación del día anterior: no nos ha dado tiempo a ver todo lo que queríamos. Sí hemos visto lo más importante, pero no todo.<br />
Como a las 18:00 horas regresamos en el bus. Nuestra auto está sola. Por la mañana ya nos habíamos despedido de ellos, de Valva y Victor, tenían que regresar a trabajar el día 29.<br />
Nosotros más tranquilos, nos dirigimos a Köln, y nos quedamos a pernoctar en el área que se encuentra en la localización 50º57’45”N y 6º59’10”. El área es de pago, 5€ la jornada, y 1€ por enchufarse a la luz durante 12 horas. Nos encontramos a pocos metros del Rhin, y al fondo, como a un par de kilómetros se ven las agujas de la catedral.<br />
Vemos un rato la tele y descargamos fotos.</p>
<p>Lunes, 28-VIII- 2006</p>
<p>Llueve, llueve dulcemente, ¡Que prodigioso envío de frescura!. Todo el mes lloviendo. Ya el paisaje ha tomado tonos de otoño, y aún no ha concluido agosto. ¿Cómo será el verdadero otoño? Llegará con los árboles deshojados, con el frío en las casas. ¡Qué largo se les va a hacer!<br />
Tomamos el metro y nos acercamos hasta la catedral. Como es obligado, se merece la visita por dos razones. Por ser una de las mejores construcciones góticas de Europa, y por estar catalogada desde 1996 como PATRIMONIO DE LA UNESCO.<br />
Desde ahí al Altstat, casco antiguo, donde se encuentra el antiguo ayuntamiento, junto al que existe una plaza donde han aparecido restos romanos. En el barrio de la catedral hay museos como el romano-germánico, el diocesano, el Ludwing, el auditorio de la Filarmónica, etc.Pero con la mañana tan lluviosa que está, lo mejor es desestresarse haciendo unas compras por la calle Hohe.<br />
He observado que a los alemanes les debe de gustar mucho el café, ya que tanto en esta ciudad, como en la anterior de Dusseldorf, visitando grandes almacenes de electrodomésticos, observo que disponen de una sección de cafeteras en las que debe de haber expuestas más de 100 modelos diferentes. Del mismo modo veo que venden máquinas expendedoras de cerveza para el hogar.<br />
Lo que ya no encuentro son ordenadores de sobremesa. Preguntando por la razón, me indican que la demanda apenas existe. La gente necesita ordenadores que pueda llevar de la oficina a casa, de viaje, al campo. Ordenadores que no ocupen demasiado espacio, etc. Y como Alemania marca tendencia, habrá que hacerles caso.<br />
Sabemos que podríamos quedarnos más días y disfrutar mucho de la ciudad, pero la adversa climatología, -todo el día de chubasquero y paraguas-, y los días que nos quedan para regresar a casa, nos exigen reemprender ruta.<br />
Al atardecer regresamos a la auto, ya sin lluvia, lo que nos va a permitir darnos un paseo por la orilla del Rhin, acercándonos por su proximidad hasta cerca de la catedral, que allí a lo lejos, iluminada, incita a hacerle fotos.<br />
La zona del área es estupenda y tranquila, y los conejitos pastando por el césped, dan la correspondiente sensación de estar alejados de la civilización, cuando en realidad sólo estaremos a 2 km. del núcleo urbano.<br />
Es magnífico cómo tienen ubicadas las áreas de autocaravanas a pocos km, de los centros neurálgicos o históricos. Es facilísimo llegar, están siempre muy bien comunicadas con transporte público, con lo que en nuestro caso, la moto, nos resultó totalmente innecesaria.</p>
<p>Martes, 29-VIII- 2006</p>
<p>La mañana es espléndida. La salida se nos complica un poco, por una confusión con el GPS en una bifurcación, pero enseguida salimos de la ciudad por la carretera general que yo deseaba, sin utilizar la Autovía.<br />
Por el camino nos detenemos en un Lidl, donde hacemos alguna comprilla, y donde contrastamos una vez más, que muchos precios son tan baratos o más que en España. Habrá cosas como los combustibles más caras, pero los pisos, la comida, las autopistas, son más baratas.<br />
Nuestro siguiente objetivo está muy cercano, será Brühl.<br />
En el corazón de la Renania Septentrional, el Príncipe Elector Clemens August, Arzobispo de Colonia, se hizo construir el castillo o palacio de Augustusburg, allá por el año 1725-1768. En la actualidad forma parte del PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1984.<br />
Como no permiten hacer fotos en el interior, el recuerdo es más difuso. Pero la escalera Treppenhaus será posiblemente lo más destacable del edificio. No obstante, las habitaciones, los aposentos, la sala de audiencias, los frescos de techos, etc., merecen ser destacados. Visita 4€.<br />
El guía nos contó, que el susodicho August, tenía previsto que cuando algún insigne representante de los poblados del entorno se atreviese a pedirle audiencia, la llegada a Palacio ya le abrumara. A continuación se le pasaba a una sala de espera, elegante, y más apabullante. La espera era intencionada, para que observase todo lo que allí había, en joyas, cuadros, tapices, etc. Al de un rato se le indicaba que el Príncipe le iba a recibir, y se le pasaba a una segunda sala, más apabullante, más recargada que la anterior, y donde el infortunado se sintiese más villano, más humilde, más fuera de sitio. Finalmente y tras otra larga espera, se le pasaba a la sala de audiencias, donde ahí se le daba la estocada final.<br />
El palacio está rodeado de jardines, y un parking en el que aparcamos cómodamente, aunque de pagament. A nosotros nos salió por 3€. 50º49’41,73”N 6º54’43,70”E<br />
El segundo palacio catalogado, lo obviamos, y preferimos comer algo por el pueblo, hacer alguna comprilla y continuar viaje.<br />
Tomamos la autopista hacia Koblenz, desde donde podremos decidirnos por una de las dos alternativas que se nos presentan: Visitar la ruta de los castillos del Rhin, que ya conocíamos de uno de nuestros viajes anteriores, o conocer el Mosel y llegar hasta Trier.<br />
De común acuerdo optamos por la segunda idea, y creo que ha sido uno de los viajes en que más he disfrutado de toda mi vida. El paisaje, los viñedos, la cantidad de campings a la orilla del río, la multitud de áreas para autocaravanas, los pueblitos tan recoletos. Una gozada.<br />
Pernoctamos en el punto 7º6’57”E y 49º56’54”N en la localidad de Traben Trarbach. Interesante. Hago algunas fotos nocturnas.</p>
<p>Miércoles, 30-VIII- 2006</p>
<p>Después de hacer una fotos diurnas, reemprendemos viaje hasta el área de Trier. Al lado izquierdo de nuestro sentido de la marcha encontramos un área de autocaravanas donde nos ofrecen agua y vaciado y una cajita donde dejar el dinero. La localidad es Kinheim. El punto está en 7º3’25”E y 49º58’20”N.<br />
Continuamos con todo limpio y lleno, o vacío, según se mire. Al llegar a nuestro objetivo algo no concuerda, y en la ubicación que dispongo en la PDA no vemos área alguna. Nos perdemos un par de veces, aunque finalmente conseguimos acceder a la misma.<br />
Digamos que el área se encuentra al sur de la ciudad y en la margen del río opuesta a la ciudad. La zona circundante es industrial, con rotondas, pabellones nuevos, concesionarios, etc. Al final encontramos el acceso a un gran parking P+R, y allí hay bastantes autocaravanas aparcadas. Pero unos metros más adelante, y contiguo al mismo, se encuentra el área. De pago a partir de las 18:00 horas. Su ubicación es 49º44’23,15”N y 6º37’28,76E Previo al acceso a dicho parking existe otro exterior donde dudo que cobren por las noches, pues la cantidad de autocaravanas que había en el exterior igualaba las del interior.<br />
Comemos al llegar, y caminamos hasta la ciudad. Preferimos ir andando porque he diseñado un itinerario de ida y vuelta, no coincidiendo dos veces con ningún lugar en todo el paseo.<br />
A pocos metros de emprender el paseo encontramos una tienda de accesorios para motoristas. La curioseamos y adquirimos una buena chupa con protecciones.<br />
Regresamos a la auto, ya que pesa mucho. Y ahora ya, en marcha, todo lo de esta ciudad es digno de mención, aunque sin ser nada espectacular. Sólo citaré lo que más nos gustó: la Hauptmark, o plaza del mercado, con su Cruz del Mercado, de 958. La Dom, que son dos iglesias unidas; la basílica romana; contiguo a la misma encontramos el Museo Arqueológico de Renania, y que al estar en los terrenos del palacio del Príncipe Elector, bien parece el mismo. Es espectacular, y sus jardines.<br />
La casa donde naciese Karl Marx en 1818, y cómo no la Puerta Negra de Trier, PATRIMONIO DE LA UNESCO desde 1986, son otros de los lugares a visitar.<br />
Y cuando comienza a caer la tarde, desandamos el camino hasta el parking, donde pretenden cobrarnos la estancia nocturna. Declinamos la invitación de quedarnos, y más la de pagar, y salimos rumbo a Luxemburgo.<br />
En este pequeño país repostamos gasoil a 0’968€/litro.</p>
<p>Jueves, 31-VIII- 2006</p>
<p>Este día lo vamos a dedicar en cruzar Francia de Noreste a Suroeste, ya que deseamos llegar a pernoctar, sin utilizar las autopistas de peaje, a Rochefort sur Mer.<br />
Cuando nos encontramos a varios km. se aprecia la llanura costera occidental francesa. Y cuando la ciudad, en el atardecer comienza a iluminarse, vemos sobresalir lo que será nuestro último objetivo del viaje: El puente colgante y trasbordador.<br />
A medida que cruzamos el casco urbano, circulando por las calles anejas al puerto y canales, encontramos un área de autocaravanas. No obstante continuamos hasta el punto 0º57’38”E y 45º55’8”, en la misma calle que da vista al monumento.<br />
Hago varias fotos nocturnas, y finalmente decidimos quedarnos en el mismo lugar que habíamos aparcado. Parece que va a ser tranquilo, poco ruidoso, y al haber varias casas contiguas, no lo pensamos demasiado.</p>
<p>Viernes, 1-IX- 2006</p>
<p>La mañana es espléndida. Soleada a más no poder. Desde que abandonamos Alemania casi no ha vuelto a llover. Se puede decir que algunas gotitas el miércoles, pero posteriormente el buen tiempo va reinando y por tanto, nos va acompañando.<br />
En primera instancia hacemos cuantas fotos podemos de este maravilloso monumento producto de la ingeniería de finales del XIX, y de su constructor Ferdinan Arnodin. Lo están reparando, y es posible que hasta las 11:00 no vuelvan a ponerlo en marcha.<br />
Los mecánicos que concluyen sus trabajos, se percatan de que en mi camiseta hay dibujado un puente trasbordador. Me preguntan por su localización. No conocen que haya alguno similar en Bilbao, y lo comentan con el encargado.<br />
Pasamos en el trasbordador a la otra orilla, donde hay un centro de interpretación. Vemos fotos, una maqueta, etc. Pregunto por el horario de invierno, pero parece que en esa época no funcionará.<br />
Desde 1898 a 1900 su arquitecto estuvo construyendo este puente, que seguramente a imagen y semejanza al de Portugalete, en el que ya había trabajado hasta 1893.<br />
Concluido el reportaje fotográfico, definitivamente ponemos a nuestros vehículos: autocaravana y PDA, rumbo a Euskalherria.</p>
<p>Epílogo</p>
<p>No queremos sentirnos turistas, mucho menos campistas. En nuestra mente sólo hay un afán de conocer otras culturas, de mezclarnos entre ellos, quienes sean, observar qué y cómo viven. Disfrutar de sus paisajes, de sus ciudades, de sus fiestas, de su cotidianeidad. Queremos ser viajeros. Ir de un lado a otro, en nuestra autocaravana, en nuestra casita ambulante, en nuestra IBILETXE. Por eso no acampamos, por eso respetamos los lugares a los que vamos, reciclamos, no ensuciamos, cuidamos el entorno, no molestamos, no alteramos la tranquilidad de los lugares por donde pasamos. SÓLO VIAJAMOS. Iñaki Calvo / bikote@euskalnet.net.</p>
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		<title>Alemania y Polonia en 28 días,Junio 2007</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 23:07:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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		<description><![CDATA[Alemania y Polonia en 28 días
Alemania es un país fascinante para un latino, su cultura y patrimonio histórico están ligados a la historia de Europa y su influencia cultural también afecta a los latinos. Polonia es un país que acaba de incorporarse a la Unión Europea y algo desconocido en nuestras latitudes. Conocer algo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alemania y Polonia en 28 días</p>
<p>Alemania es un país fascinante para un latino, su cultura y patrimonio histórico están ligados a la historia de Europa y su influencia cultural también afecta a los latinos. Polonia es un país que acaba de incorporarse a la Unión Europea y algo desconocido en nuestras latitudes. Conocer algo de estos países ha sido el objetivo del viaje.</p>
<p>Arsenio Gutiérrez Primavera de 2007<br />
Preparación del viaje<br />
<span id="more-423"></span></p>
<p>Este viaje lo hemos preparado basándonos en los relatos de Pepe Hermo “Pepiño”en el verano de 2004 y de Iñaki “Bikote” en las mismas fechas de 2006. Éste último tiene como uno de los objetivos principales visitar lugares en Alemania que son Patrimonio de la UNESCO. Ambos coinciden en varias ciudades principalmente Berlín que es uno de nuestros objetivos.</p>
<p>También hemos incluido en el proyecto una breve visita a Polonia, un país, para nosotros exótico y misterioso que despierta nuestra curiosidad.</p>
<p>El itinerario confeccionado atraviesa Francia por el eje de París, desde Hendaya, y Bélgica para comenzar la visita en Aachen (Aquisgrán).</p>
<p>Contamos con la ayuda inestimable de una PDA hx2490, con el TomTom 6 y los mapas de Europa, incluidos los países del Este.</p>
<p>Las etapas y los puntos de pernocta han sido planificados en parte por la experiencia de Pepino y Bikote, la guía ADAC Stellplatz Fürrer y la información sobre camping de la Embajada de Polonia en España.</p>
<p>Todos los puntos han sido cotejados con la ayuda del Google Herat y convertidos en POIs y WayPoint y transferidos al TomTom con el programa gratuito Tyre.</p>
<p>Alemania, de Lonely Planet, ha servido de apoyo para la planificación y para la realización del viaje así como los planos de carreteras de Michelín, 718 de Alemania y 731 de las repúblicas Checa y Eslovaca que contiene información sobre Polonia.</p>
<p>Las áreas de Francia han sido seleccionadas de la web Camping Car Infos y transferidas desde su CD a la PDA. Algunas de ellas ya las habíamos utilizado anteriormente.</p>
<p>Es imposible describir los lugares visitados con la maestría de Pepiño, Bikote y otros compañeros que hay publicado el relato de sus viajes con anterioridad en las diferentes web, por lo tanto nos limitaremos a describir el recorrido, los lugares de etapa y los recursos utilizados con la esperanza de que a otros compañeros les sea de utilidad en el futuro.</p>
<p>14.05.2007, Villaines-lesRochers.</p>
<p>Primera etapa del viaje, seleccionamos de antemano esta población donde existe un área para autocaravanas. Es un lugar bonito, seguro y tranquilo. Nos hemos propuesto hacer etapas de un máximo de 600 kilómetros por carreteras generales evitando las autopistas de pago. Sin embargo, el tráfico y la configuación de la N10 entre Hendaya y la salida 10 obligan a tomar la autopista pues de otro modo el recorrido se hace eterno por las innumerables travesías de población y las numerosas rotondas. Buen tiempo.<br />
Vamos avanzando con buenas medias y llegamos al área a media tarde. Se trata de una pequeña población que dispone de un área gratuita para media docena de autocaravanas. Un borne artesanal permite vaciar depósitos y suministrar agua potable.<br />
Existe un pequeño chateau y el entorno merece un breve paseo. El área está situada en 47º13&#8242;16.896&#8221;N/0º29&#8242;43.548&#8221;E.</p>
<p>Área de autocaravanas gratuita. 568 km.</p>
<p>15.05.2007, Bavay</p>
<p>Cerca de la frontera Belga, nos costó encontrar información sobre áreas de autocaravanas y nos tuvimos que desviar unos trece kilómetros de nuestra ruta. Valió la pena pues el lugar resultó ser tranquilo y bonito. Había llovido por la noche, salimos con buen tiempo y llovía otra vez cuando llegamos.<br />
En esta ocasión fué inestimable la ayuda de la base de datos de áreas de Camping Car Infos que llevamos en la PDA localizamos esta área en 50º18&#8242;0.144&#8221;N/03º47&#8242;43.836&#8221;E.<br />
Esta es un área gratuita típica de la hospitalidad francesa que dispone de media docena de plazas en un lugar bonito, tranquilo y seguro. Unas compras y un corto paseo bajo los paraguas nos ocupa la tarde. Por la noche todas las plazas están ocupadas.</p>
<p>Área de autocaravanas gratuita. 352 km.</p>
<p>16.05.2007, Aachen</p>
<p>En Aachen (Aquisgrán), a mediodía cuando llegamos llovía a mares. El área la encontramos por los POIs sobre áreas alemanas introducidos en el TomTom. No se trata de un área ni tampoco de un camping. Situada a quince munitos a pié del centro histórico de la ciudad. Es un lugar perfectamente acondicionado para etapas breves, sombra, suelo perfectamente liso, hierba entre celosías de cemento. Un par de baños y un par de duchas, así como lugares para el vaciado y llenado de depósitos cómodo y accesible. Estamos alojados un par de docenas de autocaravanas y unas cuatro o cinco caravanas.</p>
<p>Visitamos la catedral con la capilla original del palacio de Carlomagno, patrimonio de la UNESCO desde 1978.Completamos la visita con la Altstadt que incluye el Rathaus (Ayuntamiento).<br />
Aquisgrán ha tenido un papel preponderante en la historia de Europa. Situada cerca de las fronteras de Bélgica y Holanda fué convertida en una importante ciudad por Carlomagno instalando la capital del Imperio Franco a finales del S.VIII.</p>
<p>(área de autocaravanas, 12 euros) 351 km.</p>
<p>17.05.2007, Köln</p>
<p>Amanece lloviendo, el área que habíamos seleccionado del relato de Bikote y confirmada en el ADAC está cerrada. Nos dirigimos al estacionamiento recomendado por Pepiño, calle Adam-Stegarwald-Strasse (50º57&#8242;03.29&#8221;N/6º59&#8242;27.63&#8221;E), donde nos alojamos sin problemas.</p>
<p>No nos fiamos del tiempo y no nos atrevemos a utilizar las bicicletas, por esto, a base de tranvía nos acercamos al Altstadt.<br />
Es indudable que Colonia posee uno de los edificios religiosos mas impresionantes de Europa, la Kölner Dom. A la majestuosidad de las agujas de las torres y su estilo gótico francés, hay que añadir los innumerables tesoros que contiene: las vidrieras, el crucifijo de Gero, la sillería del coro y el sepulcro de los tres Reyes Magos.<br />
Los mas de quinientos escalones que llevan a la torre nos dejan las piernas para el arrastre pero nos permiten un panorama insólito y contemplar el campanario con la campana Pedro de 24 toneledas.<br />
La visita se completa con las iglesias románicas de Gross St.Martín, St.Maria im Kapitol y la espectacular St.Gereon con sus fascinantes frescos. Hemos comido en una Brietgarten.</p>
<p>(parking gratuito), 78 km.</p>
<p>18.05.2007, Brühl, Hannover,</p>
<p>Salimos temprano hacia Brühl, estacionamos en el parking del palacio de los Ausburgo (Schloss Augustusburg), patrimonio mundial de la UNESCO del que visitamos los impresionantes jardines de estilo francés.</p>
<p>Partimos hacia Hannover después de comer. Llegamos a media tarde con sol. Estacionamos en MittelStrasse(52º22&#8242;09.33&#8242;N/9º43&#8242;36.43&#8221;E), en un lugar bonito y tranquilo. Con las bicis hacemos un largo recorrido por el borde de un lago.</p>
<p>Asistimos a un bonito concierto en un espectacular órgano de una iglesia evangelista. Una fuga de Bustehude, una coral de Bach y unas obras de Mesiaen completan un excelente concierto perfectamente ejecutado, al final se hace una colecta.</p>
<p>(parking gratuito), 327 km.</p>
<p>19.05.2007, Hannover,</p>
<p>Otra vez el tiempo amenaza lluvia y nos disponemos a recorrer el Alstadt a pié. Como es jueves se ha montado un curioso mercadillo en el que se ofrecen todo tipo de objetos. Nos parecen interesantes la Marktkirche y el Neues Rathaus en cuyo ascensor curvado montamos para acceder a un mirador donde se divisa una bonita panorámica de la ciudad. En las aceras se ha pintado una línea roja que indica el recorrido turístico.<br />
A continuación tomamos el suburbano y nos desplazamos hasta los Herrenhäuser Gärten. Paseamos durante un par de horas por el Grossen Garten y visitamos también la gruta de Niki de Saint Phalle. Es impresionante observar los parterres de flores, las fuentes, los setos y el cesped.</p>
<p>Nuestra impresión es que Hannover es una ciudad que proporciona una alta calidad de vida a sus habitantes. Paques, servicios y jardines que hacen de ella una ciudad viva y participativa. Volvemos a disfrutar de una nueva noche tranquila en plena MittelStrasse.</p>
<p>(parking gratuito)</p>
<p>20.05.2007, Hildesheim, Wolfenbütel, Wenzlow</p>
<p>Aparcamos cerca de centro (52º8’19.42’’N/9º57’15’’E) y visitamos a bordo de nuestras bicicletas el núcleo commercial de Hildesheim. La Markplatz felizmente reconstruida en 1980 cuyo único elemento original es una fuente situada frente al Rathauss. La St.Michaeliskirche, Patrimonio mundial de la UNESCO estaba cerrada al público por obras.</p>
<p>De la visita a la Dom, destacan los impactantes bajorrelieves originales de la puerta, de 5 metros de altura que se salvaron milagrosamente del bombardeo aliado del 22 de marzo de 1945.</p>
<p>Después de comer salimos hacia Wolfenbütel donde estacionamos en el parking del castillo. La visita al pueblo es una delicia cada casa compite con la de al lado en belleza y originalidad..</p>
<p>La idea primitiva era quedarnos a pernoctar en el parking del castillo, pero como estábamos solos nos pareció un poco llamativo y como quedaban un par de horas de luz, decidimos continuar hasta Wenzlow, un área señalada en la StellPlatz Fürrer.</p>
<p>Llegamos a las 19:50 y el área que pertenecía a un pequeño hotel rural estaba ya cerrada. Dormimos en una calle adyacente (52º17.934’N/12º26.774’E), un lugar tranquilo y sin problemas.</p>
<p>(parking gratuito), 263 km.</p>
<p>21.05.2007, Potsdam, Berlin</p>
<p>Llegamos al parking de autocaravanas de los jardines de Sanssouci, en Potsdam, sobre las 10 de la mañana (10 euros, cuatro horas, 2 euros cada hora suplementaria y 10 euros la noche de 20:00 a 08:00 horas).</p>
<p>Tomamos un pequeño autobús que nos desplaza por el impresionante entorno de jardines y palacios. Posteriormente, y aunque está estrictamente prohibido, imitando a otros visitantes, nos damos una vuelta en bicicleta disfrutando de la sombra de los árboles, pues hace bastante calor.<br />
El parque es un extenso espacio situado al oeste del centro de la ciudad. En este espacio se han construido varios palacios, el scholoss Sanssouci, rococó, con el jardín siciliano. El Orangeriesscholoss, el Neues Palais, barroco y el schloss Charlottenhof.<br />
En el Altstadt se encuentran las puertas del S.XVIII y el pintoresco barrio holandés que lo forman algo mas de un centenar de viviendas de ladrillo rojo construidas por trabajadores de esta nacionalidad en el S.XVIII.</p>
<p>Salimos después de comer y llegamos al área de pernocta de ChausseeStrasse en Berlín (52º32’15.75’’N/13º22’21.42’’E) a media tarde. Se trata de un área privada de pago, como la de Aachen aunque no tan bien acondicionada, en la que se albergan una treintena de autocaravanas y un par de caravanas. Dispone de váteres y duchas (un juego para cada sexo) y una plazas muy justas, pero situada en el centro de Berlín.</p>
<p>(área de autocaravanas, 15 euros), 108 km.</p>
<p>22.05.2007, Berlín</p>
<p>Tomamos las bicicletas y nos vamos directamente a visitar el Bundestag, desde cuya cúpula se divisa una magnífica perspectiva. A pesar de salir temprano tuvimos que aguantar una hora de cola pero mereció la pena.</p>
<p>El resto de la mañana la dedicamos a tomar contacto con una gran ciudad en la que la bicicleta es un medio de transporte muy importante. Circular por sus calles nos lleva a tomar el pulso a una ciudad cuya trayectoria en los últimos 70 años ha sifrido una serie de cambios importantes al ser escenario de unos acontecimientos claves en la historia de Europa.<br />
Un paseo por EbertStrasse nos conduce desde la puesta de Brandenburgo hasta el museo Pergamón que visitamos. Se trata de un museo muy interesante sobre restos arqueológicos romanos y asirios.</p>
<p>Comemos en una biergarten y egresamos a media tarde cansados y felices.</p>
<p>(área de autocaravanas, 15 euros)</p>
<p>23.05.2007, Cottbus,</p>
<p>Volvemos a tomar las bicicletas temprano y pedaleamos a través de la FriedrichStrasse hasta llegar al Checkpoint Charly y visitamos los restos de muro de Berlín y los alrededores. A la vuelta nos perdemos en el Tiergarten, visitamos la Dom y los alrededores.</p>
<p>No es suficiente con relatar las impresiones de los lugares visitados, la protagonista es la propia ciudad y la clave es su muro. Un muro que ha sido el protagonista de un drama mas dentro de la llamada guerra fría y que solo visitando el lugar nos podemos dar cuenta de su dimensión y significado al margen o a pesar del folcklore turístico montado.<br />
Una vez concluida la visita a Berlín, la idea original era llegar hasta Krakow, pero dada la hora decidimos hacer una etapa antes de la frontera de Polonia. Según la guía ADAC Stellplatz Fürer existe un área para autocaravanas en una población próxima a Cottbus, pero llegados al punto ésta no existe o no la supimos encontrar. No sabemos si se trata de una broma del TomTom o de un error de la guía, el caso es que los POIs importandos sobre áreas de Alemania en el TomTom, nos indica que en Cottbus hay un lugar de estacionamiento. Efectivamente se trata de un enorme y vacío estacionamiento (51º45.345’N/14º19.012’E) donde pasamos la noche seguros y tranquilos.</p>
<p>(parking gratuito), 155 km.</p>
<p>24.05.2007, Wroclaw,</p>
<p>Llegamos al camping nr. 117 en Paderewskiego, 35 (51º07’05.77’’N/17º05’24.79’’E) temprano, con sol y calor, por el camino se desencadena una intensa y corta tormenta que no ha refrescado el ambiente. Se trata de un camping con pocas instalaciones pero con espacios inmensos, hierba bien cuidada y abundante sombra arbolada.</p>
<p>Un tranvía nos lleva al centro de la ciudad que visitamos. Es difícil expresar la impresión que nos ha causado. En el centro, descuidado, coexisten edificios medievales junto a bloques de cemento típicos de la época en que Polonia pertenecía a la esfera soviética. Hay cantidad de iglesias, de fábrica de ladrillo, suntuosas y recargadas pero oscuras y sin la grandiosidad de las catedrales occidentales.</p>
<p>Es el día del Corpus Christi y es festivo, en todas las iglesias se celebran misas continuamente y la imagen del fallecido papa Woitila está omnipresente. Los oficios se celebran como antes de la reforma de Juan XXIII. Algunas en latín, otras de espaldas al pueblo y con simbología y ritos que hace tiempo han sido abandonados en otros países como España.</p>
<p>No podemos establecer que exista un fundamentalismo religioso porque no tenemos datos, sin embargo, la presencia de religiosos y religiosas de uniforme es muy numerosa.</p>
<p>(Camping, 14 euros), 251 km.</p>
<p>25.05.2007, Krakow,</p>
<p>Casi todo el camino entre Baraclava y Cracovia transcurre por una autopista, gratuita excepto un tramo en las proximidades de Cracovia (4 euros). Pero entre el mal estado del piso en algunos tramos y las infinitas obras que se realizan y los consiguientes atascos empleamos casi todo el día para llegar.</p>
<p>El camping es el Krakowianka, en Borek Talecki, (50º0’54.70’’N/19º55’31.22’’E) y está situado en las afueras de Cracovia en una zona verde y arbolada. Está medio vacío y aunque la recepción es algo mas moderna que el anterior y hasta hablan algo de inglés tiene menos servicios, eso sí, ambos están limpios y cuidados. Sin embargo carece de servicios para autocaravanas. El vaciado de depósitos es casi inaccesible, así como el vaciado del váter carece de grifo para la limpieza del casette y es imposible encontrar un grifo de agua para llenar el depósito.</p>
<p>Me he agarrado un catarro descomunal y tengo algo de fiebre por lo que destinamos el resto de la tarde a descansar y hacer limpiezas.</p>
<p>(Camping, 14 euros), 314 km.</p>
<p>26.05.2007, Krakow,</p>
<p>A pesar del catarro y del consumo exagerado de pañuelos y pastillas Juanola, nos decidimos a visitar en centro de la ciudad cuyo casco antiguo ha sido declarado patrimonio mundial de la UNESCO.</p>
<p>El tranvía 8 nos deja en pleno centro. Se percibe que esta ciudad tiene un número mayor de visitantes y que tanto el comercio como los servicios están orientados al turismo.</p>
<p>Se trata de un casco antiguo mejor conservado pero con edificios grises de cemento en algunas zonas. Prácticamente en cada manzana hay una iglesia del mismo estilo. Gótico o neogótico de fábrica de ladrillo. Un ladrillo rojo oscuro y triste. Con interiores recargados en el peor concepto del barroco.</p>
<p>Cada iglesia celebra una misa detrás de otra y como no está permitido visitarlas durante los oficios solo se nos permite asomarnos al interior.</p>
<p>Wawel es una colina bañada por el Vístula en el centro de la ciudad que contiene una fortaleza y la catedral de St.Stanislaus con las tumbas reales en su cripta cuyos elementos mas antiguos están datados en el S XI..</p>
<p>Un poco mas al oeste está situado el barrio de judío Kazimierz, lugar donde se filmó “La lista de Schlinder”. Repoblado de nuevo a partir de que la tragedia de la segunda guerra mundial exterminara prácticamente la población judía. En él se pueden visitar los cementerios, las sinagogas y los museos que mantienen viva a la memoria histórica.</p>
<p>Tanto en Voroclava como en Cracovia las iglesias disponen de unos excelentes órganos y podemos comprobar que también de unos buenos intérpretes.</p>
<p>Nos retiramos después de una comida en un restaurante del centro (22 euros con el café). Aprovecho el resto de la tarde para poner en orden las notas del viaje y reposar el catarro que no cede.</p>
<p>(Camping, 14 euros)</p>
<p>27.05.2005, Czestochova, Wroclaw,</p>
<p>Tardamos en llegar al santuario mariano de Czestochowa porque la salida de Cracovia es complicada y por la circulación dominguera. También nos cuesta encontrar la basílica porque no hay muchas indicaciones en la calle, por fin un letrero nos indica “Jana Gora” y conseguimos estacionar en la parte trasera de la basílica.</p>
<p>La imagen de Juan Pablo II es omnipresente y podemos encontrar en el santuario similitudes con otras localidades de peregrinación que ya conocemos como Fátima o Lourdes. Czestoschowa recibe unos cinco millones de peregrinos al año y tiene para nosotros un interés tanto como fenómeno social como lugar de visita.</p>
<p>Es domingo y estamos en la proxidad de la fiesta del Corpus Christi. El complejo mariano están inundados de familias endomingadas que asisten desde todos los rincones de la región con niños de que han hecho primera comunión en estas fechas.<br />
Comemos en un restaurante local, (24 euros con los cafés) y salimos para Wroklaw a cuyo camping llegamos sobre las siete de la tarde. Nos dedicamos a conocer a través de Radio Exterior de España en la frecuencia de 7.275 Mhz/s los resultados de las elecciones para las alcaldías y las CCAA.</p>
<p>(camping, 14 euros), 373 km.</p>
<p>28.05.2007, Bautzen,</p>
<p>La idea era buscar una etapa intermedia entre Varaclava y Bamberg, el Stellplatz Fürrer indica un área para autocaravanas en Bautzen y Lonely Planet destaca esta población como un punto interesante para visitar.</p>
<p>Salir de Polonia nos cuesta trabajo pues a pesar de circular por una autopista gratuita, las innumerables obras y las deformidades de la calzada, hacen que tengamos que sufrir media docena de atascos.</p>
<p>El área es un angosto lugar para unas seis autos en el solar de una vieja fábrica abandonada y convertida en un lugar cultural. Hay un punto para vaciado y suministro de agua. Compartimos el lugar con otra autocaravana y una caravana.</p>
<p>Se trata de una población que está situada en un profundo valle del río Spree que conserva parte de su recinto amurallado y las torres medievales que lo dominan desde un acantilado</p>
<p>Dispone de una Dom que ejerce de catedral católica e iglesia protestante divididos ambas zonas de culto por una verja, única iglesia de estas características en Alemania.</p>
<p>Su Altstadt conserva muchos edificios históricos, incluidas 17 torres y murallas de las fortificaciones. En ellos coincidimos con la celebración de los festivales sorabos que es una minoría étnica alemana de ascendencia eslava. En cada plaza se han instalado carpas para exhibiciones musicales, mercadillo medieval, atracciones música bebida y fiesta, al estilo alemán, hasta las nueve de la noche.</p>
<p>Es particularmente interesante el cementerio situado, dentro de las murallas, encima del área para autocaravanas que integra las ruinas de una pequeña iglesia gótica y desde cuya posición se divisa un expléndido panorama.<br />
Participamos de la fiesta, y nos retiramos cansados y alegres.</p>
<p>(área de autocaravanas, 8 euros), 231 km.</p>
<p>29.05.2007, Bamberg</p>
<p>Llegamos al área de Bamberg poco después de comer. Esta área que no dispone de servicios, situada al borde del río Regnitz tiene un costo simbólico de 50 céntimos. Conseguimos un espacio a pesar de que un compañero había ocupado las dos últimas plazas con su auto y se negó a moverla.</p>
<p>No ha parado de llover desde media mañana. Enfundados en los chubasqueros y armados de paraguas nos acercamos hasta el centro que dista un kilómetro del área. Aprovechando que llueve visitamos detenidamente la catedral. Una de las mas hermosas e interesantes del viaje cuyo estilo gótico compite con el románico.</p>
<p>Un excelente órgano austriaco está colgado en la nave central y tenemos la oportunidad de escuchar como el organista ensaya un concierto.</p>
<p>La lluvia y el catarro ya en retirada nos impiden un visita mas amplia aunque podemos admirar el entorno de la catedral. Regresamos a pesar de todo a la autocaravana temprano.</p>
<p>(área de autocaravanas 50 céntimos), 370 km.</p>
<p>30.05.2007, Nürnberg,</p>
<p>Amanece un día soleado propio para utilizar las bicicletas. Aprovechamos la ocasión para visitar Banberg mas a fondo. El Rathaus, fotografiar los puentes, patear los alrededores de la Domplatz el monasterio de Michaelsberg. No nos sorprende conocer que Bamberg pasa por ser una de las ciudades mas bonitas de Alemania y Patrimonio Mundial de la UNESCO.</p>
<p>Salimos a media tarde hacia Nürnberg, donde llegamos al área de Marienbelk (49º28’29’’N/11º05’39’’E) situada a unos 3,5 kilómetros del centro en un inmenso parque público. El área es gratuita y dispone de servicios. El suministro de agua a base de regadera y el vaciado a cubos así como el casette del Thettford en el váter público, pero suficiente.</p>
<p>Conocíamos ya la ciudad por haberla visitado anteriormente para conocer los excelentes óganos que hay en las diferentes iglesias. Hace buen tiempo y paseamos por el parque en bicicleta y nos acercamos al centro, pero estamos cansamos y decidimos regresar temprano.</p>
<p>(área de autocaravanas gratuita), 64 km.</p>
<p>31.05.2007, Nürnberg</p>
<p>Hemos dormido plácidamente. Ha sido una noche tranquila en compañía de una docena de autocaravanas.</p>
<p>Tomamos el autobús 46 que nos deja en el centro. Los dos billetes libres para todo el día nos cuestan 6,60 euros.</p>
<p>Visitamos el Kaiserburg, Lorenzkirche, Sebalduskirche, Hauptmakt y en conjunto un recorrido a pié muy extenso por el Altstadt.</p>
<p>Hemos quedado impresionados en esta ocasión con las imágenes de destrucción que redujeron casi a escombros a la ciudad con los bombardeos de la segunda guerra mundial.<br />
Nos quedamos con la imagen de que las guerras siempre pasan una factura que la pagamos todos. Las ruinas se pueden restaurar aunque nunca vuelve a ser igual que antes, sin embargo, los muertos no se pueden reconstruir como los edificios.</p>
<p>Comemos en plena plaza de la Hauptmark, salchichas, chucrut y patatas, ¡que escasos son los alemanes con el pan en las comidas!. (24 euros).</p>
<p>Regresamos a media tarde con tiempo suficiente para otro amplio paseo en bicicleta por el parque donde nos tumbamos a la bartola en la hierba.</p>
<p>(área de autocravanas gratuita)</p>
<p>01.06.2007, Nordingen, Dinkelsbühl, Feuchtwangen, Rothenburg ob der Tauber</p>
<p>La RomantischeStrasse es una carretera que recorre de norte de sur una treintena de localidades a lo largo de unos trescientos cincuenta kilómetros entre las localidades de Wüzburg y Füssen, en los Alpes y que ofrecen un patrimonio histórico único. Plazas fuertes, castillos medievales y edificios históricos que atraen una cantidad ingente de turistas.</p>
<p>La Ruta Romántica es uno de los atractivos turísticos mas importantes y conocidos de Alemania y, por sí misma, puede ser el objetivo único de un viaje.</p>
<p>En este viaje hemos incluido unas pocas localidades de la Ruta Romántica que recorremos de sur a norte. Comenzamos con Nordlingen que es un encantador pueblo amurallado que se puede rodear siguiendo el recorrido de los centinelas.</p>
<p>La Altstadt está muy bien conservada y en ella se encuentra la iglesia evangelista de St. Georgskirche de estilo gótico tardío con la torre Daniel cuyos 350 escalones nos llevan a una altura de 90 metros desde donde se contempla toda la población y el paisaje del cráter Ries de 25 kilómetros de diámetro producido por la caída de un meteorito.</p>
<p>Damos la vuelta a la muralla y después de patear varias calles y la iglesia evangélica regresamos a la autocaravana estacionada en un parking gratuito habilitado para autocaravanas.</p>
<p>Continuamos con la visita a Dinkelsbühl. Se trata de otra pintoresca población medieval protegida por murallas y torres de vigilancia y cuyo Altstatd integra el Monasterio de St. Georg, una de las catedrales góticas tardías del sur de Alemania. En el exterior el Weinmarkt, la plaza principal del pueblo que constituye un conjunto de magníficas mansiones de madera.</p>
<p>Regresamos a la auto donde comemos, descansamos y continuamos viaje a Rothenburg ob der Tauber donde estacionamos en un área para autocaravanas de pago. Estamos aproximadamente una docena. Estamos cansados y decidimos visitar la ciudad a la mañana siguiente.<br />
Hemos pasado de largo por Feuchtwangen.</p>
<p>(area de autocaravanas, 10 euros), 206 km.</p>
<p>02.06.2007, Wüzburg</p>
<p>Rothenburg ob der Tauber es una gran ciudad medieval perfectamente conservada, rodeada de murallas y torres de vigilancia. La Altstadt es un conglomerado de calles adoquinadas en las que destacan casas singulares.</p>
<p>Se puede decir que Rothenburg es el principal destino de la Ruta Romántica y está atestada de turistas como en este fin de semana de Junio.</p>
<p>Rodeamos el perímetro fortificado y las torres de vigilancia en especial la Röderturm con unas vistas impresionantes de la ciudad y del panorama del valle del Tauer.</p>
<p>Dispone también de un par de iglesias interesantes, la espléndida Jakobkirche, gótica y la de St.Peter-und-Pauls-Kirche, románica.</p>
<p>Comemos en la auto y partimos para Wüzburg. Esta vez hacemos descansar al TomTom y recorremos la RomantischeStrasse en sentido inverso siguiendo el curso del río Tauber pasando por Creglingen, Röttingen, Bad Mergentheim, entre inmensos campos de cereales en los que destaca la cebada, materia prima para la fabricación de la cerveza cuyas espigas empiezan a tomar el color amarillo de la madurez. Tomamos la autopista en Tauberbischofsheim.</p>
<p>No nos convence para pernoctar el parking del Residentplatz en Wüzburg y gracias a los PDIs almacenados en el TomTom encontramos un área para autocaravanas a las orillas del Main.</p>
<p>Esta área dispone de electricidad y agua fresca pero no de facilidades para vaciar las aguas grises ni las negras.</p>
<p>(área de autocaravanas, 8 euros), 126 km.</p>
<p>03.05.2007, Heidelberg,</p>
<p>El área ha resultado ser excesivamente ruidosa, al pié de las vías del tren, en un estacionamiento en el que aparcan los coches de los asistentes a una discoteca que está abierta hasta las seis de la mañana, las voces y el ruido de la música (o lo que sea) de la discoteca es muy poco alemán, a pesar de ello descansamos lo suficiente. Recomendamos utilizar el parking “Talavera” en la otra orillo del río, parece mas tranquilo.</p>
<p>A bordo de las bicicletas recorremos la Altstadt, el puente medieval, la fortaleza Festung Marienberg y las iglesias Neumünster y la Dom St. Kilian. Esta iglesia totalmente reconstruida a partir de las ruinas ocasionadas por la bombas de la segunda guerra, expone varios estilos desde el románico con una nave central desnuda y en penumbra hasta un coro lleno de luz y ornado con elementos modernos. El órgano es fabuloso y el organista un maestro.</p>
<p>La Resident nos ha impresionado y recorremos en las bicicletas los inmensos jardines del palacio barroco diseñado por Neuman.</p>
<p>Wüzburg es una ciudad que nos ha entusiasmado con un ambiente extraordinario, la MarkPlatz se llena de pequeños establecimientos de comida. Despachamos medio metro de salchicha con una jarra de un excelente vino local blanco afrutado.</p>
<p>Retomamos la carretera sin el TomTom para evitar las vías rápidas y llegar a Heidelberg a media tarde. Las plazas de estacionamiento de los jardines de la rivera del río Neckar están abarrotadas y debemos estacionar en un parking gratuito cercano en 49º24.858’N/8º40.537’E.</p>
<p>Un largo paseo por la orilla donde grupos de personas hacen barbacoas, juegan al fútbol, toman el sol o pasean a pié o en bicicleta nos pone en disposición de descanso.</p>
<p>(Parking gratuito), 152 km.</p>
<p>04.06.2007, Speyer, Maulbronn,</p>
<p>Salimos temprano con las bicicletas para visitar Heilderberg, un agradable paseo por la orilla del Neckar y tras vadearlo por el puente medieval nos dirigimos a la Markplatz no sin antes pasar la mano por un espejo que sostiene la estatua de un mono situado a la entrada del puente, con la esperanza que nos traiga riqueza según las tradiciones locales. Nos abstenemos de pasar la mano por unos ratones, también de bronce, que acompañan al mono pues no deseamos tener muchos mas hijos.</p>
<p>A medida que nos acercamos a la ciudad se concreta la imponente mole del castillo. Por ocho euros tomamos dos tickets para subir hasta el castillo en un moderno funicular que parte desde el norte de la Altstadt.</p>
<p>El castillo en ruinas, los jardines, su entorno y la panorámica de la ciudad que se divisa desde el castillo son impresionantes.</p>
<p>La visita se complementa con la Markplatz, la universidad y la Dom, después de una breve compra y resguardarnos de un chaparrón regresamos a la autocaravana.</p>
<p>Después de comer emprendemos el camino hasta Maulbronn. Estacionamos en un parking a la entrada de la carretera que conduce a la abadía (48º59.940’N/8º48.326’E).</p>
<p>(parking gratuito), 109 km.</p>
<p>05.06.2007, Freiburg,</p>
<p>Comenzamos la visita a la abadía a las 10 (11 euros), después de vaciar el depósito del váter en el váter público del estacionamiento donde hemos pernoctado. Tomamos una audioguía (2 euros). El conjunto abacial está impresionantemente conservado y restaurado de forma exquisita. En el recinto se destacan los graneros del SXV de ocho pisos y las casas auxiliares que ahora son el Rathaus y dependencias para el turismo.</p>
<p>El Monasterio de finales de finales del románico, protogótico, impresiona por la originalidad arquitectónica puesto que en las formas románicas se insertan soluciones constructivas del gótico como los arcos en las bóvedas o los adornos lobulados en las ventanas, esta característica hace un conjunto arquitectónico único en su estilo.</p>
<p>El interior de la iglesia es magnífico, austero y a la vez elegante. En su conjunto una obra de arte perfectamente conservada. Lo mismo se puede decir de las dependencias monacales como el claustro la sala capitular y las dependencias auxiliares como el refectorio y las salas de calefacción.</p>
<p>Hemos invertido un par de horas en la visita y nos disponemos a partir hacia Freiburg, atravesando la Selva Negra desde el norte hasta su puerta en el sur.</p>
<p>Llegamos al área o parking que habíamos marcado en los POIs de Freiburg en el TomTom y nos encontramos con la sorpresa de un parking para automóviles, en el centro, pero sin servicios para autocaravanas.</p>
<p>Como es pronto consultamos con la StellPlatz Fürer de ADAC y nos indica un área con todos los servicios a cinco kilómetros al oeste. Decidimos acudir pues necesitamos vaciar los depósitos y cargar agua fresca.</p>
<p>El área que figura con todos los servicios en la guía se trata de un distribuidor de autocaravanas Südcaravan Freiburg, nos permiten pasar la noche, es gratuito pero no tiene ningún tipo de servicio excepto electricidad que rehusamos. Así pasamos lo que queda de la tarde, desde las cinco, recluidos en un distribuidor de autocaravanas a ocho kilómetros del centro, dedicados a la colada y a la lectura.</p>
<p>(Parking gratuito), 197 km.</p>
<p>06.06.2007, Freiburg</p>
<p>Para comprobar el error de coordenadas cometido introducimos de nuevo las coordenadas facilitadas por Bikote (47º59’57.9’’N/7º49’31.5’’E) del área de Freiburg y, efectivamente encontramos uno de esos espacios que no son camping ni área, estupendamente situada, con todos los servicios y con un “hot-spot” Wi-Fi gratuito para internet. Los costos se desglosan en 6 euros el estacionamiento, 1,5 la corriente eléctrica y uno mas por el agua.</p>
<p>El encargado, persona muy atenta y servicial y que habla inglés, me indica que el área es un negocio privado y que aunque en principio es exclusivo para autocaravanas aceptan alguna caravana que necesita hacer una etapa.</p>
<p>Tomamos las bicicletas y visitamos el centro histórico en el que se aprecia el ambiente juvenil universitario. Hay varios edificios muy notables y la Dom es un iglesia gótica muy interesante. En conjunto Freiburg nos pareció una ciudad agradable e interesante en su conjunto.</p>
<p>Comimos en la auto y completamos las jornada paseando en bicicleta por el parque próximo al área y descansando del ajetreo de los últimos días.</p>
<p>(área de autocaravanas, 8,5 euros)</p>
<p>07.06.2007, Cluny, Saint Andre D’Apchon,</p>
<p>Para el camino de regreso a casa teníamos proyectos y decidimos, ya que nos pillaba de camino, visitar Cluny, cuna de una de las culturas que mas influyeron en la alta edad media.<br />
Cluny es una población interesante que conserva algunos edificios históricos de la alta edad media. Esta ciudad es en primer lugar donde inició su andadura la Orden Benedictina de Cluny, una de las organizaciones mas decisivas en la historia de occidente.<br />
La Orden consiguió un poder tan importante que en el S.XI lo ejercía a través de los mas de diez mil monjes distribuidos por Europa Occidental. Esta Orden fué también la mas importante impulsora del Camino de Santiago.<br />
En los siglos X y XI se acomete la construcción de una iglesia que se considera la cuna del románico, la iglesia mas importante de su época.</p>
<p>La vista de cómo había quedado una de las obras religiosas mas importantes del S XI, nos causó una enorme decepción, después de visitar los restos de la abadía y el pueblo y a la vista del calor que hacía en el área para autocaravanas, decidimos avanzar unos kilómetros.</p>
<p>Llegamos al área de Saint André D’Apchon, un lugar bonito y calmado sobre las 21:30 y pasamos una buena noche, algo mas fresca.</p>
<p>(area de autocaravanas gratuita), 498 km.</p>
<p>08.06.2007, Castelljanoux,</p>
<p>Continuamos el viaje de regreso después de renovar los depósitos. Ha sido un día duro de calor y de volante. Paramos a comer en el área de Baume-Les-Dames, que ya conocíamos de otro viajes. El TomTom nos llevó por pequeñas carreteras a partir de Clemont Ferrand, el paisaje de la campiña es muy hermoso pero avanzamos despacio. Decidimos retomar la N89 hasta Perigeux y luego la D933 hasta el pequeño pueblo de Castelljanoux donde existe un área para una media docena de autos con todos los servicios gratuitos.</p>
<p>Lo cierto es que es difícil desplazarse por Francia y hacer grandes distancias sin recurrir a las autopistas. Si se utilizan las carreteras nacionales, éstas tienen un tráfico endemoniado y están llenas de rotondas en los pasos de cualquier población de mediana importancia. Si se viaja por carreteras comarcales, aunque bien cuidadas, son estrechas y muy reviradas. Llegamos a echar de menos las autopistas alemanas con todo el tráfico que soportan.</p>
<p>09.06.2007, Vieux-Boucau, (área de autocaravanas, 10 euros), 182 km.</p>
<p>Pasamos el día paseando en bicicleta y tumbados al sol, disfrutando de la hospitalidad landesa en un área abarrotada por el módico precio de 10 euros incluidos todos los servicios.<br />
(área de autocaravanas gratuita), 532 km.</p>
<p>10.06.2007, San Sebastián,</p>
<p>CONCLUSIONES DEL VIAJE</p>
<p>Hemos realizado un viaje monográfico, destinado al revisión del patrimonio histórico de una zona. Llegamos a la conclusión de que nos hemos saturado de datos, lugares, monumentos e iglesias. A pesar de ello entendemos que es una forma de abarcar un espacio que ha supuesto recorrer seis mil kilómetros en cuatro semanas.</p>
<p>Algunos de los lugares visitados justifican por sí mismos el viaje, en especial Berlín o la RomantischeStrasse. Otras ciudades como Nürnberg o Hannover pueden ser objeto de un viaje monográfico y lugares concretos como los jadines de Sanssouci en Potsdam, la catedral románica de Speyer, la de Köln, la abadía de Maulbronn, el conjunto de la ciudad de Bamberg son lugares que cada uno de ellos gratifica los kilómetros.</p>
<p>Polonia es un país interesante que quizá requiere un viaje mas dedicado y otras ciudades además de Wroclaw o Czestoschowa. Krakow es una ciudad interesante patrimonio mundial de la UNESCO que, por sí sola, justifica el desvío, pero después de los conjuntos monumentales de los Altstadt alemanes quizá desmerece un poco.</p>
<p>Sin embargo hay otros lugares que pueden justificar un viaje tan largo completado unas rutas que han quedado pendientes.</p>
<p>Hemos constatado que Polonia es un país seguro en el que se puede pernoctar en lugares donde está permitido estacionar. Carece de servicios específicos para autocaravanas y las pocas que vimos en los camping eran alemanas principalmente. Es fácil entenderse a pesar del idioma y en general, en nuestra experiencia, el trato con la gente ha sido frío y distante pero educado.</p>
<p>RECURSOS PARA AUTOCARAVANAS EN ALEMANIA.</p>
<p>En nuestra experiencia en todas las localidades hemos encontrado facilidades para estacionar y pernoctar en la autocaravana. En algunas localidades de la Ruta Romántica, hay lugares reservados a autocaravanas en zonas próximas a las áreas turísticas y prohibiciones en otros lugares a cambio.</p>
<p>La impresión que hemos sacado es que se puede estacionar y pernoctar en cualquier parte donde está permitido el estacionamiento. De hecho hemos pernoctado en varias ocasiones en estacionamientos de la vía pública sin que aparentemente nadie se haya sorprendido.</p>
<p>La información que contiene el libro de ADAC Stellplatz Fürrer (en nuestro caso una edición de 2005), es poco útil, quizá por las dificultades del idioma es difícil establecer cuales son las condiciones de uso, su costo y los servicios que incluyen y en tres de las cinco ocasiones consultadas no nos ha sido posible encontrar los lugares descritos.</p>
<p>Nos ha sido mas útil la información recuperada de Internet con los POIs de estacionamientos en Alemania, además de la inestimable experiencia de Pepiño y Bikote.</p>
<p>En cualquier caso podemos recomendar utilizar el sentido de la experiencia propia a la hora de seleccionar un lugar para pernoctar, cualquier pequeña localidad puede resolver una etapa en ruta. Incluso las áreas de descanso en las autopistas parecen lugares adecuados para una etapa aunque nosotros no los hemos necesitado.</p>
<p>Es de destacar que de las áreas que hemos visitado, las únicas que estaban dotadas de servicios para autocaravanas eran privadas y de pago, como las de Aachen, Berlín, Wüzburg y Freiburg. El suministro de agua y vaciado de depósitos, como en España se sigue confiando a las estaciones de servicio y los váteres de las áreas de descanso.</p>
<p>Podemos concluir que nuestra impresión es de que en Alemania existen unas posibilidades inmensas de lugares de pernocta pero escasas áreas en el sentido como las concebimos en Francia o en las construidas en España. A cambio existen algunos servicios para autocaravanas en negocios privados como algunos concesionarios de automóviles o distribuidores de autocaravanas limitados, naturalmente, a los horarios de trabajo. No hemos podido constatar la existencia de servicios para autocaravanas en las áreas de descanso de las autopistas.</p>
<p>Las áreas privadas que hemos visitado están a medio camino entre los camping y las áreas francesas. Tienen unos pocos servicios comunes como váteres o duchas, un buen servicio de vaciado y llenado de depósitos, parcelas adecuadas al tamaño y son mixtas, coexisten las caravanas y las autocaravanas. El costo oscila entre los 8 y los 15 euros.</p>
<p>Estas áreas se pueden definir como camping de bajo costo.<br />
Otras muchas áreas descritas en los POIs o en la guía ADAC son lugares de estacionamiento reservado a autocaravanas, muchas veces de pago cuyo costo oscila entre los 8 y los 10 euros. En estos parking los alemanes respetan con cuidado las normas de estacionamiento y es muy raro ver que nadie haya sacado unas sillas o desplegado el toldo, sin embargo el uso de los calzos hace sin limitaciones cuando es necesario.<br />
86 km.</p>
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		<title>VIA VERDE DE LA JARA Extremadura Octubre 2005</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 23:20:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Viajes - Bidaien kontaketak]]></category>

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		<description><![CDATA[VIA VERDE DE LA JARA Allá por el año 1964, cuando el transporte por carretera y el automóvil empezaban a ganar la partida al ferrocarril, un informe del Banco Mundial decidió definitivamente el abandono de la construcción de la vía férrea entra Calera y Chozas, en Toledo y Villanueva de la Serena en Badajoz. Quedaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-965" title="12" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/03/12.JPG" alt="12" width="423" height="317" />VIA VERDE DE LA JARA Allá por el año 1964, cuando el transporte por carretera y el automóvil empezaban a ganar la partida al ferrocarril, un informe del Banco Mundial decidió definitivamente el abandono de la construcción de la vía férrea entra Calera y Chozas, en Toledo y Villanueva de la Serena en Badajoz. Quedaron pues, cerradas para siempre las estaciones recién construidas, con sus muelles y almacenes sin estrenar, esperando la llegada del tren que nunca existió…</p>
<p>Hoy día, 41 años después todo sigue casi igual, quedan los restos de los edificios, medio derruidos, algunos cubiertos por una selvática vegetación. El inconcluso trazado, pues ni se habían llegado a colocar los raíles cuando se abandonó el proyecto inicial como vía férrea, sirve ahora con pequeñas remodelaciones, para poder recorrer bien a pie o en bicicleta el tramo comprendido entre la estación de Calera y Chozas y las faldas de la Sierra de Altamira.</p>
<p>Jenny &amp; Matt Octubre 2005</p>
<p><span id="more-421"></span><br />
<img class="alignright size-full wp-image-967" title="Iniciando el recorrido" src="http://www.sorbeltz.com/wp-content/uploads/2009/03/1.JPG" alt="Iniciando el recorrido" width="448" height="336" />Parte del tramo se comparte con el tráfico local autorizado, que no molesta mucho, pero que hay que tener en cuenta. Atraviesa el río Tajo y sigue el curso de su afluente, el río Huso, hasta su confluencia con el río Frío y, salvando la Sierra de Altamira, se interna en Extremadura, sumando un total de seis viaductos y dieciocho túneles.</p>
<p>Nosotros hemos realizado esta ruta partiendo de Extremadura, concretamente de Guadalupe. Allí está más abandonada todavía la citada vía, aunque hay un proyecto que se ha gestado entre el Presidente del Consorcio de la Vía Verde de las Vegas del Guadiana y Las Villuercas, y RENFE, para abrir Villanueva-Logrosan y más tarde hasta Guadalupe, pudiendo en un futuro enlazar con la que hoy nos ocupa.</p>
<p>El recorrido desde Guadalupe hasta la estación de El Campillo / Sevilleja de la Jara, lo efectuamos por carretera, en nuestra autocaravana, que hemos utilizado como vehículo de apoyo para la realización de la ruta. Optamos por comenzar la ruta en esta estación, pues los dos largos túneles que salvan la sierra de Altamira no se encuentran ciclables, ya que tienen tramos inundados hasta con medio metro de agua, haciendo casi imposible su trayecto. La estación presenta un deplorable aspecto: el edificio principal así como los colindantes se encuentran semiderruidos, pero se ha construido una zona de bancos y mesas así como aparcamientos para bicicletas que la hacen un poco más habitable.</p>
<p>De aquí, ya en bicicleta, partimos hacia Calera y Chozas, habilitada la vía mitad asfalto y mitad zahorra compactada, encontrándose el asfalto muy deteriorado en algunos tramos, pero todavía ciclable. Utilizamos dos tipos distintos de bicicletas, Jenny lleva una de paseo y yo una de montaña, os imagináis quien utilizó el asfalto? …La ruta discurre paralela al río Huso y al poco de comenzar , en la confluencia de éste con el río Frío se divisan las ruinas del que fuera un molino de agua tradicional , en realidad se trata del último de la media docena de estas construcciones que se suceden en su curso.</p>
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		<title>El Delta del Ebro Mayo 2006</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 23:13:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El delta del Ebro es la zona húmeda más extensa de las tierras catalanas. Con sus 320 km.&#8217; de superficie, constituye el hábitat acuático más importante del Mediterráneo occidental, después de la Camarga (Parque Regional Francés). Por otro lado, su considerable papel en el campo biológico contrasta con la profunda humanización de gran parte de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El delta del Ebro es la zona húmeda más extensa de las tierras catalanas. Con sus 320 km.&#8217; de superficie, constituye el hábitat acuático más importante del Mediterráneo occidental, después de la Camarga (Parque Regional Francés). Por otro lado, su considerable papel en el campo biológico contrasta con la profunda humanización de gran parte de su superficie y con su no menos considerable peso agrícola. La armonía entre sus valores naturales y la explotación por parte del hombre no ha sido nunca fácil.</p>
<p><span id="more-418"></span></p>
<p>Con el fin de hacer posible esta armonía, y a instancias de los habitantes de Deltebre, la Generalidad de Cataluña creó por un decreto de 1983, ratificado y ampliado por el decreto 32/1986, del 23 de octubre de 1986, el Parque Natural del Delta del Ebro, en el cual se hace constar que el delta del Ebro es la primera zona húmeda de Cataluña y que su importancia a escala internacional es reconocida por los máximos organismos especializados. En efecto, ya en 1962 fue incorporado en la clasificación de las zonas húmedas euro-africanas de interés internacional elaborada por el Bureau MAR con la categoría A (de prioridad urgente).</p>
<p>&#8216; El Parque Natural del Delta del Ebro tiene una superficie total de 7.736 ha, 5.316 de las cuales corresponden a la comarca del Montsià (hemidelta derecho) y 2.420 a la del Baix Ebre (hemidelta izquierdo). Comprende las lagunas de Les Olles, El Canal Vell, El Garxal, L&#8217;Alfacada, La Platjola, La Tancada y L&#8217;Encanyissada, las islas de Buda, Sant Antoni y Sapinya, las peninsulas de La Punta de la Banya (Els Alfacs) y El Fangar,los Ullals de Baltasar y los yermos de Casablanca.</p>
<p>El paisaje del delta tiene una gran personalidad que le da un carácter único en toda Cataluña. Las tierras completamente llanas le dan ya un aspecto peculiar. En su interior, encontramos zonas de cultivos horticolas y de frutales y especialmente amplios y extensos arrozales, de aspecto cambiante según las estaciones (terrosos en invierno, inundados por el agua en la primavera, verdes en verano), que tienen una singular belleza. En la parte litoral se encuentra uno de los paisajes lacustre más atractivos del Mediterráneo, con grandes lagunas rodeadas de carrizales y juncares. En su periferia, grandes extensiones de suelos salinos con vegetación halófila (salicores fruticosos, juncos de mar) y además las largas y desiertas playas arenosas, con dunas coronadas por arenaria y otras muestras de vegetación pasamófila, bien adaptada al medio.</p>
<p>la modalidad de parque natural parece la más apropiada, pues hace compatible una decidida acción protectora con, el mantenimiento y la mejora del aprovechamiento ordenado de las producciones del espacio protegido, y con el fomento de los contactos entre el hombre y la naturaleza por medio de la potenciación del conocimiento de los valores y atractivos de la zona, dentro de un planteamiento que han demostrado viable numerosas experiencias internacionales.</p>
<p>1) Urbanización Riumar, buen sitio para aparcar y pasar la noche, muy tranquilo en esta época del año, bonitos paseos en bicicleta y una playa impresionante, al final del paseo en dirección noroeste hay una ducha y al lado una toma de agua.</p>
<p>2)Un pueblo con mucho comercio, increiblemente largo, la utilizacion de bicicletas es el medio abitual de desplazarse, me llamo la atencion que las bicicletas se dejan sin poner cadena o candado. Aparcamos junto al hogal de los mayores detras del ayuntamiento y la policia local, un sitio tranquilo y con toma de agua. Desde alli se puede ir en bici al restaurante Nuri, de donde sale un barco que recorre los ultimos 6 Km. del ebro.</p>
<p>Desde deltebre se puede ir a visitar la peninsula del Fangar, hay que dejar la Ibiletxe en el restaurante los Vascos y desde alli en bici se puede acercar uno hasta el Faro del Fangar.</p>
<p>En esta zona se pueden ver espejismos, el faro y demas se reflejan como si realmente hubiera agua.</p>
<p>El camino se puede hacer con bici, hay quien lo hace en coche pero al ser de arena ya resulta bastante complicado con la bicicletaHay tres transbordadores que pasan a San Jaume, para no tener que bajar a Amposta a dar la vuelta, nosotros utilizamos el Garriga pues costaba 3 euros, uno menos que los demás y es una experiencia bonita.</p>
<p>Desde San Jaume fuimos en bici a la desenbocadura del río Migjorn El río Migjorn es una vieja desembocadura del Ebro que rodea l&#8217;Illa de Buda ( una isla ) durante 3,5 km terminando a la playa del mismo nombre, donde no llega a desembocar por unos metros..<br />
Se trata de una zona accesible con automóvil desde San Jauma d&#8217;Enveja (pueblo).<br />
Al otro lado del Migjorn hay isla de Buda , a la que no se puede entrar, excluyendo a los mariscadores con licencia o autorización.<br />
Alli mismo hay una buena zona de aparcamiento con merendero y sombra incluidos.La playa es enorme con una zona donde se puede practicar el nudismo.Para pasar la noche nos acercamos a Poblenou, aparcamos junto a la piscina, donde tambien hay toma de agua, el pueblo es moderno con muchos albergues para crios, con lo cual es muy animado, pero no muy silencioso.</p>
<p>Desde alli fuimos a la Banya.</p>
<p>Tiene una superficie de 2.500 ha. incluyendo la barra del Trabucador.<br />
La Punta de la Banya es Reserva Natural Parcial. El acceso está restringido con excepción de los días comprendidos entre el 15 de julio y el 15 de septiembre, sin salir de la playa se puede entrar con el vehículo.Es mas recomendable la bicicleta.<br />
En caso de lluvia fuerte o en condiciones de fuerte viento de levante es mejor no ir, por ser una zona inundada y con posibilidad de difícil paso.<br />
El ambiente que se encuentra es muy interesante. La badia del Alfacs, acoge gran cantidad de aves acuáticas y marinas durante el invierno.<br />
El Trabucador, siendo una zona muy transformada en la actualidad, es un buen lugar de observación de aves tanto por la parte de mar abierto como interior. El ambiente es más interesante en las salinas que aún funcionan donde se pueden ver los cajones (&#8220;cubetes&#8221;) de concentración de sal llenos de aves marinas, limícoles y flamencos casi todo el año.<br />
No se permite la caza en esta zona, pero si la captura del marisco (&#8220;marisqueig&#8221;), más aún en la badía.<br />
El pueblo que queda más cercano es Poblenou o la urbanización Els Eucaliptus a 4&#8242;5 y 3&#8242;5 km, desde el inició de la barra del trabucador.<br />
A estos dos lugares se va tranquilamente en bici y para dejar la furgo hay un aparcamiento al empezar la peninsula que es un sitio de cine para pasar un rato o un dia tranquilisimo disfrutando el silencio y el paisaje.Pra pasar el ultimo dia escojimos Els Muntells un pueblo muy majo desde el que visitamos los arrozales, se veia crecer el arroz dia a dia.</p>
<p>Aparcamos junto a las nuevas escuelas, donde hay un parquecito con barbacoas, fregaderos, mesas y por supuesto toma de agua.</p>
<p>Unas vacaciones preciosas y tranquilas (los mosquitos salían a partir de las ocho de la tarde, pero en esta época hay poquitos, merece la pena.</p>
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